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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

Este Sitio es un proyecto personal y no recibe ni ha recibido financiamiento público o privado.

 

 
 
 
 


1983 La CIA en México. Manuel Buendía.

México, 1983

 

ADVERTENCIA DEL AUTOR
Esto no es “un libro” sobre la CIA. Es decir, no se presenta en estas páginas un texto escrito ad hoc, con la arquitectura y las dimensiones propias de lo que el sentido común llama “un libro”. Se trata más bien de algo parecido a un álbum de fotos instantáneas, que al cabo de los años sólo sirve para suscitar comentarios: “Fulano está mucho más gordo ahora”; o preguntas que nadie acierta a responder: “¿Qué habrá sido de Menganito?”.

Aquí está la colección de fotos que pude tomar a la CIA en México durante los últimos diez años. Nada fácil, créanmelo; pero sí muy estimulante. Cuando no se tiene una buena cámara y prácticamente se carece de experiencia y ayuda, la tarea no es sencilla; además, el blanco es móvil, esquivo, confuso. Quizá por eso en este país pocos periodistas se interesan en el tema.

Tomando el riesgo, uno ya no debe preocuparse si una o varias de las instantáneas resultan notoriamente imperfectas. A base de insistir se va logrando una mínima destreza, y al cabo de los años, uno va atrapando algo más que sombras.

Investigar y poner al descubierto hombres y acciones de la CIA en México, es una de las tareas más importantes en mi vida de periodista. Es una lucha personal en la que ciertamente me siento acompañado, asistido y comprometido por muchos otros mexicanos. Compartimos la creencia de que si un extranjero en México se dedica a espiar, a asesinar, a subvertir, a engañar y a corromper, es un peligroso enemigo al que urge descubrir, denunciar y, si es posible, atrapar. Con un solo fin: que se marche de aquí.

En la primera parte del texto, el lector conocerá una charla ante estudiantes de la Facultad de Economía de la UNAM. Fue aquello como un resumen, como una visión de conjunto que esa noche quería presentar ante un público de jóvenes sobre lo que ha sido mi experiencia periodística sobre el tema.

Siguen columnas (“Para control de Usted”, “Concierto Político”, "Red Privada”) publicadas en El Día, El Sol, El Universal y Excélsior , de 1973 a principios del presente año. Ahí se desenvuelven episodios de la CIA en México, tal como los pudo conocer el reportero —algunos remotos—, que van desde el establecimiento de la primera sucursal mexicana de la agencia en tiempos de Ruiz Cortines, hasta las recientes presiones sobre el gobierno mexicano para hacerlo desistir de su política centroamericana. Destacan los crímenes que la CIA perpetró en México durante el tiempo en que fue dirigida por George Bush. La identidad de cuatro jefes de la CIA en nuestro país y varios de sus agentes importantes, quedó al descubierto, por primera vez en el trabajo de un reportero mexicano.

Recopilar, revisar, seleccionar textos y luego estar al cuidado de la edición, fue inapreciable ayuda de mi amigo Miguel Ángel Sánchez de Armas. Agradezco también las palabras de estímulo de Elena Poniatowska y Héctor Aguilar Camín, que aparecen en esta misma edición. En realidad ellos, como otros pocos amigos, han sido las mejores razones para continuar en la tarea.
Manuel Buendía

 

LA CIA EN MÉXICO
Charla en la Facultad de Economía de la UNAM, 23 de junio de 1982.
Comúnmente se acepta que la profesión más antigua del mundo es... la que ya se sabe. Pero no pocos historiadores y sociólogos estarían dispuestos a debatir si el espionaje es por lo menos tan antiguo, y también el periodismo. Esta última profesión justificaría su antigüedad con un simple silogismo: si lo que ocurría con las otras dos era interesante, alguien tenía que contarlo a los demás y éste fue el primer periodista.

En la biblia hay numerosas referencias al espionaje, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En éste habría que consultar el evangelio de San Lucas, capítulo XX, donde se narra cómo los fariseos incrustaron algunos espías entre las personas que rodeaban a Jesús para que haciéndose pasar por justos tratasen de sorprenderlo. Como se ve, la analogía entre espías y fariseos es una muestra de buen gusto por parte del evangelista.

En el Antiguo Testamento se pueden consultar los libros de Jueces, Oseas, el Levítico, el Génesis y otros.

Pudiera ser que la referencia histórica más remota al espionaje, a los espías y a su quehacer social date de cuatro mil años antes de Cristo y se encuentre en el capítulo II, versículo 3 del libro de Josué.

Si se consulta ese texto, se encontrará un relato verdaderamente interesante que comienza así: “Josué, hijo de Nun, envió desde Sitim dos espías secretamente diciéndoles: andad, reconoced la tierra y a Jericó. Y ellos fueron y entraron en la casa de una ramera que se llamaba Rahab y posaron ahí”.

Aquí ya se descubre cómo dos de las profesiones más antiguas del mundo se reúnen en una sola intriga. Seis mil años después, las cosas siguen siendo más o menos iguales. Como me propongo relatar a lo largo de esta charla, se verá que la CIA es entre otras cosas, una perfecta síntesis o muestra de alianza entre los intereses políticos y militares del gobierno norteamericano y los de la delincuencia organizada o libre dentro de ese mismo país y otros.

Me gustaría insistir en que se leyera completo el relato de lo que ocurrió a los espías de Josué en la casa de la señorita Rahab. Probablemente se llegará a la conclusión de que ahí se escribió el primer argumento para una película de James Bond.

Cuando la dirección de la Facultad de Economía y la Generación Flores Magón hicieron favor de invitarme para hablar acerca de la CIA en México, me hice el propósito de recontar lo que he publicado al respecto durante los últimos 15 años y enmarcar el tema en una buena cantidad de notas, referencias y recortes periodísticos que están en mi archivo desde hace largo tiempo.

De hecho yo jamás me he movido de mi escritorio para saber algo de la Central Intelligence Agency. Simplemente leo los libros que se publican en español y todo cuanto llega a mis manos que sobre el tema haya ocupado un espacio en periódicos y revistas. De vez en cuando hago algunas consultas por teléfono de las que naturalmente se entera la propia CIA.

Como la modestia no es virtud que acompañe al periodista, debo decir que me siento muy orgulloso de ser uno de los pocos reporteros tercermundistas que han logrado cazar uno que otro de estos espías. Y el método para atraparlos es así de simple, como lo he descrito: Hay que leer, anotar, archivar y tener paciencia. De pronto surge un dato que arroja una nueva luz sobre otros que parecían inconexos y entonces el perfil de un agente del espionaje y la subversión aparece ante los ojos del reportero.

Es como armar un rompecabezas. Siempre hay una pieza que le da sentido a las demás.

¿Por qué dedicar tiempo y esfuerzo a esta tarea? No es porque me sobre el tiempo o porque me gusten las emociones fuertes. La única razón es de índole patriótica. Yo no considero devaluadas palabras tales como nacionalismo o patriotismo. Y estoy persuadido, como seguramente muchos de ustedes lo están también, de que los espías norteamericanos son enemigos de nuestro país. Los hay de dos clases y ambos representan un riesgo permanente para la seguridad interna de México, para la paz, para las relaciones internacionales y para nuestra independencia en todos los órdenes.

Es fácil concluir que un agente subversivo entraña un alto peligro para nuestro país. Pero también es peligroso el agente que sólo viene a cumplir labores de “inteligencia”, es decir, de información. En efecto, aunque esta clase de espías no se entrometen ni participan en actos terroristas o de otra índole, no podemos omitir que la información por ellos enviada a Washington es procesada y utilizada para la toma de decisiones que afectan a nuestro país desfavorablemente.

No hay un solo Estado, no hay un solo gobierno en el mundo que carezca de servicios de inteligencia. Los tienen exactamente todos, incluyendo el Vaticano. Los tiene México aunque, como veremos más adelante, cuando armamos servicios de espionaje para el exterior lo hacemos casi tan bien como cuando formamos una selección nacional de fútbol.

Pero, repito, lo que importa es considerar a dónde va a dar la información recolectada por los agentes y con qué propósitos se utiliza después. Me gustaría saber si alguien puede citar un solo caso en que el gobierno de los Estados Unidos, como consecuencia de la información suministrada por sus agentes de inteligencia, se haya sentido inclinado a un mayor respeto para las leyes e instituciones mexicanas. En cambio, creo que los ejemplos en sentido contrario son muy abundantes.

La primera referencia que hay en mi archivo acerca de la actividad de la CIA en México, data de 1948 o sea cuando la “compañía” tenía un año de haber sido fundada. En México transcurría el primer tercio del gobierno de Miguel Alemán y era encargado de la Dirección Federal de Seguridad el general Marcelino Inurreta. So capa de proporcionar al gobierno mexicano información sobre grupos comunistas, vinieron a México los primeros agentes de la CIA. Se formó entonces un grupo mixto de investigación cuyas oficinas se instalaron en Melchor Ocampo número 212, cuarto piso.

Lo que en un principio fue una asociación institucional, de gobierno a gobierno, pronto comenzó a derivar hacia una hegemonía de los norteamericanos que mediante dádivas empezaron a lograr que ellos fueran los primeros y a veces los únicos beneficiarios con la información captada por los agentes mexicanos.

Por razones que nunca he podido averiguar completamente, este primer episodio de la CIA en México culminó cuando un iracundo detective mexicano arrojó desde la azotea de aquel edificio parte del equipo electrónico y se llevó a casa algunas fracciones del archivo. En los años siguientes y hasta la fecha, el gobierno mexicano ha debido mantener una relación oficial con la CIA a través de la Secretaría de Gobernación y dentro de ésta, la Dirección Federal de Seguridad.

Hay un hecho que por evidente y casi perogrullesco, se nos evade en los análisis y consideraciones que hacemos sobre este tema. El dato es éste: La CIA es un organismo oficial del gobierno de los Estados Unidos como pudiera serlo la CONASUPO en el mexicano. Así pues, del mismo modo que los departamentos de Agricultura o de Comercio del gobierno de los Estados Unidos tienen relaciones con sus homólogos en México, así es también absolutamente inevitable que exista una relación oficial entre la Agencia Central de Inteligencia y su correspondiente mexicana. Pero, como todos sabemos y universalmente consta, la CIA se mueve en dos pisos y lo que ocurre en el piso abierto a los funcionarios mexicanos es lo menos interesante de todo. Más adelante trataremos de precisar estas consideraciones.

Respecto al cuándo, por qué y cómo de la CIA, hay literatura abundantísima. Para obviar citas numerosas, quisiera referirme al trabajo titulado “Inteligencia Estratégica para la política mundial norteamericana”, escrito en 1948 por el profesor de la Universidad de Yale, Sherman Kent, a quien sería fácil ubicar como uno de tantos intelectuales a los que el gobierno encarga el trabajo de vestir y de algún modo intentar justificar el espionaje dentro y fuera de la nación norteamericana

Define Sherman Kent: “Inteligencia es el conocimiento que nuestros hombres, civiles y militares, que ocupan cargos elevados, deben poseer para salvaguardar el bienestar nacional. La inteligencia constituye una institución; es una organización física de seres vivos que persigue, como fin, una clase especial de conocimiento. Una organización semejante debe hallarse preparada para poner a los países extranjeros bajo vigilancia u observación y debe estar preparada para explicar sus pasados, su presente y probables futuros. Debe tener seguridad de lo que produzca en el sentido de información sobre esos países, sea útil a la gente que toma las decisiones”.

“Algunos del equipo deben ser particularmente expertos como observadores sobre el terreno y como tales formarán el grueso de la fuerza de observación en el extranjero. Son los hombres estacionados en las capitales extranjeras cuya misión consiste en observar e informar”.

El profesor Kent, como ustedes observarán, prefirió hacer el papel de ingenuo que no sabe de los trucos sucios del espionaje y pretende embellecerlo como una actividad puramente informativa que, dice él, tanto se parece a la de los periodistas.

Este mismo autor, como muchos otros, señala que el origen de la CIA está en la Ley Pública 253, votada por el Congreso. Así pues, y no sobra la insistencia, la Agencia Central de Inteligencia no es un órgano clandestino del gobierno de los Estados Unidos de América. El Congreso le fijó límites entre los cuales el más importante consiste en que puede operar en cualquier parte del mundo con todo el apoyo de su gobierno, excepto dentro del territorio de los Estados Unidos, si ello significara espiar a ciudadanos norteamericanos.

Está subordinada al Consejo Nacional de Seguridad, pero su estatuto indica que la información, o sea el fruto del espionaje de otros organismos del propio gobierno, estarán abiertos a la inspección del director de la CIA. Hasta el FBI queda obligado a proporcionar la información que el director de la CIA le reclame por escrito, según dice la ley respectiva. De aquí surgen algunas de las disputas entre estas policías que han dado origen a conflictos dentro y fuera de los Estados Unidos, pero también han permitido conocer secretos de ambas.

Según los expertos, hay más de 20 organismos que realizan espionaje por cuenta del gobierno de los Estados Unidos.

Además de los mencionados, CIA y FBI, están las organizaciones creadas por el ejército, la armada, la fuerza aérea, la Comisión de Energía Atómica y otras tan increíbles como la oficina de Minas del Interior que se dedica a investigar los recursos mineros de México y varios países. Asimismo, un estudioso como Sherman Kent habla de una inteligencia agrícola exterior a cargo del Departamento de Agricultura y de un sistema de espionaje económico por cuenta del Departamento de Comercio.

Pero entremos al recuento de las notas que aparecen en el archivo del periodista, específicamente aquellas publicadas en columnas durante los últimos ocho años.

El 31 de marzo de 1974, me permití preguntar públicamente cuál había sido la responsabilidad del espionaje norteamericano en varios hechos violentos ocurridos en este país. Por ejemplo, el asesinato del escritor español José Almoina Mateos en 1960, el atentado dinamitero contra el periódico El Día en 1965 y los bombazos a la embajada y negocios cubanos en 1 974.

Según los datos a la vista, en todos estos hechos y posiblemente también en uno anterior, o sea la misteriosa desaparición del escritor Jesús Galíndez en 1956, habían participado pistoleros cubano-dominicanos, provenientes de Miami y cuya liga con la Central Intelligence Agency es algo más que una mera suposición.

En julio de ese mismo año de 1974, los periódicos publicaron información de que varios ex agentes de la CIA habían confesado durante las últimas tres semanas que cometieron actos de espionaje en México. Uno de ellos dijo, según los cables, que también había actuado en Ecuador para conseguir el derrocamiento del Presidente Arozamena. Dijo el agente a un periodista norteamericano: “Hicimos campaña a favor de los comunistas y promovimos la penetración comunista en el gobierno. Arozamena fue eventualmente derrocado y remplazado por una junta militar”.

Con base en estas confesiones, pregunté públicamente si el espionaje internacional había tenido algo que vez con una banda de criminales recientemente desbaratada en Guadalajara; la peor que jamás haya existido en toda la historia de la delincuencia en México. En esa banda figuraban seis norteamericanos, tenían una casa fortificada y utilizaban rifles que supuestamente son del uso exclusivo del U. S. Army.

El martes 16 de ese mismo mes de julio de 1974, publiqué en mi columna una información que abría brecha hacia uno de los principales asientos de la CIA en México. La información publicada fue la siguiente:
“¿Murden, el hombre de la CIA aquí? Las secretarias de la Asociación Mexicana de profesionales en Relaciones Públicas están casi aturdidas por la cantidad de llamadas telefónicas que reciben de personas que buscan información sobre ‘Robert Mullen and Company’. Este es el nombre que Philip B. Agee dio al Washington Post. como el de la empresa que varios años sirvió de cobertura a las actividades de la Central Intelligence Agency (CIA) en México.
“Pero ocurre que aquí nadie conoce al señor Robert Mullen. Su agencia jamás estuvo registrada en la asociación, ni de tal nombre se acuerdan los más antiguos publirrelacionistas. Es casi seguro, pues, que se trate de un dato equivocado... a medias.
“En México existió hasta 1970 una empresa de relaciones públicas llamada ‘Robert L. Murden and Co.’, con oficinas en Sena 43, Colonia Cuauhtémoc, y particularmente activa entre los años de 68 a 70. De pronto, el señor Murden tuvo que marcharse del país, casi violentamente. Entre sus empleados corrió el vago rumor de que los problemas del señor Murden se relacionaban con la CIA.
“El socio de Murden, Richard K. Lorden, se quedó con la agencia que ahora trabaja bajo el nombre de ‘R. K. L. y Asociados’. Tiene sus oficinas en Río de la Plata 48, y si usted desea preguntar al señor Lorden algo respecto a la CIA, puede llamarle a los teléfonos 533-59-80, 5 25-3 2-22 y 514-50-30.
“Lorden heredó de Murden la Pan American News Service, cuyas oficinas están igualmente en Río de la Plata 48. La agencia sirve para que el señor Lorden envíe informaciones de sus clientes a los periódicos mexicanos. Lo mismo hacía Murden.
“La firma de Lorden maneja las relaciones públicas de empresas transnacionales, exclusivamente. Pero en alguna época manejó las del Comité Mexicano de Hombres de Negocios y del Departamento de Turismo de los EU.
“Lorden, quien procedente de Brasil llegó a México desde 1963 —según Agee, las operaciones de la CIA para controlar elecciones en Brasil fueron en 1962—, es pariente político de un prominente industrial de México, hermano de uno de los primeros diputados del PAN.
“Este industrial es también miembro de la junta de directores de la Universidad Autónoma de Guadalajara, conocida entre otras razones porque es la sede del grupo ultraderechista ‘Los Tecos’.
“En 1969, la junta informó públicamente que esa Universidad había recibido un subsidio por varios millones de pesos del Departamento de Estado y de la Agencia Internacional de Desarrollo.

La AID es mencionada constantemente como una de las coberturas internacionales de la CIA”.

Lorden, a través de un personero reaccionó violentamente ante esta publicación desafiando al columnista a publicar pruebas o a aceptar el calificativo de falsario. Sin embargo, como la paciencia debe ser aliada de un cazador, y la suerte compañera inseparable del periodista, el 8 de octubre del mismo año pude publicar la comprobación necesaria, que había llegado a mis manos exactamente igual que los otros elementos:
“El viernes 4, El Día publicó una extensa nota en que se da a conocer parte de la lista de agentes de la CIA en México, según las revelaciones de Philip Agee. En esta lista figura el nombre de Bruce Berckmans, representante de una empresa llamada Agri-Bussines Development Inc., con oficinas en Río de la Plata 48.
“Lo que esta nota no dice es que se trata del mismo domicilio de la firma Richard K. Lorden y Asociados.
“Tampoco dice la nota lo que este columnista ha podido precisar —y desafía a Lorden y a sus personeros a probar lo contrario—: el señor Bruce Berckmans fue uno de los miembros de esa empresa y llegó ahí en 1970, procedente al parecer de otra de las grandes agencias norteamericanas de publicidad que operan en nuestro país. El misterioso míster B. B. trabajaba entonces para Radio VIP.
“Al llegar a RKL y Asociados, Berckmans lo mismo dirigía la fabricación en gran escala de figuras de Topo Gigio que desaparecía por semanas enteras. Usaba un precioso convertible azul, de dos plazas; nunca conversaba públicamente en español, y su esposa, miembro de la Junior League, trabajaba también para un dispensario sostenido por norteamericanos en una de nuestras colonias miserables, donde se daban conferencias a madres proletarias y se les regalaban píldoras anticonceptivas.
“El misterioso míster B. B., a quien ahora un compinche ha delatado como miembro de la Central Intelligence Agency, estuvo por lo menos seis meses de 1970 como asociado del señor Richard K. Lorden.
“Tal vez ahora el periodista ya no esté obligado a mostrar otro puñado de pelos para probar que la burra era parda...”.

Como un paréntesis en medio de estos gratificantes hallazgos, el 18 de marzo de 1975 hice esta observación que me parece importante repetir ahora a ustedes por obvias razones:
“Hay una curiosa campaña de la propia CIA para desacreditar los cargos contra ella.
“Básicamente la campaña consiste en promover el mayor número de ataques por cuenta de inconsultos y estridentes acusadores profesionales, que hacen del manifiesto o del artículo oportunistas instrumentos de lisonjas para los gobernantes.
“Este tipo de ataques contra la CIA necesariamente acaba por caer en el ridículo... y de este modo se esteriliza o desacredita públicamente un embate serio de las organizaciones democráticas.
“Dicho de otro modo: acusar a la CIA de todo lo malo que ocurre —hasta de gripes o embarazos inoportunos— se ha ido convirtiendo en un torpe ejercicio dialéctico de quienes en este país hablan sólo por el placer de escuchar su voz... y eso es precisamente lo que la CIA quiere.
“Acusar, denunciar sin la menor posibilidad de prueba ni siquiera por mayoría de razón— es sin duda, a contrapelo, muy conveniente para una campaña de encubrimiento, de desviación, de autoengaño. Algo así le ocurrió a aquel pastorcillo que se la pasaba alarmando a todos con el grito de ‛¡Ahí viene el lobo! ’ Cuando el lobo de veras vino, se comió tranquilamente al hablantín y bobo pastorcillo”.

Respecto a las formidables dimensiones de la Agencia Central de Inteligencia observables ya en 1975, vale la pena releer este párrafo del libro La CIA y el culto al espionaje escrito por Víctor Marchetti y John Marks, libro que estuvo en litigio mucho tiempo en los tribunales norteamericanos ante los que acudió la CIA para impedir que se publicaran precisamente datos como éstos:

“En la actualidad, la agencia utiliza los dos tercios aproximadamente de su presupuesto y de su personal para las operaciones encubiertas o para apoyarlas de modo indirecto; esta proporción se ha mantenido prácticamente constante durante más de diez años. De este modo, de una plantilla profesional formada por unas 16 mil 500 personas y de un presupuesto anual de unos 750 millones de dólares, unos 11 mil empleados y casi 550 millones se destinan a los Servicios Clandestinos y a actividades como comunicaciones, logística e instrucción que, perteneciendo a la dirección de Administración y Servicios (antes dirección de Apoyo), colaboran en la acción encubierta. Solamente el 20 por ciento de los empleados profesionales de la CIA (que gastan menos del 10 por ciento del presupuesto) trabajan en tareas de análisis de investigación y en la elaboración de la información. De momento no hay razón para esperar que las cosas cambien”.

La misma obra de Marchetti y Marks informa que hace 7 u 8 años el total de espías de los Estados Unidos, incluyendo los de la CIA, era de 153,250 individuos y el gasto destinado a ellas ascendía a 6,223 millones de dólares.

El libro recoge también uno de los apotegmas en que basa su seguridad la comunidad del espionaje norteamericano: Si es necesario, el propio presidente de los Estados Unidos mentirá para encubrir las actividades de la Central Intelligence Agency, dicen los editores citados. En abril de 1975, el entonces director de la CIA, William Colby había negado que la agencia estuviese interviniendo en México.

En ese mismo abril, cuando el país se cimbraba ya ante una campaña desestabilizadora que incluía el manejo criminal de rumores, publiqué el siguiente comentario respecto a las versiones de que el gobierno mexicano estaba aplicando vacunas esterilizadoras a los niños:
“Según los datos recopilados por esta columna, la escalada lleva hasta ahora el siguiente calendario:
“La campaña de rumores de inició el 3 de octubre en Tamaulipas ; cubrió —entre esta fecha y los primeros días de septiembre— Matamoros, Valle Hermoso, Reynosa, Victoria y Río Bravo.
“El 8 de octubre brotó en Monterrey, donde inclusive se emplearon camionetas de sonido, que sorpresivamente recorrieron algunas colonias proletarias para desaparecer en seguida con igual misterio. Los agentes provocadores pedían a los padres que se apresuraran a ir a las escuelas a recoger a sus hijos, porque en esos momentos médicos oficiales pretendían aplicarles una vacuna esterilizante. En tres días más la campaña ya había cubierto los municipios de Montemorelos, Allende, Linares y dos más.
“Entre el 21 y 24, cinco poblaciones de Yucatán fueron inundadas por el rumor, y 20 mil escolares se quedaron sin clases una semana, hasta que los padres de familia recobraron la tranquilidad. Poco antes, el 15 del mismo mes, el escenario había sido San Luis Potosí.
“Ahora, la escalada fascista llega a la zona metropolitana”.

En el Distrito Federal, la estólida diputación del PAN se dejó llevar alegremente en la maniobra como comparsa; tomó por cierta la existencia de aquella clase de vacuna y exigió cuentas públicamente al gobierno de México. En Monterrey, por supuesto, el mismo partido era cómplice de la difusión de los rumores. Y habrá que señalar que Joaquín González Osorio, diputado federal suplente del PAN y vecino de la colonia La Aurora, organizó pelotones de ciudadanos para protestar públicamente por la vacuna esterilizante y fue detenido por la policía. Que yo sepa, ese señor González Osorio ha sido la única persona detenida en México por propagar rumores criminales.

Pocos días después, una extensa nota publicada en la revista Advertising Age de Chicago, especialista en sucesos del mundo publicitario, permitió al columnista no sólo saber algo más sobre el misterioso señor Robert Mullen sino descubrir a otro de los espías de la CIA en nuestro país con la pandilla de los célebres ladrones de Watergate. Lo publicado quedó impreso así:
“Nueva York, enero 31 ― La Agencia Central de Inteligencia, cuyas actividades en el interior y en el extranjero la han convertido en el centro de atención del país, parece haber implicado a J. Walter Thompson Co., la agencia de publicidad más grande, en el servicio a un frente de relaciones públicas para la unidad de inteligencia.
“Cronológicamente, el principio del asunto va hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando J. Walter Thompson Co. proporcionó varios de sus ejecutivos clave a la Oficina de Servicios Estratégicos... ” dice más adelante. Pero dejemos la cronología porque en seguida viene lo que nos interesa:
“Más recientemente, la JWT aparece como habiéndose visto implicada en diversas actividades de publicidad y relaciones públicas junto con Robert Mullen Co., una firma con sede en Washington, cuyos jefes han admitido ante los investigadores del Senado, que proporcionan cobertura a la CIA’.
“Este es el párrafo importante para el almuerzo dominical de nuestros lectores, porque ya hemos publicado aquí:
“a) Que Robert Mullen Co. operó en México, pero no precisamente con ese nombre, sino con el de Robert Murden and Co. El nuevo ‘apellido’ es probablemente una combinación de dos: las primeras dos letras de Mullen y las cuatro últimas de Lorden.
“b) En 1970, Mullen se marchó casi violentamente de México, entre rumores de sus empleados acerca de que en ese hecho algo tenía que ver la CIA. Entonces su socio Richard K. Lorden se quedó con el negocio, y de las calles de Sena 43, lo trasladó a Río de la Plata 48.
“c) Cuando los cables de prensa dieron a conocer a principios de octubre una larga liste de agentes de la CIA en México —El Día la publicó el viernes 4—, en ella figuraba el nombre de Bruce Berckman, con domicilio justamente en Río de la Plata número 48. El señor Berckmans, descubierto como agente del espionaje norteamericano, estuvo asociado por lo menos seis meses con Richard K. Lorden, cuya empresa se llama así: R. K. L. y Asociados”.
“Otro de los asociados de Lorden —y éste es un dato que no había aparecido hasta ahora—, fue un misterioso señor Daniel James, quien afirmaba haber estado en Bahía de Cochinos, como corresponsal de guerra. Ya instalado en la guarida de Río de la Plata, James escribió un libro sobre el Che Guevara, y un sinfín de artículos en contra del gobierno revolucionario de Cuba, que Lorden distribuía a periódicos y revistas a través de Pan American News Service, una supuesta agencia de prensa que aún funciona.
“Lo extraño es que James nunca cobró directamente en las nóminas de ‘R. K. L. y Asociados’. El cheque para James llegaba en el correo de Estados Unidos para Lorden, quien a su tiempo lo entregaba al ‘periodista’.
“Actualmente el señor Daniel James es coordinador de grupos y convenciones en un importante hotel del Paseo de la Reforma.
“Advertising Age revela que por las fechas en que Lorden ya era —o parecía ser— dueño de la sucursal en México, la compañía contrataba como ‘escritor de relaciones públicas’ nada menos que al señor E. Howard Hunt, uno de los célebres ladrones de Watergate. Durante este juicio escandaloso, el señor Hunt dijo que en 1971 era agente de la CIA”.

En junio siguiente, en un nuevo paréntesis reflexivo hice el siguiente comentario:
“Para jugar al autoengaño —deporte nacional que solemos practicar con entusiasmo— tenemos que olvidar ciertas cosas. Así, para engañarnos a nosotros mismos haciéndonos creer que alguna comisión investigadora —llámese Rockefeller, Church o cualquier otra cosa— dará al traste con la CIA, hemos tenido que olvidar un hecho harto simple: La CIA es un organismo oficial del gobierno de los Estados Unidos, tan concretamente oficial como la Tesorería, la Casa Blanca, el Pentágono o la Marina.
“Resulta, pues, de una conmovedora ingenuidad esperar que el gobierno de los Estados Unidos cometa el hermoso acto de hacer estallar una granada en su propio estómago.
“Pero junto con el olvido del hecho concreto, comenzamos a manejar ilusiones de óptica. Una de estas consiste en imaginarnos a la Central Intelligence Agency como una organización clandestina, a la que debiéramos combatir juntos tanto el pueblo norteamericano como el mexicano.
“Por cuanto hace a los norteamericanos, ellos no sólo reconocen cosa suya a la CIA, sino que la aman y veneran como uno de los grandes motivos de orgullo nacional. El propio Rockefeller declaró hace unos días que, si bien la CIA era culpable de ciertos pecados, éstos podían ser considerados como veniales si se les comparaba con los insignes servicios que había prestado a la nación.
“Tratar, pues, de convencer, a los norteamericanos de que la CIA es algo odioso, sería tanto como pedirles que no amaran a Lincoln o a Mickey Mouse’’.

El 25 de septiembre de 1975, cuando ya era candidato a la presidencia José López Portillo, tuve que dar esta noticia:

“Ayer domingo, un notorio agente de la Central Intelligence Service comenzó a operar un costoso dispositivo de publicidad y relaciones públicas para ‘promover la imagen’ del licenciado José López Portillo ante empresarios, cadenas de televisión y algunos periódicos importantes de Estados Unidos”.

En efecto, el notorio Rickard K. Lorden, que llegó a México en 1963 procedente de Brasil, había logrado colarse a esa nueva actividad, ayudado, yo creo que involuntariamente, por descuidados colaboradores del incipiente candidato, uno de ellos el hoy gobernador Rodolfo Landeros, quien por lo menos resulta imputable por extrema ingenuidad y negligencia. Por fortuna, Lorden no habría de permanecer mucho tiempo en el quehacer inventado por él mismo y que era harto equívoco en perjuicio de un futuro presidente mexicano. Advertidos otros colaboradores de López Portillo, echaron a Lorden.

Pero como la audacia y la cara dura de estos individuos es inmarcesible, en enero de 1976 fue el señor Daniel James quien de pronto se hizo aparecer como “encargado de la prensa internacional en la campaña de López Portillo”. Así lo hizo saber en llamadas telefónicas a varios miembros del Club de Corresponsables Extranjeros. Esta vez fue rápida la consulta y el señor James quedó enfriado en primera base. Esto no quiere decir que el señor James haya desaparecido de nuestra historia. De hecho es uno de los agentes de la CIA más conocidos y más inverecundos que conocemos.

A fines de enero de 1976, la Associated Press publicó esta pequeña pero interesante noticia: “El presidente Ford ha decidido revisar la política que hasta ahora había autorizado para utilización de religiosos en la Agencia Central de Inteligencia”.

En esos principios de 1976 llegaron a México los ejemplares en español de un libro escrito el año anterior por el señor E. Howard Hunt. Líneas arriba se menciona por primera vez este nombre: Howard Hunt. Se le ubica dentro del aparato de una agencia de publicidad que en varios países servía de cobertura a la CIA. Aquella agencia tenía una sucursal en México. Pues bien, ahora encontramos al señor Hunt convertido en una celebridad internacional por haber resultado aprehendido, convicto y confeso por el robo de aquellas oficinas del Partido Demócrata en Watergate.

El señor Hunt dedica todo un capítulo de su libro a describir sus andanzas como agente de la CIA en México; vino aquí cuando comenzaba a ser embajador de Estados Unidos, William O'Dwyer . La historia oficial de los Estados Unidos, que yace en los archivos de los principales periódicos, cuenta como el señor O’Dwyer resultó después convicto de ligas en el hampa organizada, específicamente con los viejos socios de Al Capone.

Pero volvamos al señor Hunt. Este dice en uno de sus párrafos: “Formé en México una amplia red de colaboradores extraños entre los que se contaba un popular y joven sacerdote católico que actuaba muy activamente en el movimiento anticomunista desarrollado en una de las universidades mexicanas”.

También relata que entre los periodistas y escritores que la CIA contrató por su conducto figuró Eudocio Ravines. Y agrega: “Entretanto, los agentes de mi delegación habían establecido organizaciones anticomunistas que abarcaban muchos sectores de la vida mexicana, tales como los de la juventud, los estudiantes, la mujer, la iglesia y el trabajo. A través de periodistas a nuestro servicio, tenía acceso a las páginas de los más prestigiosos periódicos mexicanos. ”

Relata también cómo en compañía de otro agente llamado Bob North, planeó “una complicada operación para desacreditar a un prominente comunista mexicano”.

Describe que “el dirigente comunista mexicano se encontraba de visita en Pekín. El día de su partida, Bob North me mandó por correo aéreo un ejemplar del periódico chino que anunciaba que el dirigente mexicano se había ido de China para regresar a su país. Mandé fotocopia del periódico al cuartel general de la CIA. Para ponerla en el lugar en que se anunciaba la partida del dirigente mexicano, en el periódico chino, me inventé una historia en la que dicho dirigente hablaba despreciativamente de los mexicanos y, entre otras cosas, decía que los campesinos mexicanos no tenían la menor esperanza de alcanzar el nivel cultural de los superiores campesinos chinos. Mandé esta historia al cuartel general, en donde habían fabricado unos tipos exactamente  iguales a los del periódico chino. Mi falsa historia fue impresa mediante dichos tipos, y la totalidad de la primera página del periódico fue impresa de nuevo. El cuartel general me envió 10 ó 12 ejemplares del falso periódico. Mandé los falsos periódicos a diversos periodistas mexicanos que publicaron facsímiles de la ofensiva entrevista junto con su traducción al español. Las protestas de inocencia del dirigente comunista no merecieron crédito en parte alguna, ya que se efectuaron pruebas técnicas de la impresión del periódico chino, según las cuales los tipos en que la historia estaba impresa eran exactamente los mismos que los de otros textos y muestras de dicho periódico, por lo que forzosamente aquella tenía que ser auténtica”.

Al terminar este relato, el señor Hunt agrega una nota de pie de página que es inefable, y dice así: “Esta clase de asistencia técnica por parte de la CIA es lo que eché de menos cuando intenté falsear dos cables del Departamento de Estado, en 1971”.

Seguimos ahora con las notas del archivo:

En diciembre de 1976, me uní al júbilo de Richard K. Lordcn, porque exactamente el último día de su estancia en el poder, el regente de la ciudad Octavio Sentíes había otorgado al señor Lorden permiso para explotar un restaurante con venta de licores, en Polanco.

Lorden había establecido y operado ese restaurante por varios meses sin contar con la licencia. Pero ninguna autoridad se atrevió a molestarlo. El restaurante, como muchos otros pequeños, medianos o grandes negocios que los agentes de la CIA manejan en los países, sirve de pantalla para transferencias de fondos y otras actividades.

En febrero de 1977, a propósito de un pequeño escándalo en el Post y el Times respecto a personajes de otros países que supuesta o realmente habían recibido paga de la CIA, el columnista se permitió recordar antecedentes de la citada agencia que más de una vez ha establecido ligas con delincuentes notorios. La historia referida se conoció desde junio de 1975 cuando un capo de la mafia llamado Sam Giancana fue asesinado de cinco balazos en la cabeza. Al año siguiente, su socio, John Roselli fue encontrado flotando apaciblemente en el mar frente a las playas de Miami, pero dentro de un tonel de acero. Se dijo entonces que Giancana y Roselli habían sufrido la penitencia impuesta por la CIA a quienes no pueden cumplir sus contratos. La prensa y autoridades norteamericanas declararon que ambos caballeros de la mafia habían sido contratados para asesinar a Fidel Castro, encargo que obviamente no pudieron cumplir ni por aproximación.

En febrero de 1977, había aparecido en los diarios la foto de una hermosa morena llamada Judith Campbell Esner, quien después de confirmar que efectivamente había sido amiga íntima —algo así como una secretaria del interior— del presidente John F. Kennedy y de Sam Giancana, expresó dos temores: Uno, que Giancana hubiera sido asesinado por ese ménage a trois y, segundo, que un día de estos le tocara a ella. La señorita Campbell creía que por lo visto hay personas interesadas en suprimir lo chispeante que pueda tener la historia de la humanidad.

He aquí pues, cómo encontramos nuevamente una liga entre el crimen organizado y la CIA, más el jefe supremo de la CIA, o sea el señor presidente de los Estados Unidos.

Pero hay otro aspecto de la historia de Giancana que vale la pena ser contado, ya que estamos hablando de la CIA en México. En efecto, para poder ejecutar a Giancana, la CIA tuvo que contar con la ayuda de algunos funcionarios mexicanos, porque Giancana llevaba tiempo refugiado en Cuernavaca, donde compró una residencia por conducto de otro agente oportunamente asesinado en Chicago (más adelante nos referiremos a este caso).

Giancana, alias “Momo”, capo de la mafia en Chicago, hombre influyente en la Casa Blanca, estuvo metido hasta las cejas en el tráfico de estupefacientes en nuestro país. Fuentes de la policía federal lo conectan con la banda de Alberto Sicilia Falcón.

Después de pasar un buen tiempo en Cuernavaca sin que nadie lo molestara, Giancana fue aprehendido por policías mexicanos y puesto en un avión rumbo a Estados Unidos. Ahí lo esperaban unos clientes con quienes había quedado mal en cierto pequeño encargo que debía haber cumplido en Cuba.

El 15 de febrero de 1978 me referí a informaciones procedentes de Estados Unidos sobre que el presupuesto manejado por el nuevo jefe de la CIA, almirante Stanfield Turner, equivaldría a 184 mil millones de pesos. Esta suma hubiera cubierto en ese año el presupuesto de 19 secretarías de Estado del gobierno mexicano y aún sobraba para propinas en Rolls Royces.

El 12 de abril de 1978, me referí a la sensacional reaparición del señor Richard Lorden, ahora como funcionario de prensa en la Secretaría de Relaciones Exteriores, por supuesto antes de don Jorge Castañeda. El empleo no le duró más que unas cuantas horas, porque aunque muchos funcionarios mexicanos siguen sosteniendo que la CIA no existe, de vez en cuando se ruborizan ante las informaciones periodísticas.

En julio de ese mismo año volvió a México un viejo agente de la CIA, de 1.85 de estatura, que era conocido entre los periodistas como el viejo Yeaton. Su nombre completo: Robert K. Yeaton. Primero sirvió a la agencia como supuesto enlace de prensa en la embajada. Diez años después reaparecía como ejecutivo de una firma de consultores norteamericanos, que pusieron sus oficinas en las calles de Río Marne número 13. Aparte de preguntarme públicamente por qué los agentes de la CIA prefieren la colonia Cuauhtémoc me refería al proyecto del viejo Yeaton que con gran audacia fue propuesto a los más altos niveles de nuestro gobierno. Se trataba de decirle a éste que inversionistas norteamericanos estaban dispuestos a traer a México una “ayuda” de 2 mil millones de dólares para abrir tantos empleos agrícolas, que ya no tendríamos necesidad de enviar braceros a Estados Unidos. Como ustedes ven, la CIA no carece de imaginación.

En agosto de 1978, me permití hacer notar cómo inexplicablemente la dirección de Pemex, entonces a cargo, por supuesto, de don Jorge Díaz Serrano, había entregado a una empresa norteamericana todo el sistema de computación y agregaba este comentario: “No faltan almas cándidas que se hagan cruces sobre la habilidad de la CIA para obtener información de nuestras reservas petroleras y manejarlas en el contexto de los conflictos mundiales”.

“Pero el caso es que desde hace ocho meses por acuerdo de la dirección general de Pemex, toda la información estratégica sobre esta industria fue situada en bancos de datos de Houston y Chicago”.

Pemex rentó en 70 mil pesos mensuales una residencia en Leibnitz 166 para que los asesores norteamericanos pudieran trabajar con el máximo confort, después de que rechazaron unas oficinas que les parecieron de segunda clase en Marina Nacional número 329.

En ese mes de 1978, el columnista estaba relativamente cerca de cubrir una pieza importante. En la columna del día 28 hice la pregunta de si el coronel Raúl A. Garibay era el nuevo jefe de la CIA en México. “Si no lo es, agregué, un pato ha dejado de parecerse a otro pato o quizá la compañía está tratando de operar en nuestro país con una águila de dos cabezas”.

Me refería a las actividades de Garibay que distaban mucho de ser las de un diplomático y más se parecían a las de un agente de inteligencia.

Dos días después publiqué la historia del agente de la CIA Richard Cain, quien el 22 de diciembre de 1973 fuera muerto a balazos a las puertas de un restaurante de Chicago, como parte de una sangrienta cadena de esfuerzos tendientes a ocultar la participación de la CIA en un complot para asesinar a Fidel Castro en 1961.

Seguramente ya se habrá relacionado a Richard Cain con Sam Giancana, nuestro ex huésped en Cuernavaca. Efectivamente, Cain fue el encargado de comprar a un ex gobernador de Campeche la residencia que habitó Giancana. Cain utilizó entonces el apellido de Scalzetti. Pero había desarrollado otras actividades en México a principios de 1972 bajo el encubrimiento de especialista en servicios policiacos contratado por el Banco de México. En realidad estaba vigilando a varios personajes mexicanos, entre ellos al Dr. Alfonso Quiroz Cuarón, criminólogo de fama internacional. Algunas declaraciones hechas por éste en un país de Centroamérica, causaron preocupación a la CIA, porque esas opiniones eran contrarias a intereses norteamericanos.

La columna de ese día reveló algunos datos más acerca de por qué Giancana tenía que ser eliminado. A mediados de 1975, el senador Frank Church encabezaba una comisión para investigar las actividades de la CIA y habían surgido revelaciones sobre una alianza entre esa organización de espionaje y la del crimen organizado. Giancana jamás llegó a rendir testimonio en el senado contra la CIA, porque los muertos no hablan.

En 25 de septiembre de 1978 publiqué antecedentes del coronel Raúl A. Garibay, quien llegó a Santiago de Chile once meses antes del golpe contra Allende. Veterano de Vietnam, Garibay había estado antes en Montevideo, en Lima y otros estados latinoamericanos acompañado de dos agentes de la CIA apellidados Saucedo y MacDonald.

En cada uno de estos lugares dejaron una huella bien clara de su eficacia como agentes de espionaje y de subversión.

A México llegaron en abril de 1976, y siete meses después, como no nos había ocurrido en el último medio siglo, en México se hablaba sobre la inminencia de un golpe de estado. En julio de 1977, el gobierno norteamericano decidió acreditar a Garibay como agregado militar dentro del personal del embajador Patrick Joseph Lucey.

El 12 de octubre de 1978, por primera vez en la prensa mexicana se dio a conocer la identidad del jefe de estación de la CIA en México. Resultó ser Lawrence Sternfield, de 52 años con 27 de servicio en la cofradía y el rango del oficial más importante de ésta en América Latina.

Lo que se había dicho sobre el coronel Garibay respecto a si él era o no el jefe de la CIA en México, sirvió al periodista para provocar la información que finalmente permitía quitarle el antifaz y la capa al verdadero jefe de estación.

El descubrimiento de esta identidad tuvo diversas consecuencias. Por ejemplo, establecer que el actual vicepresidente de los Estados Unidos, el señor George Bush, socio de don Jorge Díaz Serrano, si bien sólo estuvo al frente de la Central Intelligence Agency un año, ese tiempo le bastó para ordenar y apoyar algunos de los crímenes más importantes de la CIA, perpetrados en México y otros países. Lawrence Sternfield era precisamente uno de esos implacables colaboradores. La información publicada el 9 de noviembre de 1979, fue la siguiente:
“Si Richard Allen representa la corrupción junto a Ronald Reagan, el futuro vicepresidente George Bush encarna la capacidad para la intriga y la acción violenta hasta los extremos de una matanza.
“El expediente de George Bush como ex director de la CIA, no deja lugar a dudas. Un jefe tiene que pagar su cuota a la historia, y como dijo William Colby, antecesor de Bush en el servicio estadounidense de espionaje:

Quien una vez fue miembro de la CIA, en realidad nunca dejará de serlo.

“Las informaciones periodísticas muestran ahora más interés en destacar la amistad de prominentes políticos, funcionarios y ‘mighty mexicans’ con Bush, pero se desentienden de la época en que el vicepresidente electo ―y posible futuro presidente de Estados Unidos― encabezó la Central Intelligence Agency. Esto ocurrió entre el 30 de enero de 1976 y el 20 de enero del año siguiente.
“Un año menos 10 días no parece ser mucho tiempo; pero para el gigantesco Bush 1.90 metros de estatura, según la prensa europea, fue bastante para demostrar su capacidad de acción. De hecho, durante ese lapso relativamente corto, la CIA perpetró algunos de sus crímenes y acciones punitivas más importantes de los últimos años.
“Parte de esos crímenes y acciones tuvieron su origen o destino en México. Otros, obviamente, fueron dirigidos contra Cuba, y, en fin, hubo también acciones que alcanzaron a perseguidos latinoamericanos. Un breve recuento de los hechos violentos que de un modo u otro pueden atribuirse a órdenes, conocimiento y consentimiento del director de la CIA, contiene estos datos:
“1) En febrero de 1976, cuando prácticamente acababa de asumir el cargo, George Bush ordenó el reclutamiento de mercenarios para luchar en Angola en las filas del Frente Nacional de Liberación contra el Movimiento Popular de Liberación. Según informes del corresponsal del Sunday Telegraph ―reproducidos después por el Washington Post y las agencias internacionales de noticias―, la CIA había destinado 20 millones de dólares para ‘enganchar’ mercenarios. El señor Bush tendrá mucho tiempo por delante para recordar lo que estos feroces soldados de fortuna, contratados por él o por órdenes de él, hicieron en Angola.
“2) En abril de 1976, George Bush asignó al notable agente de la CIA, Lawrence Sternfield ―jefe de estación en México, en 1978―, para que convocara a una reunión especial en San José de Costa Rica, de todos los grupos de exiliados cubanos que declaraban estar dispuestos a combatir contra el castrismo. Bajo la experta dirección de Sternfield, la CIA constituyó entonces el Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) y nombró coordinador general al médico de niños y asesino profesional doctor Orlando Bosch. Pronto habría de saber el mundo qué era lo que el ahora vicepresidente electo tenía en mente al constituir el C. O. R. U.
“3) Seis meses después de esta asamblea constitutiva en San José de Costa Rica bajo el auspicio de la CIA, el CORU habría de alcanzar su máximo timbre de gloria: un grupo dirigido personalmente por el doctor Bosch dinamitó un avión cubano de pasajeros y mató así a 73 personas.
“4) Antes de que el señor George Bush anotara en su haber personal esta matanza, su criatura, el CORU habría fracasado al tratar de probar en México su eficacia. El 23 de julio de 1976, un comando del CORU llegó a nuestro país para secuestrar y asesinar al cónsul cubano en Mérida. Formaban parte de este grupo terrorista, los señores Orestes Ruiz, cubano, y el estadounidense Gaspar Eugenio Jiménez Escobedo. Fallaron en el secuestro, pero asesinaron a un colaborador del cónsul, el señor Artagnan Biass. Seguramente el señor Bush estaba enterado de que su lugarteniente Lawrence Sternfield también había infiltrado un comando terrorista en la ciudad de México para dinamitar el edificio de la embajada de Cuba, al tiempo que se intentaba el secuestro en Mérida.
“(Los asesinos de Biass fueron aprehendidos en Mérida y trasladados a la ciudad de México. Escobedo se fugó el 21 de marzo de 1977, cuando la CIA gastó algunos dólares en sobornar a dos guardias en el Reclusorio Oriente: pero ya el señor George Bush no estaba en la agencia para festejar este pequeño éxito; seis meses antes lo había despedido el presidente Carter).
“5) El 8 de agosto de 1976, un distinguido miembro del sindicato del crimen en Chicago, John Roselli, fue descubierto cuando tomaba un baño en la Bahía de Miami, pero dentro de un tonel de acero y el cuerpo perforado a balazos. Según toda la prensa norteamericana, Roselli había sido silenciado para siempre porque en 1961 él y su compañero Sam Giancana fueron contratados por la CIA para envenenar a Fidel Castro y, como es evidente, fallaron. Roselli y Giancana estuvieron un tiempo refugiados en Cuernavaca. La CIA logró que ambos fueran expulsados por las autoridades mexicanas, y después ocurrió lo que tenía que ocurrir: Giancana fue asesinado en 1975 y Roselli, un año más tarde, cuando ya había tomado el mando de la respetable agencia el ahora vicepresidente electo de Estados Unidos.
“6) Los periodistas estadounidenses seguramente estarán ahora mucho más interesados que nunca en averiguar cuál fue, exactamente, la participación de la CIA en el asesinato del chileno Orlando Letelier y de su secretaria estadounidense Ronni Moffit. Desde que a las 9. 35 del 21 de septiembre de 1976 estalló una bomba en el automóvil en que viajaban Letelier y su secretoria por una calle de Washington, numerosas informaciones se han escrito acerca de la participación de la Agencia Central de Inteligencia en este doble crimen. Quien podría explicarlo todo se llama George Bush.
“(Con Richard Allen y George Bush junto a Ronald Reagan, parece que el mismo autor de una tira cómica ya leída hace años, se empeñara en repetir la historia. En efecto, es inevitable recordar al otro presidente republicano, Richard Nixon, que llegó con los Spiro Agnew, los John Mitchell, los Haldeman, los Hunt, los Dean, los Ehrlichman, los Colson y, en fin, aquellos que pronto se convirtieron en una pandilla de convictos conocidos para la posteridad como ‘Todos los hombres del Presidente’)”.

Hasta aquí el comentario que apareció en Excélsior el 9 de noviembre de 1979. No debemos olvidar que si Dios no dispone otra cosa, George Bush puede ser el próximo presidente de los Estados Unidos. Aun antes de una primera reelección de Reagan, dudosa por cuestiones de edad y de salud.

Trataré de concluir esta revisión de mis propios escritos y notas de archivo.

Después del episodio de Lawrence Sternfield, el columnista ha tenido variada suerte en la tarea de identificar a agentes de la CIA.

En noviembre de 1979, ocurrió un incidente menor cuando publiqué que el señor Devan Jones, de 56 años, vecino de uno de los pintorescos pueblecitos a la orilla del Lago de Chapala, en realidad era un agente de la CIA que participó en el golpe contra Allende.

Al año siguiente, noviembre 25 de 1980, publiqué en Excélsior que el señor Stewart D. Burton, de 52 años, frustrado predicador religioso, era el jefe de la CIA que había sustituido a Sternfield, quien se marchó más o menos apresuradamente del país.

Pero seis meses antes, como entremés, me refería a un curioso joven norteamericano negro de 25 años de edad, llamado Erick Kurt James. Pasaba por ser un inofensivo y servicial abogado de la embajada, cuya misión consistía solamente en sacar de problemas a sus compatriotas que los fines de semana se excedían en libaciones y en tan americano estado infringían alguna norma pública. Pero en realidad, Erick era un agente de inteligencia. Es decir, no creo que haya estado mezclado en los trucos sucios de la CIA, sino solamente en la recolección de informes, según la descripción clásica del profesor Sherman Kent.

En enero de 1981, obtuve una lista de agentes de la CIA publicada por la DPA, agencia de información de Alemania Democrática. Esa lista incluía los nombres de 79 espías en México. Pero desgraciadamente la información de la DPA era relativamente obsoleta y los mencionados agentes ya se habían marchado de Monterrey, Guadalajara, Ciudad Juárez, Tijuana y el Distrito Federal.

Por último, entusiasmado porque en abril de este año se formó una comisión del Congreso para investigar entre otras pequeñeces, la actividad de la CIA en nuestro país, publiqué una serie de artículos sobre el tema.

Propuse que los señores diputados tomaran como ejemplo el caso del señor Humberto Carrillo Colón, a quien el gobierno del presidente Díaz Ordaz acreditó en 1969 como consejero y agregado de prensa en la embajada de México en Cuba.

Se probó irrefutablemente que el señor Carrillo Colón tenía además otro empleo: era un colaborador de la Central InteIIigence Agency.

Según lo expuesto ampliamente, Carrillo Colón espiaba también por cuenta del gobierno mexicano; pero resultó tan torpe, que, como decíamos al principio, demostró que aquí no sabemos hacer bien dos cosas: un sistema de espionaje y una selección de fútbol.

Sin embargo, el caso de Carrillo Colón, por lo claro y absurdo hubiera permitido a los señores diputados llamar a declarar a personajes que conocieron la actividad del susodicho como espión de doble fondo. Propuse que, por ejemplo, se llamase a comparecer ante la comisión investigadora a los señores Joaquín Cisneros Molina, Alfredo Ríos Camarena y Luis Echeverría. Por diferentes razones, los tres —además de Díaz Ordaz, por supuesto—, tuvieron acceso a la valija que el espía enviaba desde La Habana y conocieron perfectamente su actividad. Echeverría como secretario de Gobernación; Cisneros como secretario privado de Díaz Ordaz y el señor Ríos Camarena —a quien recordarán los que leen la crónica de la delincuencia—, como auxiliar de Cisneros Molina.

Pero la comisión estaba encabezada por el diputado Salomón Faz Sánchez, especialista más bien en fugas de hectáreas, y resultó absolutamente incapaz de descubrir un búfalo dentro de un Volkswagen.

En México se han dado casos de expulsión de espías. Se recuerdan dos incidentes en que los expulsados fueron soviéticos. Pero jamás nadie se ha atrevido a molestar a un solo espía norteamericano, aunque a veces los restaurantes de la Zona Rosa estén atiborrados de ellos y contribuyan a agravar la contaminación ambiental. Recuérdese el dato del Christian Science Monitor, cuya investigación reveló que en México existe una estación de la CIA con más personal y mayor actividad que las de Bonn, Viena, Moscú, Teherán, y prácticamente cualquier otra ciudad del mundo, excepto Nueva York y Washington, que se equiparan a la de México.

Pero en este país donde los problemas nos estallan siempre como petardos en las manos y nos hacen poner cara de sorpresa, ustedes encontrarán a funcionarios que interrogados sobre la CIA, contestarán siempre: “¿La CIA?, ¿Cuál CIA? ¿Se refiere usted acaso a la Compañía de Luz y Fuerza o por ventura a la Compañía de Jesús? ”.

 

NUESTRA CIA DE CADA DÍA
Hasta el señor Nixon —desde el fondo de su Watergate— habla de “operaciones clandestinas de la CIA en México”.

No es noticia, desde luego; pero sí muy interesante que el propio presidente de los Estados Unidos nos recuerde en estos momentos que la CIA forma parte inevitable de nuestro folclore nacional.

De tanto hablar de esta peluda garra del imperialismo se nos había desgastado el lenguaje y, peor aun, se nos comenzaba a borrar la idea.

Gracias sean dadas, pues, al señor Nixon.

Se ha revitalizado el temario para la hora del café y del aperitivo, y nuestros nativos agentes de inteligencia tienen nuevamente mucha tela de donde cortar.

De ahora en adelante será mucho más sencillo inventar complots, tarea que se estaba volviendo cada día más difícil, por la escasez de asuntos y de personajes.

Muchas otras cuestiones públicas, que se han mantenido atascadas o que continúan el proceso de agravamiento, podrán ser abordadas ante el pueblo con buena gracia, bajo el signo de la CIA.

Por ejemplo, ¿por qué no atribuir a la CIA el problema de la elevación de precios?

El caso de Puebla parece tan obvio, que huelgan los comentarios. La CIA, ni hablar.

El secuestro del cónsul, en cambio, presenta muy atractivas posibilidades. Desde luego nos inclinaríamos a pensar que todos los actores y actrices que intervienen, así como el vestuario y el equipo pertenecen a la CIA. Pero ¿qué hacer entonces con otros aspectos de la investigación laberíntica dados a conocer por las autoridades? Quizá tendremos que llegar a la conclusión de que el tiempo y los golpes se han sido en vano para la CIA y actualmente se halla tan pero tan sofisticada, que a veces es casi imposible descubrir su verdadero rostro.

Por otra parte, existen bases suficientes para suponer que algunas de las campañas de diputados están siendo saboteadas por la CIA. De otra manera no se explican ciertas frases en las bardas o ciertas ocurrencias de los candidatos.

Las acusaciones contra el jefe de la policía por no permitir manifestaciones son — ¡qué duda cabe! — una pérfida maniobra de la CIA para debilitar una de nuestras mejores instituciones democráticas. Por su lado, el general Gutiérrez Santos podría defenderse revelando que fue la CIA la que le informó que los estudiantes habían recibido armas comunistas.

En fin, dejamos el tema abierto para la siguiente ocasión en que tampoco tengamos con qué llenar este espacio.
El Día. 24/V/73

 

 

UNA CIA AL GUSTO DE CADA QUIEN
Tarde o temprano —más temprano que tarde, a juzgar como se están poniendo las cosas— el canciller Rabasa tendrá que decir algo sobre las operaciones de la CIA en México.

No podrá, desde luego, decir que ignora el tema. Después de lo que el propio presidente de los Estados unidos se ha permitido informar, nadie puede hacerse aquí el desentendido.

Tampoco parecería propio del canciller mexicano decir que el tema es viejo. Sí, lo es; pero ello no excusa el comentario en el más alto nivel de nuestro gobierno, porque a pesar de ser antiguo el asunto, adquirió ahora una inusitada gravedad para nosotros.

La confesión plena por parte del jefe del gobierno norteamericano, eleva las operaciones clandestinas de la CIA en México al nivel de un posible conflicto internacional, ni más ni menos.

Desgraciadamente los diplomáticos no pueden aducir que Nixon se refirió a sucesos de hace nueve o diez años, de los que su gobierno —es directo responsable—, ni atañen a la actual administración mexicana.

No es así. Las frases de Nixon lo mismo se refieren a operaciones clandestinas de la CIA en México cuando Kennedy era el presidente de los Estados Unidos, que alcanzan a cubrir acontecimientos mucho más recientes. Y, por si hiciera falta, ahí está esa interminable sucesión de revelaciones a cargo de importantes miembros del Congreso norteamericano, que persisten en aseverar lo actual y permanente de las operaciones clandestinas de la Central Intelligence Agency en nuestro país.

No existe, pues, una vía de escape para el canciller Rabasa, suponiendo que él la buscase, suposición que carece por completo de cimiento, porque la evasión está absolutamente fuera del estilo del actual gobierno, cuyo jefe ha enseñado a todos a llamar pan al pan y vino al vino.

Pero mientras la declaración o el comentario de don Emilio Rabasa se produce, todos estamos en libertad de continuar ese juego de salón en que cada participante, a su turno, vendados los ojos trata de ponerle la cola al burro.

A falta de verdaderos expertos nacionales, habrá que acudir a uno o dos autores sudamericanos que al describir las actividades de la CIA en el continente —o en países como Bolivia— han dado referencias sobre México.

Existe por ahí un libro en que se menciona a uno de los más importantes editores comerciales mexicanos, como uno de los principales agentes de la CIA en México.

¿Y quién en el café o en la cantina o en la redacción del periódico no nos ha soltado alguna vez la confidencia de que Fulano o Zutano son miembros de la CIA?

Sigámosle, pues. Esta puede ser una magnífica distracción frente a tantos y tan desagradables problemas que confrontamos.
El Día, 5/VI/73

 

¿MURDEN, EL HOMBRE DE LA CIA AQUI?
Las secretarias de la Asociación Mexicana de Profesionales en Relaciones Públicas están casi aturdidas por la cantidad de llamadas telefónicas que reciben de personas que buscan información sobre “Robert Mullen and Company”. Este es el nombre que Philip B. Agee dio al Washington Post, como el de la empresa que varios años sirvió de cobertura a las actividades de la Central Intelligence Agency (CIA) en México.

Pero ocurre que aquí nadie conoce al señor Robert Mullen. Su agencia jamás estuvo registrada en la asociación, ni de tal nombre se acuerdan los más antiguos publirrelacionistas. Es casi seguro, pues, que se trate de un dato equivocado... a medias.

En México existió hasta 1970 una empresa de relaciones públicas llamada “Robert L. Murden and Co. ”, con oficinas en Sena 43, Col. Cuauhtémoc, y particularmente activa entre los años de 68 a 70. De pronto, el señor Murden tuvo que marcharse del país, casi violentamente. Entre sus empleados corrió el vago rumor de que los problemas del señor Murden se relacionaban con la CIA.

El socio de Murden, Richard K. Lorden, se quedó con la agencia que ahora trabaja bajo el nombre de “R. K. L. y Asociados”. Tiene sus oficinas en Río de la Plata 48, y si usted desea preguntar al señor Lorden algo respecto a la CIA, puede llamarle a los teléfonos 533-59-80, 525-32-22 y 514-50-30.

Lorden heredó de Murden el Pan American News Service, cuyas oficinas están igualmente en Río de la Plata 48. La agencia sirve para que el señor Lorden envíe informaciones de sus clientes a los periódicos mexicanos. Lo mismo hacía Murden.

La firma de Lorden maneja las relaciones públicas de empresas transnacionales, exclusivamente. Pero en alguna época manejó las del Comité Mexicano de Hombres de Negocios y del Departamento de Turismo de los Estados Unidos.

Lorden, quien procedente de Brasil llegó a México desde 1963 —según Agee, las operaciones de la CIA para controlar elecciones en Brasil fueron en 1962―, es pariente político de un prominente industrial de México, hermano de uno de los primeros diputados del PAN.

Este industrial es también miembro de la junta de directores de la Universidad Autónoma de Guadalajara, conocida entre otras razones porque es la sede del grupo ultraderechista “Los Tecos”.

En 1969, la junta informó públicamente que esa Universidad había recibido un subsidio por varios millones de pesos del Departamento de Estado y de la Agencia Internacional de Desarrollo. La AID es mencionada constantemente como una de las coberturas internacionales de la CIA.
El Día, 16/VII/74

 

LA BURRA PARDA DE LA CIA
El día 16 de julio esta columna publicó:
“Las secretarias de la Asociación Mexicana de Profesionales en Relaciones Públicas están casi aturdidas por la cantidad de llamadas telefónicas que reciben de personas que buscan información sobre “Robert Mullen and Company”. Este es el nombre que Philip B. Agee dio al Washington Post, como el de la empresa que varios años sirvió de cobertura a las actividades de la Central Intelligence Agency (CIA) en México.
“El socio de Murden, Richard K. Lorden, se quedó con la agencia que ahora trabaja bajo el nombre de R. K. L y Asociados”. Tiene sus oficinas en Río de la Plata 48, y si usted desea preguntar al señor Lorden algo respecto a la CIA, puede llamarle a los teléfonos 533-59-80, 525-32-22 y 514-50-30.
“Lorden heredó de Murden la Pan American News Service, cuyas oficinas están igualmente en Río de la Plata 48. La agencia sirve para que el señor Lorden envíe informaciones de sus clientes a los periódicos mexicanos. Lo mismo hacia Murden.
“La firma de Lorden maneja las relaciones públicas de empresas transnacionales, exclusivamente. Pero en alguna época manejó la del Comité Mexicano de Hombres de Negocios y del Departamento de Turismo de los Estados Unidos.
“Lorden, quien procedente de Brasil llegó a México desde 1963 ―según Agee, las operaciones de la CIA para controlar elecciones en Brasil fueron en 1962―, es pariente político de un prominente industrial mexicano, hermano de uno de los primeros diputados del PAN.
“Este industrial es también miembro de la junta de directores de la Universidad Autónoma de Guadalajara, conocida entre otras razones porque es la sede del grupo ultraderechista ‘Los Tecos’.
“En 1969, la junta informó públicamente que esa Universidad había recibido un subsidio por varios millones de pesos del Departamento de Estado y de la Agencia Internacional de Desarrollo. La AID es mencionada constantemente como una de las coberturas internacionales de la CIA. ”

Hasta aquí el texto conocido por los habituales lectores de esta columna, quienes también están enterados del iracundo desmentido que un empleado de Richard K. Lorden envió a El Día, protestando porque se involucrara a esta persona en el sórdido asunto de los espías y agentes provocadores norteamericanos en México. Pese a que cada uno de los hechos apuntados son esencialmente correctos, se me llamó mentiroso.

Ahora, sin embargo, puedo poner hechos nuevos a la consideración de mis lectores:

Él viernes 4, El Día publicó una extensa nota en que se da a conocer parte de la lista de agentes de la CIA en México, según las revelaciones de Philip Agee. En esta lista figura el nombre de Bruce Berckmans, representante de una empresa llamada Agri-bussines Development Inc., con oficinas en Río de la Plata 48.

Lo que esta nota no dice es que se trata del mismo domicilio de la firma de Richard K. Lorden y Asociados.

Tampoco dice la nota lo que este columnista ha podido precisar —y desafía a Lorden y a sus personeros a probar lo contrario—: el señor Bruce Berckmans fue uno de los miembros de esa empresa y llegó ahí en 1970, procedente al parecer de otra de las grandes agencias norteamericanas de publicidad que operan en nuestro país. El misterioso B. B. trabajaba entonces para Radio VIP.

Al llegar a RKL y Asociados, Berckmans lo mismo dirigía la fabricación en gran escala de figuras de Topo Gigio que desaparecía por semanas enteras. Usaba un precioso convertible azul, de dos plazas; nunca conversaba públicamente en español, y su esposa, miembro de la Junior League, trabajaba también para un dispensario sostenido por norteamericanos en una de nuestras colonias miserables, donde se daban conferencias a madres proletarias y se les regalaban píldoras anticonceptivas.

El misterioso mister B. B., a quien ahora un compinche ha delatado como miembro de la Central Intelligence Agency, estuvo por lo menos seis meses de 1970 como asociado del señor Richard K. Lorden.

Tal vez ahora el periodista ya no esté obligado a mostrar otro puñado de pelos para probar que la burra era parda...
El Día, 8/X/74

 

LA CIA
Pasado mañana, en Bellas Artes, se inician las actividades de una comisión internacional que habrá de juzgar los crímenes cometidos por la junta militar en Chile. El presidente de México, Luis Echeverría, asistirá a la apertura del juicio. Entre los jueces figuran algunos de los más altos funcionarios de los poderes Ejecutivo, Judicial y Legislativo de nuestro gobierno. También los dirigentes del Partido Revolucionario Institucional.

Este es un nuevo, abierto y gallardo desafío a la potencia imperial de los Estados Unidos, concretamente. Todo el mundo sabe —porque así lo confesó, ese gobierno, con el cinismo apropiado para las confesiones ante la historia— que el derrocamiento del régimen constitucional del presidente Allende y la instauración de la junta militar de Pinochet, fueron obra de los Estados Unidos. Las autoridades norteamericanas no sólo declararon esto con espontaneidad, sino se encargaron de aportar las pruebas.

Así pues, enjuiciar aquí a la junta militar chilena equivale a desafiar el poder imperial de los Estados Unidos. Audacia de nuestra parte que va a tener sus consecuencias.

George Walde, premio Nobel de Fisiología y Medicina que asistirá al juicio como integrante de la delegación norteamericana, dijo que ahora mismo la Central Intelligence Agency (CIA) podría estar preparando un golpe de Estado para derrocar al gobierno de Luis Echeverría.

Walde comentó que, después de todo, los golpes de Latinoamérica resultan bastante económicos a la CIA: en Chile no tuvo que gastar más de diez millones de dólares.

La posibilidad de un golpe —precedido de acciones “desestabilizadoras”— no es la primera vez que se menciona aquí en letras de molde. Incluso funcionarios del gobierno mexicano se han referido a ello en varias ocasiones. Recordemos, por ejemplo, que el 19 de noviembre pasado, el secretario de Gobernación Mario Moya Palencia se refirió a los países “apuñalados a mansalva por el fascismo” y previno a todo el país contra la actividad de grupos que aquí estaban tratando de reproducir “algunas de las incidencias que rodearon la caída del régimen constitucional del presidente Allende”. Para mencionar esta táctica, Moya acuñó un término que ya se incorporó al léxico de nuestros días: cacerolismo.

Hasta los infantes saben ahora que cuantas veces se hable de la intervención norteamericana, hay que mencionar a su brazo ejecutor: la CIA.

Pero más son los que mencionan a esta entidad del gobierno de los Estados Unidos que quienes saben exactamente qué es. En Europa circula un libro muy interesante —un amigo viajero nos trajo esta semana un ejemplar— escrito por alguien que después de militar 14 años en la CIA sintió que le debía a la humanidad una serie de revelaciones: Víctor Marchetti. Coautor de este libro—“La CIA y el culto al espionaje”— es John D. Marks, quien a su vez estuvo algunos años dentro del Departamento de Estado.

Si se trata o no de un buen documento, podría probarlo el hecho de que éste es el único libro que el gobierno norteamericano sujetó a censura previa, inclusive antes de que fuera escrito, dicen sus editores. (Actualmente continúa el enconado litigio por suprimir definitivamente ciertas partes de la obra, que en esta edición aparecen como huecos, a modo de espacios reservados que muy probablemente jamás se llenen).

De esa obra de Marchetti y Marks hemos tomado dos esquemas fundamentales: el de toda comunidad del espionaje en los Estados Unidos —en el que se observa que la CIA es apenas una fracción—, y el que revela al detalle la organización interna de la Central Intelligence Agency.

También publicamos en recuadro la relación de hombres y de dinero que los autores del libro dan acerca de los recursos humanos y financieros que han sido puestos a disposición de la CIA.

Este material nos aproxima —sólo nos aproxima— a un conocimiento más completo del aparato imperial al que habremos de enfrentarnos o, mejor dicho, al que ya estamos enfrentados los mexicanos, con Luis Echeverría al frente.

¿Es incontrastable, es definitivamente avasallador el poder de esta maquinaria de espionaje y subversión? ¿No hay pueblo sobre la Tierra que pueda oponérsele, y menos aún el pueblo mexicano?

Eso está por verse.

La tercera llamada acaba de sonar.

El telón en Bellas Artes está a punto de levantarse.
El Día, 16/II/75

 

CACEROLISMO EN ACCION
Existen evidencias de que los rumores sobre la supuesta aplicación de una inexistente vacuna esterilizante a niños de las escuelas por cuenta de las autoridades, es una acción concertada prácticamente en todo el país por agentes de la extrema derecha.

Por la técnica empleada, puede suponerse que estos provocadores han contado con la asesoría de los expertos de la CIA que actuaron en Chile y Venezuela. La procedencia de los fondos se ubica entre ciertos industriales de Monterrey, con sucursales —ideológicas y empresariales— en Puebla y Guadalajara.

Se trata, pues, de una acción típica del cacerolismo que recientemente denunció el licenciado Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación, cuando desenmascaró los procedimientos larvados de la escalada fascista que se intenta reproducir en México, con algunos de los moldes que tuvieron éxito en Chile.

También es demostrable el hecho de que el Partido Acción Nacional o por lo menos algunos de sus dirigentes regionales están complicados en esta profunda y extensa maniobra que con avilantez característica aspira a “desestabilizar” al gobierno mexicano, según el término acuñado por los peritos de la Central Intelligence Agency.

Para algunos de los miembros menos reaccionarios de este partido pudiera resultar abominable que el PAN hubiese aceptado ya compromisos de esta magnitud con el fascismo vernáculo alentado desde fuera. Pero hay hechos que prueban la participación de panistas de alguna relevancia, y también el oportunismo de otros que ven en la escalada una ocasión para sacar las ganancias del pescador a río revuelto, sin detenerse a analizar las consecuencias históricas.

Entre estos últimos deben inscribirse los miembros de la diputación federal del PAN del D. F., que ayer mismo enviaron un boletín de prensa, con inverecundo lenguaje, en que dan por cierta la existencia de la vacuna y piden “cuentas” al gobierno. Difícilmente se podría uno tropezar con un gambito más traslúcido —y sucio a la vez — para llevar agua al molino panista.

Entre los agentes panistas activos dentro de la maniobra se encuentra Joaquín González Osorio, diputado federal suplente, vecino de la colonia La Aurora, quien ayer mostró extraordinaria diligencia en la tarea de propalar el rumor y organizar pelotones de vecinos para protestar públicamente. También podrían citarse a ciertos militantes en Monterrey, donde la maniobra siguió muy clásicamente el patrón diseñado por el exgobernador Elizondo cuando encabezó personalmente la protesta contra los libros de texto gratuitos. Destaca la circunstancia de que en Nuevo León —específicamente en Monterrey— la propagación del rumor tuvo como telón de fondo otra orquestada embestida contra los libros.

Para nadie es un secreto que Elizondo continúa siendo un líder social fuerte en Monterrey, con respaldo económico de los grupos empresariales y cuadros de militantes del PAN a su servicio.

Pero en el trasfondo de la escalada fascista contra el gobierno revolucionario es evidente que se hallan personajes, recursos y propósitos que sobrepasan el valor, la capacidad organizadora y la imaginación de los dirigentes nacionales del PAN, y también el más bajo nivel de falta de escrúpulos a que hubieran llegado.

Según los datos recopilados por esta columna, la escalada lleva hasta ahora el siguiente calendario:

La campaña de rumores se inició el 3 de octubre en Tamaulipas; cubrió —entre esta fecha y los primeros días de septiembre—, Matamoros, Valle Hermoso, Reynosa, Victoria y Río Bravo.

El 8 de octubre brotó en Monterrey, donde inclusive se emplearon camionetas de sonido, que sorpresivamente recorrieron algunas colonias proletarias para desaparecer en seguida con igual misterio. Los agentes provocadores pedían a los padres que se apresuraran a ir a las escuelas a recoger a sus hijos, porque en esos momentos médicos oficiales pretendían aplicarles una vacuna esterilizante. En tres días más, la campaña ya había cubierto los municipios de Montemorelos, Allende, Linares y dos más.

Entre el 21 y 24, cinco poblaciones de Yucatán fueron inundadas por el rumor, y 20 mil escolares se quedaron sin clases una semana, hasta que los padres de familia recobraron la tranquilidad. Poco antes, el 15 del mismo mes, el escenario había sido San Luis Potosí.

Ahora, la escalada fascista llega a la zona metropolitana.
El Día, 25/IV/75

 

“PUBLICISTAS ESPIAS”
Ante la eventualidad de que un día de estos la Procuraduría General de la República decida iniciar una investigación sobre las actividades de la CIA en México, el columnista se permite informar que avanzó otro poco en sus indagaciones personales.

Esta vez tenemos nombres y algunas direcciones nuevas. Pero también más datos sobre un agente de la CIA ya descubierto y señalado en las ediciones de “Para Control de Usted...” de los días 16 de julio y 8 de octubre de 1974.

En este país surrealista hasta del calor y Sánchez Vite se dice que son operaciones de la CIA; pero pocos estamos dedicados al deporte de cazar no fantasmas o entelequias, sino seres de carne y hueso con nombre y apellidos, domicilio, teléfono, etcétera.

Advertising Age se edita en Chicago y para muchos dueños de agencias de publicidad, es un periódico importante. Nuestro corresponsal nos ha remitido la edición correspondiente al 3 de febrero, y ahí, en primera plana, destaca un extenso reportaje titulado “Publicistas espías: la JWT vinculada con un frente de la CIA”.

Viene firmada la nota por Ramona Bechtos, redactora internacional, y dice así en el primer párrafo:

“NUEVA YORK, Enero 31. —La Agencia Central de Inteligencia.
cuyas actividades en él interior y en el extranjero la han convertido en el centro de atención del país, parece haber implicado a J. Walter Thompson Co., la agencia de publicidad más grande, en el servicio a un frente de relaciones públicas para la unidad de inteligencia.
“Cronológicamente, el principio del asunto va hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando J. Walter Thompson Co. proporcionó varios de sus ejecutivos clave a la Oficina de Servicios Estratégicos...” dice más adelante. Pero dejemos la cronología porque en seguida viene lo que nos interesa:
“Más recientemente, la JWT aparece como habiéndose visto implicada en diversas actividades de publicidad y relaciones públicas junto con Robert Mullen Co., una firma con sede en Washington, cuyos jefes han admitido ante los investigadores del Senado, que proporcionan cobertura a la CIA”.

Este es el párrafo importante para el almuerzo dominical de nuestros lectores, porque ya hemos publicado aquí:

a) Que Robert Mullen Co. operó en México, pero no precisamente con ese nombre, sino con el de Robert Murden and Co. El nuevo “apellido” es probablemente una combinación de dos: las primeras dos letras de Mullen y las cuatro últimas de Lorden.
b) En 1970 Mullen se marchó casi violentamente de México, entre rumores de sus empleados acerca de que en ese hecho algo tenía que ver la CIA. Entonces su socio Richard K. Lorden se quedó con el negocio, y de las calles de Sena 43, lo trasladó a Río de la Plata 48.
c) Cuando los cables de prensa dieron a conocer a principios de octubre una larga lista de agentes de la CIA en México —El Día la publicó el viernes 4—, en ella figuraba el nombre de Bruce Berckmans, con domicilio justamente en Río de la Plata número 48. El señor Berckmans, descubierto como agente del espionaje norteamericano, estuvo asociado por lo menos seis meses con Richard K. Lorden, cuya empresa se llama así: “R. K. L. y Asociados”.

Otro de los asociados de Lorden —y éste es un dato que no había aparecido hasta ahora— fue un misterioso señor Daniel James, quien afirmaba haber estado en Bahía de Cochinos, como corresponsal de guerra. Ya instalado en la guarida de Río de la Plata, James escribió un libro sobre el Che Guevara, y un sinfín de artículos en contra del gobierno revolucionario de Cuba, que Lorden distribuía a periódicos y revistas a través de Pan American News Service, una supuesta agencia de prensa que aún funciona.

Lo extraño es que James nunca cobró directamente en las nóminas de “R. K. L. y Asociados”. El cheque para James llegaba en el correo de Estados Unidos para Lorden, quien a su tiempo lo entregaba al “periodista”.

Actualmente el señor Daniel James es coordinador de grupos y convenciones en un importante hotel del Paseo de la Reforma.

Advertising Age revela que por las fechas en que Lorden ya era —o parecía ser— dueño de la sucursal en México, la compañía contrataba como “escritor de relaciones públicas” nada menos que al señor E. Howard Hunt, uno de los célebres ladrones de Watergate. Durante este juicio escandaloso, el señor Hunt dijo que en 1971 era agente de la CIA.

Advertising Age simplemente transcribe, en este punto, la confesión que hizo al periódico Robert Bennett, quien en 1971 llegó a ser presidente de la empresa Robert Mullen Co. El sensacional reportaje añade:

“El señor Bennett dijo que cuando la CIA pedía ocasionalmente a la Compañía Mullen que le permitiera a uno de sus agentes usar algunas de sus oficinas de ultramar, como cobertura, ‘decíamos sí. No me disculpo por esto. Hay mucha gente en el extranjero, incluso periodistas, que sirven como agentes’.
“Tanto Bennett como Mullen atestiguaron ante el comité investigador encabezado por el senador Howard H. Baker (republicano de Tennessee) que la compañía Mullen había proporcionado cobertura para la CIA”.

Por alguna razón, la CIA determinó a mediados de 1972 que se cancelaran las oficinas de Mullen en Singapur, Amsterdam y otras partes, y oficialmente la empresa informó que había dejado de operar. Usted, que también conoce el cuento de Caperucita Roja, se preguntará si esas oficinas de la CIA cerraron efectivamente, o sólo cambiaron de nombre... como en el caso de México.

Y volviendo a la J. Walter Thompson, el periódico recoge la declaración del señor Peter Dunham, que fue jefe de esa empresa en la ciudad de México: “Si alguna vez hubiese sido solicitado por la CIA, digamos en México, y hubiera dicho que sí, habría sido como ciudadano particular y no como miembro de Thompson... ”

Como usted está enterado, en agosto del año anterior, la Walter Thompson adquirió un cliente muy importante: fue llamada por la junta militar chilena para que le manejara su imagen pública internacional, que al parecer se halla ligeramente deteriorada.
El Día, 27/IV/75

 

LA CIA Y NOSOTROS
Para jugar al autoengaño —deporte nacional que solemos practicar con entusiasmo— tenemos que olvidar ciertas cosas. Así, para engañarnos a nosotros mismos haciéndonos creer que alguna comisión investigadora —llámese Rockefeller, Church o cualquier otra cosa— dará al traste con la CIA, hemos tenido que olvidar un hecho harto simple: la CIA es un organismo oficial del gobierno de los Estados Unidos, tan concretamente oficial como la Tesorería, la Casa Blanca, el Pentágono o la Marina.

Resulta, pues, de una conmovedora ingenuidad esperar que el gobierno de los Estados Unidos cometa el hermoso acto de hacer estallar una granada en su propio estómago.

Pero junto con el olvido del hecho concreto, comenzamos a manejar ilusiones de óptica. Una de éstas consiste en imaginarnos a la Central Intelligence Agency como una organización clandestina, a la que debiéramos combatir juntos tanto el pueblo norteamericano como el mexicano.

Por cuanto hace a los norteamericanos, ellos no sólo reconocen cosa suya a la CIA, sino que la aman y veneran como uno de los grandes motivos de orgullo nacional. El propio Rockefeller declaró hace unos días que, si bien la CIA era culpable de ciertos pecados, éstos podían ser considerados como veniales si se les comparaba con los insignes servicios que había prestado a la nación.

Tratar, pues, de convencer a los norteamericanos de que la CIA es algo odioso, sería tanto como pedirles que no amaran a Lincoln o a Mickey Mouse.

Nuestro olvido nos lleva también —en casa— a otras cómicas situaciones. Por ejemplo, ponemos el grito en el cielo cada vez que se informa que tal o cual funcionario mexicano ha tenido relación con la CIA.

Para nuestros funcionarios —especialmente aquéllos que tengan la responsabilidad de la seguridad interior— es tan normal conocer y conversar con representantes de la CIA, como para el secretario de Relaciones Rabasa comunicarse con el embajador Jova. Ambos, el jefe de la CIA y el embajador son representantes oficiales del gobierno de los Estados Unidos.

Desde hace varios lustros funciona la CIA y desde entonces el gobierno de los Estados Unidos así lo ha hecho saber y sentir a los sucesivos gobiernos mexicanos.

La CIA no es nada clandestino. Es parte del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, y tiene el mismo apoyo de opinión pública que la que el pueblo norteamericano da a los actos de su gobierno.

Y si usted quisiera saber qué actividades pudiera estar realizando la CIA —es decir, el gobierno norteamericano— en torno a la sucesión presidencial en México y otros pequeños asuntos nuestros, tal vez le convenga leer Concierto Político el próximo domingo.
El Día, 12/VI/75

 

LA CIA Y NOSOTROS
A principios de mayo, un misterioso míster Charles O. Porter, que se dijo exdiputado por Oregon, vino a México para “comprobar si la CIA iba a tomar parte en la selección del candidato presidencial”. Dio una equívoca conferencia de prensa y se marchó.

Unos días antes, agrupaciones liberales de los Estados Unidos habían enviado a nuestro territorio advertencias sobre el evidente interés que los órganos para espionaje del gobierno norteamericano estaban tomando en los episodios de nuestra sucesión presidencial.

Por otra parte, una arraigada creencia en los más vastos pero menos informados sectores de opinión popular, señala que inevitablemente los Estados Unidos pretenden tener injerencia en el proceso que culmina con el asentamiento de un hombre en la silla presidencial de México,

Uno de esos afortunados azares nos ha puesto en posición de preguntar hoy, públicamente, si en Copilco funciona un gran laboratorio de investigación profunda, al servicio de los objetivos que persigue la intelligence norteamericana.

Según una autoridad en la materia —que accedió a analizar el asunto para Concierto— en ese laboratorio se diseña, implementa y ejecuta, a nivel de ciertos sectores de nuestra población cuidadosamente seleccionados, una especie de Plan Camelot pero mucho más sutil y eficiente.

Sicólogos norteamericanos y mexicanos —a sueldo de aquéllos—, realizan ahora mismo lo que nuestro experto describió como “una investigación sobre la entraña de un pueblo más allá de la conducta, manifiesta”.

La investigación tiene un “valor predictivo”: se averigua lo que está latente y se detectan “las condiciones bajo las cuales eso podría convertirse en hechos de la conducta”.

En otras palabras, la investigación permite conocer al gobierno norteamericano cuáles son los más graves motivos de tensión en los ciudadanos mexicanos, por qué existen esas tensiones, y cuáles serían los mecanismos para hacerlas estallar en el momento requerido.

Se asegura que ésta es una indagación muy semejante a la que realizó el doctor Jorge Alberto Seguín, en Perú, por encargo del gobierno norteamericano, según se denunció oportunamente, y también respecto a lo que hizo en Cuba (A. C., que quiere decir “Antes de Castro”) el doctor J. Bustamante. Técnicamente la investigación se conoce como “estudio transcultural”.

En México, la investigación está patrocinada para un doctor apellidado Díaz Guerrero por Foundation Founds for Research in Psychiatry , organización cuyos recursos económicos provienen de la compañía Smith, Klein and French, fabricante de productos farmacéuticos, y del gobierno de los Estados Unidos.

Díaz Guerrero es —por otra parte— el encargado de determinar cuáles son los libros de texto y consulta para los estudiantes mexicanos de sicología en la UNAM. Más del noventa por ciento de tales libros son norteamericanos, editados aquí por “Trillas” que a la vez está asociada al capital norteamericano vía la editorial Wyley. Díaz Guerrero figura oficialmente como asesor de “Trillas”.

Este científico mexicano —para quien la Rockefeller y otras fundaciones norteamericanas tienen asignados recursos notablemente cuantiosos—, en 1969 presentó en Austin una extensa y muy bien documentada investigación —incluía procesamiento electrónico de datos— sobre las actitudes de los mexicanos “frente al padre, la autoridad, los jefes y los Estados Unidos”.

Aunque dijo que se trataba de un trabajo que luego conocería la comunidad científica mexicana, nunca lo publicó. Alguna vez reveló, empero, que clientes norteamericanos le habían encargado esa investigación para el programa de televisión “Plaza Sésamo”.
El Día, 15/VI/75

 

LA CIA, TRAS JLP
Ayer domingo, un notorio agente de la Central Intelligence Service comenzó a operar un costoso dispositivo de publicidad y relaciones públicas para “promover la imagen” del licenciado José López Portillo ante empresarios, cadenas de televisión y algunos periódicos importantes de Estados Unidos.

Al parecer, la cobertura que utiliza el agente de la CIA es un contrato que firmó con un grupo de hombres de negocios de México y Estados Unidos, que desean congraciarse con el candidato a la presidencia.

Proclamado por el propio señor Gerald Ford el “derecho” de Estados Unidos a intervenir en los asuntos internos de otro país —por cualquier medio, inclusive los violentos—, no debe sorprendernos que la CIA pretenda inmiscuirse de modos diversos en la campaña presidencial de México.

Lo que importa es denunciar a tiempo las maniobras, para que el candidato revolucionario y los responsables de su campaña electoral tomen las providencias necesarias.

Richard K. Lorden se llama el notorio agente de la CIA. Su pertenencia a la siniestra organización norteamericana de espionaje y subversión quedó ampliamente demostrada por publicaciones que hizo este columnista el 16 de julio y 8 de octubre de 1974, y el 23 de abril de 1975.

Lorden llegó a México en 1963, y comenzó sus trabajos en una de las más importantes sedes de la Central Intelligence Agency, en México, o sea la que funcionó en Sena número 43, colonia Cuauhtémoc. Actualmente tiene sus oficinas en Río de la Plata 48, teléfonos 533-59-80, 525-32-22 y 514-50-30.

Son dos las coberturas que utiliza: “R. K. L. y Asociados”, agencia de publicidad y relaciones públicas, y “Pan American News Service”, supuesta agencia de noticias.

Ayer domingo, Lorden —cuya base de operaciones se estableció en Nueva York— comenzó a repartir releases y kits que incluyen fotografías del candidato, síntesis biográfica, compendios sobre su pensamiento político, etcétera. Pero también inició la entrega de videotapes con filmaciones de López Portillo— para las cadenas de televisión.

Es obvio que ni el licenciado López Portillo, candidato a la presidencia de México, ni el licenciado Muñoz Ledo, jefe del partido —y, por tanto, responsable directo de la campaña— tenía hasta hoy lunes la menor noticia de que la CIA ha tomado a su cargo la promoción de “la imagen” del candidato en los Estados Unidos.

El golpe ha sido audaz, pero aún estamos —candidato, jefes de partido y militantes de la alianza popular— estamos, digo, a tiempo para denunciar y desbaratar la maniobra.

También estaríamos a tiempo para descubrir qué otros dispositivos ha montado la CIA para manipular ciertos aspectos de la campaña, espiar... y eventualmente realizar acciones provocadoras.
El Día, 25/IX/75

 

BOMBAS Y BALAS
A las 8 de la mañana del viernes, la explosión de una bomba despertó súbitamente a ciertos funcionarios menores, que bajo un estado de hipnosis latente —ver Para control de usted, de esa misma fecha— se habían pasado los días anteriores preguntando aleladamente: “¿La CIA? ¿Cuál CIA? ”
La carga explosiva fue colocada en el automóvil del embajador de Cuba en México, doctor Fernando López Muiño, con la deliberada intención de dar muerte a la primera persona que accionara el encendido del automóvil.
Con la ayuda de peritos en la materia, el propio viernes este columnista había logrado establecer un hecho importante:
La técnica empleada para la colocación de la bomba es ciento por ciento norteamericana.
Otros datos no dicen gran cosa. Por ejemplo, la dinamita empleada procede de una fábrica de Durango. Una clase de explosivo que muchos industriales y constructores emplean. La cinta adhesiva que sirvió para amarrar la carga a la placa de la suspensión del auto es masking-tape, que se compra en cualquier papelería. El estopín eléctrico —mecanismo detonador— aunque de fabricación norteamericana, puede adquirirse fácilmente aquí, porque muchas piezas de ésta se importan anualmente.
Pero el modus operandi de los dinamiteros, es lo que resulta verdaderamente revelador: colocaron dos mecanismos detonadores; uno de ellos el estopín eléctrico conectado a la cuarta bujía, y además otro dispositivo llamado “sistema de presión", que sería accionado por la rueda delantera izquierda del auto. Nunca antes se había empleado esta técnica en México. Los peritos que hemos consultado no tienen duda alguna acerca de la procedencia del “know-how. "
Algunos informadores dentro de la policía se apresuraron a esparcir una versión que funcionó —sin intención, seguramente, por parte de los propaladores— a modo de una cortina protectora en torno a la CIA. Según esa “maniobra de diversión” —como diría un técnico militar—, el atentado no era más que un asunto entre cubanos: agentes castristas habrían asesinado unas semanas antes, en Miami, a Rolando Masferrer, y ahora los llamados “Tigres de Masferrer” se vengaban en México, pretendiendo asesinar al chofer del embajador. (Evidentemente la bomba no estaba destinada al diplomático. Nuestro consultor hizo esta sencilla reflexión: si hubieran querido matar al embajador, habrían usado una bomba de tiempo. Por otra parte, el diplomático no se encontraba en la ciudad y ellos lo sabían, como conocían también toda la rutina de los ayudantes en el trasiego de los automóviles de la embajada).
Pero diecisiete horas después, la cortina protectora de la CIA mostró un gran boquete en el centro: a menos de quinientos metros de distancia del lugar donde se produjo la primera explosión, otra bomba estalló. El objetivo fue una oficina comercial de la embajada soviética.
A pesar de la corta distancia entre un lugar y otro; a pesar también de que la comisión del primer atentado habría hecho temer, aún para el más lerdo de los policías, la perpetración de otros atentados similares, en este segundo sitio no había ninguna clase de vigilancia policiaca, como tampoco lo había en el primero.
Alguna vez este columnista, ante la ineficiencia de la policía que siempre — ¡siempre! — resulta sorprendida, y que nunca — ¡nunca! — logra averiguar nada —sobre todo si se trata de terroristas de extrema derecha—, propuso que al menos se atreviese a levantar infracción a dichos terroristas por estacionarse en doble fila cuando llegan a colocar sus explosivos.
En boxeo, los buenos aficionados miden pronto el grado de estupidez de un pugilista cuando no es capaz de parar lo que en el argot de ese deporte se llama un golpe “telegrafiado”. Puede decirse que desde hace varias semanas, nuestra policía había sido notificada por los grupos terroristas que maneja el espionaje norteamericano sobre el propósito de consumar diversos atentados en México. No sólo con hechos, sino aún con declaraciones expresas como las que se hicieron después del ataque dinamitero contra unas oficinas consulares mexicanas en Los Ángeles. Pero faltó que ellos enviaran un oficio, debidamente sellado y firmado, y que éste hubiera sido entregado en la oficialía de partes de la jefatura de policía. Las normas ante todo, como ordenan los expertos en organización y métodos, reyes de la reforma administrativa.
Llama la atención, sin embargo, que en toda la historia de los atentados terroristas de la ultraderecha —hablamos concretamente de la última década— sólo por excepción la policía y el aparato judicial hayan atinado a efectuar aprehensiones y a procesar a los criminales. La excepción se produjo en el atentado contra El Día. Pero aún aquí habría que marcar interesantes circunstancias. Primero, la detención de Henry Agüeros Garcés —el que arrojó la granada del ejército norteamericano— no fue debida a la diligencia policiaca sino a la pronta reacción y el valor de uno de los trabajadores del periódico. Segundo, la policía, que al principio desplegó una impresionante actividad merecedora de notas en primera plana, bien pronto abandonó lo medular de la investigación, pese a la enorme cantidad de elementos —nombres, direcciones, antecedentes— que le fueron proporcionados. Finalmente, fiscal y juez del proceso —con sólo tres consignados, entre más de veinte sobre los que se había exigido investigación— fueron tan benévolos, tan complacientes, tan... que en poco tiempo, aún el propio Agüeros Garcés, convicto y confeso de un grave delito, se encontraba de vuelta en los Estados Unidos, donde hizo declaraciones —publicadas oportunamente por este columnista— en las que acusó al gobierno mexicano de estar entregado a los comunistas y de ahogar las acciones de quienes luchan por la libertad y la democracia.
(En esa misma ocasión —según documentos reproducidos aquí—, la organización fascista patrocinadora de Agüeros Garcés, reveló que también pertenecían a ella los dos asesinos a los que el dictador Trujillo encargó la muerte del escritor José Almoina Mateos. Con esos dos individuos se encontró Agüeros en Lecumberri).
Ahora —esa era la situación el sábado a medio día, cuando esta nota fue redactada— la policía se encontraba nuevamente sin pistas, sin detenidos, sin nadie a quién interrogar, sin una puerta a la que ir a tocar, sin padre, ni madre ni perrito que le ladre...
Es decir, como de costumbre. Pero ¿realmente no hay datos, nombres, domicilios, teléfonos, antecedentes? Bien, quizá mañana pudiéramos decir a la policía algunas cosas útiles... aunque no en un memorial depositado en la oficialía de partes.
El Día, 30/XI/75

 

CHERCHEZ LA FEMME
Hasta un policía ligeramente alfabetizado en su oficio sabe lo que significa el modus operandi. Tal vez jamás en su vida haya oído estas dos palabras del latín, pero entiende bien lo sustancial: el procedimiento seguido en un crimen muchas veces identifica al criminal.

Supongamos que nuestra policía también conoce este sencillo principio. Sería posible, entonces, llevarla suavemente de la mano al análisis del significado que puedan tener los siguientes hechos:

1) Según los peritos —ver Concierto Político de ayer domingo—, es ciento por ciento norteamericana la técnica empleada para colocar la bomba en el auto del embajador de Cuba.
2) Cabría entonces suponer que vino un experto de los Estados Unidos a hacer este trabajo.
3) Un extranjero necesitaría por lo menos un guía de turistas. En este caso, un guía algo especial: alguien que le tuviera ya preparada cierta información básica —objetivo del atentado, circunstancias de lugar, movimientos de personas, precauciones a tomar, etc., etc. —, para que el experto no tuviera necesidad de permanecer demasiado tiempo en la ciudad, dejándose ver aquí y allá. Sería peligroso. Lo que en estos casos se estila es más o menos siempre lo mismo: Llega el experto; uno de los agentes de la organización que lo llamó va por él al aeropuerto; lo conduce al hotel; le proporciona toda la información necesaria; el experto checa personalmente algunos detalles; hace su trabajo... y desaparece, por una vía de escape que la organización preparó anticipadamente.
Nada se improvisa. Nada se deja al azar. Esto no es un juego.
4) Ya antes ocurrió en México algo semejante. Organizaciones fascistas decidieron lanzar explosivos contra un diario. Importaron a un perito de los Estados Unidos. Un militante fue a recibirlo en el aeropuerto y… en fin, todos conocen el resto de la historia.

Decíamos el domingo, que la pobre policía —como siempre que ocurren atentados de la ultraderecha— muestra su inocente, dolorido y desconcertado rostro ante la opinión pública, y respecto a los dos bombazos de fin de semana, asegura que no sabe a quién preguntar, a qué puerta tocar, debajo de qué cama inspeccionar, por cuál teléfono llamar y, en suma, se encuentra como aquél que decía “No tengo padre ni madre ni perrito que me ladre”.

Bueno, para remediar tan extrema orfandad, ya es algo invitar a nuestros gerifaltes a reflexionar un poco sobre el sencillo principio del modus operandi y los cuatro hechos enumerados.

El siguiente paso, señores, consiste en juntar las piezas. No, no es tan difícil como parece... (Perdón, ¿decía usted, general? ) No, no se necesita una computadora. Es tan simple como sumar dos más dos. ¿Qué a los agentes les da cinco? Pues ordéneles que resten uno. ¿Qué sería mejor darles unos cuantos nombres y direcciones? Bien, esta columna ha publicado nombres, domicilios y hasta teléfonos. ¿Qué usted no guarda recortes? Eso sí que es un obstáculo.

Pero, ¿por qué no caen hoy en la guarida de las calles de Monterrey, o en la de Maricopa, o en la de Insurgentes... Sí, sur, Insurgentes Sur, mi general. ¿Y por qué no interrogan a RKL? No, señor general, no es una radiodifusora; tampoco una adivinanza. Es un agente de la CIA. ¿Que qué es la CIA? Dios mío... O podría usted revisar la documentación de la concentración de Los Remedios. Ahí insultaron al Presidente, desafiaron a las instituciones y anunciaron actos violentos. Se conocen los nombres de organizadores y principales participantes. O podría usted enviar unos agentes a platicar, no más platicar, con los tecolotes de la UAG... No, no, general, no se trata del equipo de fútbol. ¿O por qué no averigua dónde estuvo estos días el señor RBU? Cherchez la femme, mon general... ¿Cómo? No, la frase no es mía. Un colega de usted, Hércules Poirot, solía... No, monsieur Poirot no está aquí y usted no puede detenerlo. ¿Sospechoso? Sí, claro, claro, Au revoir, mon general).
El Día, 1/XII/75

 

JLP, EN LA MIRA DE LA CIA
Algunos corresponsales extranjeros recibieron en días pasados —pero recientes— llamadas telefónicas de un señor Daniel James, quien se ponía a sus órdenes como “encargado de la prensa internacional” en la campaña del licenciado José López Portillo.

Quizás algunos corresponsales encontraron perfectamente natural que el partido nombrara un enlace y que para dicha tarea se designara a James, norteamericano, cuya presencia en el Club de Corresponsales Extranjeros se ve como algo habitual..., por más que se hayan hecho preguntas acerca del nombre del periódico en que trabaja James.

Otros, en cambio, tal vez fruncieron las cejas al pensar que una encomienda tan delicada no podía desempeñarla un extranjero. Pero seguramente también hubo quienes se asombraron profundamente ante la noticia e imaginaron que las cosas habían comenzado a rodar muy mal en la campaña presidencial de México.

Ahora, al leer esta columna, todos los corresponsales no podrían tener más que una sola clase de reacción: sentir que alguien les tomó el pelo.

Después de consultar a personas responsables en el equipo del candidato —como lo son Rodolfo Landeros y Leopoldo Mendívil—, el columnista puede informar que el señor James es tan ajeno a cualquier tipo de actividad en la campaña de López Portillo como podrían serlo Kissinger o Mao Tse Tung.

Pero los lectores se pueden formular dos preguntas: ¿Por qué hacerle tanto caso a un impostor de poca monta, de los muchos que intentan hacer su agosto en una campaña política? ¿Se podrían saber los motivos personales que tuvo el señor James?

Los corresponsales que se asombraron profundamente, saben que James no es nadie a quien se pueda aplicar el calificativo de insignificante. Por lo común, los agentes de la CIA poseen cualidades relevantes, y James es conocido desde hace años por esos corresponsales —también por algunos pocos periodistas locales y por ciertos funcionarios mexicanos— como un agente de la CIA.

Concierto Político —27 de abril de 1975— publicó información relativamente amplia sobre las actividades del señor James en México. Se le encontró estrechamente ligado al grupo de la CIA que funcionó en la calle de Río de la Plata.

Al parecer, pues, el señor Daniel James no tuvo motivos personales sino estrictamente profesionales, para hacer el intento de manipular informaciones internacionales en relación con la campaña presidencial.

Esta sería la segunda intentona de la CIA para penetrar en la organización que maneja la campaña electoral del licenciado José López Portillo. Y, por lo que usted ve, también sería un nuevo fracaso.

Pero la CIA no va a darse por vencida. Con ciega determinación —y con recursos casi ilimitados— tratará de colocar a sus propios agentes cerca del candidato. Con dos finalidades: una, obvia y simple, de espionaje; otra, más compleja, de manipulación.

López Portillo, sin embargo, dispone de un equipo de profesionales que saben hacer su trabajo y sin duda respetan profundamente a su jefe, que es por sí mismo respetable aun para sus adversarios políticos. Es el caso también del presidente del partido. Juntos, todos tienen que oponerse a los designios del imperial vecino, con las armas que siempre han estado al alcance de los mexicanos y cuya eficacia ha sido probada: sagacidad, prudencia, patriotismo.
El Día, 12/1/76

 

EL PETROLEO, LA CIA Y EL DIABLO
Según el columnista Jack Anderson, la CIA está enterada de que ahora México es el país número dos del mundo en riqueza petrolera. Como quien dice, somos uno de los detentadores del petroleum power.

Esto pudiera ser cierto o no.

Todo lo que involucre al petróleo y a la CIA debemos someterlo a análisis de rayos X. Uno de nuestros grandes profetas —también suele llamárseles poetas—, que no tuvo la desdicha de vivir en estos tiempos de la CIA, nos advirtió, sin embargo, hace 60 años, que los veneros del petróleo nos los había dado el propio Satanás.

La información de Anderson parece indicar que, por segunda vez en menos de un año, los norteamericanos se proponen envolvernos en una nube de smog informativo. Como si pretendieran deslumbrarnos, es decir, cegarnos con una luz excesivamente brillante, nos ponen frente a los ojos una espléndida descripción de nuestra riqueza petrolera.

¿Qué es lo que desean? Muchas cosas a la vez. Ellos nos conocen, por desgracia. Saben que somos un pueblo manirroto e imprevisor. Ellos llevan la cuenta de todos los recursos naturales que hemos dilapidado miserablemente. También conocen —mejor que nosotros— los datos de todas las oportunidades históricas que hemos arruinado en el camino del progreso. Asimismo les son familiares los problemas políticos en que nos hallamos enfrascados.

Todas estas glorias nacionales de los mexicanos contarían a favor de un plan norteamericano para llevarnos como de la gamarra a un despeñadero.

Para ellos cabe dentro de lo posible —si nos envuelven otro poco más en su propaganda— que acabemos por tomar la existencia del petróleo como una cuenta bancaria contra la que podemos girar cheques indefinidamente porque es inagotable.

Simultáneamente estaríamos aumentando nuestra ya escalofriante deuda exterior, bajo el cálculo alegre de que con el petróleo se paga cualquier cosa.

A un plazo no muy corto —pero tampoco demasiado largo— estaríamos envueltos en problemas económicos de tal magnitud, que nuestras presiones sociales internas estallarían sin remedio. Entonces los Estados Unidos tendrían todo preparado para instaurar en México un gobierno según el modelo de los países del Cono Sur.

Para los norteamericanos tiene mucho sentido, pues, aturdirnos con su gritería cuadrafónica para ver en cuál agujero caemos.
El Día, 30/VI/76

 

 

 

LOS “THUNDERBIRDS” DE LA CIA
A veces, para obtener información nueva sobre la CIA, no hay como acudir a la embajada de los Estados Unidos.

(Colegas de otros periódicos me han dicho que si ellos supieran “cómo hacerle”, también publicarían una que otra referencia sobre este organismo del gobierno norteamericano para espionaje y subversión. La tarea no es tan difícil. Sólo se necesitan tres pequeñas habilidades: saber leer, formar un archivo y enseñarse a sumar dos más dos).

Seguramente los lectores recordarán que numerosas veces se han publicado informaciones ―aun de fuentes oficiales norteamericanas— en el sentido de que la Central Intelligency Agency utiliza como informadores valiosísimos a hombres de negocios de los Estados Unidos, establecidos como empresarios en otros países. Esta premisa resulta importante para las finalidades del presente comentario.

La embajada norteamericana —en una magnífica revista que cualquier ciudadano puede obtener con sólo pedirla— informa que en una antigua base de la fuerza aérea, el general Barton K. Yount fundó la Escuela Norteamericana de Administración para Profesionales (ENAIP). La base se encuentra cerca de Phoenix, Arizona.

A la fecha, 10 mil hombres y mujeres egresados de esa escuela, se encuentran en 109 países, ocupando “puestos clave en unas 2 mil 900 compañías de las de mayor prestigio internacional”.

Estos egresados de la ENAIP desempeñan puestos de “presidentes de bancos, gerentes de industria, contadores en jefe, e incluso presidentes de consejos administrativos”.

El señor William Voris, presidente de la ENAIP, describe el objetivo primordial con estas muy elocuentes palabras: “Nuestro objetivo es producir un ejecutivo estadounidense a quien no pueda distinguirse inmediatamente de otro hombre de negocios autóctono, pero que también comprenda el sistema de los Estados Unidos”.

Y agrega míster Voris: “A cada graduado se le exige que conozca al menos una lengua extranjera, pero además él sabe cómo y por qué debe conservar un aire estadounidense poco acentuado en un país que pertenece a otros... Aprende a ser un diplomático, al mismo tiempo que un hombre de negocios”.

Probablemente usted estará de acuerdo conmigo en que pocas veces se ha logrado una descripción tan certera de lo que podría ser un hombre de negocios norteamericano, excelentemente capacitado para cumplir tareas de espionaje por cuenta de la CIA.

Un poco más adelante, la revista de la embajada norteamericana cita el testimonio de dos agentes de la CIA en México, que como egresados de la ENAIP, hablan con gran entusiasmo sobre la eficacia de la preparación que recibieron.

(Como los malos prestidigitadores que solo saben unos cuantos trucos, pero con ellos se ganan la vida, me propongo actuar con cierto infantil misterio, y diré que quienes deseen saber el nombre de por lo menos uno de esos dos agentes de la CIA, tendrán que tomarse la molestia de consultar la página 2 de El Día, en su edición del 8 de octubre de 1974).

Uno de estos individuos que antes de llegar a México estuvo cumpliendo alguna encomienda en Brasil, dice: “Que nadie piense que el sistema no da resultado; a mí han llegado a creerme un brasileño de pura cepa los mismos nacidos en Brasil”. Actualmente este agente habla un español perfectamente mexicano.

Respecto a lo útil que es para la CIA llevar a la ENAIP a nacionales de otros países, el susodicho agente explica: “Los estudiantes venidos del extranjero que toman el curso de la ENAIP, se vuelven adalides del estilo estadounidense de hacer las cosas”.

Como usted vera, lector, la ENAIP podría ser elogiada como uno de los más eficaces instrumentos de colonización mental que hayan sido construidos en los últimos 200 años por los magos imperiales.

Los egresados de la ENAIP forman en todo el mundo una fraternidad que se identifica con el nombre de “Los Thunderbirds”, y el símbolo que alguna vez diseñaron los indios Hopis de Arizona para referirse a un antiguo pájaro mítico, al que creían dios del trueno, el relámpago y la lluvia.

El autor de la crónica sobre los magníficos “Thunderbirds” dice que la ENAIP “ha tenido tanto éxito en esta tarea, que casi toda compañía internacional importante de los Estados Unidos recluta sus nuevos empleados de cada generación de estudiantes que recibe... ”, porque la ENAIP es “la mejor fuente del mundo para ejecutivos internacionales con la preparación más completa”.

En el párrafo que sigue usted encontrará un pequeñísimo error de traducción: se habla de empresas “multinacionales” cuando lisa y llanamente debiera decir, transnacionales. Pero, en fin, léalo:

“Al parecer las multinacionales están de acuerdo, porque la ENAIP ha añadido recientemente un nuevo programa llamado Curso del Hombre Clave, que es un plan intensivo de ocho semanas de idiomas y de estudios internacionales, ideado para preparar ejecutivos con sus familias para la vida y el trabajo en otros países”.

Luego, un nativo de Colombia se encarga de ensalzar el perfecto sistema a que fue sometido para convertirse en un propagandista del american way of life, pero deja traslucir otras cosas interesantísimas. Se trata del señor Guillermo Olarte, de Bogotá, quien dice:

“Lo que está sucediendo en el mundo es un tema que tiene todas las probabilidades de seguir siendo predominante en la ENAIP. Aunque sólo un 45 por ciento de los que se reciben en la escuela tienen la intención de trabajar en países diferentes al propio, la mayoría, si no todos, acaban trabajando para compañías dedicadas al comercio internacional. Esta es la razón por la que extranjeros y estadounidenses se relacionan con tanta facilidad en la ENAIP.
“Queremos conocer a todos los estadounidenses, afirma, y ellos quieren conocernos a nosotros. Esto es lo esencial. Nadie sabe cuando estaremos trabajando juntos”.

En efecto, nadie sabe... Podría ser mañana, por ejemplo, después de un golpe de Estado. O tal vez hoy mismo, cuando una transnacional decida apoderarse de otro grupo de empresas mexicanas.

Toca después el turno al señor Eloy Sardinas, de Caracas, otro magnífico egresado de la ENAIP, quien toca su disco filosóficamente: “El único modo de evitar la revolución es mediante el desarrollo y la educación’’.

De modo, pues, que en la ENAIP también enseñan cómo evitar revoluciones en Latinoamérica.

Y he aquí las reflexiones finales del autor del artículo publicado por la embajada, ayuda que agradecemos con el alma:

“Esta clase de ejecutivo era la que el General Yount vislumbraba hace 30 años, y son precisamente de esta clase los ejecutivos que están recibiéndose hoy en la escuela fundada por él. Pero como el número de países en desarrollo que exige a las empresas multinacionales... ” —transnacionales, ¿no?— “que los puestos clave estén en manos de ciudadanos nacionales va en aumento, en la actualidad se padece escasez de talentos ejecutivos. Si los Thunderbirds y los estudiantes entrevistados de la ENAIP por este escritor son ejemplos fidedignos, la escasez de esos talentos no tardará en superarse”.

¡Estupendo! Ya pueden los países en desarrollo legislar todo lo que quieran para reservar a sus nacionales mayoría de puestos clave en la dirección de las empresas: los Estados Unidos se encargarán de formar en la ENAIP a todos los nativos que le envíen, para que, como dice el agente de la CIA en México, “Se vuelvan adalides del estilo norteamericano de hacer las cosas”.
El Día, 21/X/76

 

 

UN SUCESOR DE J. J. J.
Una vez que a los mexicanos nos pase el dolor por el retiro de J. John Jova, nos va a quedar el problema de escoger un sucesor. No quiere decir esto que nos corresponda señalar a Jimmy Carter el embajador que debe nombrarnos, pero tal como ahora parecen encaminarse las relaciones, es seguro que una petición popular mexicana sería escuchada en la Casa Blanca. Nos sorprendería mucho que no fuera así.

Suponiendo, pues, que aquí se vaya a realizar una encuesta —por Gallup, tal vez— y que todos tengamos derecho a proponer candidatos, me permito inscribir formalmente a Al R. Wichtrich.

Declaro mi intención de ponerme en campaña para reunir adeptos y conseguir tal cantidad de votos que, impresionado Cárter, decida ordenar a Wichtrich que ocupe la oficina de J. J. J.

No me parece un obstáculo sino más bien un mérito de mi candidato el hecho de que en la página 624 del libro de Philip Agee —edición original— aparezca esta referencia: “Wichtrich, Al. Executive. Vicepresident of the American Chamber of Commerce, Mexico City. CIA agent”.

Wichtrich ya ascendió a presidente de la American Chamber, y no hay datos para suponer que este nombramiento arrastre también el cargo a que se refiere Agee, cuando Al era sólo un vicepresidente.

De lo que sí podemos estar seguros es que Wichtrich echará toda la carne al asador para emular a Jova, y aun superarlo.

Esto no será fácil. Jova ―que cumple tres años de embajador el día último de este mes— estableció aquí, un verdadero récord de eficacia. En los últimos 130 años no se recuerda a ningún otro embajador que nos haya puesto el puño tan cerca de las narices.

En marzo de 1976, cuando durante un discurso en Washington Jova hizo ciertas cáusticas observaciones sobre nuestro sistema político, algunos periodistas comentamos que este no era un incidente trivial, porque días antes de partir a la capital de su país —el 18, para ser precisos—, J. J. J. había arengado en México a los empresarios para que se pusieran “en pie de lucha contra nacionalismos que amenazan la libre empresa”.

Si usted cree que esta fue la clarinada que dio marcha a una vastísima operación desestabilizadora que culminó en el otoño con invocaciones al golpe de Estado, tal vez acierte.

Pero J. J. J. no sólo con millonarios ha hablado. Sería difícil encontrar un lugar de México que no hubiera visitado, a veces silenciosamente. Por ejemplo, entre el 11 y el 16 de agosto de 1975, la cámara de este columnista lo fotografió en San Juan Chamula, acompañado de cinco guardaespaldas. La comitiva viajaba a bordo de tres automóviles Ford.

¿Qué hacía en tan remoto paraje de Chiapas el señor embajador del país más poderoso de la Tierra? ¿Qué hacia ahí, sentado en el poyo de un humildísimo tendejón, y luego vagando como distraído por la placita del pueblo?

Cuidaba los intereses de Estados Unidos. No more, no less.

Hay, y son muy importantes, intereses estratégicos de Estados Unidos en aquella región chiapaneca. Pero, en fin, mañana presentaré la segunda parte de este alegato en favor no de Jova, que lamentablemente ya se va, sino de mi propio candidato a sucederlo.
El Sol de México, 27/I/77

 

MERITOS DE WICHTRICH
Pero en fin, ¿qué méritos propios podría tener Al R. Wichtrich para eventualmente ser nombrado embajador de Estados Unidos en México? Yo creo que él posee la clave de nuestra felicidad, y esto es mucho más de lo que otros candidatos al mismo puesto pudieran alegar en su provecho.

El 17 de enero, según las informaciones periodísticas, Wichtrich propuso ante miembros del Congreso norteamericano que de la economía de este país y la del nuestro se hiciera una sola. Esto y su casi religiosa convicción de que el capital norteamericano debe ser en México cada día más preponderante, son las cualidades que podrían hacer de Wichtrich un gran embajador.

Pero, además, él ya ha ejercido de hecho el poder de una representación, en exceso del cargo de presidente de la American Chamber of Commerce of México. Durante nuestra crisis financiera que estalló el día último de agosto pasado, Al Wichtrich se convirtió en una especie de portavoz no de la American Chamber, sino de los intereses totales de Estados Unidos.

Entre el 2 de septiembre y finales de diciembre será difícil encontrar semana en que los diarios no hubiesen reproducido tres o cuatro declaraciones de Wichtrich. Hubo semanas en que habló todos los días, y días en que consideró necesario emitir dos declaraciones.

En cada una de estas intervenciones, con un lenguaje amable que pretendía ser tranquilizante para los nerviosos mexicanos, en realidad Wichtrich estuvo expresando las directrices que Washington deseaba imprimir a nuestra nueva coyuntura económica. Su lenguaje —si se le despojaba del celofán— contuvo en varias ocasiones drásticas advertencias sobre lo que nos podría amenazar, si en medio de la crisis el gobierno mexicano y los sectores nacionales de la economía no se preocupaban básicamente por garantizar los intereses norteamericanos financieros y políticos.

Como ahora con lo dicho en Washington el 17 de enero, a principios de diciembre no faltaron periodistas inamistosos que insinuaran el uso de un doble lenguaje del señor Wichtrich: en México decía cosas amables, pero en Estados Unidos nos ponía en evidencia.

En realidad, si hacemos a un lado la envoltura para regalo, veremos que salvo pequeñas discrepancias, Wichtrich ha sostenido una sola cosa aquí y allá: la salvación de México consiste en entregarse o integrarse —una vocal por otra, poco importa— a los Estados Unidos.

Esta sólida congruencia entre el hacer y el decir y esta rectilínea filosofía, son los argumentos que más deseo esgrimir para buscar apoyo a la candidatura de Wichtrich como embajador de los Estados Unidos en México.

Nadie como él para dirigir el complicado proceso de la integración económica de México con los Estados Unidos. Ese grupo de patriotas economistas mexicanos que desde octubre del año pasado proclamaron la necesidad de que el petróleo vuelva a las compañías extranjeras, necesita forzosamente un líder con imaginación y valentía. Podríamos llegar en tres o cuatro años, inclusive a pedir nuestra “estatidad”. Después de Puerto Rico, naturalmente.
El Sol de México, 28/I/77.

 

UN CARGO CON BEMOLES
Tiene una singular importancia el nombramiento de Alberto Peniche como director de Relaciones Públicas en la Presidencia. Así complementa su equipo José Luis Becerra; pero el significado del hecho va más allá de un feliz episodio interno.

Aunque para algunos suene un poco extraño esto, la verdad es que la designación de Peniche pudo haber ocasionado fruncimiento de cejas entre personajes de alguna entidad situada más allá de nuestras fronteras.

En torno a la oficina de Relaciones Públicas de la Presidencia ha estado al acecho la actividad de turbios individuos que representan intereses más oscuros aún.

Por ejemplo, un personaje al que vendría bien llamar Dicky Tricky, en honor de uno de sus anteriores patrones; pero también porque correspondería a su apelativo y, sobre todo, a sus métodos de acción.

Si usted piensa que se trata de actividades por cuenta de una agencia de espionaje, acertó. La palabra “espionaje” no asusta a nadie en esta época: casi podría decirse que corresponde a uno de los deportes internacionales más extendidos. Sin embargo readquiere su connotación de algo siniestro, cuando lo posiblemente afectado es nuestra propia casa.

Por razones que no es fácil desentrañar, los “dicky trickys” que pululan en nuestro país —ora disfrazados como publirrelacionistas “free lancers”, ora como dueños de restaurantes a la moda—, desde hace algunos años han concentrado sus miradas, sus afectos y apetitos en el quehacer de esa oficina del gobierno mexicano. Por épocas, su atrevimiento ha llegado al extremo de hacerse aparecer como “comisionados” de la propia oficina, impostura que no duró mucho tiempo pero sí el suficiente para lograr alguna pequeña ventaja en sus tareas secretas.

Pero cualquier cosa que hubiera ocurrido por inadvertencia o descuido de algún servidor de las relaciones públicas de la Presidencia, no podrá repetirse con Alberto Peniche ahí.

Asumió el cargo un hombre que por encima de otras cualidades, se le reconocen lealtad y sentido nacionalista. Así lo avala la jerarquía moral de personas que meterían la mano al fuego por Peniche. Y, en fin de cuentas, así lo ha calibrado el propio Presidente.

Y, por último, convendría recalcar que con este nombramiento se borra el último vestigio del publirrelacionista de set cinematográfico o de jet set nopalero. El quehacer profesional que de ahora en adelante se instrumente ahí en materia de relaciones públicas, corresponderá estrictamente a una de las cuatro funciones clásicas de la comunicación social, y tendrá un signo de austeridad republicana.
El Sol de México 26/V/77.

 

DE LA CIA, CON AMOR
Al parecer, la CIA realizará en México proyectos especiales durante 1978, so capa de una investigación sobre derechos humanos. A juicio de algunos observadores, estos trabajos pudieron haber comenzado desde noviembre, en una etapa preliminar.

Informadores que usualmente saben bien lo que dicen, ubicaron en México a uno de los “big shots” de la CIA: Allard Lowenstein .

“Donde quiera que se presente Lowenstein, algo muy emocionante va a pasar o está pasando ya, y tal cosa tiene que ver con los planes verdaderamente grandes de la CIA”, comentó a esta columna uno de los expertos consultados.

Según lo que se conoce hasta el momento, la agencia internacional de espionaje y subversión trata de averiguar cuáles son los puntos más vulnerables del gobierno del presidente López Portillo, respecto a eventuales presiones de Washington y a concretas acciones desestabilizadoras.

Lowenstein es ahora un personaje relativamente importante en la administración de Carter —figura como asesor de Andrew Young, el embajador ante la ONU—, pero los expertos opinan que su peso específico en la CIA sobrepasa con mucho los cargos oficiales dentro de la dorada burocracia de la Casa Blanca.

Como dijo un conocedor del tema: Lowenstein ha prestado servicios tan distinguidos a la CIA —casi desde la fundación de la agencia—, que su nombre figurará en las páginas más importantes, cuando se escriba la historia de estos últimos treinta años.

En 1967, se publicó en Ramparts un artículo firmado por Michael Wood, que habría de precipitar a “la compañía” hacia uno de los peores escándalos desde el fracaso de Bahía de Cochinos.

Wood reveló que la National Student Association se había convertido en una especie de “división juvenil” de la CIA. Wood tenía buenas razones para estar enterado —era miembro del directorio de la NSA—, y sus revelaciones en aquella revista de San Francisco atrajeron la atención mundial.

Pero dentro de los Estados Unidos el escándalo fue más grande que en cualquier otra parte. Los norteamericanos aman a sus instituciones, y la CIA es una de ellas, como el hot-dog, Baby Ruth, los Vaqueros de Dallas o Marilyn Monroe. Pero respecto a la CIA, ellos creen que debe hacer todo cuanto pueda en favor del imperio... fuera del imperio. Por tanto, cuando se supo que la NSA había sido tan penetrada que prácticamente se hallaba convertida en una especie de high school del espionaje, para efectos también interiores, el escándalo estalló en re mayor.

Lowenstein —que a la sazón viajaba por Tanzania en una misión jamás especificada regresó violentamente a los Estados Unidos. Él había sido el fundador de la NSA, diecinueve años atrás. Sabía exactamente qué clase de servicios prestaba la organización al llamado “gobierno invisible” de los Estados Unidos, y su reacción de espanto ante las revelaciones de Wood, es algo que la literatura dramática de ese país exaltará algún día.

Lowenstein trató de aplicar todas sus influencias para acallar el escándalo; pero ya los periódicos y la televisión paseaban por toda la unión americana las sucias pruebas de las relaciones entre la CIA y la NSA. Entonces, los observadores comenzaron a explorar con gran interés la figura de Allard Lowenstein.

Cuando no pudo parar el escándalo, nuestro héroe decidió hacer exactamente lo que dice el manual de la CIA: aprovecharlo.

Y fue así como, por una parte, dirigentes de la NSA comenzaron a ser reclutados abiertamente por “la compañía”, y, por la otra, el propio Allard mejoró sus posiciones dentro del sistema político del país.

La NSA recibió un adecuado maquillaje para que sus servicios al espionaje se tomaran como acciones patrióticas, y Lowenstein al año siguiente del escándalo recibió el honor de dirigir la campaña presidencial del senador Eugene McCarthy y resultó electo diputado por un distrito de Nueva York. Ocho años después, era el consejero principal de Jerry Brown, candidato a gobernador de California y el año pasado lo nombraron asesor de Andrew Young en materia de derechos humanos.

¿Qué es lo que se propone hacer Lowenstein en México? Mañana trataremos de iniciar una respuesta. Por lo pronto, es evidente que nuestro país —que va camino de convertirse en uno de los principales exportadores de petróleo— recibió, entre las tarjetas de fin de año, una que dice: “To México, with special love. Merry Christmas and happy new year. CIA”.
El Sol de México 2/I/78

 

LA CIA INVITA A USTED
Recoger información que capacite a Washington para ejercer presiones sobre el gobierno de México —incluidas las acciones desestabilizadoras, eventualmente―, parece ser el propósito de los recientes trabajos emprendidos por la Central Intelligence Agency. La instrumentación de estos planes correría a cargo de Allard Lowenstein, descrito ayer aquí como uno de los “big shots” de la CIA.

La necesidad de actualizar la información sobre México deriva de dos obvias circunstancias: la existencia de un nuevo gobierno y la posición cada vez más importante de nuestro país como productor de petróleo.

La desalmada presión norteamericana ejercida en las negociaciones del gas y el crédito del Eximbank, muestran que las relaciones entre ambos gobiernos han caído rápidamente a su punto más bajo, en muchos años. El arrogante lenguaje empleado por algunos funcionarios, como el ministro de Energéticos James Schlesinger , presagian el agravamiento de esta táctica de “guerra fría”, y en tal contexto la agencia internacional de espionaje y subversión tiene que hacer lo suyo.

Y lo suyo consiste —según Red privada de ayer— en averiguar, tan profundamente como le sea posible, cuáles podrían ser los puntos más débiles del actual gobierno mexicano, en relación con los conflictos internos, la calidad de ciertos funcionarios y el apoyo de opinión pública.

En tal sentido —y bajo la dirección de Lowenstein— habría comenzado en México la gran indagatoria, desde el pasado noviembre, pero con la idea de sustanciar resultados al inicio de este año.

Según la información disponible para esta columna, la investigación de la CIA tomó como objetivo principal a grupos de periodistas, banqueros de nivel medio y dirigentes de empresas privadas.

El vicepresidente de uno de los bancos privados más importantes dijo que recibió “por un periodista” y “luego por alguien de la embajada que llamó telefónicamente”, invitación para asistir a una reunión que se celebraría el martes 13 de diciembre, en el local de un instituto tecnológico que funciona en las calles de Marina Nacional.

El funcionario bancario preguntó “¿Por qué yo, precisamente? ”, y el invitante le dijo que su nombre figuraba en “unas listas enviadas por el Departamento de Estado”, en las que se indican nombres de “líderes sociales” importantes en México, dentro de diversas actividades.

La reunión —se le dijo— tendría por objeto “conocer opiniones acerca de la política del presidente Carter sobre derechos humanos”. Personal norteamericano y asistentes mexicanos recibieron a los invitados: ocho personas en total, cuya posición en el mundo de los negocios era más o menos la misma. Luego procedieron a interrogarlos.

Los cuestionarios empleados en por lo menos dos de esas reuniones —únicas de las cuales el columnista pudo obtener testimonio directo de sendos invitados— guardan una extraordinaria similitud con algunos esquemas empleados para el Plan Camelot y otras indagatorias del Departamento de Estado o del Pentágono, en países latinoamericanos.

En síntesis se trata de procedimientos ―calificados con diversos nombres técnicos por los psicólogos especialistas en “investigación profunda”— que empleados larvadamente, violan la conciencia de la víctima y la inducen a revelar sus verdaderas actitudes políticas, los resentimientos contra su gobierno, el grado de receptividad hacia la propaganda norteamericana, etcétera.

Todos los actos agresivos de Estados Unidos en Latinoamérica — desde invasiones como las de Cuba o Santo Domingo, y golpes como los de Guatemala y Chile— han sido precedidos por investigaciones científicas de naturaleza similar a la de ésta que se lleva a cabo en México.

Después de responder al interrogatorio, las victimas recibieron expresiones de la gratitud del gobierno norteamericano; elogios por su actitud favorable a la política de los derechos humanos y un pequeño aviso intrascendente: la grabación de todo lo ahí expresado sería enviada a Washington, y los asistentes a la reunión oportunamente obtendrían un resumen por correo.
El Sol de México, 3/I/78

 

ILV Y CIA, HERMANOS
¿Qué grado de responsabilidad podría atribuirse a agentes norteamericanos en los disturbios del sureste de México, especialmente los registrados en Chiapas, donde aún está por venir lo más grave? ¿Se podría establecer alguna relación entre la actividad de estos apóstoles de la alfabetización de indígenas mexicanos y la presión que el gobierno del señor Carter está ejerciendo sobre México, desde que nuestro país presentó su solicitud de ingreso al club de las potencias petroleras?

Si usted en Chiapas levanta una piedra o aparta unas hojas de plátano, encontrará un “misionero” del Summer Institute of Linguistics (Instituto Lingüístico de Verano). Ellos están en todos lados. Forman parte del paisaje. Gobiernan espiritual y realmente a extensos grupos indígenas. También se hallan en Cuernavaca y otros puntos del país.

Pero de tales “misioneros” se ha hablado mucho en estas columnas. En realidad las preguntas del primer párrafo surgieron después de que esta semana el columnista tropezó accidentalmente con un documento del ILV. Se trata de un volante publicitario publicado en 1971. Dice textualmente:

“Hace 25 años la Shell Oil Company perdió muchos trabajadores a manos de las aucas. Por muchas razones la Shell decidió dejar Ecuador.
“Repentinamente con el descubrimiento de inmensas reservas petroleras en las selvas orientales” (de Ecuador, se entiende) “21 compañías incorporaron 1,500 trabajadores en la región. En tanto avanzaban, nosotros volábamos delante de ellos y explicamos a los aucas que los trabajadores vienen. Los persuadimos de que debían quitarse del camino. Esto es hecho por los aucas cristianos mediante un parlamento montado en el avión.
“En tanto que los indios se desplazan, notificamos a las compañías petroleras. Como resultado de esta íntima coordinación por radio y teléfono, a través de nuestra oficina de Quito, no se ha perdido ninguna vida hasta el momento. ¡Bendito sea Dios!”.

Hasta aquí la transcripción del documento. El ILV comenzó en México sus actividades exteriores hace 42 años; actualmente tiene agentes en 24 países de América Latina, Asia, Africa y Oceanía.

Es una organización mucho más antigua que la CIA, por supuesto. Pero la diferencia de edades no ha impedido —en ninguna parte del mundo, incluyendo México— que la CIA y el ILV se entiendan como hermanos de padre y madre.

Por ejemplo —para citar otro documento llegado también a la mesa de trabajo del columnista esta semana—, el general Lon Nol pudo dar un golpe de estado en Camboya, con toda la asistencia técnica de la CIA. Después, la revista Translation, oficial del Instituto Lingüístico de Verano explicó así los hechos:

“Dios emplea tropas militares, pero tiene otros métodos también. Dios torció el destino de Indonesia en la víspera de la revolución marxista, y la respuesta espiritual de miles de personas que se volvían hacia Cristo ha sido tremenda. Camboya echó a todos los misioneros en 1965 y parecía que todo el trabajo de Dios había terminado. De repente un golpe de Estado y una ola de respuestas al trabajo misionero”.

¿Habrá alguna diferencia entre un golpe de estado “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y otro asestado así, en seco, con marines, agentes de la CIA y colaboracionistas en la milicia local?

Evidentemente sí. Siempre ha dado buenos frutos a los norteamericanos invocar a Dios antes de emprender cualquier acción contra algún país. Y nunca en la historia de doscientos años había habido un presidente norteamericano que, como el señor Carter, hablara con Dios tantas veces al día.

Me parece que ya es tiempo de que nosotros hablemos con la Virgen de Guadalupe.
El Sol de México, 12/I/78

 

FARRAH Y LA INDIA
¿Cuántos son 184 mil millones de pesos? Pues podría ser la diferencia entre una potencia industrial y un país subdesarrollado, y también el argumento más breve y claro para explicar qué distancia hay entre una nación del primer mundo y una del tercero.

Deseche, pues, los sarcasmos de los sociólogos que dicen: “mira, la comparación está entre Farrah Fawcet y la India María”. O las abstracciones de los economistas que argumentan a base de PNB, el PIB, el “insumo-producto” y otras obscenidades por el estilo.

Los 184 mil millones de pesos ofrecen una clave perfectamente accesible a todos. Pero veamos qué son, dónde caben, qué representan o hasta dónde llegan 184 mil millones de pesos:

Si usted suma el presupuesto —en cifras para 1978— del Poder Legislativo, la Presidencia de la República, el Poder Judicial, Gobernación, Relaciones Exteriores y Hacienda, apenas llegará, en números redondos a 6,268 millones.

Agregue entonces los presupuestos de la Defensa Nacional, Agricultura, Comunicaciones y Transportes, Comercio, Educación, Salubridad, Marina, Trabajo, Reforma Agraria, Pesca, Procuraduría y Patrimonio. Estos dieciocho renglones no completan la cifra, pero andan cerca: alcanzan a 153 mil millones y morralla...

Habría que añadir entonces algunos pilones. Por ejemplo, el presupuesto para la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, el de la Secretaría de Asentamientos Humanos ―donde probablemente a un modesto columnista no le puedan dar una información que solicite, pero disponen de 13, 500 millones— y el de Aeronaves de México.

Con todo esto no sólo llega usted a la cifra mágica, sino hasta se pasa un poco: 185,212 millones de pesos.

Ahora sí ya podemos establecer comparaciones:

El presupuesto de diecinueve secretarías de Estado en el gobierno mexicano, más dos de sus empresas, iguala el presupuesto destinado a espionaje por el gobierno norteamericano.

Ciento ochenta y cuatro mil millones de pesos —u ocho mil de dólares, como usted guste—, es el presupuesto que este año manejará el nuevo Superman inventado por Carter: el almirante Stansfield Turner, nuevo director de la CIA y jefe absoluto de los nueve grandes organismos de espionaje.

Supera veinte veces este presupuesto al que aquí se destina a todo el Ejército, y multiplica por más de cincuenta el de nuestra Marina de guerra. Rebasa dos y media veces todo lo que un país como México pudo destinar este año al pago de maestros, construcción de escuelas, subsidios a las universidades y administración del programa educativo.

México es uno de los países más grandes de Latinoamérica; pero el gobierno de los Estados Unidos destina solamente a espionaje casi la mitad de todos los recursos económicos disponibles para el gobierno federal mexicano en 1978.

Ahora sí ya sabe usted lo que es el primer mundo. Un maestro de lógica podría añadir: “Esa es también, partiendo del género próximo, la diferencia específica entre Farrah Fawcet y la India María”.
El Sol de México 15/II/78

 

LECCIONES SOBRE LA CIA
El libro de H. R. Haldeman contiene un mensaje para los funcionarios mexicanos que ante la sola mención de la CIA fingen demencia, ingenuidad o ignorancia supina. Es usual que cuando los reporteros preguntan, estos funcionarios responden: “Perdone usted, ¿se refiere a la compañía de teléfonos o a la de Jesús?”.

Y así, gracias a esta mexicana forma de decretar las cosas, nuestro país es una isla incontaminada en donde la CIA no existe. Hemos sido capaces de detectar y expulsar del país a agentes soviéticos, pero de la CIA ni uno solo. Simplemente, no podemos dar con ninguno de ellos. Más aún parece que oficialmente se pone en duda la existencia misma de la CIA. Después de todo, bien pudiera resultar una invención de los comunistas.

Pero en el capítulo tercero del libro ―según la versión que por entregas publicó Excélsior— Haldeman, el que fuera jefe del personal de la Casa Blanca, refiere una conversación con John Dean, el ayudante de Nixon que con su testimonio ante los investigadores del Congreso hundiera al ex presidente.

Dean le dijo esto a Haldeman: “Gray (el director interino del FBI) ha estado buscando la forma de salir de este atolladero...”

(Se refería Dean al hallazgo de que un banco mexicano estaba involucrado en el trasiego de fondos para encubrir el escándalo de Watergate. )

“... Hablé con el procurador general y él y yo concordamos en que lo que debe hacerse es que tú le digas a Walters (director adjunto de la CIA) que no sabemos a dónde conducirá esa investigación en México. Convéncelo de que hable con Gray y quizá entonces la CIA pueda frenar al FBI allá en México”.

Ahora, los funcionarios mexicanos —tan parecidos a aquellos ratoncitos ciegos del cuento de Agatha Christie—, van a pasar mayores apuros para mantener virgen su ignorancia.

Por otra parte, el libro de Haldeman —escrito con ayuda literaria que no pudo eliminar la chabacanería— aporta pocos hechos relativamente nuevos al conocimiento de Watergate y las circunstancias que rodearon la caída de Nixon.

Pero debe atribuírsele un valor testimonial muy considerable. Lo que Haldeman dice se acumula sobre otras piezas de convicción, pero con el terrible peso de quien estuvo en un privilegiado puesto de observación, involucrado también en la conjura a hasta la punta de la corbata.

Haldeman nos confirma, pues, en la certidumbre de que —quizá no es por primera vez en la historia— una banda de delincuentes, encabezada por el presidente, el vicepresidente y el procurador general, había asaltado la Casa Blanca, y desde ahí actuó gangsterilmente a través de miembros menores de la pandilla como el propio Haldeman, y los Magruder, los Dean, los Ehrlichman, los Hunt, los Colson y varios más.

Pero más importante que todo esto es la aterradora descripción de cómo el presidente de los Estados Unidos miraba a la CIA a la altura de sus propios ojos.

Se aprecia ahí lo certero de aquel título que impuso hace más de diez años un autor norteamericano a la CIA: “El Gobierno Invisible de los Estados Unidos”.

El presidente Nixon, en la cumbre de su poder, contemplaba a la CIA como otro poder, a veces adversario, a veces paralelo. Un poder constituido frente al cual el propio presidente de los Estados Unidos debía negociar, y si la negociación se iba perdiendo, debía intentar la persuasión por medio de carantoñas, o el ataque a través de las intrigas.

Y tan enorme pieza de convicción nos lleva a una espeluznante reflexión sobre el significado histórico que pueda tener el decreto del presidente Carter que unifica en manos del nuevo director de la CIA, Almirante Stansfield Turner, toda la llamada “comunidad del espionaje”.

Un significado histórico que, por supuesto, nos alcanza... muy a pesar del decreto que ha declarado a México una isla incontaminada.
El Sol de México 1/III/78

 

EL AGENTE DE LA CIA
Después de algunas semanas de silencio, un norteamericano, largamente señalado en México como agente de la CIA, tuvo el lunes una reaparición sensacional: se inauguró como funcionario de alto nivel en una entidad del gobierno.

Su breve ausencia de las noticias tiene una curiosa explicación que sólo conocen los lectores de esta columna. A mediados de 1977 recibió una enérgica “invitación” a no pararse más por la dirección de Relaciones Públicas de la Presidencia (ver Red privada del 26 de mayo).

La evidencia definitiva de que este norteamericano pertenecía a la agencia de espionaje y subversión surgió el 8 de diciembre de 1974, cuando Phillip Agee reveló una larga lista de agentes de la CIA en México.

La cobertura de esta sucursal de la CIA en la ciudad de México era una agencia de publicidad propiedad del susodicho agente, instalado en Río de la Plata y Atoyac.

Al asumir su cargo el lunes, el agente norteamericano invitó a uno de los ejecutivos de la agencia de publicidad, para que estuviera presente en la ceremonia. El boletín oficial menciona este hecho y especifica que el nuevo funcionario no ha perdido su calidad de hombre de negocios. El mismo boletín lo describe como “un conocido profesional de las relaciones públicas en México y en Estados Unidos”.

En el imprescindible curriculum se aportan datos interesantes. Por ejemplo, que es un graduado de la Universidad de California en Economía, y egresado del “Instituto Thunderbirds”, donde estudió “organización internacional, especializándose en asuntos latinoamericanos”.

Ahora que ya tenemos a un “Thunderbird” como funcionario del gobierno, quizá resulte importante saber algo de ellos. Según el propio agente de la CIA, los fabulosos “Thunderbirds” van por el mundo con una sola misión: “se vuelven adalides del estilo estadounidense de hacer las cosas”.

Se les encarga “evitar las revoluciones” en Latinoamérica y se les inculca que ellos “suplen el talento” que falta entre mexicanos, guatemaltecos, panameños, etcétera.
El Sol de México 12/IV/78

 

MEXICO, EN LA MIRA
A nadie puede parecer extraño que Washington haya intensificado sus acciones de espionaje y penetración sobre México, desde que una nueva política de energéticos nos convirtió en potencia petrolera.

Personal especializado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) está tratando de tomar posiciones, inclusive dentro de entidades del gobierno mexicano. Pero también ciertos recursos del Departamento de Estado se movilizan hacía nuestro país.

Al parecer, los agentes de la Casa Blanca han concentrado su interés en las posibilidades que ofrece la comunicación social —información, publicidad, propaganda y relaciones públicas—, como técnica para desarrollar su plan de inteligencia y de control sobre amplios sectores de opinión pública.

Por ejemplo, a mediados de marzo estuvo en México un agente especial del Departamento de Estado. Durante seis días cambió dos veces de hotel en la ciudad de México. También estuvo en Monterrey, Veracruz y Puerto Vallarta. En los meses de junio y julio de 1977 había desempeñado una misión en El Cairo y otras ciudades africanas.

Su tarjeta de visita lo identifica como profesor de la Universidad de Minnesota, experto en “comunicación de masas y relaciones internacionales”. Pero en el bolsillo traía también una carta por medio de la cual el Departamento de Estado le asignó una misión específica en México.

Según este documento, el profesor debía investigar aquí nuestro “potencial de receptividad” (textual) sobre ciertos programas de “ayuda en gran escala” que el gobierno de Estados Unidos ha propuesto o piensa proponer al mexicano.

En la carta se ordenaba asimismo al agente especial que ofreciera programas de “entrenamiento y educación sobre comunicación de masas”, a quienes mostraran interés en ello. Al efecto, el agente debería sostener entrevistas con “oficiales de” (sic) la Universidad Anáhuac, la UNAM, el ILSE y el Instituto Nacional de Comunicación, a quienes previamente había logrado relacionar en actividades presuntamente académicas con la Universidad de Minnesota.

En la edición de mañana —si el lector no amanece fatigado— el columnista hablará de un ciudadano argentino, probable miembro de los servicios norteamericanos de inteligencia, que ha montado unas interesantes oficinas en Polanco.
El Sol de México, 19/IV/78

 

¿OTRA OFICINA DE LA CIA?
En un aristocrático edificio de las calles de Emerson, en Polanco, e identificada por una palabra que recuerda una de las letras del alfabeto griego, ocupa los pisos séptimo y octavo una supuesta agencia de relaciones públicas.

Un ciudadano argentino ha sentado ahí sus reales. Hubo una época en que los ojos de este personaje contemplaban las aguas del Caribe. Eran los días en que la fuerza armada de Estados Unidos había tomado posesión de la República Dominicana. Héctor García Godoy, el tragicómico pelele que los norteamericanos habían puesto como presidente provisional, recibió aviso de que ya tenía un nuevo asesor en “acción sicológica”, a quien debería otorgar el nombramiento de director de la red nacional de radio y televisión.

García Godoy obedeció puntualmente, y desde entonces el gaucho que hoy ocupa sus nuevas oficinas de Polanco, muestra orgullosamente en su curriculum que fue asesor “en acción sicológica” del presidente dominicano. Lo que no precisa el documento curricular es que aquella actividad se cumplió durante y a favor de la ocupación norteamericana.

(Si esto identifica o no a nuestro personaje como agente de la CIA, es cosa que el lector podría resolver por sí mismo. En estos casos, el columnista siempre recuerda lo que decía aquel granjero:

“Si yo veo una ave palmípeda, que camina como pato, grazna como pato y se junta con otros patos, probablemente tengo derecho a deducir que es pato”).

Al parecer, la instalación de estas nuevas oficinas corresponde, pues, a la clase de esfuerzos —Red privada de ayer— que despliega ahora la Casa Blanca en relación con sus modernos planes para México.

RP dijo también que la técnica empleada por los agentes de Washington tenía que ver —en uno de sus aspectos prioritarios— con la comunicación social, que es tanto información, como publicidad, propaganda y relaciones públicas.

En esas oficinas de Polanco se asegura que ha firmado contrato para desarrollar “un programa de comunicación” dentro de una entidad del gobierno que presta asistencia a los trabajadores al servicio del Estado.

En otro frente, personal de la CIA se muestra satisfecho de haber comenzado a ganar algunas posiciones que le permitirán cosechar frutos importantes durante la celebración de la Universiada en México, espléndido evento internacional del que nuestro país será sede en septiembre de 1979, con un preludio dentro de cuatro meses.
El Sol de México, 20/IV/78

 

LA CIA EN ACCION
Hace diez años, Robert K. Yeaton —actualmente cincuentón, con 1.85 de estatura, ojos claros, pelo rubio canoso y dueño de un español “mecsicano”—, era un simple agente de inteligencia al servicio de la embajada de los Estados Unidos, bastante bien identificada como tal por grupos de periodistas, en especial los que cubrían la fuente del aeropuerto.

El “viejo Yeaton” se esforzaba por ser útil a los reporteros, a cambio de alguna información que sólo a él parecía interesar. Por ejemplo, si los periodistas tenían dificultades con la traducción al español del texto de una entrevista hecha a algún personaje extranjero, ahí estaba el buen Yeaton tratando de ayudar. Como recompensa él sólo esperaba que le permitieran sugerir algunas preguntas y que de vez en cuando los reporteros fueran generosos informándole sobre los detalles de una entrevista en la que él no había podido estar presente.

Había, sin embargo, dos clases de acontecimientos que elevaban a Yeaton hasta su máxima capacidad de agente de inteligencia destacado en el aeropuerto: cuando arribaba un funcionario importante del Departamento de Estado y cuando se trataba de un personaje de Europa central. Cualquiera hubiese dicho que en las instrucciones para Yeaton figuraban como especialidad los personajes de Alemania. Así, cuando vino a México Erhard, el autor del llamado “milagro alemán”, los reporteros mexicanos fueron obsequiados con una excelente demostración sobre el grado de eficiencia que podía desplegar el agente Yeaton.

Por aquellas fechas —alrededor de 1968, año de la olimpiada—, la CIA estaba reforzando su “estación” en México, según se lee en el libro de Phillip Agee. Un sinnúmero de autores ―incluidos exfuncionarios del gobierno norteamericano—, coinciden en que México tiene la primera o segunda “estación” más numerosa de la CIA en todo el mundo; pero la olimpiada era un acontecimiento tan importante, que la “compañía” consideró indispensable reforzar su personal destacado en nuestro país.

De pronto, Yeaton se esfumaba. Desaparecía durante semanas y, al volver, algunas veces decía que había sido objeto de un período de reentrenamiento. En cierta ocasión, a uno de los reporteros con quienes llevaba una más cercana amistad, le explicó que los agentes destacados en un país por tiempo indefinido, debían volver a Estados Unidos, de tarde en tarde, para una “readaptación psicológica”. Explicó que el tratamiento consistía en quitarles todo excesivo sentimiento de empatía que hubiesen comenzado a cobrar por el país de su misión y en inculcarles o reforzarles sus ideas “cien por ciento americanas”.

Una de estas desapariciones de Roben K. Yeaton resultó mucho más prolongada que las anteriores, y de hecho, algunos periodistas casi se olvidaron por completo de él. Pero Yeaton ha vuelto a aparecer en México. Ahora es, o aparenta ser, un rico hombre de negocios que trata de interesar a funcionarios del gobierno mexicano en un proyecto que, como dijimos aquí en la columna del viernes pasado, desde lejos huele a lo mismo que olía en 1964 el Plan Camelot.

Míster Robert K. Yeaton sigue usando su español salpicado con expresiones de los bajos fondos de la ciudad de México, pero ahora ya no es el simple agente de inteligencia de hace diez años, sino el hombre en México de una empresa que, según él, tiene su casa matriz en Saratoga, California, y se llama Intercultural Consultants, Inc. Abrió sus oficinas en el número 13 de las calles de Río Marne, y uno de sus teléfonos es el 535-10-69 (¿Por qué los agentes de la CIA prefieren la colonia Cuauhtémoc? Recuerde usted que aquí nos hemos referido varias veces a una antigua oficina de la “compañía” instalada en las calles de Río de la Plata).

Según se dijo también en la columna del viernes, el proyecto que trae entre manos el señor Yeaton, guarda evidente relación con los propósitos tantas veces expresados por el presidente Cárter y por el vicepresidente Mondale, en el sentido de que ya es tiempo de decir a México cómo puede dejar de enviar tantos braceros a los Estados Unidos. Según se supo desde principios de año, Washington tenía un estupendo programa de “ayuda” a México consistente en la inversión de unos 2 mil millones de dólares que, bajo estricta supervisión norteamericana, crearían en el campo mexicano fuentes de empleo para que nuestros compatriotas ya no tuvieran necesidad de ir a buscar un pedazo de pan más allá del Río Bravo.

Cuando la Casa Blanca recibió corteses pero firmes seguridades de que México no era exactamente como Puerto Rico, el presidente Carter pudo haber decidido dejar el problema en manos del almirante Stansfield Turner, jefe de todos los servicios de inteligencia. No de otra manera puede explicarse el hecho de que un Robert K. Yeaton aparezca ahora bajo el disfraz de un importante hombre de negocios, que ofrece realizar en el semidesierto del noroeste mexicano un proyecto en escala menor pero de la misma índole del que traía en su cartera Walter Mondale, cuando en enero visitó al presidente López Portillo.

¿Cómo es posible que un simple burócrata del Departamento de Estado adquiera de pronto la propiedad de una empresa que posee información de los satélites sobre la existencia de mantos acuíferos en aquella región mexicana y ofrezca traer el equipo más sofisticado para extraer el agua, construir canales de riego y convertir la miserable zona ixtlera-candelillera en un emporio agrícola?

Y todas estas maravillas tecnológicas ya no se ofrecen al gobierno mexicano como una generosa ayuda del buen vecino, sino que se le pide dinero a cambio. Y no sólo dinero: según el agente y hombre de negocios, el contrato incluiría todo un desarrollo político de la región, con específica participación del clero y de los que Yeaton designa como “líderes sociales naturales”.

Yeaton ha estado haciendo visitas a funcionarios mexicanos de las diversas entidades relacionadas con los problemas campesinos y de la producción agropecuaria. Dice que también se ha entrevistado con asesores del presidente José López Portillo. Su técnica de conversación siempre es la misma: al funcionario que aborda el día de hoy le asegurará que todos los anteriores se mostraron “encantados” con el proyecto y están dispuestos a hacer su parte.
El Sol de México, 24/VII/78

 

INFORMACION A LA CIA
No faltan almas cándidas que se hagan cruces sobre la habilidad de la CIA para obtener información de nuestras reservas petroleras y manejarlas en el contexto de los conflictos mundiales. Pero el caso es que desde hace ocho meses, por acuerdo de la dirección general de Pemex, toda la información estratégica sobre esta industria, fue situada en bancos de datos de Houston y Chicago, y es manejada por la Computer Science Corporation, mediante un contrato con Pemex.

Así pues, cualquier entidad norteamericana —inclusive los organismos de espionaje del Pentágono y del Departamento de Estado— no tienen más trabajo que conectar sus propias computadoras a las de la CSC, cuantas veces deseen información actualizada sobre Pemex.

Pudiera o no haber espías infiltrados en las oficinas de Pemex; pero en todo caso no serían necesarios. La información que buscan —la que les permite calibrar la capacidad de negociación de México frente a otros países, incluyendo a Estados Unidos— se encuentra en los centros de cómputo de Houston y Chicago... y además, Pemex paga para que así sea.

Diez asesores norteamericanos están en México desde hace algún tiempo. Pemex les había instalado oficinas en Marina Nacional 329; pero les parecieron de inferior calidad. Entonces se rentó en 70 mil pesos mensuales una residencia en Anzures (Leibnitz número 166; tel. 531-92-45), con el confort necesario para que trabajen placenteramente los norteamericanos. Usted es uno de los contribuyentes que pagan la renta.

Según ellos, vienen a enseñar a los mexicanos. Pero ocurre que nuestros técnicos poseen una experiencia de doce años en informática —desde que don Jesús Reyes Heroles, uno de los nacionalistas directores que ha tenido Pemex, creó esta unidad de trabajo—, y su eficiencia había sido reconocida internacionalmente. En épocas pasadas dieron asesoría a petroleros de Venezuela, Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina y aún de Brasil.

Lo que en realidad hacen estos asesores norteamericanos —según testigos de su comportamiento— es someter a cuidadosos interrogatorios a los expertos mexicanos, y luego elaborar espléndidos memorandos para la dirección de Pemex.

La información situada en los bancos de datos de la CSC es el sistema integral de compras de Petróleos Mexicanos. Es decir, incluye concursos de proveedores, precios y pedidos.

Pero, sobre todo, aquellas computadoras norteamericanas tienen ahora la información actualizada sobre las necesidades de cienos materiales estratégicos para exploración, explotación, refinación y petroquímica.

Esta información permite a los analistas norteamericanos conocer anticipadamente los planes de la industria petrolera mexicana, y eventualmente sugerir a Washington obstáculos adecuados en ciertas líneas de suministro, para reducir la capacidad de negociación de México en créditos internacionales y respecto a problemas diplomáticos y políticos con los Estados Unidos.

Las adquisiciones que por 43 mil millones de pesos hará este año en equipo Petróleos Mexicanos, se regirán por el sistema que abruptamente pasó a poder de la Computer Science Corporation.

Hasta antes de que llegara Jorge Díaz Serrano a la dirección de Pemex, se consideraba razonablemente adecuado y eficiente el sistema integrado de almacenes con base en la unidad informática. El equipo costó unos 70 millones de pesos, y varias de esas computadoras ya han rendido su precio dos o tres veces, después de doce años de trabajo. Desde este punto de vista, tampoco parece justificado el alquiler de otros equipos de computación.

Otras empresas norteamericanas —cuya injerencia había terminado durante la gestión de Reyes Heroles— han aumentado ahora, sensiblemente, su participación en las tareas de Pemex. Por ejemplo, la poderosa transnacional Brown and Root. Sus oficinas ocupan tres pisos del edificio Comermex en el Paseo de la Reforma, y la representación en México está a cargo de un exgerente de Pemex, con quien Díaz Serrano tuvo intensa relación como contratista. Ahora la Brown and Root realiza perforaciones en la Sonda de Campeche.
El Sol de México, 9/VIII/78

 

GARIBAY ¿DE LA CIA?
Uno podría preguntarse si el coronel Raúl A. Garibay es el nuevo jefe de la CIA en México. Si no lo es, un pato ha dejado de parecerse a otro pato; o quizá “la compañía” está tratando de operar en nuestro país con una águila de dos cabezas.

En la lista oficial de diplomáticos norteamericanos acreditados ante el Gobierno de México, el coronel Garibay aparece en el noveno puesto después del embajador Patrick Joseph Lucey. Para efectos de cocteles y condecoraciones, su título es “agregado militar”. Pero no pocos observadores —incluido un experto en contraespionaje, que también tenemos— abrigan serias dudas acerca de que el coronel Garibay cobre sólo por desempeñar asépticamente una sencilla agregaduría.

A pesar de su nombre un latino, Raúl A. Garibay es un “all american ” impecable. Con la misma perfección habla en inglés o en castellano, aunque se nota que para aprender este último idioma tomó lecciones con profesores puertorriqueños.

Hasta donde se ha podido averiguar, el coronel Garibay es un notable perito en espionaje y contraespionaje, y antes de venir a México lució sus habilidades en Argentina y Chile, según él mismo ha dicho.

Tan pronto como llegó a nuestro país, el coronel Garibay pidió al teniente coronel John F. Stewart Jr. que le hiciera entrega de sus mejores relaciones armadas pacientemente con oficiales y funcionarios mexicanos. Stewart había trabajado en México, durante varios meses, como un eficaz agente del Pentágono. Figuraba en el antepenúltimo lugar en la lista que acreditó el embajador Joseph John Jova. En sus contactos iniciales con mexicanos, Garibay apareció vestido de civil.

El público se ha hecho a la idea de que la CIA es responsabilidad exclusiva del Departamento de Estado, y que, por tanto, el Pentágono no cuenta con ella lo suficiente para imponer a un coronel en la jefatura —o vicejefatura— de una de las sedes de “la compañía” más importantes en el mundo, como es la de México.

Pero nunca ha funcionado una división tajante de responsabilidades en las agencias de espionaje norteamericanas, y menos aún desde el nombramiento del almirante Standfield Turner en la dirección de la CIA. En febrero de 1978 el presidente Cárter puso a su amigo Turner no sólo al frente de la Central Intelligence Agency, sino también al mando de otros ocho organismos de espionaje y subversión, con un presupuesto total de ocho mil millones de dólares al año. (Unos 184, 000 millones de pesos, o sea casi la mitad de todos los recursos económicos disponibles para el Gobierno Federal mexicano en 1978).

No importa mucho, sin embargo, dilucidar estas cuestiones de rangos y apropiaciones dentro de organismos del gobierno norteamericano. Después de todo, un “all american” no perderá su pureza original por tener un grado en el Ejército o solamente un sitio en la burocracia civil. Lo que realmente importa es que cumpla su destino manifiesto y honre a su nación. En el caso concreto, lo que interesa será, pues, aquello que esté haciendo en México el coronel Garibay, hasta el punto que uno pueda preguntarse si es el nuevo jefe de la CIA, o su lugarteniente, o si los patos ya dejaron de parecerse unos a otros.

Datos sobre la conducta del susodicho coronel los hallará usted mañana aquí mismo, a menos que tenga otra cosa mejor para leer.

Mientras tanto, recuerde lo que dijo Carter hace 11 días, cuando visitó en Langsley las oficinas de la CIA: “Ustedes han facilitado mi obra; hacen una labor estupenda. Todos ustedes representan la disposición y el compromiso y el patriotismo de quienes hicieron el sacrificio supremo”.
El Universal, 28/VIII/78

 

EL CORONEL PREGUNTA
El coronel norteamericano Raúl A. Garibay —de quien ayer preguntábamos si es el nuevo jefe de la CIA en México o su lugarteniente—, está desarrollando aquí investigaciones que rebasan notablemente las funciones diplomáticas de un pacífico agregado militar.

Abriéndose paso rápidamente por sus propios medios, pero también apoyado por los contactos que le heredó el agente del Pentágono teniente coronel John F. Stewart Jr., míster Garibay ha comenzado a recabar información sobre cuestiones políticas mexicanas que aparentemente preocupan a la potencia imperial.

Fundamentalmente se interesa por saber qué posibilidades hay de que los disidentes violentos —por ahora dedicados a actividades terroristas—, se incrusten en los nuevos partidos o asociaciones que están surgiendo al amparo de la reforma política emprendida por el actual Gobierno.

El coronel norteamericano ha dicho que, en su opinión, los guerrilleros urbanos y rurales en México son demasiado pocos y torpes como para representar una real opción de poder. En cambio —agrega—, preocupa mucho a Estados Unidos la posibilidad de que esas personas cambien de táctica, se incrusten en los nuevos partidos y asociaciones políticas, se apoderen de su dirección, y a mediano plazo logren alcanzar objetivos mayores.

Obviamente el coronel Garibay no se ha dedicado a dar conferencias públicas al respecto. Sus ideas han sido expuestas en conversaciones privadas, y con la vieja técnica de “meter aguja para sacar hilo”.

Otro orden de preocupaciones del coronel Garibay se refiere a los derechos humanos, pero tal como los entiende Cárter, que no es precisamente lo mismo que el resto de la humanidad. Garibay ha dicho que en su portafolios trajo de Washington un gran número de informes sobre casos de violación de tales derechos en México, y ha lanzado maliciosas preguntas sobre si en nuestro país existe un organismo similar a la DINA del general Pinochet.

Un experto en contraespionaje probablemente estaría convencido de que la táctica del coronel Garibay consiste en crear cierto temor entre jefes policiacos mexicanos, para que éstos, colocados en la necesidad de justificarse, acaben soltando la información que el agente norteamericano necesite. Por lo demás, éste ofrece una amplia cooperación, y aduce su experiencia en Chile y Argentina, principalmente por lo que se refiere al “peligro” de que los subversivos lleguen a dominar organizaciones políticas.

Y podríamos estar sentados ustedes y yo todo el día, conversando sobre las andanzas de la CIA en México, desde aquellos tiempos en que tenía una oficina en Melchor Ocampo 212, cuarto piso, donde perdió su magnífico equipo de radio porque un iracundo policía mexicano lo arrojó por la ventana. Anécdotas y curiosidades no faltan, y quizá mañana —si usted no me deja plantado—, le cuente algo acerca de cómo un agente de la CIA que estuvo en México, acabó siendo “fusilado” en un restaurante de Chicago, probablemente como parte de las acciones de la propia agencia destinada a ocultar su participación en un intento de asesinar a Fidel Castro.

Mientras tanto —para aprovechar cinco minutos de conversación que aún nos quedan—, debo comentar a usted que la probable reorganización o reforzamiento de la CIA en México parece coincidir una “ofensiva” de relaciones públicas lanzada por el embajador Patrick Joseph Lucey para averiguar qué grado de simpatías pro-norteamericanas abrigan en su republicano corazón algunos notables hombres públicos.

Por lo menos dos gobernadores han confirmado al columnista haber sido objeto de sondeos preliminares sobre una posible invitación a visitar Estados Unidos con todos los gastos pagados —incluyendo los de esposa o secretaria del interior, más algunos ayudantes—, y también con honores garantizados.

Un observador —cuyo encargo consiste en mantener la vista fija en el número 305 del Paseo de la Reforma—, dijo al columnista que esta sorprendente actividad del embajador Lucey tal vez guarde relación con ciertos acontecimientos políticos que se precipitarán a partir del año entrante.

Esa precipitación no corresponde al calendario mexicano, ni a los intereses de nuestro país; pero sí a los intereses de la potencia imperial.
El Universal, 29/VIII/78

 

LA CIA VIGILO A AQC
Un par de investigadores mexicanos sonrieron levemente cuando una pequeña nota publicada en los diarios del 22 de diciembre de 1973 informó sobre el asesinato de Richard Cain, a las puertas de un restaurante de Chicago. Los reporteros norteamericanos daban por buena la versión de que un ex policía convertido en “chofer de los pandilleros más peligrosos” había sido liquidado en un clásico ajuste de cuentas por la mafia.

Pero aquellos dos investigadores sabían lo que realmente había sido Richard Cain hasta el momento de su muerte: un agente secreto del Gobierno de Estados Unidos. Acontecimientos ocurridos entre julio de 1975 y junio de 1976 habrían de confirmar que el misterioso individuo, de 49 años de edad, estaba en las nóminas de la CIA. Y se llegó a especular con una hipótesis más interesante aún: La propia “compañía” había causado la muerte de Cain, como parte de una larga y sangrienta cadena de esfuerzos tendientes a ocultar la participación de la CIA en un complot para asesinar a Fidel Castro en 1961.

Richard Cain había estado en México —sin encubrimiento— a principios de 1972, como experto en selección de personal para servicios policiacos, contratado por el Banco de México. Pero sus consignas no abarcaban solamente el campo de la docencia, según pudieron comprobar aquellos investigadores —actualmente funcionarios de una procuraduría— a quienes llamó poderosamente la atención la personalidad del norteamericano.

Algunas indagaciones, hechas cuidadosamente, revelaron que Richard Cain traía la encomienda de vigilar a ciertos personajes mexicanos e informar de ellos al gobierno de Washington. Uno de sus objetivos era el doctor Alfonso Quiroz Cuarón, criminólogo de fama internacional. Algunas declaraciones hechas por este científico mexicano en un país de Centroamérica, causaron preocupación a la CIA. Quiroz Cuarón —una verdadera celebridad y poseedor, además, de magnífica información— había expresado opiniones contrarias a intereses norteamericanos. Entonces la CIA consideró urgente obtener información completa y profunda del “subversivo” criminólogo.

Bajo encubrimiento ―usando el apellido Scalzetti— el agente Cain estuvo antes en nuestro país, incrustado en el personal que servía y protegía a uno de los grandes “campos” de la mafia: Sam Giancana, residente en la ciudad de Cuernavaca.

Es muy común la práctica de que un organismo policiaco mimetice a uno de sus propios agentes dentro de una banda criminal. Pero ¿qué interés particular podría tener la Central Intelligence Agency, en aquel discípulo de Al Capone? Esta pregunta ni siquiera se la formulaban los investigadores mexicanos. Simplemente ignoraban todo lo relativo a esta suculenta parte de la historia.

Sin embargo, dos años y medio después casi todas las partes del rompecabezas estaban juntas. Los hechos se habían desarrollado así:

En julio de 1974, los agentes federales mexicanos detuvieron a Giancana en su residencia de Cuernavaca, comprada por intermediación de “Scalzetti” a un exgobernador de Campeche. Nueve años había vivido el hampón sin que nadie lo molestara, en la sonriente villa. La expulsión del país se cumplió casi inmediatamente.

Pronto se supo para qué querían en Estados Unidos a Giancana. El senador Frank Church encabezaba una comisión para investigar las actividades de la CIA, y habían surgido revelaciones sobre una alianza entre esta organización de espionaje y la del crimen organizado. Church y otros senadores querían preguntar a Giancana si era cierto que él y otro criminal llamado John Roselli, habían recibido —por parte de la CIA— ofrecimientos de dejarlos recuperar sus negocios criminales en La Habana, si asesinaban a Fidel Castro.

Pero el 19 de junio de 1975, Giancana enmudeció súbitamente, después de que alguien le incrustó media docena de balas en la cabeza. El 8 de agosto de 1976. Roselli fue hallado en las aguas de Florida, donde tomaba un baño pero metido en un tonel de acero y con un curioso atuendo de cadenas. La CIA había ahorrado un inmenso trabajo al senador Church y a sus comisionados. Y este día de agosto de 1978 nos preguntamos si la muerte del agente Richard Cain formó parte del mismo programa.

Cuando el mes pasado fue el presidente Cárter a la base de la CIA en Langley. dijo que 35 agentes habían muerto “en cumplimiento del deber, incluso 17 cuyos nombres no habían sido divulgados porque perecieron en misiones secretas”. Lo que no precisó Carter fue cuántos de esos 35 murieron con una sonrisa al darse cuenta, en el último segundo que se trataba de una ejecución ordenada por la propia “compañía”.
El Universal, 30/VIII/78

 

TRIO SUBVERSIVO AQUI
Sería casi una simple formalidad burocrática averiguar si el coronel Raúl A. Garibay es realmente el jefe de la CIA, en México o existe algún otro con ese cargo en la nómina. Lo que realmente importa ahora es el descubrimiento de que Garibay es uno de los mejores expertos norteamericanos en actos subversivos. Tres éxitos y una buena tentativa en sólo 4 años, sin duda integran una excelente hoja de servicios, hasta para los exigentes ojos del presidente Carter y de su embajador Lucey.

Los éxitos fueron en Uruguay, Perú y Chile. La buena tentativa tuvo lugar en México. Los hechos se registran entre febrero de 1972 y noviembre de 1976. Y esta es la primera vez que tales méritos son dados a la publicidad, como un acto de justicia. Después de todo, Estados Unidos no sólo tiene a John Travolta.

Aunque Garibay ha revelado aquí que estuvo en Argentina y Chile, el columnista confiesa que sus propios medios de información no pudieron ubicar al coronel norteamericano ayudando a Videla. En cambio, fuentes de la resistencia chilena comprobaron que, efectivamente, Garibay llegó a Santiago unos once meses antes del golpe de Pinochet. En esos grupos de la resistencia causó cierta sorpresa la consulta hecha por el columnista, y sólo después de una indagación minuciosa se logró dar con el rastro del misterioso coronel. No registraron su nombre otros archivos de agentes norteamericanos que estuvieron vinculados con la ayuda de Washington a los militares golpistas. Pero los datos hallados configurarían la personalidad de uno de esos agentes cuya misión exige actuar en el mayor secreto... o bajo los más convincentes disfraces.

El coronel Raúl Garibay —hijo de padre y madre mexicanos, pero nacido en Estados Unidos— ha hecho su trabajo en México durante los últimos 29 meses; pero la mayor parte tratando de permanecer incógnito. Hasta que vino a México el nuevo embajador Patrick Joseph Lucey —julio de 1977—, el gobierno norteamericano decidió acreditarlo oficialmente como agregado militar.

Pero antes de Chile, el coronel Garibay —veterano de la guerra de Vietnam, entre otras cosas—, había sido visto a principios de 1972 en Montevideo. En febrero de ese mismo año, los militares ya se sentían con bríos suficientes para acogotar al presidente Bordaberry. Le impusieron un Consejo Nacional de Seguridad, dominado por representantes de las tres armas, y a esa superior instancia quedaron sujetos desde entonces todos los actos de gobierno que revistieran alguna importancia.

El 28 de junio, los entusiasmados milicos creyeron que ya no hacía falta un parlamento y lo clausuraron; suprimieron partidos y sindicatos; comenzaron los encarcelamientos al mayoreo. y, en fin, prosiguió la escalada que todos conocen.

El coronel Garibay no es lobo solitario, ni mucho menos. A donde quiera que va lleva con él dos compañeros civiles apellidados Saucedo y McDonald. Saucedo —probablemente un pocho como el propio Garibay—, ha cometido el error de asumir tal variedad de disfraces, que acaban por delatarlo como lo que realmente es. En Montevideo se hacía pasar como un experto en “asuntos financieros”, asesorando a la embajada de Estados Unidos; pero dos años más tarde mostraba credenciales de la Drug Enforcement Administration.

En 1974, después de su fecunda estancia en Chile, el trío siniestro apareció en Lima. Entonces era presidente Juan Velasco Alvarado, quien pese a su uniforme de general, encabezaba un gobierno democrático. Esta modalidad evidentemente despertó las preocupaciones de Washington. Pero en agosto de 1975 las cosas mejoraron sensiblemente cuando se hizo del poder el general Francisco Morales Bermúdez, quien no tardó mucho en mostrar la encantadora oreja derechista, tan del gusto norteamericano.

Cumplida esta misión, Garibay, Saucedo y McDonald recibieron órdenes de trasladarse a México.

Aquí llegaron en abril de 1976 y siete meses después —como no nos había ocurrido en el último medio siglo—, en México se hablaba sobre la inminencia de un golpe de Estado.

En Red Privada del 28 y 29 de agosto pasado, se describieron algunas de las actividades recientes del coronel Garibay. “Está desarrollando aquí investigaciones que rebasan notablemente las funciones diplomáticas”, dijo esta columna, y agregó: “Abriéndose paso rápidamente por sus propios medios, pero también apoyado por los contactos que le heredó el agente del Pentágono, teniente coronel John E. Stewart Jr., míster Garibay ha comenzado a recabar información sobre cuestiones políticas mexicanas que aparentemente preocupan a la potencia imperial”.

Sin embargo, todo esto puede deberse a una horrible y muy lamentable confusión. Los hechos ocurridos en Uruguay, Chile, Perú y México, quizá no sean otra cosa que una serie de increíbles coincidencias, como a veces se dan en las películas cómicas. Puede ser que Garibay, Saucedo y McDonald a la postre resulten tan inofensivos como Groucho, Harpo y Zeppo Marx.

O finalmente deba reconocerse que no son más que tres infortunados turistas norteamericanos, que desde hace cuatro años han corrido con la mala suerte de que donde ellos se presentan, algo malo ocurre al gobierno local.

Ante esa eventualidad, el columnista anticipa sus disculpas.
El Universal, 25/IX/78

 

STERNFIELD, JEFE DE LA CIA EN MEXICO
Lawrence Sternfield, de 52 años, es el actual jefe de la CIA en México. Su personalidad encubierta es la de “agregado” dentro del grupo de 42 funcionarios diplomáticos que el Gobierno de Estados Unidos acreditó aquí oficialmente en julio de 1977, con el embajador Patrick Lucey a la cabeza.

Esta primicia informativa puede ser entregada hoy por el columnista a los lectores después de una prolongada y cuidadosa indagación en fuentes altamente calificadas. Esto incluye los servicios de inteligencia y contraespionaje de por lo menos tres países latinoamericanos.

El señor Sternfield lleva 27 años al servicio de la CIA, después de haberse desempeñado como periodista y publicista. Su salario está ahora en la cúspide de los empleados federales; y es el oficial de más alto rango de la Central Intelligence Agency en América Latina.

Phillip Agee, el enviado de la CIA que desde 1974 ha estado publicando información sobre la agencia, en su más reciente libro —“Dirty Work”, que hace dos semanas se puso a la venta en las librerías de Nueva York y Washington, a 24 dólares—, afirma que es Thomas Polgar el hombre a cargo de la estación de la Central Intelligence Agency en México. Pero el señor Agee está atrasado de noticias. Una de dos: cuando Agee preparaba su libro aún no se efectuaba el cambio... o ciertos compromisos que aún subsisten con la CIA, obligan a Agee dar información obsoleta, que ningún daño real cause a “la compañía” en sus actividades contra nuestro país.

(Adicionalmente: Agee da como domicilio de Polgar en la ciudad de México, el número 445 de las calles de Alcázar de Toledo en Lomas de Chapultepec, y como teléfono el 596-27-19. Aclara en su libro que estos datos los extrajo del directorio diplomático. Polgar figuró, efectivamente, como “ataché” en el personal que comandó el anterior embajador Joseph J. Jova; pero de aquel domicilio se mudó hace tiempo. Una fuente, que no puede ser identificada, dijo al columnista que, a su entender un individuo apellidado Bernal se habría hecho cargo interinamente de la agencia antes de la llegada de Sternfield).

El 28 de agosto pasado, Red Privada publicó el siguiente comentario:

“Uno podría preguntarse si el coronel Raúl A. Garibay es el nuevo jefe de la CIA en México. Si no lo es, un pato ha dejado de parecerse a otro pato; o quizá ‘la compañía’ está tratando de operar en nuestro país con una águila de dos cabezas”.

Al día siguiente, la columna insistió:

“El coronel norteamericano Raúl A. Garibay —de quien ayer preguntábamos si es el nuevo jefe de la CIA en México o su lugarteniente—, está desarrollando aquí investigaciones que rebasan notablemente las funciones diplomáticas de un pacífico agregado militar".

(También publicó Red Privada —septiembre 25—, los antecedentes de Garibay: participante en los golpes de Uruguay, Perú y Chile, y en “una buena tentativa” de lo mismo en México, a fines de 1976. Se dijo que Garibay viajaba siempre acompañado de dos agentes civiles apellidados Saucedo y McDonald).

Por aquellas fechas el columnista conocía ya la verdadera identidad de Sternfield; pero consideró necesario observar las reacciones de Garibay, para precisar mejor algunos detalles. En fin de cuentas, se trataba de establecer una auténtica perogrullada: que Garibay como agente del Pentágono, y Sternfield como jefe de la CIA en México, trabajan al unísono. He ahí el águila de dos cabezas. Y también, una prueba del acierto que el presidente

Cárter tuvo en febrero de 1978, al poner la dirección mundial de la CIA en manos del almirante Stanfield Turner, al tiempo que le entregaba el mando supremo de las otras ocho organizaciones de espionaje y subversión: FBI, National Security Agency, Treasury Department Intelligence, etc. Como recordarán los lectores de cables internacionales, el Gobierno de Washington informó oficialmente que cada uno de esos organismos conservaba un director propio al frente, pero todos habían quedado, según las órdenes presidenciales, bajo la coordinación del almirante Turner.

Así, en México se ha evitado que el agregado militar de la embajada tire por un lado y el jefe de estación de la CIA por el otro. En espléndida muestra de unidad operativa —ésa sí es reforma administrativa—, Pentágono y CIA se dan la mano en México para cumplir la parte que les corresponde en ese desiderátum que bellamente expresó el presidente Carter, cuando visitó las oficinas de la agencia en Langley, el 17 de agosto del año pasado: “Ustedes han facilitado mi obra; hacen una labor estupenda. Todos ustedes representan la disposición y el compromiso”.

Mañana ofreceremos a los lectores algunos datos sobre la actividad del señor Lawrence Sternfield, que incluye actos de terrorismo en Santiago, Río de Janeiro, La Paz, Miami y la ciudad de México.
El Universal, 12/X/78

 

STERNFIELD, REVOLVER
Lawrence Sternfield —descubierto ayer por esta columna como el actual jefe de la CIA en México—, no sólo es “el oficial de más alto rango en América Latina”, según ya se dijo, sino uno de los funcionarios con mayor importancia mundial. Antes de recibir su nueva asignación, era jefe de Operaciones de Contrainteligencia; residía en Europa y su poder se extendía a los cinco continentes.

Este último dato, por sí solo, revela el gran interés que tiene la CIA en México. Evidentemente, nos hemos convertido en una de las prioridades de “la compañía”.

Pero el señor Sternfield es, fundamentalmente, el experto número uno de la CIA en cuestiones mexicanas, cubanas, del Caribe y en general latinoamericanas. Su eficacia es tal que sobre la culata de su revólver podría hacer más de un centenar de muescas, correspondientes a otros tantos enemigos de la democracia que violentamente abandonaron este mundo por designios del señor Sternfield.

Podría decirse de él lo que Nixon dijo en elogio de un anterior jefe de la CIA en México, después de condecorarlo por una buena cantidad de homicidios en Vietnam: “Es uno de los defensores más bravos del mundo libre”.

Sin embargo, pese a toda su devoción por esta causa, el señor Sternfield fracasó en sus repetidos intentos para retirar de la circulación mundana a su principal objetivo: Fidel Castro. En México, al menos un castrista fue asesinado por los comandos de Sternfield. Pero éstos fallaron lamentablemente en un plan para secuestrar al hijo del líder obrero Fidel Velázquez.

A continuación, en apretada síntesis, presentamos la historia de algunas de las hazañas de este aguerrido “defensor del mundo libre” que ahora despacha en el número 305 del Pasco de la Reforma.

El señor Sternfield comenzó a prestar sus servicios a la Central Intelligency Agency en 1951, y nueve años después le encomendaron su primera misión importante en La Paz. Bolivia. Ahí tuvo que ver a lo largo de la década de los 60, con los golpes militares que han consolidado en ese país un bastión muy sólido de la democracia y de la cultura occidentales, así como el Imperio de las corporaciones norteamericanas en la explotación de las minas.

Su genio y movilidad le han permitido atender varias plazas casi simultáneamente y así, aparte de sus servicios en Bolivia, se registran otros en Brasil. Pero en la siguiente década, su mérito mayor consiste, sin duda alguna, en trabajar por la entronización del general Pinochet en el Gobierno de Chile. Antes de esa fecha, el señor Lawrence Sternfield había llevado su oficina principal a Washington y en las nóminas secretas de la CIA figuraba como jefe de Operaciones Cubanas.

No deja de ser sorprendente que haya sido conservado a cargo de esta especialidad, después del sonado fracaso de la invasión de Cuba, en abril de 1961, El señor Sternfield participó directa y destacadamente en la organización de esto que, en fin de cuentas, se convirtió en el mayor fiasco histórico de la CIA, desde su fundación.

Sternfield jefaturaba la oficina de la CIA en Miami, considerada en esos tiempos como una de las más grandes del mundo. Después de la derrota de Bahía de Cochinos nuestro personaje participó en el diseño de por lo menos 24 tentativas de asesinato contra Fidel Castro, hasta 1971. Una de estas tentativas lo llevó a contratar servicios de la Mafia, que designó a sus expertos Sam Giancana, John Rosselli y Santos Trafficante. Sam Giancana y Roselli fueron asesinados en 1976, antes de que tuvieran tiempo de contar a una comisión del Senado los detalles de su contrato con la CIA.

Como el señor Sternfield es un americano de casta, los fracasos no hacen otro efecto en él que alentarlo a nuevas acciones. Así» durante los años de 1976 y 1977, se dedica a golpear al enemigo cubano donde quiera y como quiera que le fuese posible. El 6 de octubre de 1976 obtuvo uno de sus grandes éxitos cuando “sus muchachos” lograron dinamitar un avión y dar muerte a 73 enemigos de la democracia. Pero como parece ser que Sternfield no tiene un pacto perfecto con la buena suerte, algunos de sus mejores elementos fueron aprehendidos. En Venezuela continúa en prisión el médico pediatra y asesino profesional, doctor Orlando Bosch, principal jefe de los comandos formados por Sternfield entre los “gusanos” de Miami. Así mismo, se implicó en este múltiple asesinato a los hermanos Ignacio y Guillermo Novo, a quienes después se encontró culpables de haber participado en la conjura para asesinar a Orlando Letelier, exministro de Allende.

En la edición del lunes —si usted no se halla aún suficientemente aburrido con estas historias—, recordaremos algunas de las más notables hazañas consumadas por las brigadas de Sternfield en México.

Estas glorias de la CIA incluyen un asesinato en Mérida y la colocación de bombas en la ciudad de México. Pero desgraciadamente —por ese signo adverso que parece impedir a Lawrence Sternfield el éxito total—, también se registran notorios fracasos.
El Universal, 13/X/78

 

CIA Y “GUSANOS”
Al ser designado nuevo jefe de la CIA en México, Lawrence Sternfield se encontró con un país que ya le era familiarmente conocido: pero no sólo por el dossier que le había preparado el coronel Raúl A. Garibay, agente del Pentágono, quien trabajó activamente durante 1976 en la conjura para un golpe en nuestro país, mezcla de cuartelazo y de asalto de la reacción. ( Red Privada, 28 y 29 de agosto; 25 de septiembre del presente año).
Sternfield había ordenado diferentes acciones de la CIA en México, ejecutadas a través de las organizaciones terroristas de Miami, al mando del doctor Orlando Bosch (citamos ayer el nombre de Bosch en relación con el atentado que sufriera un avión cubano de pasajeros en octubre 6 de 1976 y que ocasionó la muerte de 73 personas).
Estas son algunas de las acciones principales diseñadas y dirigidas por el superagente de la CIA en relación principalmente con nuestro país, al que finalmente ha llegado como jefe de estación:
*El 28 de noviembre de 1975, una poderosa carga explosiva con detonador duplicado, destruyó el automóvil del embajador de Cuba en México, señor Fernando López Muiño. La bomba estaba evidentemente destinada a servir de advertencia.
*En abril de 1976, Sternfield convocó en San José, Costa Rica, una gran convención de “exiliados cubanos”. Con base en los membretes “Acción Cubana”, “Movimiento de Recuperación Revolucionaria”. “Frente de Liberación de Cuba”, “Grupo S-14”, “Alpha 66”, “Jóvenes de la Estrella” y “Movimiento Nacionalista”, la CIA constituyó el Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) y nombró coordinador general al médico de niños y asesino profesional, doctor Orlando Bosch. Sin embargo, conservó sueltos otros grupos terroristas como los llamados “Comando Abdalá”, “Halcones Dorados” y “Acción Sindical Independiente”.
*El 23 de julio de 1976, el CORU envió a México un comando para secuestrar al cónsul cubano en Mérida. Formaban parte de este grupo terrorista, los señores Orestes Ruiz, cubano, y el ciudadano norteamericano Gaspar Eugenio Jiménez Escobedo. Fallaron en el secuestro, pero asesinaron al secretario del cónsul, señor Artagnan Biass Biass. El apoderamiento del cónsul ―a quien pensaban asesinar―, tenía por objeto presionar al Gobierno de México para que pidiese a Fidel Castro la liberación de Hubert Matos y Eloy Gutiérrez Menoyo.
*Sternfield y Bosch concedieron escasas probabilidades a su proyecto en favor de Matos y Gutiérrez; y, en realidad, supusieron que una gran movilización policiaca hacia Mérida por el secuestro del cónsul cubano, favorecería la actividad de otro comando ya infiltrado en la ciudad de México para dinamitar el edificio de la embajada de Cuba.
*Como se sabe, después del asesinato de Biass, fueron aprehendidos Orestes Ruiz Hernández y Gaspar Eugenio Jiménez Escobedo. Este último se fugó el 21 de marzo de 1977 en compañía del narcotraficante colombiano Carlos Estrada Ortiz. La CIA proporcionó dinero suficiente para un cuantioso soborno entregado a dos celadores del reclusorio Oriente.
*El 26 de julio de 1977 —fecha que pone nostálgicos a los “gusanos” de Miami, porque es el aniversario de la Revolución Cubana—, el señor Sternfield y el doctor Bosch enviaron a México a dos comandos. Mientras unos excavaban un túnel hacia el reclusorio Oriente para rescatar a Orestes Ruiz Hernández, otro grupo de expertos en asesinatos y manejo de explosivos se aprestaban a volar con dinamita la embajada de Cuba y las oficinas de su empresa de aviación. Pablo Sarduy y Pablo Sánchez, dos de los integrantes de este comando, recibieron un encargo especial: secuestrar al hijo de Fidel Velázquez, y apoderarse de un avión de Aeroméxico.
Pero el señor Lawrence Sternfield no contaba con que estos planes —cuidadosamente elaborados en el 5250 de SW2 Street de Miami—, iban a ser desbaratados por unos cuantos gendarmes mexicanos.
El Universal, 16/X/78

 

LA CIA SABE DE USTED
El señor Patrick Joseph Lucey, embajador extraordinario y plenipotenciario de Estados Unidos en México, parecía encontrarse frente a serias dificultades, en agosto pasado. Contrariamente a lo que podía esperarse, sus dificultades habían surgido entre miembros de la propia comunidad de estadounidenses en nuestro país.

Un extenso despacho publicado el 30 de agosto por The Wall Street Journal dio cuerpo a ciertos rumores que circulaban insistentemente. La nota del influyente diario comenzaba así: “En una época en que las relaciones con México son consideradas cruciales para Estados Unidos, el embajador en México, Patrick J. Lucey, tiene otro grave problema en sus manos. El exgobernador de Wisconsin provocó la hostilidad de muchos empleados de la embajada, así como de los hombres de negocios estadounidenses en esta ciudad”.

Según el periódico del famoso barrio financiero de Nueva York, Patrick Lucey había despedido a cierto número de empleados y funcionarios de la embajada, tan pronto como se hizo cargo de ésta en julio de 1977. Tales despidos habían hecho bajar sensiblemente la eficiencia, porque aquellas personas estaban allí desde hacía tiempo, a causa de “sus conocimientos de los asuntos mexicanos”.

The Wall Street Journal agregaba cáusticamente: “Ambos grupos resintieron el nombramiento de Lucey, ya que esperaban que fuera designado un diplomático de carrera, con grandes conocimientos de la situación mexicana; pero en su lugar mandaron a un político. Ahora se quejan de que el canoso embajador, además de su inexperiencia, le falta juicio”.

Pese a esta y otras acusaciones, no era fácil en esos días redondear un juicio sobre la actividad de Lucey y su significado en México. Él se defendía diciendo: “Creo sinceramente que el gobierno mexicano desea la clase de embajador que soy: alguien que tiene la confianza del presidente Carter”.

Por otra parte, algunos periodistas mexicanos, que no se distinguen precisamente como proyanquis, hacían entrevistas a Lucey y encontraban en él a un viejo y afable liberal de Wisconsin, bastante dispuesto a pasar por ligeramente progresista.

Otros observadores, empero, estaban dedicados a examinar un extraño endurecimiento de la embajada en cuanto al otorgamiento de visas para mexicanos perfectamente documentados.

Ese endurecimiento llegó a extremos tales que bien pronto tomó las características de una actividad típicamente macartista.

Un experiodista mexicano, que actualmente es funcionario del gobierno, había viajado a Estados Unidos innumerables veces durante los últimos veinte años, con absoluta libertad. Cada vez que por sus tareas periodísticas solicitaba el visado, se le concedía sin dilaciones y por amplios períodos.

Este año, sin embargo, poco tiempo después de haber llegado Lucey, una nueva visa le fue negada sin más explicaciones. Cuando insistió, un empleado de la embajada le hizo esta sorprendente revelación: en su expediente constaba que a los 15 años de edad, cuando estaba terminando la secundaria en una escuela de provincia, había participado en “un motín dirigido por el Partido Comunista”.

Este mexicano ―que de filocomunista tiene lo mismo que el señor Lucey de mandarín—, trató de recordar cuáles habían sido sus actividades de adolescente, 35 años atrás; y reconoció que, en efecto, alguna vez se echó a la calle, junto con otras docenas de muchachos en algaradas que terminaban con algunos letreros pintados en los camiones o en las paredes de la propia escuela. Jamás supo que de cerca o de lejos, el Partido Comunista hubiera estado dirigiendo esas inocentes y fugaces manifestaciones estudiantiles.

Sin embargo el experiodista y ex “alborotador” tuvo que reconocer la eficacia de los servicios de inteligencia de la embajada, tan capaces de registrar los hechos y dichos de un adolescente, alumno de escuela secundaria, en una pequeña ciudad de la provincia mexicana.

Cuando casos como éste se multiplicaron, los observadores comenzaron a llegar a alguna clase de conclusiones y lo hicieron definitivamente cuando este columnista reveló que Lawrence Sternfield, encubierto bajo el estatuto diplomático de “agregado” en el staff de Lucey, era en realidad un gran personaje de la CIA y el jefe de la estación en México.

Los observadores consideraron probable que las absurdas restricciones en el otorgamiento de visas habían sido impuestas por el nuevo jefe de la CIA, señor Sternfield, aún a costa de contribuir a la impopularidad del embajador Lucey.

Por supuesto se valorizó adecuadamente la circunstancia de que en la embajada de Estados Unidos existan varios miles de expedientes sobre ciudadanos mexicanos, a quienes eventualmente y casi a capricho, puede hacerse objeto de una calumnia macartista, al punto de impedirles el ingreso a Estados Unidos, lo cual conllevaría en muchos casos daños graves a los intereses personales y sociales de esos ciudadanos mexicanos.

La recopilación de informes —verídicos o falsos— sobre millares de personas y por períodos de 25 o más años, es una prueba patente de que en México los organismos norteamericanos de espionaje están trabajando con más personal que en ningún otro país, probablemente.

Esto explicaría por qué algunos altos funcionarios del gobierno mexicano niegan que haya aquí espías de Estados Unidos: son tantos, que ya resulta muy difícil distinguirlos.
Excélsior, 14/12/78

 

EPISODIO EN MIAMI
Lawrence Sternfield, descubierto y denunciado desde el 12 de octubre de 1978 como jefe de la CIA en México, continúa aquí. El embajador Patrick Lucey lo conserva entre los 42 miembros de la representación diplomática de Estados Unidos; pero al gobierno de México se le ha ocultado el domicilio de Sternfield.

El dato de que este “big shot” de la CIA permanezca en México es interesante por dos razones: primera, porque demuestra que la mayor agencia estadounidense de espionaje y subversión actúa con pasmosa tranquilidad en nuestro país: y segunda, porque Sternfield tuvo que ver con lo que ocurrió o dejó de ocurrir en Miami durante la visita del presidente López Portillo.

Hasta ahora había sido práctica usual de la CIA retirar inmediatamente a un jefe de estación cuya identidad hubiese sido descubierta y publicada. En el caso de México pues, se está procediendo contra la costumbre y detrás de este hecho pudiera haber razones que eventualmente atrajeran la mirada de las autoridades superiores de nuestro gobierno.

Adicionalmente, puede informarse que tampoco ha sido retirado el agregado militar de la embajada, coronel Raúl A. Garibay, cuyas actividades dentro del campo de la inteligencia ―y fuera, por tanto, de las limitaciones de una representación diplomática― también han sido expuestas a la publicidad. Garibay, sin embargo, privadamente ha dicho que cuanto él realiza en México obedece a órdenes del Pentágono, pero no de la CIA. La información sobre Sternfield jamás ha sido refutada.

Cuando se incluyó la visita a Miami en el itinerario de López Portillo, algunos observadores externaron su sorpresa. Recibir un título honoris causa de una universidad que no figura en los registros de los centros educativos de excelencia, no pudo ser considerado causa bastante para un desplazamiento del Jefe de Estado mexicano hacia un lugar sobre el que eventualmente podría ser objeto de demostraciones desagradables.

De cualquier cosa que hubiese ocurrido en Miami, sólo se hubiese podido culpar a una entidad: la CIA. Para nadie es un secreto que en Miami no se mueve la hoja de un árbol si no es con la autorización de la agencia. Prácticamente todos los exiliados cubanos son en un grado u otro, empleados o becarios de la CIA. Hace tres semanas el periodista Rafael Cardona dio a conocer que la agencia destina un presupuesto anual equivalente a 1,700 millones de pesos para las actividades de los “gusanos”.

En los primeros días de septiembre, la CIA había tratado de organizar con sus vermiformes una convención paralela a la reunión de los No Alineados en Cuba. Las órdenes para la convención verminosa y sus hilos de organización prácticamente partieron de Lawrence Sternfield, cuya vinculación con los exiliados dura ya casi 20 años.

En abril de 1961, Sternfield participó directa y destacadamente en la fracasada invasión de Bahía de Cochinos: después, y hasta 1971, el cerebro de Sternfield estuvo detrás de las 24 tentativas de asesinato contra Fidel Castro. El 6 de octubre de 1976 los “gusanos” de Sternfield, encabezados por el médico pediatra y asesino profesional Orlando Bosch, dinamitaron un avión cubano de pasajeros y dieron muerte a 73 personas.

Sternfield tampoco fue ajeno al asesinato de Orlando Letelier, exministro de Allende. Para este crimen contrató la CIA a los hermanos Ignacio y Guillermo Novo Sampol.

Durante la convención verminosa de principios de septiembre, los periódicos que se editan en Miami bajo responsabilidad de organizaciones de exiliados y patrocinio de la CIA, publicaron muy graves injurias contra el presidente López Portillo, principalmente por el hecho de haber recibido la visita de Fidel Castro.

Con todos estos antecedentes, se estimaba la posibilidad de que a la llegada de López Portillo a Miami, los “gusanos” organizaran algunas demostraciones de hostilidad cuya intensidad fuese reflejo de la valorización que la CIA hubiese hecho sobre el resultado de las pláticas del presidente mexicano con Carter.

En fin de cuentas, no ocurrió nada importante, excepto un ridículo episodio. Cuando López Portillo abandonaba la universidad y estaba a punto de abordar su automóvil, una señora, de aproximadamente 45 años, ataviada con un vestido de chillantes colores y costosa manufactura —además unos extravagantes anteojos que le ponía en el rostro un toque carnavalesco—, trató de interferir el paso. Al ser contenida por “G-Men”, demandó a gritos la liberación de “presos políticos cubanos en México”.

El presidente López Portillo se acercó a ella, le tendió la mano y le dijo: “No hay ninguno, m’hija”.

Había sido evidente, pues, la torpeza del libretista de la CIA que escribió para la señora un parlamento tan breve como equivocado.
Excélsior, 4/10/79

 

PARAISO MEXICANO
En la primera edición de Excélsior-New York Times Weekly Review —que circuló el lunes pasado— publiqué una historia que no deja de tener su encanto. Juzgue usted mismo:

“Devan Jones, de 56 años, tiene apariencia de ser sólo uno de los muchos norteamericanos que viven apasiblemente en los pintorescos pueblecillos que rodean el lago de Chapala, seiscientos
kilómetros al este de la ciudad de México. Pero hay algo que lo hace diferente: él es un agente de la CIA.
“Esta es la primera vez que la identidad del señor Jones es revelada en público; pero es muy improbable que la tranquilidad de este ciudadano norteamericano vaya a ser alterada por la publicación de este artículo. En otros países, cuando la identidad de un hombre de la CIA es descubierta por la prensa, usualmente encuentra suficientes razones para salir precipitadamente con rumbo desconocido.
“En México las cosas son distintas para la CIA, afortunadamente. Tan bizarra institución merece tener al menos un lugar seguro en el planeta, además del territorio de los Estados Unidos. Phillip Agee dice que en México existe la más grande de las “estaciones” de la CIA. Esto tal vez sea una exageración; pero a ningún mediano conocedor cabe la más pequeña duda de que el gobierno de Washington ha puesto en México un numeroso campamento de espías.
“Esta prioridad obedece a varias circunstancias. Obviamente a la muy gorda evidencia de que el Tío Sam tiene que estar asomándose continuamente, para ver que no suceda nada desagradable a sus intereses en el patio del tropical vecino. Otra razón consiste en que, por esta vecindad, México es como un cruce de los caminos del espionaje internacional. Aquí hay espías de todas las nacionalidades que usted pueda citar de memoria en un minuto: soviéticos, árabes, israelíes, alemanes de las dos Alemanias, británicos, etcétera. Sospecho que pudiera haber hasta algún espía portugués y otro italiano.
“Algunos de estos agentes no son espías, propiamente. Son vendedores de armas por cuenta de sus respectivos gobiernos o de empresarios particulares. Por ejemplo, los representantes de fábricas españolas o judías; en ambos casos los respalda su gobierno, y gracias a eso establecen estupendos contactos con los países centro y sudamericanos.
“Pero volvamos al señor Jones. Mide 1.75 de altura; pesa entre 75 y 80 kilogramos. Ojos azules, nariz regular y pelo canoso, lacio. Hasta donde se sabe fue uno de los agentes de la CIA que más activamente trabajó para el golpe militar que derribó al presidente Salvador Allende.
“Cuando vivía en Chile, Jones se casó con una mujer nativa;
pero la abandonó tan pronto como hubo concluido la misión secreta. Al llegar a México también tomó en matrimonio a una nativa. Dijo que ésa era aquí una de las formas más sencillas de conseguir sirvienta gratis. La señora Jones actual tiene 30 años, y aportó al matrimonio dos hijas de 8 y 10 años.
“El señor Jones vivía el año pasado en la calle de José Santana número 196, en el pueblecito de Jocotepec, unos 60 kilómetros al sur de Guadalajara; pero había puesto en venta esta casa —al precio de 50 mil dólares— para adquirir otra más grande.
“En octubre de 1978, yo escribí una amplia nota para probar que el jefe de la CIA en México es el señor Lawrence Sternfield. Interrogado por periodistas, el embajador Patrick Lucey dijo que no haría comentarios; pero conservó a Sternfield en la lista del personal diplomático acreditado ante el gobierno mexicano. En octubre pasado Sternfield continuaba ahí. Esto demuestra simplemente que el señor Jones puede continuar disfrutando de su apacible retiro en Jocotepec; o movilizarse desde ahí a donde la CIA ordene, si es que no se trata de un jubilado. Esto último parece ser lo más probable, no tanto por aquello que dijo un director de la institución ― quien ha sido una vez de la CIA, lo seguirá siendo hasta su muerte’ ―, sino porque el señor Jones hace constantes y misteriosos viajes a los Estados Unidos”.

Hasta aquí el relato servido al público de habla inglesa en México para el que está destinado este interesante resumen semanal del Excélsior-New York Times Weekly Review que usted podrá adquirir por sólo 20 pesos cada lunes, en su puesto de periódicos.

Un lector y amigo —los hay que son ambas cosas, aunque parezca increíble me preguntó si yo había escogido este tema sólo por molestar a los norteamericanos o para probar que aún puedo cazar a un agente de la CIA de vez en cuando. Sí y no. Sí creí que resultaría apropiado hablar de una prestigiosa institución norteamericana, como la CIA, en relación con sus actividades dentro de nuestro territorio, precisamente al iniciarse una nueva publicación destinada a la gente que habla inglés; también, cuando se acerca el invierno y está a punto de abrirse la temporada de caza me invade la nostalgia.

Pero no hubo intención alguna de molestar a nadie ni de hacer vanos alardes. De hecho, ningún ciudadano norteamericano, especialmente si es agente de la CIA podría sentirse ofendido o amenazado por una publicidad como ésa. El “mexican paradise” es cada vez más generoso y seguro. Uno de los principales espías que denuncié hace tiempo, prosperó unto a raíz de esto que ya es propietario de lo que comienza a ser una pequeña cadena de restaurantes de lujo, para la cual ha dispuesto de unos tres o cuatro millones de pesos, por lo pronto. Muchas personas, inclusive funcionarios, encuentran divertido y hasta emocionante ir a esos restaurantes, para averiguar si hay micrófonos dentro de los saleros.

Y en cuanto a los alardes, ¿para qué hacerlos si descubrir e identificar a un agente de la CIA es tan sencillo ahora como asestarle un cacahuatazo al elefante más manso de Chapultepec?
Excélsior,  9/XI/79

 

LA CIA Y EL CONACYT
El columnista hubiera preferido no verse en la necesidad de formular la siguiente pregunta: ¿Existen relaciones entre la CIA y el Conacyt de México, y, en tal caso, cuáles son exactamente la naturaleza y alcances de tales relaciones?

La aversión a formular la pregunta deriva de la consideración a mexicanos distinguidos que trabajaron y trabajan en el Conacyt, y que pudieran sentirse personalmente injuriados ante el solo hecho de que se plantee esta cuestión. Pero la necesidad se hace presente porque el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología acaba de publicar, subsidiariamente y en confusas circunstancias, un estudio de la Agencia Central de Inteligencia, elaborado obviamente dentro del vasto contexto de agresiones, presentes y futuras, a nuestra seguridad nacional.

Acríticamente, sin juicio ni opinión propia, sin análisis ni advertencia de ninguna clase, sino en forma auxiliar y dependiente, el Conacyt ha tomado el estudio de la CIA y ha lanzado tres mil ejemplares a la circulación.

Más aún: en la portada como reclamo para los lectores, el Conacyt subraya la grave circunstancia de que se trata de un estudio “preparado para la Agencia Central de Inteligencia de los EE. UU. ”, y a esta línea le otorga una jerarquía tipográfica superior al propio sello editorial de la institución mexicana.

El título de la obra es: “Campos petroleros gigantes y recursos mundiales de petróleo”. A manera de subtítulos se anotan la línea transcrita y esta otra: “R-2284-CIA, Richard Nehring, junio 1978”. El formato de la portada y su ilustración corresponden exactamente a las características de la edición en inglés, que según los registros y reservas de derechos, estuvo a cargo de la Rand Corporation, a la que pertenece Nehring y a la cual la CIA entregó el contrato de investigación.

Todo lo que el Conacyt explica está en una brevísima nota en la contraportada:

“Este es un informe especialmente preparado por la Rand Corporation, para la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA). Las investigaciones fueron desarrolladas por Richard Nehring en torno a dos puntos principales: 1) suministrar una descripción detallada y lo más clara posible de los recursos mundiales de petróleo crudo y 2) proveer de un cálculo aproximado explícitamente razonado de los recursos mundiales de petróleo crudo finalmente recuperable.
“Los resultados del trabajo de Nehring condujeron a este informe, que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología ha estimado de importancia publicar, pues constituye una aportación a los estudios de los recursos de petróleo, además de ser una obra básica de referencia sobre el petróleo que hay en el mundo”.

Según esta nota de cuarta de forros, el propósito de Conacyt parece inocente... excepto por una pequeña circunstancia: nada de cuanto atañe o se refiere a la CIA es o puede ser inocente. Todo aquello que la agencia toca, encarga o maquina está marcado por un origen: el de la propia CIA. Creada hace 33 años como uno de los organismos fundamentales del espionaje norteamericano, no sólo ha funcionado como un ladrón en la noche que se introduce en la casa ajena para cometer hurtos, sino también un asaltante alevoso que agrede a pueblos y gobiernos, mediante la corrupción, la desestabilización de sus instituciones, el sabotaje y aun el magnicidio o el asesinato de líderes sociales.

La historia de la CIA esta jalonada por crímenes de variada índole, pero que son los más graves y aversivos que se hayan perpetrado en la historia del espionaje mundial. Ninguna estimable institución de cultura superior en cualquier país que se respete a sí mismo podría considerar que se enriquece en lo moral o lo académico publicando subsidiariamente trabajos de la CIA o para la CIA, porque esa labor editorial —en la que se invierten recursos de un pueblo tantas veces víctima de la propia agencia— de un modo muy claro significa un aval académico, moral y aún político, para una de las más abominables invenciones del imperialismo. La Central Intelligence Agency jamás podrá ser tocada “asépticamente”.

Sólo un sordo profesional, un ciego por conveniencia o un demente fingido podría tratar a la CIA como si fuese un apacible e inofensivo miembro de la comunidad científica y tecnológica mundial. La forma inconsulta como Conacyt presenta uno de los más logrados frutos del espionaje norteamericano es lo que verdaderamente debería hacer que se sintieran ofendidos los mexicanos distinguidos que prestaron o prestan servicios al Consejo.

“Este trabajo presenta los resultados de las investigaciones que hasta la fecha ha realizado la Rand Corporation sobre la dimensión y distribución de los recursos mundiales convencionales de petróleo crudo finalmente recuperable. Las investigaciones fueron patrocinadas por la Oficina de Investigaciones Económicas de la Agencia Central de Inteligencia... ”, se dice en el prefacio.

Es lugar común afirmar que gran número de universidades, tecnológicos, colegios e institutos de estudios superiores en Estados Unidos se hallan vinculados a la CIA, tanto porque le “maquilan” investigaciones cuanto porque le adiestran espías o le desarrollan armas para el terror. Pero mucho sorprendería descubrir la misma propensión en nuestro Conacyt. A tal presunción induce la ya descrita edición, y la forma como se destaca en su portada el “crédito” a la CIA como especial timbre de orgullo editorial para nuestro Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Nada de lo anteriormente dicho, sin embargo, restará méritos al trabajo investigador de Richard Nehring, cuya reputación internacional como uno de los más notables expertos en petróleo, no requiere presentación ni encomio.

La CIA no compra basura. Cuando escogió a quien probablemente es uno de los mejores investigadores petroleros de la Rand Corporation, la agencia sabía bien lo que estaba haciendo. El estudio vale cuanto se haya pagado por él, dólar por dólar... inclusive el costo de la edición en español por Conacyt, si es que ésta se hubiera efectuado merced a algún “donativo” o subsidio más o menos disimulado.

¿Qué es lo que buscaba la CIA con esta investigación? ¿Consiguió sus objetivos? ¿Ayudó a estos planes la edición de Conacyt? ¿Prepara Nehring otros estudios o ya los tiene hechos, pero ahora exclusivamente sobre los recursos energéticos de nuestro país? ¿El confundido Conacyt habría prestado alguna otra clase de cooperación a este nuevo miembro de la comunidad científica y tecnológica mundial llamada CIA?

En un siguiente comentario trataremos de responder precariamente a tan complejas cuestiones. Otras quedaran para que las contesten las autoridades.
Excélsior, 3/1/80

 

 

 

POKER CON LA CIA
La investigación de la CIA a la que nos referimos ayer ―“Campos petroleros gigantes y recursos mundiales de petróleo”— obviamente tuvo por objeto entregar valiosísima información estratégica al gobierno de Estados Unidos, pero también reventar por dentro la capacidad de negociación de las naciones poseedoras de petróleo frente a la potencia imperial y sus asociados.
Definir, ubicar, cuantificar, “calendarizar” y describir en detalle las reservas petroleras de ciertas naciones, equivale en estos momentos a que en un juego de póker dominado por un fullero profesional, éste se las hubiese arreglado para espiar las cartas de sus oponentes.
Aunque expertos como el ingeniero Jorge Díaz Serrano sostengan públicamente que en el petróleo no puede haber secretos, lo cierto es que si mundialmente se considera que este energético es una poderosa carta de negociación, ello se debe a que por lo menos en algunos aspectos claves el secreto o el semisecreto sí existe. Por ejemplo, la sola declaración de que una de las principales naciones productoras ha elevado la cuantía de sus reservas probadas, inmediatamente ocasiona diversas reacciones, incluso movimientos en el mercado de las ventas especulativas. La definición que los gobiernos toman, libre o forzadamente, en cuanto a sus plataformas de explotación, es otro de los hechos cuyo anticipado conocimiento beneficia grandemente a las naciones ávidas de petróleo, como Estados Unidos.
La potencia imperial desea conocer “un cálculo aproximado, explícitamente razonado, de los recursos mundiales de petróleo crudo finalmente recuperable”, como dice el estudio que realizó Richard Nehring, de la Rand Corporation, por encargo de la CIA.
Y dentro de estos cálculos aproximados en todo el mundo, el que más importa a Estados Unidos es, por supuesto, el que se refiere a México.
Habremos de repetir, retomando y compartiendo plenamente la opinión expresada por muchos otros mexicanos, que lo que ahora interesa a Estados Unidos no es tanto que México aumente inmediatamente su plataforma de producción petrolera, sino que descubra más y más sus reservas, tanto probadas como probables y potenciales.
Para lograr esto, Estados Unidos tiene dos caminos: uno, el que le facilitan la arrogancia o la imprudencia de ciertos funcionarios que se complacen en proclamar, con temerarios alardes, aumentos frecuentes y sustanciales de las reservas; otro, el que le abren trabajos de investigación realizados por sus agencias de espionaje como la CIA, por medio de expertos contratados al más alto pero redituable de los costos.
Es decir, la conversión de México en la tercera potencia petrolera mundial es una prioridad que persigue, frenéticamente Estados Unidos. Y si lo consigue, a juicio de por lo menos algunos iconoclastas mexicanos, es exactamente lo peor que históricamente pudiera ocurrimos.
Dentro de esa estrategia general norteamericana, se inscriben esfuerzos inteligentes y sólidos como el multicitado estudio de la CIA, que poderosamente contribuye a obstruir cualquier táctica de negociación que ulteriormente pretendiera desarrollar México, manejado controladamente conforme a sus intereses nacionales, las relaciones cuantitativas y cualitativas de los variados elementos que se contienen en una verdadera política petrolera. “Los cálculos prudenciales de los recursos petroleros mundiales finalmente recuperables tienen una considerable trascendencia política”, dice gozosamente la CIA en el prefacio al estudio de Richard Nehring y acierta plenamente la organización del espionaje norteamericano, porque el libro revela que en los años 70’s, los campos gigantes de México representan casi la mitad de los nuevos recursos petroleros descubiertos en todo el mundo.
Reunir toda esta información estratégica —de tan alto valor político en estos momentos, pero sobre todo para el cercano futuro— era uno de los grandes objetivos. El otro, publicarlo.
Es decir, los propósitos de la CIA no se hubieran visto servidos adecuadamente si el documento hubiera permanecido en sus archivos o circulando limitadamente en unas cuantas copias. Era, pues, absolutamente imprescindible hacer tantas cuantas ediciones fuera posible. Unas en inglés y otras en español. En Estados Unidos, la Rand Corporation, contratista de la CIA, se encargó de la edición en inglés. En México, el Conacyt. Su director, el indescriptible doctor Edmundo Flores, ha prestado, pues, un importante servicio a la CIA.
En el comentario de ayer describimos las “confusas circunstancias” que rodearon la edición realizada por nuestro Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Se expresó también que la publicación había sido realizada “acríticamente, sin juicio ni opinión propia, sin análisis ni advertencia de ninguna clase, sino en forma auxiliar y dependiente”.
También se dieron argumentos, tal vez suficientes, para demostrar que la CIA jamás podrá ser considerada “como si fuese un apacible e inofensivo miembro de la comunidad científica y tecnológica mundial”.
Pero el libro de Nehring, con todo lo importante que es para la estrategia norteamericana, resulta solamente la plataforma de lanzamiento para otro trabajo de espionaje de la CIA que importa mucho más a ellos y a nosotros. En efecto, en círculos restringidos de la academia estadounidense, hace menos de tres meses se han dado a conocer partes del siguiente encargo cumplido por Nehring para la CIA. Se llama “El Petróleo de México y la política de Estados Unidos”.
Sin duda interesará que vastos sectores de nuestra propia academia conozcan este trabajo, pero no en circunstancias que los induzcan a inquietantes dudas sobre el papel crítico que corresponde a nuestro Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Excélsior, 4/I/80

 

TRUCOS EN CONACYT
Don Edmundo parece alegremente dispuesto a que entre colaboradores y críticos le cuelguen todos los alamares que quieran. Esto no se vería inconveniente en vísperas del carnaval, pero existe la penosa circunstancia de que don Edmundo es todavía director de un organismo público, importante para la cultura y el desarrollo de México: el Conacyt.

Instalado en una elegante frivolidad, le ha parecido encantador que las publicaciones del Consejo, fruto de la imaginación y el trabajo de grupos respetables en la comunidad científica, ensayen también un poco de “trivia” o de comedia y hasta desciendan otro tanto hacia los bajos fondos del embuste y la calumnia.

Observadores dentro de aquella comunidad, que no quisieran ver abatidos tan lastimosamente los niveles de las publicaciones del Consejo, comienzan a expresar su preocupación. Una sola impostura, una trápala descubierta en esas páginas, bastaría para cuestionar la validez de otras informaciones y esto, en conjunto, crearía una situación de incomodidad y hasta de indignación entre quienes permiten que sus nombres figuren en los índices de colaboradores permanentes, asesores o comités editoriales.

Pero el caso concreto se ha dado. En la página 27 de “Información Científica y Tecnológica”, No. 14, se despliega un anuncio en que campea escandalosamente la sigla de la Central Intelligence Agency como principal reclamo publicitario para atraer compradores de un libro editado por el Conacyt.

Bajo el grabado que reproduce la portada del libro se hace la siguiente cita:
“Este es un informe especialmente preparado por Richard Nehring. Probablemente uno de los mejores investigadores petroleros de la Rand Corporation... cuya reputación internacional como uno de los más notables expertos en petróleo, no requiere presentación ni encomio... El estudio vale cuanto se haya pagado por él, dólar por dólar... Sin duda interesará que vastos sectores de nuestra propia academia conozcan este trabajo...
“Manuel Buendía, columnista de Excélsior".

Firma el desplegado la dirección de publicaciones del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Se trata, pues, de una acción institucional, autorizada... y perfectamente deliberada como ya habrá descubierto el lector.

Tomar frases fuera de contexto para calumniar a una persona y engañar a otras, puede parecerle el más gracioso de los trucos a don Edmundo. Entregar personalmente los premios de la Coca Cola cada año, también es una muestra de su muy individual código de ética. Pero probablemente sus gustos y preferencias no sean compartidos por quienes sienten un profundo respeto frente a los deberes morales y legales de un editor.
Excelsior, 13/II/80

 

FRONTERA CALIENTE
Una tarde de principios de marzo, en un pequeño restaurante francés de la Zona Rosa, un negro norteamericano, de 25 años de edad, abogado y agente de la CIA, se estaba despidiendo de dos amigos mexicanos. Después de dos años en México, el agente de inteligencia había sido llamado a Washington para rendir un extenso informe sobre el país que conoció de punta a punta.
Había pedido vodka con refresco amargo; los dos mexicanos tomaban whisky. La plática fue un repaso de las observaciones generales hechas por el agente de inteligencia durante esos dos años en México. La corrupción y la “comedia política” parecían ser dos de los datos principales, que, además, lo ponían casi furioso. Según él, la corrupción es una grave enfermedad que invade muchos niveles de la vida pública y privada de los mexicanos, y sus políticos no son otra cosa que unos comediantes que no creen en nada de lo que dicen.
Luego la conversación cayó en asuntos concretos. El agente norteamericano mostró especial interés en Chiapas, extremo sureste de México que colinda con Guatemala. “No me explico”, dijo, “cómo es posible que a estas horas el gobierno mexicano aún no haya reforzado con efectivos del ejército esa zona de la frontera”.
Sus interlocutores mexicanos mostraron sorpresa, y entonces el agente explicó: “Sabemos que está muy próxima a estallar la revolución en Guatemala, y que este incendio alcanzará al territorio mexicano de Chiapas. Nosotros mismos no sabemos qué hacer ahí. Ustedes deberían apresurarse a extraer todo el petróleo que puedan de Chiapas; más adelante quizá ya no lo puedan hacer”.
Y, en efecto, algunas cosas están a punto de suceder en Guatemala y evidentemente afectarán a México. El preludio de esta situación ya se escucha. Por ejemplo, los diarios mexicanos del 23 de marzo publicaron en páginas interiores una breve información sobre el asesinato del coronel Máximo Zepeda, ametrallado por guerrilleros izquierdistas en una carretera solitaria, cuando se dirigía a la ciudad de Guatemala; era el cónsul en Tapachula, la población mexicana más importante cercana a la frontera. Pero los diarios no dijeron que el coronel Zepeda era miembro de la temible organización ultraderechista “Mano Blanca” y que había sido enviado a territorio mexicano para informar acerca de guatemaltecos enemigos del gobierno actual. Lo cierto es que Zepeda estaba sentenciado a muerte, y que su ejecución bien pudo llevarse a cabo en territorio mexicano.
Las referencias que aquella tarde de marzo hacía el agente de inteligencia sobre Chiapas son, en realidad, una pequeña expresión del antiguo y especial interés de los norteamericanos en esta zona del territorio de México. El Instituto Lingüístico de Verano —que un observador llamó recientemente “la CIA religiosa”— lleva más de cuarenta años operando en ese estado de la República Mexicana, y frecuentemente es acusado por intelectuales principalmente antropólogos, de ser un instrumento de penetración y de espionaje entre las tribus indígenas.
Ahora esa región se vuelve cada vez más caliente por los acontecimientos que se avecinan, y ello explica por qué ha aumentado el interés de los norteamericanos.
Excélsior, 8/IV/80

 

LA CIA AMENAZA
Según la CIA, México está favoreciendo “la cubanización del Caribe” y posiblemente marche hacia “una confrontación con Estados Unidos”. Tan pronto como un nuevo presidente norteamericano sea elegido, México tendrá que sufrir un ajuste de cuentas por haber incurrido en los últimos meses en varios desafíos a la potencia estadunidense.
Esta agresiva advertencia fue enviada oblicuamente a nuestro país encubierta bajo el aspecto de un documento de la Universidad de Georgetown; pero no cabe duda acerca de su verdadero origen.
El autor del ensayo “México, ¿Problemas para E. U. A.? ” publicado en The Washington Quarterly, revista oficial del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos en la mencionada universidad, es Daniel James, notorio agente de la CIA, con uno de los expedientes más abultados en los archivos de esta columna.
Hasta hace pocos años los cheques de Washington para Daniel James llegaban a la oficina que la CIA tuvo en la calle de Río de la Plata, teléfonos 533-59-80, 525-33-22 y 514-50-30. En la edición de mañana publicaremos un resumen de las actividades del señor James para la CIA en México. Hoy conviene dar a conocer algunos párrafos del reciente ensayo escrito por James, bajo la cobertura de la Georgetown University.
Hace un par de meses teníamos en el escritorio un ejemplar en inglés. La versión en castellano acaba de aparecer en el número 13 de Contextos, publicación semanal del equipo que dirige el subsecretario de Evaluación, José Ramón López Portillo. A veces sesgadamente, como suelen hacerlo algunos periodistas norteamericanos, y otras con un estilo groseramente frontal, Daniel James expresa el enorme resentimiento de la CIA por la política independiente que en lo internacional está desarrollando el presidente López Portillo, Sobre todo les escuece el apoyo de México a la revolución de Nicaragua y la amistad con Cuba. El canciller Jorge Castañeda es, sin duda, muy mal visto por la CIA y la amargura de ésta por la forma con que nuestro gobierno contribuyó a la caída de Somoza, se trasluce en el lenguaje de James. He aquí el resumen:
“(…) A todo lo largo del área caribeña está ocurriendo actualmente un vuelco hacia la izquierda que podría representar una amenaza múltiple para Estados Unidos, al hacer surgir la posibilidad no sólo de ‘otra Cuba’ a nuestras puertas, sino quizá de dos o más.
“Además, México ha iniciado recientemente una nueva política exterior activista, rompiendo en forma posiblemente irrevocable con su tradicional política de relativa pasividad y neutralidad en los asuntos del Caribe y del Hemisferio. México se ha puesto recientemente al lado de los marxistas de la región. En franco desacuerdo con la política norteamericana, México no considera el posible surgimiento de ‘otra Cuba’ o dos como un desastre, y no ve nada malo en la solidaridad con el régimen sandinista marxista de Nicaragua, a pesar de sus reflejos cubano-soviéticos. La asociación mexicana nicaragüense, podría producir serias repercusiones en el istmo centroamericano, ya arruinado por la violencia fratricida.
“La creciente crisis caribeña es paralela a una crisis en las relaciones entre Estados Unidos y México. Aunque callada, esta tensión contribuye en forma considerable a la dificultad del trato con este país, en momentos en que su fabulosa riqueza petrolera fortalece su nueva orientación política con una gran dosis de machismo.
“(...) El único verdadero freno a los regímenes totalitarios pro soviéticos en Centroamérica, según los últimos análisis, es Estados Unidos. Puesto que su política de apoyo a los moderados, en El Salvador (país clave) no tiene éxito —la misma naturaleza de una sociedad oligárquica inhibe el desarrollo de una clase media lo suficientemente fuerte como para afianzar una posibilidad política moderada— ¿cuál será el próximo movimiento de Washington? Tiene dos opciones, ambas desalentadoras: aceptar una victoria marxista en El Salvador (y con ella la probabilidad de que Guatemala se transforme en la próxima ficha de dominó para perder), o impedir esta victoria por medio de una intervención armada. Naturalmente, Washington se vería ante las mismas opciones al tocar su turno a Guatemala. Pero aún si la administración Carter mostrara algún interés en una intervención armada, ésta —aunque terminaría en forma efectiva con el peligro comunista, en la parte Norte de América Central al menos momentáneamente— podría también conducir a una confrontación con México, cuya nueva política consiste en tolerar regímenes marxistas en los alrededores.
“(...) México es quien tiene más que perder a causa de su nueva política de alentar la cubanización del Caribe. Siendo el país más grande, más rico y más avanzado del área, México es el gran premio. Ciertamente ha sido el objetivo más importante de Moscú en el Caribe desde que Constantine A. Aumansky, su embajador en México durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo la visión de utilizarlo como ‘ventana’ para sondear y explotar las debilidades estadunidenses (aún en la época en que Norteamérica era aliado bélico de los soviéticos). Huelga señalar que actualmente México es algo mucho más importante que una ventana: es una creciente potencia industrial por derecho propio, con 72 millones de habitantes. Estados Unidos no puede permitirse el lujo de verlo caer en manos soviéticas, igual que si se tratara de Texas o California. El público estadounidense percibe a México en estos términos, y así lo comprueba un sondeo de opinión hecho por el Consejo de Relaciones Exteriores de Chicago. Este demostró que 53 por ciento de todos los estadounidenses considerarían una toma pacífica del poder por los comunistas en este país como una ‛gran amenaza’ para nosotros, amenaza aún mayor que si sucediera similarmente en Irán, Francia o Italia.
“Suponiendo que el gobierno mexicano está plenamente consciente (como lo está) de que constituye el primero de los objetivos del comunismo en el Caribe, ¿qué fue lo que impulsó a emprender un rumbo político cuyo efecto alienta al enemigo, y cuya última consecuencia solamente puede ser el debilitamiento del propio sistema político mexicano, volviéndolo vulnerable a la penetración marxista? La respuesta es que los dirigentes de México podrían estar de acuerdo con el primer supuesto, pero no con el segundo. Ellos estiman que relaciones de “hermandad” con regímenes como el cubano, el nicaragüense, y la simpatía por la lucha contra las ‘dictaduras represivas’ de El Salvador y Guatemala, inmunizará a México contra el virus marxista.
“(...) La nueva política mexicana tomó forma y fue inaugurada hace cerca de un año, cuando el presidente López Portillo personalmente adoptó una serie de medidas, en cuestión de días, que alteraron radicalmente la posición tradicional de su país en materia de relaciones exteriores.
“Empezó despidiendo al secretario de Relaciones Exteriores, Santiago Roel, el 16 de mayo de 1979. Conocido como ‘pro estadunidense’ (caracterización relativa, ya que si un dirigente mexicano es probadamente amigo de Estados Unidos, ello equivale a un suicidio político), Roel fue remplazado por un subsecretario, Jorge Castañeda, al que un ex diplomático estadounidense de alto nivel, experimentado en los asuntos de México, describió como un ‘fuerte nacionalista con un tinte izquierdista’. Como en respuesta a una señal, Castañeda empezó inmediatamente a virar la política mexicana, lejos de Washington y hacia La Habana.
“Precisamente al día siguiente, el 17 de mayo, López Portillo recibió en la isla de Cozumel nada menos que a Fidel Castro, quien volvía a México por primera vez desde que partió de este país para lanzarse a la revolución hace 20 años. Se trataba de un gesto singular y atrevido. Ni siquiera el predecesor inmediato y más radical de López Portillo, Luis Echeverría, se atrevió a dar ese paso, por temer que la presencia de Castro en suelo mexicano precipitara una tempestad de críticas.
“(...) Implícita en la campaña para derrocar a Somoza se encontraba la contradicción del más sagrado de los principios de la política exterior de México: la no intervención en los asuntos internos de otros países. El franco reconocimiento por parte de Castañeda de que los objetivos de México eran ‘aislar’ a Somoza y acelerar la caída de su régimen sangriento’ poco difieren de la justificación de Woodrow Wilson para ocupar a Veracruz en 1914, cuyo propósito era hacer caer al ‘usurpador’ general Victoriano Huerta, y reemplazarlo por un gobernante más del agrado de Washington. En desafío a Washington, el jefe de la principal facción revolucionaria de México, Venustiano Carranza, hizo causa común con su enemigo Huerta en nombre de la defensa del derecho soberano de México a escoger su propio gobierno, y a rechazar los dictados de los extranjeros. La intransigente oposición de Carranza a la bien intencionada intervención de Wilson condujo a la evacuación de Veracruz por la marina norteamericana y la caída de Huerta, a la vez que convirtió a México en el campeón internacional de la no intervención.
“En nombre de este mismo principio, México fue, en 1962, el único miembro de la Organización de Estados Americanos que se opuso al bloqueo en contra del joven régimen de Castro en Cuba, alegando que era derecho soberano de Cuba escoger el gobierno que deseara, comunista u otro. Sin embargo, en 1979, México no sólo negó este derecho a la Nicaragua de Somoza, sino que hizo un llamado a los Estados vecinos para que se le unieran, con el fin de provocar su “caída”, lo que es un acto de intervención tan descarado como cualquier otro del que se tenga noticia y el final de la orgullosa historia de México como paladín de la no intervención.
“(...) Tampoco pasó inadvertido para los mexicanos que la administración Carter estaba dando traspiés en casi todo el mundo. ¿Por qué, se preguntaron a sí mismos, hemos de apostar a una sola carta? Por lo tanto, a la vez que se unían a la casi universal condena de la toma de rehenes por los terroristas iraníes —posición bastante segura—, México dejó notoriamente de apoyar las sanciones en contra de Irán que auspiciaba Estados Unidos. Igualmente, al tiempo que votaba por la resolución de las Naciones Unidas de denunciar la invasión soviética en Afganistán, enviaba a sus atletas a los Juegos Olímpicos de Moscú. México ha tenido la libertad de apoyar verbalmente ―¿qué cuesta hacerlo?―, pero ha sido parco en el apoyo sustancial. Singular política para un vecino que nos considera ‘cruciales’, pero comprensible bajo las circunstancias actuales.
“En todo caso, si las relaciones bilaterales son una de las claves de la política mexicana, de ninguna manera son cordiales. En realidad se han ido deteriorando constantemente desde que se inició la administración Carter —que le ha dado a México el argumento quizá más convincente para emprender su propio camino”.
Excélsior, 29/X/80

 

EN LA MIRA DE LA CIA
En los últimos veinte años, Daniel James solamente ha escrito lo que le ordenó y pagó la CIA. No hay razón, pues, para suponer que otro sea el móvil de las advertencias y amenazas a México que reprodujimos ayer. El disfraz de un estudio patrocinado por la Universidad de Georgetown, en realidad, es inservible.

En 1976 James trató de incorporarse al equipo de campaña del entonces candidato José López Portillo, como “encargado de la prensa internacional”, pero fue echado de ahí por colaboradores del ahora Presidente de México.

El 27 de abril de 1976, al describir lo que ocurría dentro de unas oficinas de la Central Intelligence Agency abiertas en la calle de Río de la Plata, este columnista informó: “Otro de los asociados fue un misterioso Daniel James, quien afirmaba haber estado en Bahía de Cochinos, como corresponsal de guerra. Ya instalado en la guarida de Río de la Plata, James escribió un libro sobre el Che Guevara y un sinfín de artículos contra el gobierno revolucionario de Cuba que el jefe de esa oficina distribuía a periódicos y revistas, valiéndose de Panamerican News Service, una supuesta agencia de prensa que aún funciona. Lo extraño es que James nunca cobró directamente en las nóminas de RKL y Asociados. El cheque para James llegaba en el correo de Estados Unidos para el jefe de la agencia de publicidad, quien a su tiempo lo entregaba a James.

“Actualmente —agregaba el comentario— el señor James es coordinador de grupos y convenciones en el hotel María Isabel Sheraton , del Paseo de la Reforma. Según revelaciones hechas por la revista Adversiting Age, de Chicago, en este mismo grupo de Río de la Plata se encontraba también E. Howard Hunt, uno de los célebres ladrones de Watergate. Durante el juicio escandaloso contra Nixon y todos sus hombres, Hunt dijo que en 1971 era agente de la CIA”.

El 12 de enero de 1976, bajo el título "JLP, en la mira de la CIA ", este columnista dio a conocer:

“Algunos corresponsales extranjeros recibieron en días pasados —pero recientes— llamadas telefónicas de un señor Daniel James, quien se ponía a sus órdenes como ‘encargado de la prensa internacional’ en la campaña del licenciado José López Portillo.
“Quizás algunos corresponsales encontraron perfectamente natural que el partido nombrara un enlace y que para dicha tarea se designara a James, estadounidense cuya presencia en el Club de Corresponsales Extranjeros se ve como algo habitual... por más que se hayan hecho preguntas acerca del nombre del periódico en que trabaja James.
“Otros, en cambio, tal vez fruncieron el ceño al pensar que una encomienda tan delicada no podía desempeñarla un extranjero. Pero seguramente también hubo quienes se asombraron profundamente ante la noticia, e imaginaron que las cosas habían comenzado a rodar muy mal en la campaña presidencial de México.
“Ahora, al leer esta columna, todos los corresponsales no podrán tener más que una sola clase de reacción: sentir que alguien les tomó el pelo.
“Después de consultar a personas responsables en el equipo del candidato —como lo son Rodolfo Landeros y Leopoldo Mendívil—, el columnista puede, informar que el señor James es tan ajeno a cualquier tipo de actividad en la campaña de López Portillo como podrían serlo Kissinger o Mao Tse Tung.
“Pero los lectores se pueden formular dos preguntas: ¿Por qué hacerle tanto caso a un impostor de poca monta, de los muchos que intentan hacer su agosto en una campaña política? ¿Se podrían saber los motivos personales que tuvo el señor James?
“Los corresponsales que se asombraron profundamente, saben que James no es nadie a quien se pueda aplicar el calificativo de insignificante. Por lo común, los agentes de la CIA poseen cualidades relevantes, y James es conocido desde hace años por esos corresponsales —también por algunos pocos periodistas locales y por ciertos funcionarios mexicanos— como agente de la CIA.
“(...) Al parecer, pues, el señor Daniel James no tuvo motivos personales sino estrictamente profesionales, para hacer el intento de manipular informaciones internacionales en relación con la campaña presidencial.
“Esta sería la segunda intentona de la CIA para penetrar en la organización que maneja la campaña electoral del licenciado José López Portillo. Y por lo que usted ve, también sería un nuevo fracaso.
“Pero la CIA no va a darse por vencida. Con ciega determinación —y con recursos casi ilimitados— tratará de colocar a sus propios agentes cerca del candidato. Con dos finalidades: una, obvia y simple, de espionaje; otra, más compleja, de manipulación.
“López Portillo, sin embargo, dispone de un equipo de profesionales que saben hacer su trabajo, y sin duda respetan profundamente a su jefe, que es por sí mismo respetable, aun para sus adversarios políticos. Es el caso también del presidente del partido. Juntos, todos tienen que oponerse a los designios del imperial vecino, con las armas que siempre han estado al alcance de los mexicanos, y cuya eficacia ha sido probada: sagacidad, prudencia, patriotismo”.

Pocos días después el columnista recordaría que el 22 de enero de 1972, Roberto Rodríguez Baños publicó un extenso reportaje sobre las actividades en México de un misterioso personaje llamado Paul Lindstrom. Según esta información, Lindstrom se había presentado en nuestra ciudad como "un reclutador de mercenarios para unos comandos McArthur que supuestamente se dedicaban a acabar con los comunistas en varias partes del mundo”. Rodríguez Baños terminaba diciendo:

“Dentro de su libreto se incluyó la información de que 59 prisioneros de guerra que estaban en Pathet Lao fueron trasladados a diversos lugares de China Popular; este anuncio ha sido hecho por el propio Lindstrom el miércoles 5 de enero en Texas, cuando explicó que había tenido la confirmación en México en el transcurso de las últimas doce horas. En ese espacio de tiempo Lindstrom sólo había tenido relación evidente con otra persona: Daniel James, ciudadano estadonidense que permaneció un año en Acapulco, sin fuente de ingresos aparente, dedicado a escribir un texto contra el fallecido dirigente revolucionario Ernesto Che Guevara”.

Otro dato interesante, extraído también del archivo: a la muerte del Che Guevara, la CIA estaba enterada ya de la existencia de un diario escrito por el famoso guerrillero. Supuso la agencia norteamericana de espionaje que el documento se extraviaría, o bien que llegado a manos amigas —por ejemplo las cubanas— no sería dado a conocer en largo tiempo.

Entonces la CIA discurrió hacer una falsificación del diario del Che y lanzarla al mundo. ¿Y a quién se imagina usted que se dio el cargo de escribir el documento apócrifo? Naturalmente al señor James, quien durante varios años no había hecho otra cosa que escribir artículos sobre Guevara. Cuando Castro recibió en Cuba el auténtico diario del Che y decidió darlo a conocer públicamente, la maniobra de la CIA se frustró.

Adicionalmente: la Universidad de Georgetown ―patrocinadora de este escrito de James, por medio del cual la CIA expresa su terrible enojo contra el presidente López Portillo por su política internacional independiente— es un refugio de republicanos ultraconservadores. Por ejemplo, ahí está George Fontaine, uno de los asesores más importantes del señor Reagan, posible próximo Presidente de Estados Unidos.

Actualmente en la Universidad de Georgetown se cocinan algunas de las directrices de Washington para conducir a la junta de gobierno de El Salvador, donde los demócratas cristianos hacen el juego a los militares, y ambos a los superiores intereses de Estados Unidos.
Excélsior, 30/X/80

 

ESPIONAJE Y VIOLENCIA
Si Richard Allen representa la corrupción junto a Ronald Reagan, el futuro vicepresidente George Bush encarna la capacidad para la intriga y la acción violenta hasta los extremos de una matanza.
El expediente de George Bush como exdirector de la CIA, no deja lugar a dudas. Un jefe tiene que pagar su cuota a la historia, y como dijo William Colby, antecesor de Bush en el servicio estadounidense de espionaje: “Quien una vez fue miembro de la CIA, en realidad nunca dejará de serlo”.

Las informaciones periodísticas muestran ahora más interés en destacar la amistad de prominentes políticos, funcionarios y “mighty mexicans” con Bush, pero se desentienden de la época en que el vicepresidente electo —e indudable futuro Presidente de Estados Unidos— encabezó la Central Intelligence Agency. Esto ocurrió entre el 30 de enero de 1976 y el 20 de enero del año siguiente.

Un año menos 10 días no parece ser mucho tiempo, mas para el gigantesco Bush —1.90 metros de estatura, según la prensa europea— fue bastante para demostrar su capacidad de acción. De hecho, durante ese lapso relativamente corto, la CIA perpetró algunos de sus crímenes y acciones punitivas más importantes de los últimos años.

Parte de esos crímenes y acciones tuvieron su origen o destino en México. Otros, obviamente, fueron dirigidos contra Cuba, y, en fin, hubo también acciones que alcanzaron a perseguidos latinoamericanos. Un breve recuento de los hechos violentos que de un modo u otro pueden atribuirse a órdenes, conocimiento y consentimiento del director de la CIA, contiene estos datos:

1) En febrero de 1976, cuando prácticamente acababa de asumir el cargo, George Bush ordenó el reclutamiento de mercenarios para luchar en Angola en las filas del Frente Nacional de Liberación contra el Movimiento Popular de Liberación. Según informes del corresponsal del Sunday Telegraph —reproducidos después por el Washington Post y las agencias internacionales de noticias— la CIA había destinado 20 millones de dólares para “enganchar” mercenarios. El señor Bush tendrá mucho tiempo por delante para recordar lo que estos feroces soldados de fortuna, contratados por él, o por órdenes de él, hicieron en Angola.
2) En abril de 1976, George Bush asignó al notable agente de la CIA Lawrence Sternfield —jefe de estación en México, en 1978— para que convocara a una reunión especial, en San José de Costa Rica, de todos los grupos de exiliados cubanos que declaraban estar dispuestos a combatir contra el castrismo. Bajo la experta dirección de Sternfield, la CIA constituyó entonces el Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) y nombró coordinador general al médico de niños y asesino profesional doctor Orlando Bosch. Pronto habría de saber el mundo que era lo que el ahora vicepresidente electo tenía en mente al constituir el C. O. R. U.
3) Seis meses después de esta asamblea constitutiva en San José de Costa Rica, bajo el auspicio de la CIA, el CORU habría de alcanzar su máximo timbre de gloria: un grupo dirigido personalmente por el doctor Bosch dinamitó un avión cubano de pasajeros y mató así a 73 personas.
4) Antes de que el señor George Bush anotara en su haber personal esta matanza, su criatura, el CORU, había fracasado al tratar de probar en México su eficacia. El 23 de julio de 1976 un comando del CORU llegó a nuestro país para secuestrar y asesinar al cónsul cubano en Mérida. Formaban parte de este grupo terrorista, los señores Orestes Ruiz, cubano, y el estadunidense Gaspar Eugenio Jiménez Escobedo. Fallaron en el secuestro, pero asesinaron a un colaborador del cónsul, el señor Artagnan Biass. Seguramente el señor Bush estaba enterado de que su lugarteniente. Lawrence Sternfield, también había infiltrado un comando terrorista en la ciudad de México para dinamitar el edificio de la embajada de Cuba, al tiempo que se intentaba el secuestro en Mérida.
(Los asesinos de Biass fueron aprehendidos en Mérida y trasladados a la ciudad de México. Escobedo se fugó el 21 de marzo de 1977 cuando la CIA gastó algunos dólares en sobornar a dos guardias en el Reclusorio Oriente; pero ya el señor George Bush no estaba en la agencia para festejar este pequeño éxito: seis meses antes lo había despedido el Presidente Carter. )
5) El 8 de agosto de 1976, un distinguido miembro del sindicato del crimen en Chicago, John Roselli, fue descubierto cuando tomaba un baño en la Bahía de Miami, pero dentro de un tonel de acero y el cuerpo perforado a balazos. Según toda la prensa norteamericana, Roselli había sido silenciado para siempre porque en 1961 él y su compañero Sam Giancana fueron contratados por la CIA para envenenar a Fidel Castro y, como es evidente, fallaron. Roselli y Giancana estuvieron un tiempo refugiados en Cuernavaca. La CIA logró que ambos fueran expulsados por las autoridades mexicanas, y después ocurrió lo que tenía que ocurrir: Giancana fue asesinado en 1975 y Roselli, un año más tarde, cuando ya había tomado el mando de la respetable agencia el ahora vicepresidente electo de Estados Unidos.
6) Los periodistas estadounidenses seguramente estarán ahora mucho más interesados que nunca en averiguar cuál fue, exactamente, la participación de la CIA en el asesinato del chileno Orlando Letelier y de su secretaria estadounidense Ronni Moffit. Desde cuando a las 9. 35 del 21 de septiembre de 1976 estalló una bomba en el automóvil en que viajaban Letelier y su secretaria por una calle de Washington, numerosas informaciones se han escrito acerca de la participación de la Agencia Central de Inteligencia en este doble crimen. Quien podría explicarlo todo se llama George Bush.

(Con Richard Alien y George Bush junto a Ronald Reagan, parece que el mismo autor de una tira cómica ya leída hace años, se empeñara en repetir la historia. En efecto, es inevitable recordar al otro presidente republicano, Richard Nixon, que llegó con los Spiro Agnew, los John Mitchell, los Haldeman, los Hunt, los Dean, los Ehrlichman, los Colson y, en fin, aquellos que pronto se convirtieron en una pandilla de convictos conocidos para la posteridad como “Todos los hombres del Presidente”. )
Excélsior, 11/XI/80

 

IDENTIDAD DEL JEFE DE LA CIA EN MEXICO
Stewart D. Burton, de 52 años, frustrado predicador religioso, es el actual jefe de la CIA en México. Sustituyó a Lawrence Sternfield, a quien el gobierno de Estados Unidos retiró después de que su identidad fue descubierta por Red Privada en el otoño de 1978.
Sternfield fue enviado a México por George Bush, ahora vicepresidente electo con órdenes especiales para perpetrar algunos atentados dinamiteros, secuestros y eventualmente los homicidios necesarios. El instrumento de la CIA fueron entonces los grupos terroristas de cubanos exiliados en Miami, a quienes Sternfield había logrado unificar unos meses antes. Las órdenes de Bush sólo se cumplieron parcialmente. Una persona fue asesinada en Mérida: algunas bombas estallaron y se intentó un evasión de reos en el D. F.
Salvo acciones como estas, en que la gendarmería mexicana suele oponerse con inusitado vigor y no poca eficacia, la CIA actúa en el país con una notable tranquilidad.
Por ejemplo, ni siquiera han cambiado de domicilio, oficina y teléfono —menos nombre y ocupación— aquellas personas a las que la CIA proveyó de armas, dinero, organización y apoyo logístico para que mataran a Fidel Castro durante su anunciada visita a la ciudad de México como invitado del presidente Echeverría. Se recordará que la visita no se llevó a efecto —precisamente por motivos de seguridad— pero los principales involucrados en la conjura no consideraron necesario huir de aquí, a pesar de saberse descubiertos por el servicio de contraespionaje cubano y de suponer en buena lógica que estos informes habían sido entregados a las autoridades mexicanas.
En las librerías de La Habana se puede comprar —por el equivalente a 20 pesos en nuestra moneda— un extenso relato de cómo la CIA preparó varias emboscadas contra Fidel Castro en la ciudad de México. Una debía tener como escenario la columna de la Independencia, cuando el comandante llegara a depositar la tradicional ofrenda floral a nuestros héroes. Un tirador dispararía desde el hotel María Isabel; otro confundido entre fotógrafos y periodistas, intentaría disparar a corta distancia con una pistola.
El informe cubano da los nombres de los principales conjurados en esta operación de la CIA. También da un número telefónico. Si usted lo marca ahora, le contesta la misma persona señalada como participante en un complot cuya realización hubiera causado a México un gravísimo conflicto internacional. Contribuye a la tranquilidad de la CIA en México el hecho de que las denuncias que se hacen ―por cuenta de partidos de oposición y notas periodísticas― sobre su imaginaria o real actividad en el país, no se apoyan en investigaciones de siquiera mediana profundidad y no se dan a conocer hombres de agentes o colaboracionistas.
Esa investigación no es tarea fácil, por supuesto. Requiere de lecturas abundantes, recopilación de notas de la prensa extranjera, contactos adecuados y, sobre todo, infinita paciencia.
La identidad de Stewart D. Burton como agente de la CIA en México era cosa establecida por el columnista desde hace varios meses, a partir de dos elementos: un libro publicado en Estados Unidos y un documento titulado “American Embassy, México City. Non Consular U. S. Personnel Assigned to the Mission”.
Pero establecer, más allá de toda duda razonable que entre numerosos agentes enlistados por ambas “fuentes” Burton es precisamente el “jefe de estación” en México, era otra clase de problema. Sin embargo, el dato se obtuvo cuando el periodista recibió testimonios, de calidad y coincidentes. Después de todo, un jefe regional de la CIA tiene que dar la cara en determinadas circunstancias, y asi va dejando un rastro que finalmente un reportero puede seguir. Las particularidades del caso jamás serán relatadas para protección de las fuentes informativas.
La actividad de la CIA en cualquier país del mundo incluye, como se sabe, dos principales objetivos: labores de “información” y “trucos sucios”. Lo primero se traduce simplemente por espionaje y lo segundo significa desde subversión y desestabilización contra un gobierno, hasta acciones violentas contra individuos en
Nunca será, pues, en cualquiera, aquél a quien la CIA encomiende la realización de esas tareas en un país. Además, la “estación” en México está considerada como quizá la segunda o tercera más importante en el mundo para la Central Intelligence Agency. Dato interesante en la personalidad de Burton es el hecho de que a los 19 años, cuando los jóvenes estadunidenses están más interesados en la música, las chicas y el hedonismo del “american way of life”, él haya decidido abrazar la carrera de predicador religioso.
Este impulso duró hasta los 22 años, cuando ingresó a la Universidad de Brigham. Aquí alguien le abrió al joven Burton otro campo de misiones: servir la CIA en el extranjero. Al año siguiente, 1951, aparecía como vicecónsul en Sao Paulo, Brasil, encubrimiento necesario para un modesto, pero ardiente S-11, clave que en la burocracia de Washington identifica a un agente de la CIA que apenas comienza.
En los siguientes 22 años —según puede leerse en el directorio de agentes publicado por Phillip Agee y Louis Wolf, en su libro Dirty work— Stewart D. Burton ascendió de aquel undécimo grado hasta el tercer escalón dentro de la CIA. Sus servicios fueron registrados en Argentina, Brasil, Perú y Chile.
En marzo de 1974, Burton fue acreditado como primer secretario de la embajada en Santiago, o sea un rango diplomático importante. Pero para no hacer notoria su presencia en México, la CIA lo “degradó” a simple agregado. En la lista de la embajada el nombre de Burton aparece mencionado en un modestísimo renglón número 54.
Por orden presidencial el Departamento de Estado, que maneja el servicio exterior, es responsable de “encubrir y dar vivienda a la CIA”. En 1974, según el experto John Marks, habían sido incrustados 5,435 espías entre los diplomáticos estadounidenses.
El mismo autor —con quien otros coinciden— afirma que con una lista de “diplomáticos” en la mano, se podría suponer que la mitad son agentes de la CIA, del Pentágono o de alguna otra de las varias agencias de espionaje que tiene el gobierno de Estados Unidos. En México —según registros que se mantienen cuidadosamente reservados— la embajada estadunidense tiene 450 individuos, incluyendo 53 de 11 consulados y 48 mexicanos en el personal administrativo.
La borrosa figura de Stewart Burton sin duda ayudó a mantener en secreto su identidad como jefe de la CIA en México. Pero su jerarquía aparentemente inferior, lleva a formular esta pregunta: ¿Cómo es posible que la “compañía” haya puesto en manos relativamente modestas una estación tan importante, cuyo jefe anterior había sido nada menos que Lawrence Sternfield, el oficial de más alto rango en América Latina, y uno de los “big shots” de la CIA en todo el mundo?
Podrían darse dos clases de respuestas: a Burton fue ascendido antes de venir a México; b) Su par en el espionaje es el agregado militar, coronel Raúl A. Garibay.
Desde el 29 de agosto de 1978, Red Privada dijo que Garibay realiza en México “investigaciones que rebasan notablemente las funciones diplomáticas”. A partir de entonces Garibay ha sido descrito minuciosamente en sus extrañas actividades, pero a pesar de esto y del cambio de embajadores, el Pentágono lo mantiene aquí. Ahora parece fungir como mentor de Burton, y probablemente lo será de cualquier otro jefe de estación que la CIA nos mande después.
Excélsior, 25/XI/80

 

CIA: DIRECTORIO
La agencia alemana de noticias DPA tiene en sus oficinas de Hamburgo un directorio de agentes de la CIA que incluye 79 nombres de espías en México. Se titula Who’s Who in CIAt fue editado en Berlín en 1968 y da crédito a los siguientes colaboradores: Mohamed Abdelnab, de Beirut; Ambalal Bhatt, de Bombay; Fernando Gamarra, de la ciudad de México, y Shozo Ohashi, de Yokohama.

Por correo, Red Privada recibió una copia con la siguiente nota: “Le dejó esto Papá Noel”. Como se ve por la fecha de edición, se trata de un recuento que pudiera estar fuera de actualidad respecto a varios nombres de personas que ya han marchado del país. Sin embargo, es posible que algunos de esos espías aún formen parte de esa bella comunidad de un millón de estadounidenses que según Town & Country viven en México.

¿Conoce usted alguno de estos agentes? Tal vez se lo hayan presentado en el restaurante, el bar o el club, y hasta ahora sabrá usted que se trata de un espía profesional. Otro elemento de interés consiste en descubrir cuáles son las ciudades mexicanas que más interesan a la CIA: Monterrey, Guadalajara, Ciudad Juárez, Tijuana y, por supuesto, la metrópoli.

He aquí la lista de nombres, en el mismo orden en que se citan; con algunos breves datos adicionales:

Aler, Dr. Phillip J., nacido en 1930; ingresó en la CIA en 1965 y fue enviado a Monterrey bajo el disfraz de vicecónsul.

Anderson, James E., nacido en 1934; egresado de la US Air Force, actúa en Monterrey bajo el disfraz de funcionario de la embajada.
Bruce, Robert Lindley, nacido en 1931: habla español; es oficial de la US Force y lleva 21 años en la CIA que lo destacó a la ciudad de México bajo el encubrimiento de segundo secretario.
Carey, Gilbert W., nacido en 1927 entrenado en el ejército, estuvo en la ciudad de México y después en Nicosia.
Carlson, William T., nacido en 1923, adiestrado primeramente en el servicio de espionaje del US Army; agente de la CIA desde 1965; su base es la ciudad de México.
Chandler, Harry, A., nacido en 1916; en actividad dentro de la CIA desde 1965; fue agente en Berlín del oeste, antes de llegar a la ciudad de México.
Colwell, Thomas C., nacido en 1931; habla español; teniente de la US Navy y agente de la CIA desde 1963; su base: Nogales.
Cope, Albert John, nacido en 1909; espía desde 1959; estuvo en Stuttgart, Lisboa, Tijuana, Cienfuegos, La Habana, Trieste, Puerto España, Georgetown, Nogales y Hermosillo.
Courtenaye, Richard H., nacido en 1923; habla francés y español; es agente desde 1959 y ha ocupado cargos importantes en la CIA; estuvo en la ciudad de México y antes en Barcelona; probablemente haya vuelto a España.
Crigler, Trusten Frank, nacido en 1935; habla español y francés; al servicio de la CIA desde 1961 y trabajó para ella en las ciudades de Guadalajara y México.
Crowley, James D., nacido en 1924; de origen irlandés; oficial del US Army; en 1951 realizó estudios académicos en México; especialista en operaciones dentro de la prensa.
D’Aiuto, Daniel Joseph, nacido en 1913, habla español; tiene grado militar y 16 años en la CIA; operó en la ciudad de México.
Dean, Warren L., nacido en 1916; exagente del FBI; operó en La Paz, Santiago de Chile, Buenos Aires, Londres y México.
Doerr, John David, nacido en 1910; habla español; alto oficial del ejército; espía en Caracas, México, Ankara y Atenas.
Eagleburger, Lawrence S., nacido en 1930, habla español y servocroata, ha realizado espionaje en Tegucigalpa, México y Belgrado.
Eberhardt, Edward Lewis, nacido en 1922, habla español, oficial de la Marina; trabaja para la CIA desde 1954; ha sido destacado a La Habana y las ciudades mexicanas de Matamoros y Tijuana, bajo el disfraz de cónsul.
Ellis, John R., nacido en 1921; ha operado en Caracas, Nueva Delhi y la ciudad de México.
Estancona, Frank R., nacido en 1924; oficial de espionaje del US Army; espía en México y Buenos Aires, bajo encubrimiento diplomático.
Farmer, Michael, nacido en 1937; espía en la zona del Canal de Panamá y en la ciudad de México.
Feldman, Arthur William, nacido en 1912; agente de la CIA desde 1958, trabajó en Mexicali.
Flannery, James E., nacido en 1919: alto oficial de la US Army; agente en La Paz y ciudad de México.
Foose, Richard T., nacido en 1920; habla español; teniente de la US Navy; agente de la CIA desde 1959; trabajó en la ciudad de México.
Ford, John William, nacido en 1920; habla español, ex agente del FBI, teniente del US Army; espió en Caracas, París, Manila y ciudad de México. Su último destino conocido: Barcelona.
Gardner, Francis Victor, nacido en 1922; habla español; ex oficial del US Marines Corps; espía en Ciudad Juárez bajo el disfraz de cónsul.
Goertz, Vernon Joseph, nacido en 1935; trabajó para la CIA en Monterrey haciéndose pasar por vicecónsul.
Gordon, Herbert, nacido en 1918; ex oficial de la Marina; agente de espionaje desde 1957; estuvo en Mexicali y luego fue enviado a Vietnam como primer secretario de la embajada.
Harben, William N., nacido en 1922; agente de la CIA desde 1955; fue cónsul en Mérida.
Harris, Thurza Maureen, nacida en 1934; habla español: en 1958 la reclutó la CIA; sirvió al espionaje en la ciudad de México.
Hawkins, Martin C., nacido en 1930; oficial de la US Army; espió en Monterrey; después en Managua y Guatemala.

Para no ocupar más espacio, el resto de los espías se mencionan a renglón seguido, agregando solamente el nombre de la ciudad mexicana en que están o estuvieron:

Hediger, Jean Jacques, Nogales; Hibler, Bernard C., México; Hutton, Paul Churchill, México; Johnson, doctor Richard A., Monterrey; William Kane, Piedras Negras; Katz, Abraham, Mérida y México; Kerr, James E., Ciudad Juárez; Kyle, doctor Joseph B., México; Leahy, doctor Joseph Patrick, Ciudad Juárez: Lofton, Harey  Michael, México; Loughton, Raymond A., Guadalajara; Massey, Virginia E., México; Mautino, Robert Allan, Tijuana; McRory, William Francis, Mérida; Midthun, Kermit Steenerson, México; Mitchell , doctor Herbert Thomas, México; Morris, John Howard, Nogales; Murray, William J., Monterrey; Oakley, Raymond Kenneth, México; Offenbacher, Rose Russo, México; Oliver, John Goodwin, Tampico, Guaymas, La Paz, Torreón y México; Palmer, Joseph II., México; Phillips, David A., México; Phillips, J. Paul, México; Post, David, México; Povenmire, Dale Miller, México; Raineri, Peter Joseph, Matamoros; Sánchez Lorenzo B., México; Scott, Dr. Winston Mackinley, México; Senden, F. Raymond, Tijuana; Short, Stannard K., México; Sileo, Anthony Leonard, Monterrey; Snider, Clyde William, México; Sonne, Clarence Melvin, Ciudad Juárez; Stewart, Jack, México; Stout, Charles R., México; Sweany, Garett Gordon, Monterrey; Swisher, Donald P., Veracruz; Tenney, Stuart Dickson, México; Terrett, Dr. Dulany, México; Thomas, Charles William, México; Thorslund, Ralph, G., Cd. Juárez; Tipton, John B., México; Tyler, Delmar Dean, México; Van Order, Matthew, México; Vázquez, Dr. Alberto M., México; Vogel, Donald Fredenc, México; Vogt, Juana Allraun, México; Wagner, Otto H., Guadalajara y White , Alan P., México.
Excélsior, 19/I/81

 

UN SUPERESPIA, AQUI
Un superespía, el general Vernon Walters, ex director adjunto de la Agencia Central de Inteligencia, estuvo en México el miércoles pasado, como emisario especial de Washington, para mostrar a funcionarios del gobierno mexicano supuestas “pruebas” de que Cuba apoya con armamento a los insurgentes de El Salvador.

Inmediatamente después, el general Walters se marchó a Venezuela. Será Brasil su tercera escala de un viaje que forma parte de la ofensiva política de Estados Unidos contra los pueblos de El Salvador, Nicaragua y Cuba y que presagia, según observadores internacionales, una intervención militar en el primero de los países mencionados.

Esta ofensiva política incluye la “demolición” del prestigio de miembros del gabinete del presidente López Portillo a quienes la CIA considera un estorbo en sus planes inmediatos. Por ejemplo, la agencia ha preparado una campaña para difundir que esos funcionarios mexicanos son “procomunistas”. Ciertos comentaristas de la prensa nacional están siendo azuzados para propalar esta especie. Algunos importantes periódicos estadounidenses han recibido indicaciones para que adviertan a corresponsales acreditados en México sobre la conveniencia de poner bajo sospecha la información que proceda de esos funcionarios.

Desde hace más de diez años el general Vernon Walters se ha mantenido profundamente involucrado en las acciones de la CIA en México, que incluyen la promoción de acciones subversivas y otras de desestabilización económica y contrarias a la política exterior del gobierno.

Un informe oficial del Congreso de Estados Unidos al Presidente de esa nación revela que en junio de 1972 el general Walters desempeñó un interesante papel en el escándalo de Watergate. El entonces director adjunto de la CIA fue el encargado de convencer a Patrick Gray, director del FBI, para que éste no profundizara en sus investigaciones relativas al escándalo, porque podrían comprometer las operaciones secretas de la CIA en México.

Parte de estas operaciones secretas consistían en actividades financieras, por medio de un importante banquero mexicano. El dinero estaba destinado a financiar las actividades del espionaje estadunidense en nuestro país. La organización de la CIA en México, por aquellas fechas, incluía la capacidad de aprehender a personas y mantenerlas prisioneras.

El general Walters ha estado varias veces en México. Habla perfectamente el español, sin acento. Habla también portugués y otros idiomas. En su libro Silent missions sostiene que el espionaje es uno de los elementos constitutivos del poder de una gran nación, como Estados Unidos.

Como instructor y dirigente de espías, les exigió que no sólo aprendieran el idioma del país donde estuviesen destacados, sino también sus costumbres, hábitos "y hasta su poesía”.

Walters es especialista en los servicios de inteligencia, pero allí se le conoce y se le respeta como un hombre absolutamente fuera de serie por sus extraordinarias habilidades. Ha servido a cinco presidentes, inclusive al general Eisenhower, de quien fue traductor oficial.

Reporteros mexicanos recuerdan al entonces coronel Walters como un traductor capaz de realizar esta casi increíble hazaña: escuchaba durante 8 ó 10 minutos, y después era capaz de traducir todo, sin que faltase una palabra, como si se tratarse de la transcripción de una competente estenógrafa.

Sería ineludible suponer que el general Walters mantiene una estrecha relación personal con el ahora vicepresidente de Estados Unidos, George Bush, quien fue director de la CIA después de la caída de Nixon.

Esta relación explicaría el surgimiento del general Vernon Walters en el papel de portavoz especial de Washington, para misiones tan delicadas y urgentes como ésta que se le encomendó hacia México, Venezuela y Brasil.

Indica también, con suficiente claridad, que dentro de la estrategia política del nuevo gobierno de Estados Unidos, el fortalecimiento de la CIA en México es alta prioridad.
Excélsior, 26/II/81

 

QUIEN ES WALTERS
Podría significar una falta de respeto a México y un pretendido acto intimidatorio, la utilización del general Vernon Walters para venir a mostrar las “pruebas” de que en el conflicto interno de El Salvador hay injerencia cubana, por medio del suministro de armamento a los insurgentes, acusación en la que indirectamente Washington pretende involucrar también a nuestro país.

Un notorio espía y a la vez alto jefe militar, ha sido deliberadamente utilizado para esta misión que bien pudo ser encomendada a su enviado civil de apropiadas características, o a la representación diplomática aquí acreditada.

Este calculado efecto que combina la repugnancia por el espía y la presencia ominosa de la fuerza militar, es un signo elocuente de lo que será la nueva diplomacia dirigida por el general Alexander Haig, secretario de Estado. Ahora los “halcones” no sólo están en el Pentágono.

El general Vernon Walters se ha mantenido —como dijimos ayer al informar en exclusiva sobre su visita —profundamente involucrado en las actividades de la CIA contra México. Pero no sólo eso. También se le puede encontrar corresponsable en la enorme cadena de asesinatos políticos que actualmente se imputan al gobierno militar de Guatemala, a la oligarquía de este país y a sus bandas paramilitares. En próxima edición trataremos de explicar en qué ha consistido el papel del general Vernon Walters para el exterminio de los oposicionistas en Guatemala.

Hoy ofrecemos al lector transcripciones de documentos y textos estadounidenses sobre la participación de Walters en el escándalo de Watergate. Al final de las transcripciones, un comentario para precisar cierto importante detalle. En el informe que una comisión del Congreso rindió al Presidente de Estados Unidos acerca de las actividades de la CIA se asienta: “El 23 de junio de 1972, Helms y el teniente general Vernon A. Walters, subdirector de la Agencia, fueron llamados a la Casa Blanca para reunirse con Ehrlichman y H. R. Haldeman, el jefe de personal del Presidente. En esta reunión, Haldeman sugirió que la CIA pidiera al FBI que limitara su investigación con base en que ésta podría poner en peligro la seguridad de las operaciones de la CIA. Empero, Helms declaró que no sabía de ninguna operación de la CIA que pudiera verse afectada y que así se lo había informado a Gray el día anterior. No obstante, Haldeman dio instrucciones a Walters para que viera a Gray y le sugiriera que una mayor investigación de las actividades en México sobre el dinero encontrado a los ladrones de Watergate , pondría en peligro las operaciones de la CIA. Walters vio entonces a Gray y, después de referirse a la llamada de Helms a él el día anterior, le hizo la sugerencia. Walters ha testificado que él considera que ésta había sido una solicitud razonable, asumiendo, a la luz de su propia experiencia pasada, que estaba destinada a proteger operaciones altamente delicadas presumiblemente sólo conocidas por la Casa Blanca.

“(...) No solamente continuó la Agencia reteniendo el material relevante a la investigación, sino que no emprendió una investigación propia, amplia, interna sobre sus propias conexiones con las actividades de los hombres que iban a ser llevados a juicio. No se hizo un esfuerzo general hasta mayo de 1973 para recopilar toda la información y documentos relevantes con los empleados de la Agencia.
“(...) La declaración del general Walters a Gray sólo comprendía la investigación en México, y él ha declarado que estuvo basada en lo que él creía, apoyada por anterior experiencia, y que la Casa Blanca tenía conocimiento de una actividad en México altamente clasificada no conocida por otros”.
William Colby, director de la CIA, a cuyas órdenes trabajó Vernon Walters como subdirector y director adjunto, escribió un libro llamado “Honorables caballeros, mi vida en la CIA”. Sobre el mismo episodio a que se refiere el documento congresional —los esfuerzos de Nixon y su banda para que la CIA detuviese la investigación del FBI— Colby dice:
“(...) Pero esta no fue tarea fácil. Porque, como ahora sabemos por las cintas grabadas de la Casa Blanca, el presidente Nixon, a unos cuantos días del robo en Watergate, había decidido tratar de usar a la CIA para encubrir el escándalo que crecía, y que finalmente le obligó a dimitir. El 23 de junio aprobó (el Presidente) un plan por medio del cual la Agencia iba a ser informada que bloqueara la investigación del FBI. Ese día, Ehrlichman y H. R. Haldeman llamaron a Helms y a su nuevo adjunto, el general Walters, a la Casa Blanca. Ahí Ehrlichman explicó la preocupación del Presidente de que la investigación del FBI sobre Watergate —estaba ahora sobre la pista del dinero pagado a los ladrones desde donde había sido canalizado en México— pudiera revelar las legítimas operaciones de la CIA en el exterior. Helms replicó que él no pensaba que eso podría suceder. No obstante, Ehrlichman y Haldeman ordenaron a Walters —no a Helms, lo que es bastante interesante— que fuera a ver al director interino del FBI Patrick Gray y le dijera que las investigaciones del FBI podrían poner en peligro las operaciones de la CIA en México. Después de la reunión, en el auto que los llevaba de la Casa Blanca. Helms advirtió a Walters que se asegurara de que, en cualquier conversación con Gray, él meramente pidiera que cualquier conexión que el FBI pudiera descubrir en sus investigaciones mexicanas que se relacionaran con la CIA se informara a la Agencia.
“Walters, que sólo tenía seis semanas en el cargo, fue con Gray y le repitió la preocupación de que alguna revelación de las legítimas operaciones de la CIA en México podría ocurrir, y de que en caso de que así fuera, se informara a la Agencia. Walters, inmediatamente después de esta entrevista, volvió a Langley y me pidió que examinara los récords para ver si algunas de nuestras actividades mexicanas podrían estar en peligro. Yo chequé con las oficinas responsables y el 24 de junio avisé a Walters que esto era extremadamente improbable.
“(...) Pero yo estaba determinado a que el verdadero trabajo de la Agencia continuara. Yo arbitré un debate entre los analistas sobre Latinoamérica de la CIA y Dick Vernon Walters, que habían conocido durante décadas a los líderes que estaban asesorando”.

Los expertos David Wise y Thomas Roos opinan en su libro “El gobierno invisible”: “El involucramiento de la CIA en el asunto Watergate incluye el hecho de que los ladrones sorprendidos dentro de la sede del Partido Demócrata, tenía antecedentes de la CIA, que uno de ellos estaba en la nómina de la CIA en esa época, y que la empresa fue dirigida por E. Howard Hunt Jr. y James W. McCord Jr., quienes habían trabajado para la CIA durante más de veinte años”.

El lector habrá observado que se menciona varias veces el nombre de Howard Hunt como el hombre de la CIA, a cuya protección estaban encaminados los esfuerzos del general Vernon Walters.

Hunt estuvo en México durante algún tiempo como agente de la CIA. De su libro “Memorias de un espía”, tomemos estos dos párrafos:

“(...) Formé en México una amplia red de colaboradores externos entre los que se contaba un popular y joven sacerdote católico que actuaba muy activamente en el movimiento anticomunista desarrollado en una de las universidades mexicanas”.
“(...) Entretanto, los agentes de mi delegación habían establecido organizaciones anticomunistas que abarcaban muchos sectores de la vida mexicana, tales como los de la juventud, los estudiantes, la mujer, la Iglesia y el trabajo. Por medio de periodistas a nuestro servicio, tenía acceso a las páginas de los más prestigiosos periódicos mexicanos, y mis agentes estaban también en el Partido Comunista Mexicano, en el partido trotskista, y en dos organizaciones más que podían llevar a efecto manifestaciones de importancia media, tan pronto se les ordenaba”.
Excélsior, 23/II/81

 

LA PATA; LA VACA
Si el general Vernon Walters tiene mucha o poca sangre latinoamericana en las manos, es algo que sólo su propia conciencia podría medir con exactitud. Que la tiene, no cabe duda. Al menos por aquel principio de equidad expresado en este adagio de nuestra arraigada filosofía que él conoce perfectamente: “Tanto peca el que mata la vaca como el que le detiene la pata”.

Walters, según se ha dicho en los dos anteriores comentarios, estuvo aquí hace ocho días —como emisario especial de Reagan y Haig— para mostrar a funcionarios las “pruebas” de que Cuba y México están comprometidos, en grados diversos, por su apoyo a los insurgentes de El Salvador. El general Walters, ex director adjunto de la CIA, surge así como una pieza importante de la política intimidatoria del nuevo gobierno estadunidense, y, por tanto, sus acciones y antecedentes se convierten en obligada materia de análisis.

Independientemente de los crímenes perpetrados en México por la CIA, en un periodo que inevitablemente involucra a George Bush y por supuesto a Walters —v. Red Privada del 11 de noviembre de 1980—, el general Walters resulta implicado en dos clases de sucesos: el asesinato de Orlando Letelier, en Washington, y los asesinatos ya innumerables, de oposicionistas en Nicaragua.

El ex ministro de Salvador Allende y la norteamericana Ronni Moffit fueron hechos pedazos con una bomba colocada en su automóvil, el 21 de septiembre de 1976. El espantoso crimen fue perpetrado a plena luz del día, en una de las principales avenidas de Washington. Tres años más tarde, autoridades judiciales estadounidenses —que hubieron de vencer obstáculos a la investigación opuestos coordinadamente por el FBI y la CIA, declararon convicto, entre otros, al general Manuel Contreras, jefe de la DINA, la temible policía política de Pinochet.

Durante la segunda semana de octubre de 1975, al general Manuel Contreras había hecho una visita a Washington para entrevistarse con su colega el general Vernon Walters, director adjunto de la CIA. El fruto de la entrevista sería conocido, once meses después, por la opinión pública horrorizada: la DINA había obtenido permiso y cooperación de la Central Intelligence Agency para establecer en Washington un operativo que permitiese el acecho de la futura víctima.

Las investigaciones del asesinato de Letelier —hechas por un fiscal estadounidense— establecieron la identidad de los ejecutores materiales... y por lo menos tres de ellos figuraban en las listas de antiguos reclutas de la CIA.

(George Bush, entonces director adjunto de la agencia —ahora vicepresidente de Estados Unidos y muy probable futuro Presidente—, sabía de las actividades de la DINA en Washington, y al perpetrarse el asesinato de Letelier, hizo cuanto pudo por encubrir a la CIA. Acerca de éste y otros papeles desempeñados por Bush en los bajos fondos del espionaje, nos proponemos publicar en próximas ediciones una interesante investigación realizada por el periodista alemán Konrad Ege.)

Respecto a lo que ocurre en Guatemala, el general Vernon Walters tiene derecho a mostrar amplia satisfacción. Él fue constructor de una eficiente red informativa que actualmente permite a las oligarquías de ese país y a su servidor el gobierno militar, asesinar metódica e implacablemente a los oposicionistas.

Durante varios años, John Dreyfus agente especial de la CIA —agradable, inteligente, gran bebedor de whisky y fumador de cinco cajetillas diarias—, cumplió en Guatemala una misión que el general Vernon Walters supervisaba personalmente. El agente Dreyfus reunió en su archivo nombres, fotografías, domicilios y contactos de cientos de guatemaltecos desafectos al régimen militar.

Estas listas son las que en gran medida facilitan a los asesinos su tarea. Según estudios de la Universidad de San Carlos, asciende a 4 mil el número de guatemaltecos asesinados desde que el general Romeo Lucas se hizo cargo del gobierno, en julio de 1978.

Amnistía Internacional afirmó recientemente que “cerca de 3 mil personas fueron asesinadas en los primeros diez meses de 1980 y cientos han desaparecido”. La organización (Premio Nobel de la Paz) acusó directamente al general Lucas de “instituir un programa de gobierno para cometer torturas y asesinatos”.

Pero el general Vernon Walters, constructor de todo el dispositivo que atrapa para el matadero a oposicionistas en Guatemala, sabe mejor que AI cómo opera esa maquinaria. Por supuesto, no es ajeno Lucas, pero a éste, como a la policía, a las bandas paramilitares y a los comandos de ultraderecha, corresponde más bien el papel de verdugos. Es decir, se concretan a matar a aquellos que les son indicados.

La CIA no ignora quiénes son los directores intelectuales de la incesante matanza, porque a ellos entregó las listas negras formuladas con tanta eficacia por el agente especial del general Walters: el hombre cuyo apellido francés debió haber sido tomado de una novela de Emilio Zola.

“Quienes realmente asesinan en Guatemala son los empresarios”, dice un experimentado diplomático que conoció a Dreyfus y a Walters, y que conoce profundamente la estructura de la sociedad guatemalteca.

Según este diplomático, es en la cúpula de las dos oligarquías —una de terratenientes; la otra de industriales, comerciantes y banqueros— donde se decide quién debe morir en Guatemala. Las órdenes son ejecutadas inmediatamente, ya sea por los medios que en persona maneja el presidente Lucas, por las bandas paramilitares o por cualquiera de las 16 organizaciones terroristas, como “Mano Blanca”, “Ejército Secreto Anticomunista”, etcétera.

El diplomático también dio los nombres de los dirigentes empresariales “colegiados” para decidir sobre los asesinatos: Edmundo Nanne Zirión, Antonio y José Guizola Batres, Raúl García Granados, Humberto Arriaza, José Luis Pivaral y Roberto “Tito” Arana.
Excélsior, 24/II/81

 

QUIEN ES BUSH
Por definición, quien quiera que haya ocupado alguna vez un puesto de mando en la CIA —con mayor razón si fue el jefe supremo— participó en el encubrimiento de crímenes y los ordenó. Este es el quehacer normal en los bajos fondos del espionaje, independientemente de que los crímenes se cometan o no con las propias manos.
Asi está admitido y confesado por los mismos protagonistas. Lo peor que al respecto pudiera decir un enemigo de Estados Unidos está “mejorado” en los libros de los Allen Dulles, los William Colby, los Vernon Walters, Los Howards Hunt, etcétera. También en esto —llámele como quiera: hara-kiri, streap-tease u honrada catarsis— los estadounidenses resultan insuperables.
Y si —de acuerdo con la lógica elemental y la propiedad en el lenguaje— quien perpetra crímenes tiene que ser llamado criminal, un notable ejemplar de la especie ha llegado al segundo puesto más importante en el gobierno de Estados Unidos y según las mayores probabilidades, en pocos años más escalará la cumbre.
Para sus “fans” —que los tiene sin duda, no sólo en su país sino hasta en la buena prensa mexicana— George Bush hizo por patrióticas razones el “trabajo sucio” de la CIA. y esto lo exonera de responsabilidades legales y morales. Para el resto de la humanidad, George Bush es, desde la fecha de su elección, objeto de escrutinio cuidadoso e interminable.
Según numerosas películas, comedias de televisión y novelas, los estadounidenses viven permanentemente preocupados ante la posibilidad de que alguna vez la mafia o el sindicato —sinónimos del crimen organizado— logre situar a uno de los suyos en la Casa Blanca. Para los otros habitantes del planeta, el arribo de Bush al poder no es exactamente un tema para novela de ficción, sino una ominosa realidad política, económica y militar.
Uno de los trabajos más interesantes que recientemente se han hecho sobre el señor vicepresidente, se debe al periodista alemán Konrad Ege. Servirá que usted lo conozca, por lo menos en una síntesis que aparecerá en ésta y la siguiente edición:
“George Bush; un ex director de la CIA llega a vicepresidente. Vale la pena estudiar con detenimiento la vicepresidencia de George Bush, sobre todo debido a que en su campaña presidencial trató de obtener máximo provecho de su periodo como director de la CIA durante la administración del presidente Ford. El presente artículo destacará ciertos aspectos de la carrera de Bush, dentro de la CIA y durante la presidencia de Nixon.
“Jack Coakley, oficial retirado de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) y anteriormente director ejecutivo de la Asociación de ex oficiales de Inteligencia (AEOI), dijo que Bush es el único candidato que alguno de nosotros pueda recordar que haya echado mano de la Agencia en su campaña, al referirse a la campaña presidencial de Bush. ‘El fue quien elevó a la comunidad de inteligencia al nivel de las cuestiones de una campaña nacional’. A su vez, Bush, recibió gran apoyo de varios antiguos oficiales de inteligencia. El Washington Post comentó que ‘ninguna campaña presidencial del pasado que podamos recordar, y quizás sea la única en su género, ha traído unta simpatía por parte de la comunidad de inteligencia como la campaña del otrora director de la CIA, George Bush’.
“Entre los antiguos oficiales de inteligencia que se agruparon en torno de Bush en su campaña y que desempeñaron prominentes cargos en ella se incluye: Ray Cline, jefe de estación de la CIA en Taiwán, de 1958 a 1962, y subdirector de Inteligencia de la CIA, de 1962 a 1966; Ten. Gral. Sam B. Wilson, ex director de la DIA; Ten. Gral. Harold A. Aron, ex director en jefe de la DIA; Henry Knoche, director ejecutivo de la CIA, después del despido de Bush; Robert Gambino (dejó su trabajo como director de Seguridad de la CIA para convertirse en guardaespaldas de Bush) y el Gen. Richard Stillwell, otrora jefe de Operaciones Clandestinas de la CIA en el Oriente Lejano. Los oficiales retirados de la CIA también dejaron ver su influencia en los esfuerzos locales organizativos de Bush en New Hampshire, Tennessee, Virginia y Florida. John Tilomas, quien sirvió en la diversión clandestina de la CIA en España cuando Bush era director de ese organismo, resumió de la manera siguiente sus razones para sumarse a la campaña de Bush en Tennessee, y las razones por las cuales muchos antiguos oficiales de inteligencia estaban al servicio de Bush. 'Creo firmemente que no existiría la ola de problemas que enfrentamos en Irán y Afganistán si George Bush se hubiera quedado en la CIA. Al referirse a la candidatura de Bush a la Presidencia, Ray Cline agregó: ‘Parece demasiado bien planeado para ser verdad... el país está despertando justo a tiempo para la candidatura de George.’
“Resultó en efecto que era demasiado bueno para ser verdad, así que Bush tuvo que aceptar la derrota en la carrera presidencial, pero pudo satisfacer su sed de poder cuando Ronald Reagan le ofreció el puesto número dos, aun cuando para ello tuvo que comprometerse a aceptar varias cuestiones de la campaña.
“Bush tendrá mucho apoyo durante la administración de Reagan para robustecer la CIA, pero es seguro que un ex director de la CIA en la Casa Blanca abrirá “nuevas posibilidades” para la agencia, sobre todo si se recuerda que Bush ha nombrado a varios ex oficiales de la CIA para formar parte de su equipo personal de trabajo. Su jefe de personal es el almirante retirado Daniel J. Murphy, quien figuró como asistente de Bush mientras éste fue director de la CIA. (...) Además, el que fue secretario ejecutivo de Bush en la CIA, Jennifer A. Flitzgerald ha sido ya nombrado secretario de relaciones de Bush.
“George Bush dirigió la agencia sólo un breve periodo: en 1976, el último año de la administración de Gerald Ford. Su nombramiento llegó al mismo tiempo que la CIA era sometida a un escrutinio público, poco después de haber sido reveladas varias actividades ilegales de esa institución. Bush sucedió a William Colby, quien había sido despedido por el presidente Ford. Una razón importante para el despido es que Colby “fue demasiado cooperativo con la Casa Blanca y el Comité del Senado que investigaba a la CIA’ Tocaría a Bush corregir la ‘equivocación’ de Colby de ser ‘demasiado abierto’
“(...) Todavía en la audiencia (la de diciembre de 1975, para discutir su nombramiento), el senador Hart tomó la opinión de Bush acerca de que los asesinatos son ‘moralmente ofensivos’ tomando por ejemplo el asesinato del general Schneider en Chile en 1973. Hart señaló que el gobierno estadounidense ha ‘fomentado o apoyado intentos de golpe de estado que han resultado en asesinato de líderes extranjeros... Lo que intento decir es que no se puede estar en contra de los asesinatos y al mismo tiempo dejar abierta la posibilidad de realizar operaciones clandestinas que puedan desembocar en asesinatos’. Después de lo anterior tuvo lugar el siguiente diálogo entre Hart y Bush.
Bush: “Así es el mundo”.
Hart: “¿Y esa es la clase de mundo que usted quiere perpetuar?
Bush: “No pero... a mí no me preocupa el mundo como en verdad lo vemos... pienso que hay un cierto compromiso con la moralidad pero no creo que por ello debamos cerrar para siempre la puerta de actividades clandestinas, lo cual parece ser la conclusión lógica de esta discusión”.
Hart: “Hay muchos tipos de actividad clandestina. Yo me refiero específicamente a los intentos de derrocar gobiernos en otros países”.
Bush: “Y yo dije que no quería sugerir que elimináramos esa opción para siempre. Propongo que manejemos esto con mucho, mucho cuidado. Les he dado el ejemplo... de un Hitler”.
“Bush se refiere aquí a una afirmación que hizo anteriormente en la cual empleaba a Hitler como ejemplo de alguien ‘que había sido instalado democráticamente’, y en el cual ciertas operaciones clandestinas podrían ser útiles y moralmente justificables para eliminarlo. La conclusión de Bush fue: ‘Creo que con esto queda demostrado que no debemos desertar a este tipo de acciones’.
“(...) A sólo un mes de haber ascendido al puesto Bush anunció una nueva política que definía la relación de la CIA con los medios de comunicación. Sus directrices eran las siguientes: ‘La CIA no entrará en ninguna relación pagada o contractual con ningún corresponsal de tiempo completo o medio tiempo parcial acreditado por agencias noticiosas, diarios, revistas, estaciones y redes de radio y televisión de Estados Unidos. En cuanto sea posible esta agencia hará que las relaciones existentes con individuos pertenecientes a estos grupos se apeguen a esta nueva política’
“Estas restricciones pueden parecer buenas a primera vista pero si las examinamos con mayor detenimiento se verá que las directrices de George Bush, si bien neutralizan parte de la crítica, excluye a gran número de periodistas. No cubre a reporteros y escritores libres ni a reporteros que trabajen para medios informativos extranjeros, aunque sean reporteros americanos”.
Excélsior. 25/II/81

 

EL VERSATIL BUSH
Con Richard Allen y George Bush junto a Ronald Reagan, parece que el mismo autor de una tira cómica, ya leída hace años, se empeñara en repetir la historia. En efecto, es inevitable recordar al otro presidente republicano, Richard Nixon, que llegó con los Spiro Agnew, los John Mitchell, los Haldeman, los Hunt, los Dean, los Ehrlichman, los Colson y, en fin, aquellos que pronto se convirtieron en una pandilla de convictos conocidos para la posterioridad como “Todos los hombres del Presidente”.

El párrafo anterior corresponde a un comentario que se publicó aquí el 11 de noviembre del año pasado. En esa misma fecha, Red Privada dio a conocer una lista de acciones criminales perpetradas por la CIA durante el tiempo en que George Bush fue director. Algunas de estas acciones tuvieron por escenario el territorio mexicano.

La investigación del periodista Konrad Ege, cuya segunda y última parte publicamos hoy, señala hacia un ángulo de la personalidad del vicepresidente —sus escarceos con ciertas formas de corrupción— que los comentaristas suelen olvidar, fascinados con las truculencias y el “dirty work” de la etapa cubierta por Bush en la CIA.

En su trabajo que publicó recientemente la revista Counter Spy, el periodista alemán termina diciendo:
“En un libro de reciente publicación escrito por John Dinges y Saul Landau, “Assassination on Embassy Row”, se informa otro suceso extraordinario en la carrera de George Bush en la CIA. Según este libro, George Bush desempeñó un importante papel en el encubrimiento del asesinato de Ronni Moffit y Orlando Letelier, ocurrido el 21 de septiembre de 1976. Antes del bombazo al carro de Letelier, Bush sabía que la policía secreta chilena D. I. N. A. había mandado un equipo a Washington ‘en misión clandestina’ Bush no reveló esta información a los investigadores de este asesinato. Por el contrario declaró ante el Departamento de Justicia que la DINA no estaba inmiscuida, y de la CIA se fugaron rumores hacia la prensa, en el sentido de que posiblemente Letelier había sido blanco de la izquierda, con lo cual la agencia participó activamente en el encubrimiento.

(El martes de esta misma semana, Red Privada se refirió a las circunstancias que permitieron a la CIA y a su director tener conocimiento anticipado y prestar colaboración respecto a los planes de Pinochet para asesinar a Orlando Letelier. )

“Durante su campaña electoral presidencial Bush no habló gran cosa de un aspecto de su carrera: su estrecha vinculación con la administración de Nixon. De marzo de 1971 a enero de 1973 Bush fue el representante permanente de Estados Unidos ante las Naciones Unidas. En enero de 1973 fue nominado presidente del Comité Republicano Nacional y mantuvo ese cargo hasta bien avanzado el escándalo a Watergate.
“El senador Robert Weicker dice que Bush consideró la posibilidad de destruir cierto material que podría resultar embarazoso para él mismo, para Richard Nixon y para más de otros 30 correligionarios republicanos. Los registros a que se refiere Weicker versan sobre el ‘Fondo Townhouse’. un fondo secreto para la campaña a cargo de los colaboradores de Nixon en la Casa Blanca. Bush niega haber hecho algo malo y ha dicho que las declaraciones de Weicker son ‘ una absoluta mentira ’.
“Bush mismo era beneficiario del Fondo Townhouse. Como candidato a la senaduría por Texas en 1970 (fue derrotado) recibió 106 mil dólares del Fondo por ser uno de los ‘candidatos favoritos’ de Nixon. Gran parte del dinero concedido a Bush en efectivo no fue consignado como exigen las leyes electorales de Texas. Si bien no es claro que Bush haya violado realmente la ley (llena de agujeros como estaba) la contribución hecha por este fondo controlado por Nixon pone de manifiesto una vez más la cercanía entre Bush y Richard Nixon. Según Los Angeles Times, una de las razones por las que Bush no reveló la mayor parte de las contribuciones de Nixon en ese momento es que ya entonces existí cierto resentimiento por parte de muchos téjanos por ‘sus estrechos vínculos con Nixon y el entonces vicepresidente Spiro T. Agnew’. Cuando se le expusieron las pruebas de las contribuciones de Nixon recabadas por la investigación de Los Angeles Times, al principio se rehusó a hacer comentarios. Al día siguiente declaró: ‘Mi expediente está limpio’. Y negó haber omitido la consignación de la mayor parte de la contribución del Fondo Townhouse. No obstante, Los Angeles Times señaló que ‘la explicación ofrecida por Bush... no parece concordar con los datos de su campaña archivados en Austin, Texas’. Times presentó varios ejemplos de contribuciones Townhouse (incluyendo 40 mil dólares pagados a una firma de publicidad que había trabajado para la campaña de Bush) que no fueron declarados
“Parece que ni siquiera este incidente dañó la reputación de Bush de manera significativa cuando menos dentro del Partido Republicano. Durante su campaña Bush fue atacado, sobre todo por su participación en la Comisión Trilateral. La extrema derecha de su partido considera a la Trilateral como ‘liberal’ e ‘internacionalista’
“George Bush gusta de presentarse como un idealista, como alguien con sentido de responsabilidad por su país. Habla acerca de moral y mantiene una imagen de un ‘Mr. Nice Guy’.
“De esta manera pudo glosar por medio de cuestiones tan peligrosas como la idea de que una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética se puede ganar. Bush calcula que cerca de 5 por ciento de la población de Estados Unidos podría sobrevivir a una guerra semejante y declararse vencedores. Obviamente Bush representa los intereses de ese cinco por ciento que está seguro de contar con el dinero suficiente para sobrevivir. ’’
Excélsior, 26/II/81

 

EXPRESIDENTE ESPIADO
En 1966 se ejerció espionaje telefónico sobre un expresidente de la República. Cuando el licenciado Adolfo López Mateos se hallaba gravemente enfermo, fueron interceptadas conversaciones telefónicas de su secretario particular, su esposa, su hermano y el médico principal que lo atendía.

El intenso sufrimiento del expresidente, por sus dolores de cabeza, visión doble e impedimento para sostenerse de pie, queda desnudado en las transcripciones que existen sobre esas conversaciones telefónicas. Se trató, pues, de una brutal intromisión en la vida privada del exjefe del Estado. Las consecuencias políticas de este hecho no están claras todavía, pero se pueden formular tres conclusiones preliminares.

Una, muy obvia y preocupante, es que existen personas capaces de poner un jaque a importantes personajes del sistema. Después de esto, ningún ciudadano puede sentirse a salvo de esta terrible violación de sus derechos.

La segunda conclusión llevaría a admitir que cualquiera, hasta agentes extranjeros, estuvieron en capacidad de utilizar esta información para diversos fines, inclusive causar daños a los intereses del Estado Mexicano.

Tercera: internamente algunos políticos, suscriptores de ese servicio de espionaje, pudieron haber sacado alguna clase de provecho de una información privilegiada.

Esta última conclusión se apoya en el hecho de que un expediente de 500 hojas con las transcripciones fue descubierto en las oficinas de un conocido cacique político.

Al ser desmanteladas esas oficinas en Polanco, una persona rescató el documento, retirándolo de los “papeles viejos” que iban a ser incinerados en el horno de una ladrillera. El mes pasado una conversación casual puso al columnista en conocimiento de la existencia de tal expediente. De aquí a la obtención del original ya no hubo que esperar mucho.

A fines de 1979, un centenar de diputados comenzó a preocuparse por ciertas denuncias acerca del espionaje telefónico, y se formó una comisión investigadora. Los resultados fueron tan cómicos como podía esperarse por la clase de representantes que integraron la susodicha comisión.

Eran personas perfectamente incapaces de notar la presencia de un elefante dentro de un Volkswagen. Como un grupo de invidentes se dejaron llevar de la mano por Manuel Rangel Escamilla, el único diputado que tenía los ojos bien abiertos y que sabía exactamente por dónde no iba a conducir a sus colegas.

En la primavera del año siguiente, los diputados presentaron un dictamen según el cual lo único que habían podido descubrir era que existen variadísimas formas de interceptar un teléfono. Pablo Gómez, del Partido Comunista, miembro de la comisión, se negó a firmar el dictamen. Hacia fines de año, la Cámara aprobó una nueva legislación para aumentar hasta cinco años la pena para las indiscretas golondrinas posadas en los alambres.

El diputado del partido oficial, Luis Porte Petit. dijo al presentar el proyecto de ley: “Es real la posibilidad técnica de que las comunicaciones telefónicas sean interferidas por terceros”.

En el expediente hallado se muestra que Humberto Romero Pérez, secretario privado del expresidente López Mateos, tenía interferidos los teléfonos de su oficina y de su casa. En las hojas de transcripción se anota como “Teléfono No. 17” el de casa, y “No, 2“ el de la oficina. Podría suponerse que el No. 1 tal vez correspondía al teléfono del expresidente de la República.

A HRP se identifica en las transcripciones como “Pérez”, porque tal era una especie de clave personal que él mismo usaba para comunicarse con ciertas personas. Durante un diálogo captado por los espías el 7 de enero de 1966 entre “Pérez” y don Mariano López Mateos, ambos concertan una cita para hablar del grave asunto. HRP pide la ayuda de don Mariano para hacer que el expresidente “no le entre a nada de trabajo”, y por su parte, don Mariano se queja de que “cada gente se siente dueña del enfermo”.

Días después, el 26 de enero, a las 13.30 Hs. se captó el siguiente diálogo entre Francisco Galindo Ochoa y “Pérez”. Se transcribirá el texto, respetando estrictamente la sintaxis y puntuación de los mecanógrafos del servicio de espionaje:

Fco.: Oye cómo sigue el licenciado?...
Pérez: Vieras que muy bien... bien... bien...
Fco.: Lo vi en una fotografía y se ve como antes...
Pérez: Sí... Sí... Vieras tú... Claro tiene sus medidas no creas, viene un par de horas platica con tres cuates o cinco cuates ve... ve... ve la manera de largarse luego... luego... se va y se echa su vuelta se está midiendo muy bien.
Fco.: Y el ojo ya se arregló?...
Pérez: Fíjate tú que se le está reduciendo la pupila...
Fco.: No hombre?...
Pérez: Y lo que se esperaba en seis meses es posible que antes... ya se le quitó la doble visión, ya abre el ojo y ya no ve doble... veía dos planos uno arriba y otro abajo...
Fco.: Qué bueno...
Pérez: Eso está muy bien.
Excélsior, l/IV/81

 

ESPIONAJE TELEFONICO
El paquete de evidencias sobre espionaje telefónico a que nos referimos ayer muestra que no sólo el ex Presidente López Mateos fue víctima de esta intromisión, sino también el general Lázaro Cárdenas, los secretarios de Industria y Comercio, Hacienda y Agricultura, el ingeniero Jorge L. Tamayo, el director de Seguro Social, el ingeniero Manuel Marcué Pardiñas y otras personas.
El mismo servicio de espionaje tenía interferidos teléfonos de algunas embajadas, como la de Cuba y Polonia. Un reporte del 4 de marzo de 1966 dice lo siguiente:
“Carmen manifiesta a Luisa, ambas empleadas de la embajada de Polonia, que hasta ayer se dio cuenta de que hay que pagar impuesto sobre la renta. Luisa lo está pagando, pues hay una disposición en la ley respectiva que dice que los empleados de las embajadas y consulados deben pagarlo directamente. Carmen teme que vayan a perjudicarla, Luisa le asegura que no le hacen nada; que sólo diga que empezó a trabajar el primero de marzo; que vaya a la delegación de Hacienda que le corresponda y allí se dé de alta.
Carmen pregunta que si todos tienen que pagarlo. Luisa dice que sí porque todos ganan más del salario mínimo; pero por ejemplo Rouset y Silviano no lo pagan porque no se dieron de alta, y entonces son dos ciudadanos que no existen... hay muchos así. Carmen insiste en que si no irán a averiguar que ella ha estado trabajando cuatro años sin pagar. Luisa le asegura que no pues ella lleva aquí quince años y sólo está pagando desde dos; y suelta una carcajada”.
Unas marcas especiales en el original indican que estas alegres secretarias pudieron haber sido objeto después de alguna presión a causa de los impuestos no pagados.
El grupo de sicofantes que intervenía los teléfonos, tenía marcado con el No. 88 al licenciado Adolfo Christlieb, presidente del PAN. El 17 de marzo de 1966, a las 12:45 Christlieb tuvo una plática con el doctor Raúl Velasco Zimbrón. El líder panista estaba verdaderamente furioso por un ataque recibido y que él en cierta manera atribuía a jerarcas eclesiásticos. En un momento de la conversación. Christlieb le pide a RVZ: “yo quiero que tú hagas una pregunta porque yo voy a poner al mitrado y a sus súbditos en su lugar aun cuando sea lo último que haga en mi vida".
Una conversación de ambos personajes grabada a las 14: 18 del 25 de enero de ese año, puso en manos de los suscriptores del servicio de espionaje elementos importantes para enterarse de graves dificultades internas en el PAN. El expediente a que hemos estado haciendo referencia fue hallado en la oficina de un importante cacique político, miembro del PR1. La transcripción del diálogo, después de algunas frases triviales es la siguiente, respetando estrictamente el mal trabajo hecho por los mecanógrafos de la empresa de entrometidos que dejan en puntos suspensivos palabras no comprendidas:
Velasco: Sí oye yo no vi lo de “Novedades”... Es decir, lo que me pregunto...
Chris: ¿De qué?
V.: Pues en relación a esas cosas.
Ch.: Bueno pues entonces Felipe... le ha de haber llegado ya el...
V.: Sí.
Ch.: Entonces el mismo grupo del Chino Federico Estrada,
Jacinto, todos esos. Fíjate que a mi me ha dado muy mala espina que no se presente en el P. A. N. en estos días.
V.: Ah sí.
Ch.: Peor yo si este... Yo creo que en una cosa de esas si voy hacer mi defensa ¿verdad?..., le voy a... que qué ha hecho él o que qué han hecho las gentes esas... Entonces sí voy a tener que sacar las uñas, ¿verdad?
V.: Oye yo creo que mejor hay que planearlo eh? Hay que planearlo. Sí, claro independientemente de que saques las uñas.
Ch.: Digo... yo no me puedo quedar callado, ¿verdad?
V,: No, no. Pero es lo que digo, también... es muy riesgoso echar tierra, mano.
Ch.: Bueno pero entonces... Me lo echan a mi y yo...
V.: No. no, no. Pero digo... porque salpica mucho, mano.
Ch.: ¿Qué?
V.: Salpica mucho el ambiente... Si se les sacan todos sus trapitos al sol, ¿eh? Mejor, ¿qué te parece si seguimos la táctica del charro?
Ch.: ¿De qué?
V.: Yo te ayudo con mucho gusto... Este... ¿Entiendes?... No vayan a mover el agua porque ustedes son los primeros que se tapan... Porque ellos levantan... comienzan sus cosas con falsedades y con... No con falsedades sino con críticas tontas y todo eso, bueno pues se va a tener que decir, ¿verdad?... ¿Ahora no crees que sea buena medida?
Ch.: Pues... no sé mano, porque... Mira son gentes que no entienden... Son gentes que quieren tener un instrumento para... pues para mangonear, ¿verdad? Para hacer y para tornar y que hay que... ¿eh?
V.: ¡Ah, qué caray, hombre!
Ch.: Entonces en parte están tirándole ellos pues a... a la cosa del, este... de agarrar... Ellos no le tiran a la cosa general, ¿no? Más que nada están tirando por ese lado para quedarse con lo del D. F., ¿entiendes cuál es la jugada?
V.: Sí.
Ch.; ¿No la ves así?
V.; Pues si, pudiera ser. Pero... Pero ya personalmente... ¿A qué le buscan, mano?...
Ch.: Pues sí.
V.: Ni modo que vayan a crear un segundo... Es decir, un doble frente en el Partido D. F. y toda la República.
Ch.: No, pero ya está saliendo de dónde se están moviendo las mugres, ¿ves?
.: Y fíjate nada más el pobre de Estrada a lo que se expone, mano.
Ch.: Pues... El sabe que no se puede exponer a nada, mano.
V.: ¿No?
Ch.: En ese aspecto, ¿verdad?
.: Oye, ¿pero cómo no se va a poder exponer?.. Se necesita esta mano de hierro y esta situación y todo eso, porque nos sucede lo que sucedió en el... tal Distrito, ¿no?
Ch.: ¿No se puede decir eso?
V.: Nooo. Pero si no se puede decir, se puede dar a entender, mano. Por eso digo que hay que planear la cosa para la remota posibilidad de que vayan a fastidiar éstos, verdad.
Ch.: Sí.
V.: Déjame hablar con José y con Ituarte.
Ch.: ¿Por qué no los citas para hoy en el Partido? Y nos encerramos ahí.
V.: Bueno, ándale pues, yo voy hablar con...
Ch.: ¿Eh?
V.: Porque así no puede uno dejar de exhibirlos en caso necesario... Francamente, ¿verdad?... Sería una vergüenza pero, ¿que se va a hacer?
Ch.: Posiblemente ande también ahí el penitente Avila Blancas... Es el grupito, ¿verdad?... Avila Blancas, Trueba Barrera...
V.: ¿No, hombre?
Ch.: Quién sabe ese es medio cauteloso, ¿verdad? Pero no me extrañaría a mí que se aventara.
V.: Qué bruto, mano.
Ch.: Ese, este... Avila Blancas que es... Ya lo dijo en el... es la tercia Avila Blancas, ¿te acuerdas?
V.: Ajá.
Ch.: En el Comité Nacional... Que lo dijo un día, ¿no te subiste tú?
.: Sí, yo me acuerdo que alguna... No, yo no estaba, pero alguna cosas... Bueno...
Ch.: El Chino que es muy habilidoso para aventar esas cosas y que otros las trabajen...
V.: Pues sí, había que estar un tanto...
Excelsior 2/IV/81.

 

JERRY LEWIS, CIA
Existe en México un importante agente de la CIA a quien podría señalarse como responsable moral de algunas matanzas efectuadas por la junta militar de El Salvador; más claramente sería señalado como el constructor de la nueva capacidad de la junta para hacer redadas de ciudadanos, y obtener de ellos confesiones mediante torturas.

Es un típico “asesor”, de los que tantas veces ha hablado el hoy convaleciente señor Reagan. Tal vez no asesinan a nadie con sus propias manos, pero adiestran y dirigen a quienes lo hacen. Más parecido a Jerry Lewis que a la imagen cinematográfica de un siniestro personaje, este agente de la CIA ha hecho a la perfección su trabajo, y merece que un público amplio lo conozca.

Antes, sin embargo, habría que hacer un emocionado recuerdo del paradigma de los “asesores” estadounidense: Dan Mitrione. Novelistas, ensayistas y directores de cine —Costa Gavras, por ejemplo— se han ocupado de Mitrione. Hoy ofrecemos notas de dos expertos a quienes Red Privada consultó. El primero extrajo la información de sus propios archivos y de algunos estudios publicados. El otro se basó, principalmente, en el guión de la película “Estado de Sitio”. He aquí, pues, la primera:

Dan Mitrione, consejero policial de EU, ganó atención internacional en 1970, cuando fue secuestrado y asesinado por los Tupamaros. Su caso apareció en la película “Estado de Sitio”.

Cuando lo arrestaron, los Tupamaros le encontraron identificaciones del Departamento de Estado, de la Agencia para el Desarrollo Internacional, del Departamento de Policía de Montevideo y de la Academia Nacional del FBI, de donde se había graduado.

Bajo la cubierta de AID, el gobierno de EU instruyó a la policía de Brasil y Uruguay en técnicas de tortura, y se mencionó a Mitrione como el principal asesor que las preparó.

Mitrione partió de EU por primera vez a Belo Horizonte, como parte de un equipo que Dwight Eisenhower despachó a ese país para luchar contra el comunismo, según decían. Su papel era como consejero de Seguridad Pública.

La Escuela de Seguridad Pública, con sede en Washington, fue cerrada en la primera parte de la década pasada, luego de las acusaciones de que era operada por la CIA. Allí acudió un gran número de policías latinoamericanos a instruirse, incluidos no menos de 73 mexicanos.

J. Edgar Hoover le dijo a sus asociados que el programa policial, en el cual estaba Mitrione, era simplemente una cubierta más de la CIA.

En Brasil Mitrione recomendó: “Nuestro programa de relaciones públicas incluye cambiar los uniformes de tránsito; de ropa de un tipo llano, al azul, hecho de mejor material. El público tendrá más respeto por la policía y nosotros esperamos una moral más alta".

En febrero de 1963 fue transferido a Rio, donde pasó más tiempo con policías militares que civiles. Durante su estadía en Rio apareció el Escuadrón de la Muerte, y también el servicio de inteligencia brasileño.

El programa incluía métodos para la dispersión de huelgas y huelguistas, el uso de perros y macanas, así como “los modernos mecanismos de represión”.

Mitrione llegó a Uruguay en 1969, y su principal comisión era mejorar la capacidad de la policía nacional para acabar con la insurgencia. Como en Brasil, con la llegada de Mitrione se incrementó el número de policías de Uruguay que eran enviados a EU a instruirse.

También se fueron presentando entre sí, miembros del Escuadrón de la Muerte con policías de Uruguay y Argentina, al tiempo que la CIA estaba intercomunicando a las policías del Cono Sur y entrenándolas en grabaciones clandestinas, suministro de explosivos, armas especiales, etc. Asimismo, producto de estos contactos condujeron a vigilancias, hostigamientos y hasta el asesinato de exiliados.

Para el interrogatorio de un líder sindical, Mitrione recomendó:
“Desvístanlo completamente y fuércenlo a pararse de cara al muro. Entonces dejan que el policía más joven lo manosee. Luego, póngalo en una celda y téngalo allí por tres días sin darle de beber. En el tercero, pasen frente a él un recipiente de agua mezclada con orines”.

Mitrione arregló también que, para mejorar los rudimentarios métodos de tortura usados por la policía uruguaya, Estados Unidos obsequiara instrumentos tales como cables eléctricos de diversos grosores, algunos de los cuales podrían instalarse entre los dientes del torturado. No hay datos exactos que Mitrione mismo torturo a prisioneros, pero sí condujo personalmente algunos interrogatorios.

Hasta aquí, unas notas hechas después de una apresurada consulta a los archivos del investigador. Ahora, el segundo texto preparado, que tal vez resulte más próximo al recuerdo que el público guarda de un magnífico filme:

Comienza la sesión en el Parlamento de Montevideo. Toma la palabra el presidente de la diputación y propone, Uno: se declara luto nacional por la muerte de Phillip Michael Santore, oficial de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), ciudadano de Estados Unidos. Dos: los servidores públicos, escuelas, bancos y el comercio en general cerrarán en señal de duelo. Tres: el gobierno uruguayo correrá con los gastos del funeral.

Los diputados aprueban por unanimidad las proposiciones y en seguida guardan un minuto de silencio...

La catedral de Montevideo vive un momento especial y dramático. El órgano y los coros entonan música sacra, triste. Todo el Consejo de Ministros de Uruguay, prominentes miembros del Ejército, el cuerpo diplomático acreditado en el país y distinguidos catedráticos universitarios, observan el ataúd cubierto con la bandera de Estados Unidos. Conmovidos, mientras la señora Santore llora por la pérdida del padre de sus siete hijos, escuchan la oración y las palabras del nuncio papal: “... amante esposo y padre ejemplar; él, una víctima inocente que ha sido sacrificada”. Indignado, incluso elevando el tono de su voz, el nuncio prosigue: “ ¡... un hombre que vino a ayudar a este país ha sido víctima del terrorismo y la violencia...! ”

Lo anterior son algunas de las escenas de los primeros 20 minutos de la película “Estado de Sitio” realizarla por Costa Gavras.

Pero los hechos son reales. Phillip Michael Santore (interpretado por Yves Montand) era en realidad Dan Anthony Mitrione, un agente de la CIA que fue secuestrado, interrogado y muerto por los Tupamaros. Este ejemplar padre de familia habría introducido, entre otras cosas, métodos más tremendos de tortura en Uruguay para ejercer, con las técnicas del siglo XX, una represión más efectiva.

Dan Mitrione fue el introductor de la “línea dura” contra los opositores y presos políticos de Uruguay, para eso contó no sólo con sus magníficas ideas al respecto, sino con la anuencia del gobierno y la íntima colaboración de la policía y el Ejército, uno de cuyos miembros, el comisario Juan María Lucas, llamado en la película de Gavras “Capitán López” e interpretado por Renato Salvatori, había sido alumno en la International Police Academy de Washington.

¿Teorías de Mitrione? Las siguientes:
— Los interrogatorios deberían ser “más técnicos”.
— La información debería obtenerse en forma por demás continua.
Era necesario abastecerse de un nuevo equipo de espionaje.
— Intensificar la agresión contra el comunismo internacional.
— La casi automática aplicación de todos los métodos de tortura a los presos políticos (desde las inyecciones de pentotal hasta la presión sicológica).

Gracias a Mitrione se instalaron cámaras especiales en el aeropuerto de Montevideo para fotografiar, mientras eran revisados sus pasaportes, a los visitantes de países socialistas; se incrementó entre la policía el uso de armas cortas y diversas armas de “semicombate”; preparó también la investigación exhaustiva de todo tipo de correspondencia y publicaciones provenientes de países socialistas.

Sí. Dan Mitrione podría considerarse también un “asesor militar” de esos que están de moda en El Salvador.
Excélsior, 3/IV/81

 

MITRIONE BIS
John Glassman, agente de la CIA que opera en México y Centroamérica, podría considerarse como la reencarnación de Dan Mitrione —v. Red Privada del viernes— en cuanto a su eficacia para dotar a la junta militar salvadoreña de una nueva capacidad para reprimir la subversión, mediante modernos métodos de infiltración, espionaje, delación y tortura.

“Tal vez no asesinan a nadie con sus propias manos, pero adiestran y dirigen a quienes lo hacen”, se dijo en el comentario anterior, respecto a la responsabilidad moral de Glassman en las matanzas de ciudadanos salvadoreños; lo dijimos también en recuerdo de lo que el célebre Dan Mitrione realizó en Brasil y Uruguay. Ambos casos fueron puestos como ejemplos de lo que son y significan los “asesores” de que habla el presidente Reagan como parte de la ayuda de Estados Unidos a gobiernos “amigos”.

John Glassman es conocido por periodistas, diplomáticos y funcionarios en México como un pacífico WASP, mucho más parecido a Jerry Lewis que a la imagen clásica del espía y el maestro en represión. Pero Glassman dista de ser un inofensivo empleado de la embajada. De hecho, es uno de los agentes que mayor influencia han tenido en los acontecimientos políticos militares. Los estudios que ha realizado, sus antecedentes y la rapidez con que casi cotidianamente es provisto de información especial desde el mando en Washington, son datos que lo describen como una de las figuras más sobresalientes que la CIA haya enviado a México, desde que estuvo aquí Lawrence Sternfield.

(La identidad de Sternfield como “jefe de estación” de la CIA en México fue descubierta por el columnista en octubre de 1978. El día 13 de ese mismo mes solicitó protección policiaca a las autoridades mexicanas, mientras podía irse del país. Sternfield había sido descrito como el espía de mayor rango enviado hasta entonces a México. En noviembre 25 del año pasado, Red Privada publicó el nombre del siguiente jefe de estación: Stewart D. Burton; pero éste aparece como una persona bastante borrosa al lado de un Glassman).

Para una primera aproximación al personaje, un observador cercano a él entregó a Red Privada la siguiente semblanza:

“John Glassman debe andar en la mitad de los treintas. Es de esa generación que creyó en Vietnam, quemó sus tarjetas de conscripto y siguió con entusiasmo a lo mejor del pensamiento liberal de los sesentas. A Glassman todo esto lo afectó distinto. Se esforzó por ingresar en Harvard mientras crecía su rencor por los ‘malos americanos’ Era un viejo prematuro o como él diría, un buen americano.
“Su condición de White Anglo Saxon Protestant (WASP) le llevaba a reprobar el uso de la mariguana, el destape sexual de sus compañeros y sobre todo su miopía por reconocer la misión mística de Estados Unidos como garante de la libertad y abanderado de la lucha contra el comunismo.
“Debe haber encontrado en Samuel Huntington y no en Daniel Ellsberg las mejores respuestas a sus dudas sobre su vocación futura”. (Aquí, el autor de esta especie de “profile” se está refiriendo al doctor Huntington, militarista, maestro y tutor de Glassman en Harvard. Huntington ha colaborado con la Rand Corporation, cuando esta gran empresa de asesoramiento ha cumplido contratos públicos para la CIA. Daniel Ellsberg es el periodista que reveló los llamados “papeles del Pentágono” y, claro está, en pensamiento político representa la opuesta a Huntington).
“Su militancia debe haber sido definida desde el principio en aras de las mejores causas de la defensa de América. Son los jóvenes que escogen formarse a la derecha de los Rockeffeller para poder salvaguardar los intereses de éstos. Su música se parecía más al grupo ‘Up with people’ que al mensaje de Lennon.
“Brillante estudiante, su especialidad y preocupación es el comunismo en América Latina. Lo más cercano a los intereses de Estados Unidos, lo más amenazante. Su español es impecable, pero lo disfraza de una insuficiencia inexistente. Capta los argumentos más difíciles con fluidez y de esta manera se inicia su recorrido por áreas sensibles de los órganos de inteligencia.
“Es el policía con formación y marco de referencia. Hay proyecto detrás de sus análisis. No se trata de una actividad de pesquisa ni de un ejercicio académico, sino de una interpretación y posible modificación de las políticas de los países donde se le envía. Penetra con agudeza en las sutilezas del submundo de los antisociales cubanos y aún logra que un fingido o real ataque de apéndice lo lleve al hospital en Cuba”.

(Aquí el autor se está refiriendo seguramente de un curioso episodio protagonizado por Glassman en La Habana antes de 1979, año de su arribo a México. Glassman formaba parte del personal estadounidense destacado en la “oficina de intereses”, que es una vaga representación del gobierno de Estados Unidos abierta en 1978, o sea 18 años después de que se rompieron las relaciones diplomáticas. Cuando Glassman se dio cuenta de que sospechaban de él los servicios cubanos de contraespionaje, se las arregló para fingir una súbita enfermedad que le permitiera escapar de la isla antes de que concluyera la investigación. Glassman dice ahora que en el hospital cubano le aplicaron una inyección que le ha hecho perder fuerza en una pierna).
“En México afina más su personalidad inocente: la del funcionario cumplido, receptivo, inquieto por aprender. Su aspecto físico se lo facilita: 1. 85 de estatura, encorvado, lentes gruesos, calvicie incipiente, complexión gruesa y una expresión permanente de sorpresa. Jerry Lewis, bien conocido cómico yanqui, despierta más sospechas que el ‘bueno’ de Glassman.
“En México se le adscribe como ayudante del consejero político encargado de manejar los asuntos relativos a derechos humanos, política nuclear, braceros y actividad de México en los foros internacionales y en la región de Centroamérica y el Caribe. Esta es la cobertura oficial de la que lo provee la embajada tan pronto llega al país. Así se da a conocer a periodistas mexicanos.
“Celoso vigilante de la participación de Estados Unidos en el contexto internacional, constantemente recibe información rápida y precisa sobre posibles resoluciones de su gobierno acerca de Israel, Chile, Argentina, etc. En esos casos, busca formas de difundir inmediatamente la preocupación de su país por la probable actitud de México. Orienta sobre lo que su gobierno espera, siempre con un tono de advertencia.
“Son constantes las desapariciones de su oficina en Paseo de la Reforma hasta que se conoce su paradero: El Salvador. Sus visitas se presentan como refuerzo al personal de su embajada en ese país. El resto, él mismo se encargó de revelarlo”.
Excélsior. 6/IV/81

 

EX CANDIDATO AL 33
John Glassman, el agente de la CIA de quien publicamos ayer una semblanza, también es descrito por otras fuentes como “un fanático peligroso, fabricante de informaciones equivocadas para su propio gobierno”.

Los datos que había publicado esta columna acerca de Glassman lo identificaban como un WASP (en español: blanco, anglosajón y protestante, definición que equivale a estadounidense perfecto), lleno de conocimientos teóricos, de técnica y entusiasmo para defender los intereses del imperio. Las descripciones subsecuentes agregan el fanatismo político.

Así, Glassman se vuelve un producto letal de la CIA, capaz no sólo de excederse por su cuenta en el combate contra el “enemigo” —en este caso el pueblo insurrecto de El Salvador—, sino de inducir al propio gobierno de Estados Unidos a tomar decisiones equivocadas.

La carrera loca de la administración Reagan hacia un nuevo Vietnam, por supuesto lleva como principales motores el temperamento del Presidente y de su secretario de Estado, el general Haig, pero parte del combustible procede de la obcecación de agentes de inteligencia como John Glassman. (El escribe su nombre así: “Jon”).

La historia dirá qué tan desafortunada resultó para Estados Unidos —y para sus víctimas— esta conjunción entre exacerbados partidarios de la línea dura desde la Casa Blanca, y los agentes de la CIA que, como Glassman, añaden sus propios apasionamientos en la ejecución de las consignas ya marcadas originalmente por la intransigencia.

Por lo pronto, nuestro héroe debe sentirse instalado en la felicidad al encontrar, “ahora sí”, cabal comprensión en sus jefes de Washington para la tarea que inició en agosto de 1979, desde su base en México.

John Glassman comenzó a descubrirse a sí mismo por sus viajes a El Salvador demasiado frecuentes. Dejó la cobertura de simple funcionario mediano en la oficina de asuntos políticos de la embajada en México, y empezó a actuar de un modo inconfundible para los observadores diestros.

Primero, no resultaba comprensible que un “diplomático” acreditado en México tuviese que atender problemas en otro país, donde ostensiblemente no le falta personal a Washington. Segundo, cuando el señor Glassman está en El Salvador, nadie puede hacer contacto con él. Es decir, no da la cara; se oculta a la prensa salvadoreña, a los corresponsales norteamericanos y particularmente a los enviados especiales de periódicos mexicanos.

Tercero, los viajes de Glassman a El Salvador coincidieron con una nueva y creciente capacidad de la junta militar para detectar a “subversivos”, para hacer redadas y arrancar confesiones. Un reconocimiento a sus habilidades nos llevó en el comentario de ayer a comparar a Glassman con Dan Mitrione el legendario “asesor” estadounidense, que después de dar lecciones en Brasil, y Uruguay, fue secuestrado y muerto por los Tupamaros.

La tarea secreta de Glassman quedó al descubierto el 23 de febrero con la presentación del “white paper” por el gobierno de Washington. El documento supuestamente contiene pruebas irrefutables de que Nicaragua y Cuba han suministrado armas a los rebeldes salvadoreños.

De un extremo a otro del planeta, enviados especiales de Reagan entregaron a jefes de estado copias del “white paper”. A México vino el general Vernon Walters. La embajada sigue repartiendo copias en inglés y en español.

Glassman, en la cúspide de su carrera, fue llamado a Washington para lanzar desde allí, durante una conferencia de prensa, cargos contra el gobierno de México. El texto publicado por Excélsior el 24 de febrero dice:

“John Glassman, especialista del Departamento de Estado en cuestiones latinoamericanas adscrito a la embajada de Estados Unidos en México, declaró que el PRI (Partido Revolucionario Institucional) ‘formuló ciertas promesas de ayuda a la guerrilla salvadoreña’; precisó, sin embargo, que ‘no existen evidencias’ de tales promesas se hayan concretado porque hasta ahora el PRI no ha suministrado armas a los rebeldes”.

Como cualquiera puede apreciar, el sesgado lenguaje de Glassman fue lo suficientemente claro para dar a entender que las “promesas” del PRI a la guerrilla salvadoreña habían consistido precisamente en la entrega de armas.

Este fue un acto temerario del ensoberbecido Glassman que en otras circunstancias debió haberle costado su expulsión de México. En efecto, sabe perfectamente la gravedad de una acusación extranjera contra el PRI. No ignora que es el brazo del gobierno para fines políticos y que constantemente en este país se dice y se prueba que el verdadero jefe del partido es el Presidente. Se trata, pues, de una acusación maliciosa e intolerable en un “diplomático”... comprensible en un fogoso combatiente de la CIA.

En vez de haber sido expulsado del país, Glassman pudo seguir entrando y saliendo de México, “como Pedro por su casa”, hasta que hace unos días se despidió formalmente. (¿Con su parecido a Jerry Lewis, sería imaginable que antes de partir, soltara una trompetilla para nuestras autoridades?). Cuando estuvo aquí realizó visitas a redacciones de periódicos para personalmente llevar y explicar el “white paper” y, también, para pulsar la opinión de los periodistas y de los empresarios editores, a fin de enviar datos que interesan a Washington.

El “white paper” básicamente contiene los documentos que Estados Unidos pudo reunir mediante el trabajo de quince meses dirigido por Glassman en México y El Salvador. La infiltración de saboteadores y delatores en la guerrilla salvadoreña; la captura de algunos dirigentes y la obtención de sus “confesiones” por los métodos que en su tiempo perfeccionó Dan Mitrione, permitieron a Glassman esta abundante cosecha.

El Departamento de Estado se encargó de confeccionar un documento de más de doscientas páginas, y de mostrarlo al mundo como una de las grandes victorias del servicio de inteligencia de Estados Unidos, en los últimos tiempos.

Pero si usted se ha tomado la molestia de leer el informe —en su compendiada versión al español o el completo en inglés, que incluye facsímiles— sabrá ya que lo mismo puede tratarse de verdades que de embustes, porque ¿a quién persuade la CIA de que siempre dice “la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”? ¿Desde cuándo los perjuros profesionales tienen fe pública?

Una prueba elemental —suficiente para personas de buena fe— pudo haber consistido en demostrar que, por ejemplo, la letra de un guerrillero que aparece en uno de los facsímiles, corresponde efectivamente a esa persona. La presentación de otros facsímiles con manuscritos del mismo individuo en diversas épocas de su vida, habría probado el punto.

Pero esto no aparece en ninguna parte del “white paper”. Surge, en cambio, un hecho cuya notoriedad. acaso golpea el rostro. Todo está presentado —todo: documentos “confesiones”, relatos, etc. — como algo directamente logrado por quien firma el documento: el gobierno de Estados Unidos. Es decir, Glassman.

Por ningún lado aparecen referencias, siquiera remotas, a las autoridades salvadoreñas. El documento expone meridianamente que fue una sola mano la que se apoderó de los documentos y, por supuesto, de quien los llevaba encima: una mano llamada CIA.

Un descuido evidente, apenas creíble en un maestro del espionaje... o, como diría un psiquiatra, un acto fallido en la conciencia de un peligroso fanático.
Excélsior, 7/IV/81

 

INDEFENSO, USTED
Así como para leer bien los periódicos es necesario pertenecer a la “cultura de la errata”, para nuestras conversaciones personales y de negocios —sobre todo si son negocios políticos— es imprescindible vivir dentro de la “cultura del espionaje telefónico”.

Estas observaciones podrían formar parte de una vaga respuesta a quienes se han tomado la molestia de escribir o de llamar preguntando si hay defensa posible contra la intercepción del teléfono.

No, no la hay. La corrupción y los medios electrónicos han avanzado a tales extremos, que prácticamente todo aquel que decida espiar a otro, puede hacerlo. Un lector bien informado dijo que podría proporcionar nombres y direcciones de empresas que se dedican a grabar conversaciones telefónicas. Dichas empresas, según aseguró, dan servicio principalmente a bufetes de abogados y de asesores industriales o financieros, pero también a entidades del gobierno, cuando éste se ve rebasado en su capacidad para lo mismo.

El lector se refirió a los que muchos de nosotros sabemos: si alguien tiene los contactos adecuados, esta mañana puede ir a una oficina, donde un caballero ofrecerá servicio de intercepción telefónica las 24 horas, por el número de días que sea necesario. El trato se cerrará sin firma de documentos y bajo promesa de sigilo absoluto.

Si el prestador del servicio es modesto, su sistema consistirá en “parchar” una línea desde algún punto en la calle; a bordo de un automóvil estacionado se instala el aparato grabador. Otros técnicos desdeñarían este método por artesanal y casi primitivo y ofrecerían al cliente un complicado sistema... o el más sencillo y eficaz de todos: aquel en donde cuenta la magia de los sobornos a empleados de la empresa pública donde al parecer pronto habrá una huelga.

En las mismas tiendas estadounidenses donde se venden equipos para interceptar llamadas, existen aparatos que supuestamente pueden descubrir cuándo una línea está intervenida, y otros para evitar que la conversación sea grabada. En cuanto a los primeros, se basan en la medición del voltaje, y una baja en éste puede indicar, en efecto, que la línea está “parchada”... o que hay humedad en algún tramo de los alambres; es decir, usted puede llevarse un susto o disgustarse inútilmente. Y respecto a los segundos, su eficacia tiene generalmente el mismo rango de seguridad que el único método contraconceptivo que admite la Iglesia. Como usted sabe, hay muchos niños a quienes sus papás llaman “hijos del ritmo”.

En México, la CIA intercepta llamadas telefónicas por medios mucho más perfeccionados que los de cualquier policía del gobierno o negocio privado. Por ejemplo, una policía mexicana sólo puede informar que equis persona llamó del teléfono tal a otro, pero no pueden saber el número de este último. Conocen el primero porque ese es el que tienen intervenido; pero generalmente no disponen de equipo para saber el número del teléfono al que se hizo la llamada.

La CIA, en cambio, opera en México un número no precisado de camionetas a bordo de las cuales se halla instalado el equipo más moderno de interferencias. Ni siquiera tienen que hacer contacto físico con los cables del teléfono que se proponen escuchar. Mediante sistemas electrónicos, captan las emisiones de esta línea

y cuando se produce la llamada, en una pantalla parecida a las que se ven en las películas, van apareciendo los guarismos del teléfono marcado. Escuchar y grabar la conversación resulta pues, juego de niños. Estas brigadas de la CIA no necesitan aproximarse a la casa u oficina donde está la persona cuyas conversaciones telefónicas se desea escuchar. La potencia de sus receptores les permite operar a varios metros de distancia, desde la “combi” que tal vez ostenta el rótulo de una tintorería o de una tienda de regalos.

(Un ex oficial de la policía federal mexicana que estuvo a bordo de uno de estos vehículos, accedió a describirlo para los lectores de Red Privada ).

El paquete de intercepciones que Red Privada estuvo analizando la semana antepasada —ver Excélsior de los días lo. y 2 de abril—, muestra que también el líder de la Cámara de Diputados, Alfonso Martínez Domínguez, fue una de las víctimas del espionaje telefónico. Un examen completo del expediente podría indicar que esta interferencia fue hecha a pedido de un poderoso enemigo político de AMD; el personaje había sido identificado en comentarios anteriores como “un cacique político”, y parece ser que eso es lo que él cree de sí mismo, a juzgar por sus esfuerzos para conservar alguna parte del poder.

El 25 de enero de 1966, a las 15 horas, se grabó una conversación entre Martínez Domínguez, presidente de la Comisión Permanente del Congreso, y Adolfo Christlieb Ibarrola, líder del PAN. Lo que sigue es una transcripción de dos pequeñas partes. El lector se asomará al trato que se daban un líder del PAN y otro del PRI; advertirá el temperamento de Christlieb y gustará de un calificativo que Martínez Domínguez aplicó a Lauro Ortega.

Sustituimos con un signo de admiración entre paréntesis los ternos que ambos soltaron durante la plática. Respetamos la puntuación y sintaxis de los mecanógrafos de la empresa de espionaje:

Chris. — ¿Bueno?
Mtz. — Qué hubo licenciado, ahorita que me habló, se me olvidó decirle esto: La sesión ordinaria de la Comisión Permanente del jueves el tema... es... comentarios sobre el viaje del Presidente...
Chris. — Ajá.
Mtz. — Entonces estamos procurando que sea una sesión que se haga en el salón de sesiones, ¿no?, no en el salón verde.
Chris. ― Sí.
Mtz. — Y hemos pensado invitar a los palcos a los Partidos…
Chris. — Nooo.
Mtz. — ¿Cómo la ve usted?
Chris. — Una ( ¡) yo no voy a palco porque yo tengo a donde ir... a mí no me gusta asomarme por la ventana a donde...
Mtz. — Hombre señor diputado, usted puede entrar a la Cámara, pero me refiero a las representaciones del Comité...
Chris. — Nooo. No vamos a ninguna cosa de la Permanente, sino es a moler ahí... nada de... No vamos a hacerles el juego ahí.
Mtz. — Bueno pero cual juego, licenciado.
Chris. — Yo no voy a servirles a ustedes de decoración a donde tenía yo derecho a entrar.
Mtz. — Válgame Dios.
Chris. — Pues seguro Alfonso, iré...
Mtz. — No se enoje, yo lo invito a usted nadamás...
Chris. — Nooo... Bueno yo le contesto a usted las razones, ya sabe que a mí me gusta decir el porqué de las cosas.
Mtz. — Le va a salir otra ( ¡) piedra, hombre. Bueno pero parece que el viaje del Presidente les ha molestado...
Chris. — No, no me ha molestado, me dio asco lo que hicieron al regreso, Alfonso. La mugre de publicidad... Me dio asco.
Mtz. — Y embarra usted a todo el mundo...
Chris. — Me dio asco, me dio asco.
Mtz. ― Tenga razón o no. Usted embarra a todo el mundo.
Chris. — No. Me dio asco nadamás.
Mtz. — Bueno: le dio asco.
Chris. — Sí. Me dio asco.
Mtz. — Y embarra usted a todo el mundo.
Chris. — Pues sí porque...
Mtz. — El doctor Lauro Ortega que es el que le ha ocasionado a usted este disgusto es con o sin razón un ( ¡), ya califica usted a todo el mundo, no es justo licenciado.
Excélsior, 13/IV/81

 

¿PERIODISTAS ESPIAS?
La CIA ha vuelto a tomar una actitud infame contra los periodistas profesionales de Estados Unidos. Todos los que viajen al exterior por encomienda de sus periódicos, pero principalmente los establecidos como corresponsales en diferentes países, fueron colocados bajo el estatuto de espías, seguramente indeseable para la mayor parte de ellos.

Pero la CIA hace algo más que anunciar planes. Al parecer, para reforzar la “estación” en México, acaba de llegar un agente cuyo disfraz mejor desacreditado es precisamente el de periodista. Se trata de Daniel James, viejo conocido en el club de corresponsales de esta ciudad.

Si usted desea hablar con James puede llamarle al teléfono 528-65-44. Se hospeda en la habitación número 1036 del hotel “Galería Plaza”, en la Zona Rosa.

James se hace pasar ahora como colaborador de Chicago Tribune , Los Angeles Times, Dallas News Herald, St. Louis Globe Democrat , Baltimore Sun y otros, por medio de la agencia Independence  de Script Howard, que tiene importante participación en la News Alliance propiedad de United Press International (UPI).

Daniel James ha residido por largas temporadas en México. Al servicio de la CIA, escribió numerosos artículos en una campaña ordenada para difamar al Che Guevara. Su trabajo de espía lo mantuvo en contacto con periodistas mexicanos para sonsacarles información útil al gobierno de Estados Unidos.

Respecto a los nuevos planes de la CIA para reclutar periodistas, el 4 de agosto actual se publicó el siguiente cable de la AP:

“Nueva York, 3 de agosto. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) ha reanudado la práctica de proporcionar información a ‘periodistas selectos’, que salen en misión al extranjero, a cambio de que a su regreso comuniquen a la CIA cualquier novedad que averigüen durante su gestión, informa hoy el Dail News.
“El diario atribuye a una fuente no identificada haber dicho que la práctica interrumpida en mayo último, será utilizada en ‘circunstancias especiales’ y que la CIA está dispuesta a proporcionar ‘antecedentes’ a periodistas que viajen al extranjero, siempre que a su regreso comuniquen a la agencia lo que hayan observado en los países visitados.
“El cambio de política renueva una polémica de ocho años entre la CIA y los periodistas, a propósito del empleo de corresponsales de prensa como agentes de inteligencia, lo cual expone a los reporteros a sospechas de estar al servicio de ese organismo.
“La controversia en torno al uso por la CIA de periodistas para la obtención de datos de inteligencia y de agentes de espionaje que se hacen pasar por corresponsales, cobró atención pública por primera vez en 1973 cuando el entonces director William Colby reveló que la agencia tenía en su nómina de pagos con tiempo completo o parcial a unos 40 periodistas estadounidenses.
“Más adelante se supo que durante las décadas de 1950 y 1960, varios corresponsales de importantes organizaciones noticiosas de Estados Unidos eran en realidad agentes de carrera de la CIA”.

Según dice este cable, son los enviados especiales quienes más interesan a la CIA. Pero un elemental ejercicio de la imaginación señalarían hacia los corresponsales permanentemente establecidos. De éstos hay ―según datos de la UNESCO— 1,137 en el mundo; 559 de la Associated Press International y 578 de la UPI.

Una sencilla aplicación de lógica primaria indica que los servicios de inteligencia de EU podrían esperar mucho más de los periodistas con larga residencia en un país que de los que van a determinadas regiones sólo por unos días.

Pero un mínimo, también, de conocimiento sobre la ética profesional se impone para sostener que seguramente una mayoría de estos profesionales del periodismo nada quisieran tener que ver con las sucias tripas del espionaje, así sea al servicio de su país.

Pero lo infame de la conducta de la CIA consiste en que, al no poder publicar su lista de periodistas espías, pone bajo sospecha a todos.

En cuanto a México, en épocas anteriores han sido pocos, pero notables, los casos de miembros de la comunidad de corresponsales extranjeros a quienes se vinculó con la CIA. Uno de estos casos fue precisamente el de Daniel James y otro el de Richard Lorden. Respecto a este último, sin embargo, aunque se decía representante de publicaciones diversas, los verdaderos corresponsales lo rechazaron como miembro de la comunidad. Lorden, después de prestar su nombre comercial para encubrir una sucursal de la CIA en México —con oficinas en Río Sena y Río de la Plata de esta ciudad—, reside ahora en Estados Unidos. Daniel James a juzgar por las últimas informaciones, continúa en activo dentro de la CIA. Después de desempeñar el puesto de publirrelacionista del hotel María Isabel Sheraton en esta ciudad, residió en el área de Washington, y ahora se encuentra, pues, en México nuevamente. Lorden y James trabajaron juntos. El primero proporcionaba la fachada de una “agencia de prensa” para distribuir los materiales del segundo.

Respecto al viejo asunto de la relación entre la CIA y periodistas, en el archivo de Red Privada existen numerosos antecedentes. Por ejemplo, el 4 de diciembre de 1977, Excélsior reprodujo una nota del New York Times, cuyos cuatro primeros párrafos decían:

“La Agencia Central de Inteligencia (CIA) anunció ayer nuevas medidas que prohíben el empleo de periodistas o empleados de las organizaciones de información de Estados Unidos, como auxiliares de las operaciones de la agencia.
“El anuncio, emitido por el almirante Stansfield Turner, director de la CIA, también señala que las relaciones previas entre la Agencia y los periodistas estadounidenses, fueron suspendidas desde fines de 1976.
“En abril de este año, un informe del Comité de Inteligencia del Senado reveló que la CIA había mantenido relaciones de trabajo con 50 reporteros durante varios años. Esta práctica fue censurada por muchas organizaciones de noticias y por miembros del Congreso.
“El anuncio de la CIA dijo que Turner había emitido un reglamento el 30 del mes pasado, en el cual se precisa la política de la organización hacia los periodistas”.

El día 28 de este mismo mes, Fausto Fernández Ponte, corresponsal de Excélsior, envió desde Washington una valiosa información de la cual tomamos ahora sólo estos aspectos:

“Los agentes de inteligencia y contrainteligencia del gobierno de Estados Unidos en todo el mundo —particularmente en los países en desarrollo―, operaban hasta hace poco como voluntarios del Cuerpo de Paz, corresponsales de empresas noticiosas gubernamentales, funcionarios de la Agencia para el Desarrollo Internacional, e inclusive como beneficiarios de las prestigiosas becas Fullbright.
“Los datos anteriores fueron proporcionados por el ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), William E. Colby, en la primera de una serie de audiencias públicas convocadas por la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Diputados.
“(...) Colby instó a los legisladores a que ‘no sean tan tontos como para prohibir a la CIA que utilice a otras dependencias y periodistas’ en sus operaciones en otros países.
“Esta cobertura, explicó, es necesaria ‘porque los funcionarios de nuestras embajadas no pueden ponerse en contacto fácilmente con agentes o espías nuestros en otros países’.
“No sin arrogancia, Colby declaró que ‘pretender que el periodismo puede ser ‘purificado’ mediante una separación total de la CIA, es una actitud similar a la del avestruz’ ”.
El periodista mexicano Raymundo Riva Palacio informó el 26 de enero de 1979:
“La dirección ejecutiva del sindicato de periodistas estadounidenses The Newspaper Guild (TNG) —organización a la cual en la década pasada se denunció como vinculada a la CIA— aprobó la reinstauración de un programa internacional para buscar la colaboración de los periodistas latinoamericanos.
“De acuerdo con el órgano oficial del TNG, Guild Forum, la reinstauración de ese programa internacional será financiada por la Federación de Sindicatos (AFL-CIO) y por la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), que depende del Departamento de Estado.
“Tanto la AFL-CIO como la AID han sido también relacionadas, en numerosas ocasiones, con las actividades de la CIA’’.
Excélsior 7/VIII/81

 

JLP, CASTRO Y LA CIA
Respecto al agente de la CIA, Daniel James, que la semana pasada volvió a México y actualmente se hospeda en la habitación número 1036 del hotel “Galería Plaza”, según informamos el viernes, parece conveniente extraer algunos antecedentes del archivo:
A fines de octubre de 1980, RP publicó: “Según la CIA, México está favoreciendo ‘la cubanización del Caribe’ y posiblemente marcha hacia ‘una confrontación con Estados Unidos’. Tan pronto como un nuevo presidente estadounidense sea elegido, México tendrá que sufrir un ajuste de cuentas por haber incurrido en los últimos meses en varios desafíos a la potencia estadounidense.
“Esta agresiva advertencia fue enviada oblicuamente a nuestro país, encubierta bajo el aspecto de un documento de la Universidad de Georgetown; pero no cabe duda acerca de su verdadero origen.
“El autor del ensayo ‘México ¿problema para E. U. A.? ’ publicado en The Washington Quarterly, revista oficial del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos en la mencionada universidad, es Daniel James, notorio agente de la CIA con uno de los expedientes más abultados en los archivos de esta columna.
“Hasta hace pocos años los cheques de Washington para Daniel James llegaban a la oficina que la CIA tuvo en la calle del Río de la Plata, teléfonos 533-59-80, 525-33-2 2 y 514-50-30”.
Al otro día, se agregaron los siguientes datos:
“En los últimos veinte años, Daniel James solamente ha escrito lo que le ordenó y pagó la CIA. No hay razón, pues, para suponer que otro sea el móvil de las advertencias y amenazas a México que reprodujimos anteriormente. El disfraz de un estudio patrocinado por la Universidad de Georgetown, en realidad es inservible.
“En 1976 James trató de incorporarse al equipo de campaña del entonces candidato José López Portillo, como ‘encargado de la prensa internacional’, pero fue echado de ahí por colaboradores del ahora Presidente de México.
“El 27 de abril de 1976, al descubrir lo que ocurría dentro de las oficinas de la Central Intelligence Agency abiertas en la calle de Río de la Plata, este columnista informó: Otro de los asociados fue un misterioso Daniel James, quien afirmaba haber estado en Bahía de Cochinos, como corresponsal de guerra. Ya instalado en la guarida de Río de la Plata, James escribió un libro sobre el Che Guevara y un sinfín de artículos contra el gobierno revolucionario de Cuba que el jefe de esa oficina distribuía a periódicos y revistas, valiéndose de Panamerican News Service, una supuesta agencia de prensa que aún funciona. Lo extraño es que James no cobró directamente en las nóminas de RKL y asociados. El cheque para James llegaba en el correo de Estados Unidos para el jefe de la agencia de publicidad, quien a su tiempo lo entregaba a James.
“Actualmente —agregaba el comentario— el señor James es coordinador de grupos y convenciones en el hotel María Isabel Sheraton del Paseo de la Reforma. Según revelaciones hechas por la revista Advertising Age de Chicago, en este mismo grupo de Río de la Plata se encontraba también E. Howard Hunt, uno de los célebres ladrones de Watergate. Durante el juicio escandaloso contra Nixon y todos sus hombres, Hunt dijo que en 1971 era agente de la CIA”.
“El 12 de enero de 1976, bajo el título “JLP en la mira de la CIA’’ este columnista dio a conocer:
Algunos corresponsales extranjeros recibieron en días pasados ―pero recientes— llamadas telefónicas de un señor Daniel James, quien se ponía a sus órdenes como encargado de la prensa internacional en la campaña del licenciado José López Portillo.
“Quizás algunos corresponsales encontraron perfectamente natural que el partido normara un enlace y que para dicha tarea se designara a James, estadonidense, cuya presencia en el Club de Corresponsales Extranjeros se ve como algo habitual... por más que se hayan hecho preguntas acerca del nombre del periódico en que trabajaba James.
“Otros en cambio, tal vez fruncieron el ceño al pensar que una encomienda tan delicada no podía desempeñarla un extranjero. Pero seguramente también hubo quienes se asombraron profundamente ante la noticia, e imaginaron que las cosas habían comenzado a rodar muy mal en la campaña presidencial de México.
“Ahora, al leer esta columna, todos los corresponsales no podrán tener más que una sola clase de reacción: sentir que alguien les tomó el pelo.
“Después de consultar a personas responsables en el equipo del candidato ―como lo son Rodolfo Landeros y Leopoldo Mendívil―, el columnista puede informar que el señor James es tan ajeno a cualquier tipo de actividad en la campaña de López Portillo como podrían serlo Kissinger o Mao Tse Tung.
“Pero los lectores se pueden formular dos preguntas: ¿Por qué hacerle tanto caso a un impostor de poca monta de los muchos que intentan hacer su agosto en una campaña política? ¿Se podrían saber los motivos personales que tuvo el señor James?
“Los corresponsales que se asombraron profundamente saben que James no es nadie a quien se pueda aplicar el calificativo de insignificante. Por lo común, los agentes de la CIA poseen cualidades relevantes, y James es conocido desde hace años por esos corresponsales — también por algunos pocos periodistas locales y por ciertos funcionarios mexicanos— como agente de la CIA.
“(...) Al parecer, pues, el señor Daniel James no tuvo motivos personales sino estrictamente profesionales, para hacer el intento de manipular informaciones internacionales en relación con la campaña presidencial.
“Esta sería la segunda intentona de la CIA para penetrar en la organización que maneja la campaña electoral del licenciado José López Portillo. Y, por lo que usted ve, también sería un nuevo fracaso.
“(...) Otro dato interesante, extraído también del archivo: a la muerte del Che Guevara, la CIA estaba enterada ya de la existencia de un diario escrito por el famoso guerrillero. Supuso la agencia norteamericana de espionaje que el documento se extraviaría, o bien que llegado a manos amigas —por ejemplo las cubanas—, no sería dado a conocer en largo tiempo.
“Entonces la CIA discurrió hacer una falsificación del diario del Che y lanzarla al mundo. ¿Y a quién se imagina usted que se dio el cargo de escribir el documento apócrifo? Naturalmente al señor James, quien durante varios años no había hecho otra cosa que escribir artículos sobre Guevara. Cuando Castro recibió en Cuba el auténtico diario del Che y decidió darlo a conocer públicamente, la maniobra de la CIA se frustró.
Excélsior, 10/VIII/81

 

TANGO CIA
Francisco Manrique, con sólida reputación de importante agente de la CIA, estuvo en México a fines del mes pasado. Al parecer su presencia aquí se relaciona con una maniobra de doble fondo, urdida en los “think thanks” de Washington. Consistiría, por un lado, en una acción propagandística para socavar la política de México hacia Centroamérica y crear un ambiente favorable a la intervención armada de los grandes simios del sur en favor de la junta militar salvadoreña. Pero por el otro, podría revelar que la CIA está anticipando ya un interesante relevo para el general Galtieri, actual jefe del gobierno argentino.

(Con Galtieri en la cúspide, las relaciones de ambos gobiernos han empeorado. El nuestro no olvida que en enero de 1978, Galtieri —quien era jefe de uno de los cuerpos del ejército —envió un comando a México con órdenes de secuestrar, y eventualmente asesinar, a ciertos asilados. Los gallardos pistoleros argentinos fueron descubiertos por unos policías mexicanos, quienes los detuvieron y regresaron un poco averiados).

A su arribo a México, Francisco Manrique fue recibido por Antonio Rodríguez Villar, director de Selecciones, quien se convirtió en su agente de relaciones públicas, le armó una conferencia de prensa y luego protestó ante el Club de Corresponsales Extranjeros por cierta hostilidad.

Rodríguez Villar, argentino, durante 1979-1981 sirvió como propagandista del general Jorge Cáceres Monié, jefe de la policía federal en la dictadura del general Marcelo Levingston. La afinidad de los personajes se da, pues, en más de un aspecto.

La siguiente nota curricular explica algo de lo que significa Francisco Manrique en estos momentos para los planes de los dictadores de Washington:

“Francisco Manrique, ex militar y antiguo funcionario de dos dictaduras argentinas ha llegado a México. Manrique es actualmente uno de los dirigentes políticos que aspiran a constituirse en herederos ‘civiles’ del régimen castrense que preside el teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri.
“El actual dirigente del Partido Federal (formación de centro derecha que participó con escaso éxito en las elecciones de 1973), ha sido históricamente condenado por el Movimiento Peronista debido a su actuación en varios episodios muy graves, como el fusilamiento del general Juan José Valle y el secuestro del cadáver de Eva Perón.
“En tiempos del golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional de Juan Perón, Manrique era jefe de la Casa Militar del general Pedro Eugenio Arámburu, a la sazón presidente de facto.
“Entonces era capitán de navío y como la Marina tenía una importante gravitación en ese régimen, gozaba de un poder discrecional. Por esa razón, Arámburu le confió algunas misiones sumamente ‘delicadas’. Una de ellas fue la ‘desaparición’ del cadáver de Eva Perón, que se sacó clandestinamente del país y se enterró —bajo nombre falso— en un cementerio de Italia. Manrique coordinó esta operación con dos oficiales del Servicio de Inteligencia del Ejército: los coroneles Moori Koenig y Cabanillas. Este último sería el encargado de devolver los restos de Evita a su viudo, el general Perón, en otro alucinante ‘raid’ que se efectuó en España, en septiembre de 1971.
“Otra misión que le valió a Manrique el odio del pueblo argentino fue la que culminó con el fusilamiento del general peronista Juan José Valle.
“El general Valle, encabezó un alzamiento cívico-militar contra la dictadura de Arámburu, el 9 de junio de 1956. El pronunciamiento fracasó a las pocas horas de hacerse público y fue reprimido con inusitada dureza: los responsables militares fueron fusilados de acuerdo con la ley marcial y varios civiles sin ninguna clase de proceso, según lo relató y comprobó el notable escritor argentino Rodolfo Walsh en su libro Operación Masacre.
“Valle logró escapar inicialmente a la represión pero, para frenar el baño de sangre, decidió presentarse ante sus antiguos camaradas de armas. Se produjo entonces una reunión secreta entre el general rebelde y el capitán Manrique, quien actuó en la ocasión como representante personal del Presidente Arámburu.
“Manrique le aseguró a Valle que su vida y la de otros acusados sería respetada si se entregaban. Valle lo hizo y fue fusilado el 12 de junio en la antigua penitenciaría de la calle Las Heras, que ya no existe.
“El 1958 la dictadura militar debió ceder el gobierno, a su pesar, al doctor Arturo Frondizi, candidato de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), quien triunfó merced del apoyo electoral que le dio el general Perón desde el exilio. Manrique pidió la baja de la Armada para consagrarse con tal libertad a la tarea política. Fundó un diario, Correo de la tarde, y desde las páginas de este vespertino se dedicó a bombardear al nuevo gobierno civil creando la atmósfera favorable para un nuevo golpe de estado que se produjo efectivamente en marzo de 1962.
“Igual actitud adoptaría después contra otro gobierno civil, el del radical Arturo Illía, también derribado por los militares, en junio de 1966.
“Pero las ‛inquietudes’ de Manrique no se limitaban al ámbito nacional y así se le vio deambular por las regiones más agitadas de América Latina en ciertos momentos claves, como el de la invasión yanqui a Santo Domingo. Uno de esos inquietos observadores fue el periodista argentino Rogelio García Lupo, quien acusó públicamente a Manrique de pertenecer a la CIA y aportó numerosas evidencias. Cada vez que la prensa indagó a Manrique sobre ese tema sólo recibió como respuesta ironías airadas y desdeñosas, pero nunca una refutación. Las sospechas comenzaron a adquirir resonancia pública cuando Manrique actuó como principal responsable del operativo Juanita Castro.
“Como se recordará, Juanita Castro, hermana del presidente Fidel Castro, se convirtió en una de las más activas enemigas de la revolución cubana y obtuvo el apoyo de Estados Unidos para una vasta campaña continental que terminó desinflándose por la escasa relevancia política del personaje. (Recientemente Juanita obtuvo la ciudadanía norteamericana).
“Manrique fue el ‘manager’ de Juanita en Buenos Aires y la presentó personalmente ante las cámaras de Canal 9.
“Pese a esta intensa actividad nacional e internacional, Manrique aún no había alcanzado las cotas de poder y celebridad que ambicionaba; por el contrario, a fines de los sesentas, su estrella política se hallaba en franca declinación. Ni siquiera contaba con Correo de la tarde, sepultado por una quiebra poco clara que lo llevó ante los tribunales de justicia. En eso estaba cuando lo reflotó otra dictadura, la que encabezaba el general Roberto Marcelo Levinsgton, sucesor de Juan Carlos Onganía. Fue en 1970 y Manrique resultó designado ministro de Bienestar Social, cargo que le permitió desplegar una actividad caritativa y paternalista con la que pensaba seducir a sectores poco advertidos y memoriosos del peronismo y borrar su participación en el secuestro del cadáver de Evita y el fusilamiento de Valle.
“Al ser remplazado Levingston por un golpe interno, que llevó al poder al comandante en jefe del Ejército, general Alejandro Agustín Lanusse, Manrique siguió durante un tiempo en funciones.

Pero pronto entró en colisión con el nuevo presidente porque ambos aspiraban a ser sucesores ‘legales’ de la dictadura en futuras elecciones amañadas.

“Manrique dejó Bienestar Social y apoyado con fuertes recursos económicos, fundó el Partido Federal y se dio a la conquista de caudillos políticos provinciales.
“Con estos apoyos pero huérfano del sustento oficial que se volcó a la candidatura del brigadier Ezequiel Martínez, Manrique concurrió a las elecciones de 1973 como una de las opciones de la derecha argentina. Es de sobra sabido que él y los otros fueron netamente desplazados por la avalancha de votos peronistas que ungieron presidente al doctor Héctor José Cámpora, candidato del Frente Justicialista de Liberación.
“Al llegar al poder nuevamente los militares, Manrique volvió a la carga con su viejo proyecto de constituir una fuerza electoral de ‘centro derecha’, apta para sustituir al poder militar cuando éste se vea impedido a regresar a los cuarteles.
“En esta labor se encuentra actualmente. De allí su lenguaje ambiguo que le hace criticar ciertos aspectos del régimen militar y elogiar la ‘honestidad’ del general Galtieri. En el fondo se trata de realizar con consenso la política que ha llevado a los militares al repudio total de todas las fuerzas sociales, con excepción de una exigua minoría. Lo que un comentarista político ha definido como una ‘utopía reaccionaria’.”
Excélsior, 22/II/82

 

PATOS DE LA CIA
Un lector pregunta si existe una diferencia entre el director de Selecciones Antonio Rodríguez Villar y un agente de la CIA. Se refiere el lector a lo publicado aquí el 22 de febrero y pide que se amplíe la información. En aquella fecha, Red Privada comentó la visita del funcionario argentino Francisco Manrique a México, en donde fue recibido por Rodríguez Villar, director de aquella revista.

La columna dijo entonces que Manrique era un individuo “con sólida reputación de importante agente de la CIA”, y explicó ampliamente por qué.

Uno de los “tests” más frecuentemente empleados para descubrir si alguien pertenece o no a la caritativa organización, consiste en aplicarles la lógica del granjero: “Si yo veo a un animal que es ave palmípeda, que camina como pato, que grazna como pato y anda con los patos, probablemente tenga derecho a deducir que es pato”.

Según esto, si el ciudadano argentino Rodríguez Villar no es un agente de la CIA, los patos han dejado de parecerse entre sí.

Cuando se publicó en Red Privada la crónica de las actividades de Rodríguez Villar como encargado de relaciones públicas de Francisco Manrique durante su estancia en México, se produjo un movimiento de preocupación en las oficinas de The Reader’s Digest Association, Inc. en Nueva York. Numerosos telefonemas fueron cruzados, porque los ejecutivos norteamericanos trataban de averiguar en qué nuevo lío los había metido Rodríguez Villar.

Al parecer, éste trató a sus presuntos superiores con desdén. La actitud tuvo el efecto de confirmar versiones en el sentido de que la CIA, antigua cliente de Selecciones, ha tomado a su cargo específicamente las ediciones latinoamericanas, “independizándolas” de los editores de Nueva York, a través de individuos como Rodríguez Villar.

No es ésta la primera ocasión en que los observadores internos escuchan al caballero argentino mandar al diablo a la gente de Nueva York, tal como si estuviese sustentado por una entidad de poder distinta a los editores norteamericanos, pero que éstos conocen y están obligados a respetar.

En el número correspondiente a marzo, Rodríguez Villar, como prueba de que no pueden tener límite sus extravagancias, insertó un artículo que intenta defender a los gorilas del ejército salvadoreño y maquillarlos de tal suerte que aparezcan como un conjunto de serafines.

Pero resultó tan grotesco este acto de trasvestismo, que los efectos fueron contraproducentes. El epígrafe del artículo dice: “Mucha gente aún se resiste a creerlo: Los oficiales de un ejército que antes fuera temido y corrupto, están volviendo la espalda a sus acaudalados patronos terratenientes y abrazan la democracia”.

Y, en efecto, después de conocer cotidianamente las listas de atrocidades cometidas por las diversas bandas del ejército y las paramilitares en El Salvador, hay mucha más gente que “aún se resiste” a deglutir la enorme rueda de molino confeccionada en el laboratorio del señor Rodríguez Villar.

Sólo para coleccionistas de gaffes de la CIA, habría que señalar esta rutilante expresión en la página 70: “El control ejercido por las autoridades todavía no es perfecto y aún se registran homicidios”. Cualquier lector de diarios podría comentar: “Sí, claro, unos cuantos homicidios; como 30 mil... ”

Y el párrafo final del artículo es también una gran joya para la diadema de la CIA;
“(...) Estados Unidos otorga al gobierno salvadoreño una considerable ayuda, que consiste en armas para combatir contra la guerrilla y en asistencia económica. La mayoría de los países libres de Latinoamérica apoyan el nuevo liderazgo, pero mucha gente en todo el mundo —y aun en El Salvador— ha tardado en reconocer la gran ‘sorpresa’ de esta nación: militares revolucionarios que creen en la democracia, en una forma de democracia que no se diferencia en nada de aquella en la que nosotros creemos”.

Todo lo anterior, sin embargo, simplemente indicaría que recientemente el señor Rodríguez Villar ha conseguido un buen empleo en el departamento de maquillaje de la Central Intelligence Agency.

Pero las fuentes consultadas indican que hay suficientes datos para establecer la vinculación personal de Antonio Rodríguez Villar con la CIA.

Por ejemplo, las fuentes recuerdan que durante 1970 y hasta marzo de 1971, el ahora director de “Selecciones" trabajó como portavoz oficial de la Policía Federal Argentina, cuyo titular era en aquel momento el general de división Jorge Rafael Cáceres Monié, cuñado del actual jefe de esa misma policía, general Juan Bautista Sasiañ.

En uno de sus libros, el ex agente de la CIA, Philip Agee revela que en Argentina, la station de la CIA era precisamente la Policía Federal.

El notable escritor argentino Rodolfo J. Walsh, secuestrado en marzo de 1977, hizo una denuncia pública poco antes de su desaparición. Al referirse al asesinato del general chileno Prats y a las muertes violentas del general Torres y de Zelmar Michelini —crímenes “maquilados” en Argentina por órdenes del dictador Pinochet—, Walsh denunció “la segura participación” en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducida por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de míster Gardener Hataway, station chief de la CIA en Argentina.

Una cautelosa fuente consultada concluyó así su análisis: “Las precedentes denuncias indican que un puesto de alta responsabilidad en la Policía Federal Argentina —como sería el de vocero oficial—, implica, cuando menos, un compromiso con las prácticas represivas que ésta lleva a cabo y puede implicar asimismo una vinculación con la CIA norteamericana, lo que en el caso de Rodríguez Villar se ve reforzada por su actuación durante la visita de Manrique”.

Otra fuente se limitó a señalar que Rodríguez Villar siempre fue identificado en Argentina como “un agente de los servicios militares de seguridad” y, después de frecuentes viajes y estancias prolongadas en Washington y Nueva York, a nadie cupo duda de que este personaje tenía un empleo adicional.
Excélsior, 5/IV/82

 

LA CIA AQUI
Los diputados que fueron incompetentes para descubrir mínimas evidencias sobre espionaje interior, ¿serán capaces ahora de averiguar algo acerca de actividades de la CIA en México?
A fines de 1979, un centenar de legisladores presionó para que se abriera una investigación Sobre la interferencia telefónica. Llegaba así al Congreso el fastidio y la indignación de los ciudadanos por una viciosa práctica de la policía y de los bufetes al servicio del gangsterismo político.
Pero el líder de la Cámara Luis Farías se encargó de impedir que la comisión investigadora llegase a alguna parte. Farías se las arregló para que presidiese la comisión el general Manuel Rangel Escamilla, ex jefe de la Dirección Federal de Seguridad. Naturalmente Rangel no dio vueltas para atraparse a sí mismo o a su alma mater.
Salvo débiles protestas de la oposición izquierdista, cuatro meses después los diputados aceptaron dócilmente el dictamen que esencialmente reconocía la imposibilidad de llegar pruebas.
En la primavera siguiente, Red Privada, ofreció diez cuartillas de pruebas sobre interferencias telefónicas Las transcripciones de los espías habían estado oportunamente sobre los escritorios de los señores Luis Echeverría y Alfonso Martínez Domínguez.
Ahora la Cámara —con una vocación infinita por el martirio— quiere emprenderla nada menos que contra la CIA. Si no fue capaz de hallar un elefante dentro de un Volkswagen, ¿Podrá hacerle algo más que cosquillas en la planta de los pies a la poderosa agencia de espionaje internacional?
Quizá. Todo depende de que Farías no se interponga para proteger ciertos intereses.
Quizá, porque si los diputados piden, van a contar con la ayuda de numerosos ciudadanos, dispuestos a revelar información sobre actividades de la CIA en México.
Por ejemplo, se podría sugerir a la comisión investigadora un caso concreto, como punto de partida. Este asunto puede ser el hilo de Ariadna que permita a los diputados recorrer el laberinto y salir airosamente, en posesión de una buena cantidad de información.
Y no es tan difícil el episodio: hay documentos, testigos, etcétera. Se trata de “El insólito caso del espía de la CIA bajo el mando de funcionario diplomático de la embajada de México en Cuba”.
Así lo tituló el “Granma" en su edición especial del 15 de septiembre de 1969. La introducción de este largo texto es de lectura indispensable:
“El día 3 de septiembre, a las 11 a. m., hora de México, D. F. (1 p. m. hora de Cuba), el embajador de Cuba en México, compañero Joaquín Hernández de Armas, entregó al señor secretario de Relaciones Exteriores de ese país, licenciado Carrillo Flores, una nota diplomática denunciando las actividades del señor Humberto Carrillo Colón, consejero y agregado de Prensa de la embajada de México en Cuba, al servicio de la Agencia Central de Inteligencia.
“El asunto era en extremo delicado. Por ello, el gobierno de Cuba redactó la nota diplomática con sumo cuidado, en interés de facilitar al de México una solución adecuada y justa al desagradable incidente, sin hacer imputación alguna de responsabilidad a dicho gobierno.
“No quedaba ninguna duda de varios hechos muy graves:
“1o. Que el señor Carrillo Colón era ya agente de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos antes de ser nombrado consejero y agregado de Prensa de la Embajada de México en Cuba por la secretaría de Relaciones Exteriores de ese país.
“2o. Que dicha Agencia Central de Inteligencia del gobierno imperialista de Estados Unidos promovió por medio de sorprendente penetración en el seno del Estado mexicano la designación de su agente, para un cargo que lo protegía con su inmunidad diplomática y facilitaba la realización impune de su criminal actividad contra Cuba.
“3o. Que el señor Carrillo Colón se sentía fuertemente respaldado en sus actividades por otros importantes funcionarios del gobierno de México.
“Por los propios mensajes del señor Carrillo Colón a la Agencia Central de Inteligencia, se explica el interés del gobierno de Cuba en que dicha nota diplomática fuese conocida sólo por el secretario de Relaciones Exteriores de México y el Honorable señor Presidente de ese país, licenciado Gustavo Díaz Ordaz, y simultáneamente por el embajador de México en Cuba, sin pasar por otras manos que podían estar seriamente complicadas en este caso de espionaje.
“El gobierno de México, casi dos días después de recibir la nota, optó por devolverla al embajador de Cuba, alegando que contenía implicaciones que para él eran inaceptables.
“Para implicar al gobierno de México habría sido necesario que la nota incluyera alguna imputación de responsabilidad a la más alta autoridad del país o cuando menos a la de su secretario de Relaciones Exteriores. Y nada era más ajeno al espíritu y al contenido de la nota cubana.
“El análisis objetivo de dicha nota permite apreciar un especial cuidado en su redacción para no colocar en situación delicada al gobierno de México, y la misma es absolutamente respetuosa en
todo instante con el Honorable señor Presidente de ese país, en cuya actuación, acorde a normas legales y morales ineludibles, se confiaba explícita e implícitamente.
“Después se pudo conocer, que la razón esencial del mal entendido por parte del gobierno de México, que originó la devolución de la nota, se basaba en las circunstancias de que el cargo que desempeñaba el espía en Cuba lo designa el Presidente de México.
“Con independencia de este aspecto meramente administrativo sobre quien designa formalmente un determinado funcionario diplomático, para el gobierno de Cuba era absolutamente obvio que el Honorable señor Presidente de México no habría nombrado jamás a dicho funcionario, de haber conocido o siquiera sospechado su papel de agente de la CIA. De otra forma habría carecido por completo de sentido suscribir dicha nota al secretario de Relaciones Exteriores con el ruego de que la misma fuese entregada directamente al Presidente de la República, por razones ya mencionadas.
“De igual modo la nota no implica la menor imputación al secretario de Relaciones Exteriores de México, licenciado Carrillo Flores, ni al señor embajador de México en Cuba, excelentísimo señor Miguel Covián Pérez, que conoció simultáneamente la nota y que invariablemente ha mantenido una conducta honorable en el desempeño de sus funciones en Cuba”.
(En próxima edición continuaremos la transcripción de este documento).
Excélsior, 20/IV/82

 

SHERLOCK FAZ
La comisión de congresistas encargada de investigar la intromisión de la CIA en México, está encabezada por el diputado Salomón Faz Sánchez, especialista más bien en fugas de hectáreas.

Ahí verían algunos la garantía de otro fracaso de la Cámara como el que registró hace dos años, cuando no pudo descubrir evidencias del espionaje telefónico hecho en casa. Pero quizá una ignorancia tan cuam tabula rasa resulte mejor para la nueva investigación que se inició la semana pasada. Así los diputados no tendrían prejuicios de ninguna especie.

Pero la ignorancia ayudaría en este caso sólo si va acompañada de una insaciable curiosidad. Bastará que los nueve diputados se pongan a hacer preguntas, para desenredar la madeja.

Antes, claro, deben leer unos cuantos documentos. Por ejemplo, el texto del Granma, cuya primera parte publicamos ayer. Hoy produciremos el complemento. Además, unos significativos párrafos de la nota que el gobierno cubano entregó al de México hace 13 años.

Sigue diciendo el Granma
“Se trataba del caso de un agente infiltrado por la CIA en el servicio diplomático de México, de cuyos documentos se infería con toda claridad la complicidad de otros funcionarios.
“La nota cubana, además, ponía sobre aviso al gobierno de México de las actividades de la CIA en el seno del aparato administrativo del Estado mexicano. Lejos de inferir un agravio a México, dicha nota, al poner en conocimiento de ese país los hechos descubiertos por la contrainteligencia cubana, brindaba un valioso servicio al Estado, gobierno y pueblo de México.
“En el instante de devolver la nota al embajador de Cuba, el secretario de Relaciones Exteriores de México expresó que el señor Carrillo Colón cesaba de inmediato en las funciones que desempeñaba en Cuba y que el gobierno de México haría una investigación de los hechos denunciados, comunicando además, que el Honorable señor Presidente de México, si el gobierno de Cuba lo deseaba, estaba dispuesto a discutir ampliamente la cuestión con el representante diplomático de nuestro país.
“El gobierno de Cuba por su parte, apreciando esa actitud del Presidente de México, propuso que nuestro ministro de Relaciones Exteriores se entrevistara a ese efecto con el Presidente de México. Aceptado esto por el gobierno mexicano, el pasado viernes día 12 de septiembre, el compañero Raúl Roa, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, se trasladó a México y expuso un amplio informe de los hechos y de los sólidos fundamentos de la denuncia de Cuba, ante el Honorable señor Presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, que lo recibió amistosa y amablemente.
“El gobierno de México, sin duda alguna, realizará por sus propios medios una investigación a fondo de la cuestión.
“Sin embargo, aunque esta actitud es altamente positiva, los hechos requieren un completo esclarecimiento público.
“Las agencias de prensa imperialistas y algunos periódicos mexicanos que son conocidamente financiados por la CIA y la embajada yanqui, como el Sol de México de la cadena de prensa de José García Valseca, cuyas estrechas relaciones con el agente de la CIA, Carrillo Colón, no tienen nada de sorprendente, basándose en la devolución de la nota, han pretendido hacer creer que el gobierno de México rechazó la imputación contra el espía y que éste es una víctima inocente de la acusación que se le hizo.
“Sorprendidos con las manos en la masa, la CIA y sus asociados no hallan a qué recursos acudir para tergiversar los hechos y despreciar la denuncia cubana.
“La tenebrosa institución de subversión y espionaje del gobierno de Estados Unidos posee una larga y cuantiosa historia de fechorías en todo el mundo, que más de una vez han colocado en situación embarazosa al propio gobierno imperialista que la amamanta y utiliza en sus desvergonzados planes. Equipada con poderosos recursos técnicos y económicos, no se detiene ante ningún procedimiento por inescrupuloso y bajo que se considere y sin parar mientes en las consecuencias de sus actos.
“En este caso la CIA ha cometido no sólo un hecho bochornoso más contra nuestro país, a los que ya nos tiene acostumbrados, sino también una brutal, escandalosa y desconsiderada violación de las leyes, la moral y la dignidad del pueblo y el gobierno de México y especialmente contra el propio Presidente de ese país, utilizando procedimientos que parecen realmente increíbles. Es por ello, que a nuestro juicio, estos hechos deben ser conocidos.
“Si en relación al gobierno y pueblo de México nuestro país está dispuesto a guardar todo el respeto y las consideraciones debidas, ninguna circunstancia nos obliga a un silencio que sólo redundaría en beneficio de los autores de esta grave ofensa a nuestros dos pueblos.
“La Revolución Cubana se siente, además, ante el deber insoslayable de responder cumplidamente a los desenfrenados intrigantes a sueldo del imperialismo, que han tratado de cuestionar la veracidad de la denuncia.
“Es por ello que Granma ha obtenido del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y del servicio de contrainteligencia de la Seguridad del Estado cubano, amplio acceso a los materiales del caso, para elaborar este folleto que brinda a la opinión pública del país y del mundo, a fin de que juzgue por sí misma los fundamentos de la denuncia de Cuba.
“Las pruebas que obran en poder del gobierno de Cuba son abrumadoras y no creemos que nadie en su sano juicio intentaría eludirlas.
“Este folleto es fundamentalmente gráfico, objetivo y concreto. Contiene numerosos mensajes intercambiados entre la CIA y su agente, instrucciones de aquélla e informes de éste, fotos, etcétera, que hablan por sí mismos. Por eso, con un mínimum de comentarios se exponen al público, que sabrá sacar las conclusiones pertinentes”.

Hasta aquí el prólogo de Granma en la edición especial de 48 páginas con la que dio a conocer el caso de Humberto Carrillo Colón.

Observarán los lectores que en este texto —cuya primera parte apareció ayer— se hace hincapié en la certidumbre de que el agente mexicano de la CIA estaba “fuertemente respaldado en sus actividades por otros importantes funcionarios del gobierno de México”.

La nota firmada por el ministro Raúl Roa y dirigida a Carrillo Flores, el primero de septiembre de 1969, es todavía más explícita y grave. Si los diputados desean llevar a cabo una verdadera investigación sobre cómo opera la CIA en México, a veces desde niveles sorprendentemente altos de nuestro propio gobierno, el primer testigo que seguramente llamarán será Antonio Carrillo Flores.

Estos son los tres párrafos de la nota diplomática:
“El 28 de febrero de 1968 el señor Humberto Carrillo Colón fue nombrado oficialmente por la secretaría de Relaciones Exteriores de México como consejero y agregado de Prensa de la embajada de ese país en Cuba. Con anterioridad a tal nombramiento el mencionado cargo no existía y fue creado por la designación de dicho funcionario. Además, el gobierno cubano ha podido conocer que el mismo no formaba parte anteriormente del personal de la secretaría de Relaciones Exteriores de México.
“(...) Agrava los hechos la circunstancia, mencionada anteriormente, de que el señor Humberto Carrillo Colón no perteneciera a la carrera diplomática y de que el cargo para el cual fuera designado en la embajada de México en Cuba se creara especialmente para propiciar su designación. De modo que consta al gobierno de Cuba que, tanto el personaje, como el cargo, como la misión, fueron pre-determinados por la CIA antes de que su agente arribara a nuestro país. No se trata, pues, de un mero reclutamiento a posteriori de un funcionario de una embajada extranjera en Cuba.
“(...) El gobierno Revolucionario de Cuba solicita igualmente al gobierno de México que sean depuradas las responsabilidades correspondientes de aquellos funcionarios que, de manera consciente, han cooperado a que la CIA pudiera preparar, entrenar, introducir en el cuerpo diplomático, ubicar en nuestro país, equipar con modernos medios técnicos a través de las valijas diplomáticas, mantener comunicación regular mediante los correos oficiales y proteger con la inmunidad del cargo a un agente suyo, destinado a cometer graves acciones contra la seguridad del Estado Cubano”.
Excélsior, 21/IV/82

 

OPERARIOS DE LA CIA
Otros testigos que podrían ser llamados por la Cámara en la investigación sobre las actividades de la CIA en México, son los señores Joaquín Cisneros Molina, exsecretario de Díaz Ordaz; Alfredo Ríos Camarena, auxiliar de Cisneros, y don Luis Echeverría, entonces secretario de Gobernación.

La exhumación del caso de “nuestro hombre en La Habana” —que no ha sido el único préstamo mexicano a la CIA— puede conducir a los nueve diputados de la comisión investigadora a saber desde qué niveles de gobierno se ha dado colaboración a la agencia de espionaje.

La identificación de personajes y la descripción del papel que jugaron en un plan concreto de la CIA hace 13 años, podría no solo ayudar a la tarea actual de estos congresistas, sino a clarificar para todos los mexicanos un episodio histórico, con evidente influencia hasta los días presentes; entre otras razones, porque algunos de los participantes aún no han dejado de actuar en los asuntos públicos.

Como llevados de la mano, los señores diputados resultarían ilustrados sobre el grado de participación que la CIA tuvo en el movimiento de 1968, y quizá por primera vez expondrían a la luz pública el rostro de mexicanos que, tenidos por gente respetable, en realidad estuvieron al servicio de intereses norteamericanos.

En este espacio periodístico se han publicado durante la semana tres informaciones sobre el tema, pero seguramente harán falta otras.

La de hoy se inicia con uno de los mensajes que Humberto Carrillo Colón envió a la CIA desde La Habana y que fue calificado como uno de los más importantes por el contraespionaje cubano. Importante, porque revela la participación de Joaquín Cisneros Molina. El documento aparece en la página 17 de la edición especial que el Granma dedicó a este caso.

Descifrado el mensaje —que en clave fuera transmitido a la estación receptora de la CIA en Bahamas—, este es el texto tal como se publicó:

“Mensaje No. 8 del 13 de septiembre de 1968. Dada la situación guerra fría Cuba-Méx. y que Uds. no han recibido mis anteriores, sugiero por ser de urgencia que Presidencia ordene secretaría de Relaciones Exteriores mexicana que toda correspondencia o si es posible, que valija sea entregada al Lic. Cisneros y él la abra, pues de lo contrario mi labor seguirá deficiente por estúpidos genios Secretaría Rel. Ext. Méx. Por instrucciones Covián Pérez recogí armas y conduje en mi auto para asilarlos, al joven, 22 años, cubano Otto Martín que militó en el MRR del 62 y 67. También conduje a su compañero Eduardo Nunziata Jasovisky, argentino, pero que renunció al asilo si no se admitía a su mujer e hijos. Dijo tener estructura casi completa de las FAR, si le interesa que lo busquen en su casa calle 5ta. No. 1720 ent. A y B, en ALTABANA, pero cuidado, pues su casa colinda con la de Wilfredo Torres. Envío rollo fotos armas asiladós, acta nacimiento de Asseo y tres camiones guerra no saldrán por no tener foco adecuado de lo que ofrezco disculpas. Fernando Campoamor está en México, hospedado hotel “Camino Real” (del D. F. ) casa parientes es en calle Sudermann 342. Asunto checo informaré más adelante pues incluso veré noti-film con Ricardo Falbr. próxima semana. Sus Msjs. Radio Nassau buenos y enterado cambio. Me faltan Msj. 5 y parte del 4 desde donde dice “datos biográficos yankee”. Favor exijan mis cartas congeladas Sría. Reís. Exts. Méx. dirigidas a mi mujer y al colega Juan José. Reciban saludos y espero buscar viaje a Méx. lo más pronto posible para ordenar todas mis cosas. José María Zalo”.

La edición del Granma hizo el siguiente comentario:
“Este mensaje es uno de los de más grave connotación política internacional. Obsérvese el hecho increíble de que el agente sugiere a la Agencia Central de Inteligencia que la Oficina de la Presidencia de México dicte instrucciones a la Secretaría de Relaciones Exteriores a fin de que la correspondencia, y si es posible la valija, sea entregada y la abra el referido licenciado Cisneros, pues de lo contrario su labor seguirá deficiente.
“El licenciado Joaquín Cisneros es el secretario personal del honorable Señor Presidente de México, licenciado Gustavo Díaz Ordaz”.

¿Cuál fue la verdadera participación de Joaquín Cisneros Molina en este “affaire” del espía en La Habana? ¿Por cuenta propia trabajó para la CIA o lo hizo en acatamiento de órdenes que no podía desobedecer?

Estas son preguntas que desde hace 13 años se hacen estupefactos observadores, y que ahora tal vez quieran formular los nueve diputados. De lo que no cabe duda es que Cisneros Molina cumplió su parte en este escandaloso asunto.

Las imputaciones son severas y no sólo han sobrevivido en el tiempo, sino que testimonios recientes las corroboran.

Las pruebas que obtuvo el gobierno cubano fueron entregadas personalmente por el canciller Raúl Roa al Presidente Díaz Ordaz, durante la tensa entrevista de cinco horas que sostuvieron en Los Pinos, el 12 de septiembre de 1969.

Seguramente los diputados tendrán autoridad para que de los archivos se extraigan esos documentos que llenaban un obeso portafolios .Algunos —nada más algunos— fueron incluidos en la edición especial del Granma. Los menos comprometedores, como un acto prudente de los diplomáticos cubanos, según fuentes mexicanas que accedieron a comentar aspectos del caso la semana pasada, a petición de esta columna.

Las fuentes señalaron la existencia de testigos a quienes consta que en varias ocasiones el Lic. Cisneros recibió en su despacho la valija enviada por Carrillo Colón, la abrió con una llave especial, extrajo los mensajes para la CIA y los entregó al enviado de esta agencia. Por supuesto, se conoce perfectamente la identidad de este individuo, incluso su domicilio actual. En el sexenio pasado desempeñó un cargo intermedio en la SAG.

Según los mismos testigos, en estas acciones el Lic. Cisneros Medina era asistido por su secretario de acuerdos, el señor licenciado Alfredo Ríos Camarena, exconvicto, actualmente en libertad condicional después de haber cumplido parte de una sentencia a seis años, por el pequeño asunto de Bahía de Banderas.

Otros documentos, personajes y consideraciones aparecerán en la próxima entrega. Pero este no es precisamente un folletón para telenovela con Lucía Méndez. Ojalá lo fuera.
Excélsior, 23/IV/82

 

PREGUNTAS, PREGUNTAS
El licenciado Joaquín Cisneros Molina —que fuera secretario del Presidente Díaz Ordaz y en ese mismo tiempo se involucrara en una actividad de espionaje en favor de la CIA, según los documentos que se conocen desde hace 13 años—, tal vez no tendría inconveniente en contestar preguntas de los diputados , miembros de la Comisión investigadora. Cisneros sigue siendo funcionario federal y, por tanto, se le supone sujeto a la disciplina del gobierno.

Las imputaciones que se hacen a Cisneros en los documentos citados aquí el viernes, parecen suficientemente graves como para que ahora no sean pasados por alto, cuando algo verdaderamente inusitado ha ocurrido en el Congreso: Por primera vez se nombra una comisión que investigue las actividades de la CIA en nuestro país.

También resulta indispensable que se interrogue a Alfredo Ríos Camarena, entonces secretario de acuerdos de Cisneros. Según fuentes informadas, ambos recibían físicamente la valija que enviaba el espía Humberto Carrillo Colón desde La Habana.

Pero al parecer, Ríos Camarena conoce otras actividades de la misma oficina relacionadas con el espionaje doméstico, que incluía la correspondencia de algunos ciudadanos.

Cuando fue detenido por el fraude de Bahía de Banderas, Ríos Camarena dijo que él podría hacer revelaciones muy incómodas para ciertos funcionarios. Los periodistas no llegaron a descubrir entonces el significado oculto de esta amenaza. Después —ya libre por haber compurgado una parte de la condena de sólo seis años—, Ríos Camarena ha comentado que su advertencia se refirió precisamente al asunto de la CIA, y que el mensaje sí fue entendido por aquellos políticos a quienes se dirigió.

Cisneros y Ríos Camarena podrían —si la autoridad de la Cámara se impone—, revelar la identidad de la persona que, enviada por la CIA, tomaba los papeles remitidos desde La Habana por Carrillo Colón.

La identidad de ese mensajero especial conduciría inmediatamente a descubrir la de un personaje de señalada importancia. Desgraciadamente ya falleció, pero la revelación de su nombre causaría aún gran expectación. Se trata de un apellido ligado a la fundación de un antiguo partido oposicionista de derecha. Uno de los fundadores más reverenciados de este partido era hermano del personaje en cuestión a quien unas fuentes señalan como el representante de la CIA en México ―un compatriota directamente al servicio de Estados Unidos―, pero otras lo perfilan como el enlace personal del Presidente Gustavo Díaz Ordaz con la “compañía ”.

Entonces, los señores diputados aprenderían bastante acerca de cómo operaba hace pocos años la CIA en México, y se capacitarían para entender algo de lo que ocurre actualmente, pero también para tomar una acción frente al problema.

El interrogatorio a don Antonio Carrillo Flores —sugerido al principio de esta serie de comentarios— tendría que despejar una incógnita fundamental en el caso: ¿Cómo llegó Humberto Carrillo Colón al servicio exterior mexicano? El espía que arribó a La Habana el 25 de marzo de 1968, se definía a sí mismo festivamente diciendo: “No soy un diplomático de carrera, sino un diplomático a la carrera”.

Y él sabía bien por qué. Nunca antes había estado en el servicio exterior de México y de pronto se le puso como el de rango más importante después del propio embajador.

Además de nombrársele consejero se le creó especialmente la función de “agregado de prensa” que no existía anteriormente.

El ex secretario de Relaciones Exteriores tal vez sea persuadido por los diputados para que explique de quién emanaron las órdenes para fabricar tan apresuradamente las condiciones que facilitarían a Carrillo Colón su trabajo para la CIA.

La comparecencia del abogado Luis Echeverría Álvarez resulta de la forma como se le menciona tan directamente en varios episodios de este caso. Por ejemplo, en el mensaje número 15 a la CIA —que se refiere a la protección dada a otros agentes de la compañía— Humberto Carrillo Colón dijo:

“Kim Chen Nam, norcoreano, regresa a su país y lo sustituye Kim Chan Sik, quien ya había estado en Cuba de 1962 a 1965. Norcorea desea comprar algodón mexicano. Sandoval dio información confidencial a norcoreanos, sentido que el licenciado Garza, de la Presidencia de México ya había autorizado visas a dos corresponsales coreanos. Para sacar de Cuba a colega vía México, es necesario hablar licenciado Echeverría y embajador Covián, objeto de establecer contraseña especial en telegrama de solicitud de visas. Equipo fotográfico y ‘fotógrafo’ funcionan bien. Saludos”.

(Naturalmente no termina aquí la modesta ayuda que un reportero puede dar a la comisión investigadora. Falta analizar otros aspectos. Por ejemplo, la protección que recibió y continúa recibiendo Humberto Carrillo Colón. Nunca fue castigado; se le dio tiempo suficiente para no ser cogido con las manos en la masa, como pedía el gobierno cubano, y después, en los años siguientes, ha tenido empleos oficiales).
Excélsior, 26/IV/82

 

CIA ENGAÑO A GDO
Si como parecen indicar hechos y documentos, el presidente Díaz Ordaz autorizó que un mexicano fungiese como agente de la CIA en 1969 para espiar en La Habana, lo cierto es que la “compañía” le pagó el servicio con un juego de doble fondo, que pudo haberlo inducido a un error histórico.

Para nadie es un secreto que Díaz Ordaz era profundamente anticubano. Sin embargo, había decidido salvar las apariencias manteniendo el aspecto puramente formal de las relaciones diplomáticas con el gobierno de Fidel Castro.

Estados Unidos deseaba otra cosa. Seguro como estaba de las inclinaciones políticas de Díaz Ordaz, Washington se propuso llevarlo hasta el rompimiento de relaciones con La Habana. Así, el aislamiento diplomático de Cuba hubiera sido total. Un viejo sueño que no se había realizado por la terca oposición de México a seguir los dictados de la OEA. López Mateos fue el primer Presidente mexicano en negarse a romper con Cuba, y su inmediato sucesor, aunque sólo fuera por respeto a las formas, no quería rectificar por propia iniciativa.

La CIA, conocedora del carácter violento de GDO, preparó entonces un incidente para provocarlo. Tal vez Díaz Ordaz se dio cuenta del juego de dos pisos en septiembre de aquel año, cuando llegó a Los Pinos el canciller cubano Raúl Roa con un voluminoso expediente de pruebas sobre el espionaje de Humberto Carrillo Colón.

En cuatro ocasiones distintas durante la semana pasada y ayer, Red Privada ofreció —a los lectores y a la comisión de diputados encargada de investigar actividades de la CIA en México—, un repaso de la documentación conocida hace 13 años. Pero se agregaron frutos de la investigación periodística reciente.

Los análisis y reportajes publicados a lo largo de la década no incluyen esta elemental reflexión:

Las pruebas no sólo son abrumadoras respecto a la actividad física de Carrillo Colón, sino que descubren más allá de la duda que toda esta extravagante aventura de espionaje fue montada precisamente para que el gobierno de Cuba la descubriese en muy breve tiempo. Y habiéndola descubierto, reaccionase con ira. El rompimiento de relaciones con México hubiera sido una posibilidad muy próxima.

La CIA pudo haber utilizado, pues, los impulsos anticubanos de GDO, para llevarlo de la mano —sin que él se diese cabal cuenta— hasta una grave decisión de gobierno.

Así, Díaz Ordaz habría comenzado aceptando un juego personal —su propio secretario particular se vio involucrado— que estuvo a punto de terminar en un error histórico.

La CIA según fama pública— no es ningún compendio de infalibles cerebros. Suele cometer tonterías; pero cuando éstas alcanzan el grado de la estupidez, siempre hay que sospechar un doble juego.

En el caso, escogió a un individuo de muy escasas luces; lo introdujo en el servicio exterior como cuerpo extraño; lo colocó en La Habana sin instruirlo más que en lo elemental de quehacer del espía; lo proveyó de un equipo de radio cuya procedencia resultaba obvia; le dio una clave elemental, casi infantil, para descifrar los mensajes; se empleó un sistema de emisiones radiales desde una planta fija que hasta un aficionado podía rastrear; los mensajes a la CIA y viceversa eran siempre precedidos de las mismas canciones, una cubana y otra mexicana En fin, sólo faltó que la CIA hubiera insertado un anuncio en el Granma para avisar al servicio cubano de contraespionaje que había llegado el nuevo espía, su nacionalidad, su nombre, su vinculación con funcionarios mexicanos y la dirección de su emisora “secreta”: La casa 504 de la Calle 10, en Miramar.

Es importante que los diputados recuerden ahora en qué terminó esa comedia de espionaje en La Habana y qué se ha hecho Humberto Carrillo Colón.

El embajador Miguel Covián Pérez jugó en todo esto el papel de una persona descuidada y de lento proceder. El 3 de septiembre de 1969 el gobierno de La Habana le entregó todos los elementos que le hubieran permitido pescar con las manos en la masa a Carrillo Colón. Sin embargo, dio a éste más de 40 horas de ventaja, tiempo que fue aprovechado por la CIA para transmitir las últimas instrucciones a su agente mexicano, según se prueba por el mensaje No. 33, en el que la agencia de Washington ordena a su hombre en La Habana destruir el equipo y los papeles comprometedores.

Granma relató así los últimos hechos del episodio:
“A la 1.00 p. m. del 3 de septiembre, en el Palacio de la Revolución, el Presidente de la República y el primer ministro, citan al embajador de México en Cuba, señor Miguel Covián Pérez, para informarle de los hechos y entregarle copia de la nota que en ese momento estaba entregando al gobierno de México el embajador cubano, Hernández de Armas.
“A las 11.00 p.m. del día siguiente, 4 de septiembre, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, cita nuevamente al embajador Covián al Ministerio de Relaciones Exteriores y allí el primer ministro del gobierno revolucionario le expresa la preocupación del gobierno cubano por el hecho de que habiendo transcurrido más de 30 horas de entregada la nota al gobierno de México, no se había tomado ninguna medida contra el espía, corriendo el riesgo de que el mismo fuera advertido por la CIA.
“El embajador informa en esa oportunidad que posee facultades discrecionales para actuar.
“A las 11.45 p. m. el embajador Covián se dirige a la residencia del señor Humberto Carrillo Colón, en la Calle 10 No. 504, Miramar, y lo invita a trasladarse a la sede de la residencia del embajador.
“A la 1.40 de la madrugada, ya día 5 de septiembre, el primer secretario de la embajada de México y el cónsul Héctor Mena se dirigen a la casa de Humberto Carrillo Colón y proceden a sellar las puertas y ventanas de la misma.
“A las 9.46 de la mañana el embajador Covián se dirige a la casa de Carrillo Colón, revisa las antenas de transmisión en la azotea y poco después se encaminan hacia la embajada transportando diversos paquetes.
“A las 10 a. m. de ese día, viernes, hora habitual de comunicación de la CIA con su agente Humberto Carrillo Colón, los radioescuchas de la contra-inteligencia captan el tema musical de una canción mexicana y seguidamente una voz nerviosa que, desde el centro de la CIA en La Florida, transmite las siguientes claves cifradas...
“Este trabajo sobre el agente de la CIA, Humberto Carrillo Colón, es uno de los más completos y perfectos de contra-inteligencia que se hayan realizado. Durante largos meses los compañeros de la seguridad del Estado, encargados de proteger al país frente a las
acciones subversivas y contrarrevolucionarias del gobierno imperialista de los EE. UU. mantuvieron un control absoluto sobre cada una de las actividades del espía.
“Aquí no se ha publicado más que una parte del copioso material sobre el caso de que dispone el gobierno Revolucionario Cubano. En poder de Cuba quedan, además, pruebas adicionales de su criminal actividad.
“El espía no llegó a sospechar ni una sola vez que todos sus actos estaban bajo rigurosa y constante observación. ¡Alguacil, alguacilado!
“Si el espía Humberto Carrillo Colón escapa o no al castigo que merece por su doble traición a los pueblos de Cuba y México al servicio de una potencia extranjera, desde ahora ello será por entero responsabilidad del gobierno de México”.

Ya en México, nunca recibió castigo, ni el más leve, el hombre que había servido al gobierno norteamericano en una de las tareas más sucias.

Muerto Díaz Ordaz, cumple a los señores diputados de la comisión investigadora interrogar al funcionario sobreviviente que conoce todas las particularidades del asunto: el abogado Luis Echeverría Álvarez.

Carrillo Colón estableció primero algunos negocios particulares y luego, cuando Echeverría ya era Presidente, consiguió algunos empleos interesantes. Por ejemplo, en el vecino Estado de México, el gobernador Carlos Hank González lo nombró secretario técnico en la escuela de la Policía Judicial. Esto le permitió organizar el archivo político y controlar las brigadas policiacas en ese territorio.
Excélsior, 27/IV/82.

 

PASTORA, ¿CIA?
Edén Pastora podría haberse convertido en un nuevo instrumento de la CIA para intentar el derrocamiento del gobierno sandinista en Nicaragua.

Diversos hechos indican esta posibilidad, pero hasta la fecha no han sido analizados por los medios informativos. Después de una investigación, Red Privada propone a sus lectores considerar los siguientes elementos de juicio:

En la entrevista de prensa que dio Pastora el 15 de abril en San José, Costa Rica, estuvieron presentes dos notorios agentes de la CIA.

Notimex, la agencia de noticias del gobierno mexicano, destacó a San José un excelente reportero, José Carreño Figueras, y éste dijo en su nota: “En la conferencia de prensa y autotitulándose ‘observador invitado’, estuvo también presente Daniel James, señalado en reiteradas ocasiones como agente de la CIA en México, y que es autor de uno de los libros mas férreamente opuestos a las posiciones del Che Guevara, Cuba y Nicaragua”.

El periodista Carreño seguramente quiso establecer con las últimas palabras del párrafo transcrito la irónica contradicción entre el quehacer de James y la exaltada propaganda personal de Pastora que pretende aparecer como otro Che Guevara y que jura fidelidad a las revoluciones cubana y nicaragüense.

Pero la presencia de James fue más allá de la de un “observador invitado”; además, queda en pie la incógnita acerca de la procedencia de esa invitación. En realidad, James —que ante otros periodistas se hizo pasar como corresponsal del Washington Times, un diario próximo a aparecer—, se movió dentro de la comitiva de Pastora como alguien que formara parte de ella.

Los periodistas de Estados Unidos, Alemania, México, Honduras, Nicaragua, Venezuela, Panamá y Colombia, que fueron invitados a la conferencia —coordinados por Marcia Watson, de la televisión costarricense—, quedaron concentrados en el “Nuevo Hotel”, y a las 8: 30 de la mañana fueron trasladados junto al hotel “Los Portales”, en el barrio de Escazú. James no estaba con ellos.

Cuando la conferencia ya tenía largo rato de iniciada, Daniel James apareció en la escalinata que conduce al salón, acompañado por uno de los hombres de Pastora.

Otro de los agentes de la CIA que estuvo ahí, es un ex funcionario del gobierno de Batista que participó en los preparativos del espionaje norteamericano para asesinar a Fidel Castro cuando llegara a México invitado por el presidente Echeverría.

Como se recordará, esta visita no se efectuó, al saberse que la CIA —utilizando a cubanos del grupo “Alpha 66”— había montado dispositivos para atentar contra la vida del comandante Castro.

Una emboscada había sido dispuesta en el aeropuerto y otra en la Columna a la Independencia.

Informes publicados por el contraespionaje cubano, desde 1978, hicieron saber que el batistiano a que nos referimos dio un arma a la persona que supuestamente dispararía contra Castro desde una ventana del hotel “María Isabel”, cuando el comandante acudiese a depositar una ofrenda floral en el monumento.

El arma era una pistola Colt calibre 22, equipada con silenciador y cargada con balas de cianuro. El arma tenía la matrícula 524937-B. Otros individuos dispararían desde la calle.

El contacto del batistiano con el presunto magnicida se efectuó en una oficina que al parecer todavía sigue sirviendo a la CIA. Está en el Paseo de la Reforma No. 156, piso 14.

El siguiente dato que indica la asistencia de la CIA a Pastora, consiste en el apoyo económico a ese grupo de nicaragüenses disidentes.

Es de suponerse que el alquiler de habitaciones y sala de conferencia en un hotel de lujo de San José, no costó precisamente dos centavos. Pero además, el señor Pastora y cinco acompañantes llegaron a San José no como modestos viajeros en el compartimiento de “clase turista” de un avión común de pasajeros, sino al estilo de los adinerados hombres de negocios.

En la ciudad de México, el señor Julio César Cedeño (probablemente un nombre falso), uno de los acompañantes de Pastora, pagó en efectivo 285 mil pesos por el alquiler del jet matrícula XA-MIR, propiedad de la empresa VIRBA, S. A.

Cuando Pastora llegó a San José, se convirtió en un botafuego contra varios de los miembros de la junta de gobierno, a quienes acusó de vivir en grandes casas y usar automóviles de lujo. Pero, por lo visto, Edén Pastora tiene a su disposición una cantidad ilimitada de dólares que le permite darse sus propios lujos.

Naturalmente, la pieza principal de convicción en este caso reside en el dato mismo de que Pastora —quien se autocalifica como “el comandante más querido” y “guardián de la pureza de la revolución sandinista”—, se haya presentado en San José precisamente un día después de que se había hecho el anuncio de futuras negociaciones directas entre Estados Unidos y Nicaragua.

Según la mayoría de observadores, se trató de una acción deliberada para debilitar la posición del gobierno sandinista. Sin embargo, la maniobra no parece haber producido todos los efectos deseados.

En Nicaragua, jóvenes que hasta entonces se consideraban fieles al recuerdo del “Comandante Cero”, quemaron en la plaza pública los carnets que llevaba la firma de Pastora. Los grupos insurgentes de El Salvador y Guatemala, expresaron violento repudio al hombre que diciéndose émulo de Che Guevara, en realidad se ha pasado los meses viajando a Estados Unidos y gastando dinero cuyo origen probablemente no puede explicar.
Excélsior, 18/V/82

 

MEXICANOS CON LA CIA
La CIA parece haber tomado muy en serio las opiniones de la embajada en el sentido de que México puede ser incendiado por las llamas centroamericanas, y ha comenzado a dar adiestramiento a grupos paramilitares de fanáticos ultraderechistas mexicanos.

Una extensa nota que publicó el San Diego Union el lunes de esta semana escribe cómo se lleva a cabo el entrenamiento con la ayuda de expertos de “Alpha 66”.

Para nadie es un secreto la obvia y prolongada vinculación de la CIA con ese grupo de terroristas, originalmente formados con “gusanos” de Miami. La CIA se ha valido de “Alpha 66” y de otros grupos similares para cometer unos cuantos crímenes en países latinoamericanos, incluido México.

Por ejemplo, en julio de 1976 un comando terrorista vino a México con la consigna de cometer varios secuestros, atentados dinamiteros y asesinatos. En la capital de la República fracasaron sus planes gracias a la intervención de la policía federal; pero en Mérida asesinaron al secretario del cónsul cubano durante un intento de secuestrar a éste.

En octubre de ese mismo año, el grupo de homicidas encabezados por el doctor Orlando Bosch dinamitó un avión cubano y causó la muerte de 73 personas.

Los núcleos terroristas —“Alpha 66” entre ellos— habían sido integrados en el Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) durante una convención en San José, Costa Rica, convocada por un importante oficial de la CIA, Lawrence Sternfield. La jefatura del CORU fue entregada al doctor Bosch.

En octubre de 1978, Red Privada dio a conocer identidad y actividades de Sternfield, quien a la sazón ya había sido nombrado jefe de la CIA en México. Sternfield fue el brazo derecho de George Bush, hora vicepresidente de Estados Unidos, durante el tiempo que se desempeñó como director general de la CIA.

La vinculación de la Central Intelligence Agency con grupos ultraderechistas mexicanos es “veterana e institucional”. A reserva de publicar otros comentarios, vale la pena transcribir íntegra la nota del San Diego Union escrita por el competente reportero Arturo Golden, quien estuvo en el lugar de los hechos y conoce bien las diversas actividades de “Alpha 66”.

“Valle Lucerne. —Grupos paramilitares derechistas mexicanos entrenaron con exiliados anticastristas por primera vez este fin de semana, en lo que dirigentes manifestaron era el comienzo de actividades conjuntas en ambos lados de la frontera México-Estados Unidos.
“Estas actividades serán ideológicas, intelectuales y físicas”, declaró el líder de una de las organizaciones mexicanas. Él y otros voceros declinaron abundar en este tema.
“Aproximadamente 80 ciudadanos mexicanos pasaron el fin de semana en un campo manejado por ‘Alpha 66’, organización de militantes cubanos exiliados anticastristas, en el desierto de las afueras de esta ciudad, a 150 millas al noroeste de San Diego.
“A los mexicanos se unieron 20 cubanos para entrenar en combate sin armas, arrojamiento de granadas simuladas, primeros auxilios y conferencias ferozmente anticomunistas.
“No había armas de fuego a la vista. Pero hubo un toque de realismo no programado el sábado, cuando los participantes que llegaban descubrieron que la única construcción en el campo de diez acres había sido agujerada por balas en algún momento, en el curso de los tres meses anteriores.
“Cientos de agujeros se encontraban en la cabaña de madera pintada de blanco. Funcionarios de ‘Alpha 66’ manifestaron haber dejado la cabaña intacta después de la última sesión de entrenamiento del grupo en abril pasado.
“Jack Trotter, un sheriff del condado de San Bernardino, quien inspeccionó el daño, dijo que no había indicación alguna respecto a si los disparos de armas habían sido de enemigos de ‘Alpha 66’ o de personas que sencillamente utilizaron la cabaña para tiro al blanco. Cualquier cosa es posible por lo aislado del campamento. dijo. Se encuentra a 4 millas del camino pavimentado más próximo. Trotter dijo que el Departamento del sheriff tiene cuidado de revisar el campamento siempre que éste se encuentra en uso. Las autoridades, alarmadas por la cantidad de municiones disparadas en el campamento el otoño pasado, han prohibido el uso de armas de fuego ahí.
“Sergio Mayea, el comandante de la base y de profesión ‘sheet-metal fitter’ (algo relacionado con el manejo de planchas de acero, N. del T. ) de San Diego, declaró haber invitado a los mexicanos el mes pasado para entrenar con. los activistas de ‘Alpha 66’ en un esfuerzo para ‘encontrar una línea conjunta de actividades’ en ambos lados de la frontera.
“Mayea dijo que la sesión de dos días que terminó ayer, marcó la primera vez que fuerzas paramilitares de exiliados cubanos y personas de nacionalidad mexicana habían entrenado juntas.
“Los mexicanos eran miembros de los capítulos bajacalifornianos de la Fuerza Popular Estudiantil y la Fuerza Estudiantil Mexicana. Los dirigentes dijeron que más grupos fueron establecidos en la década de los setenta y tienen su base en la ciudad de México. La mayoría de los mexicanos vestían trajes negros de corte militar, botas negras de combate, con agujetas negras o amarillas, boinas negras y portaban gafetes con nombres prendidos a las camisas. Nada más figuraban nombres de pila. Algunos de los líderes cubrían sus rostros con tela.
“Uno de los enmascarados, Rodrigo Valdez, de 25 años, ingeniero civil que se describió a sí mismo como subcomandante de los grupos mexicanos, dijo que las organizaciones tienen una orientación anticomunista. ‘Estamos en contra de aquellos que se oponen a la libertad y a la democracia. ’
“En un momento dado, México podría enfrentarse a la amenaza comunista, dijo Valdez. ‛Estamos preparados para defender a nuestro país en todos los aspectos’. El corpulento Valdez negó que los grupos fueron equipos pro gubernamentales de golpeadores en busca de camorra. Al contrario, dijo, son políticamente independientes y utilizan la fuerza sólo en legitima autodefensa.
“Y eso, añadió, fue lo que sucedió el año pasado durante una sangrienta huelga que involucró a sindicatos de las cuatro instalaciones de la Universidad Autónoma de Baja California. ‘Algunos de nuestros miembros fueron atacados cuando intentaron advertir a los estudiantes sobre la influencia comunista dentro de la Universidad, dijo Valdez. Ellos tuvieron que defenderse’.
“Otro hombre enmascarado, Gilberto Mendoza, de 25 años, originario de Mexicali y estudiante de administración de empresas, dijo que los grupos derechistas tienen ahora 8 mil miembros en Baja California y tendrían 16 mil en los próximos cuatro años. Mendoza dijo que los grupos están organizados por barrio y escuela. Cada uno de estos pequeños grupos determina sus propias actividades, dijo, y cada tres meses un ‘campamento general’ se celebra para todos los miembros.
“Si es ser fanático el querer defender a la familia, al gobierno y al país del comunismo, bien, entonces yo soy un fanático, dijo.
“Jorge Sánchez, de 25 años, vendedor de saldos de ropa, con el rostro cubierto con una tela roja y los ojos escondidos tras gafas oscuras, dijo que quería asegurarse de que México no repetiría los ‘errores’ que permitieron a Fidel Castro hacerse del poder en Cuba en 1959. ‘Nosotros queremos mantener nuestro país libre’, dijo.
“Aproximadamente 20 de los mexicanos eran mujeres. Una de ellas, cuyo gafete de identificación sencillamente decía Eva, declaró que los estudiantes ‘necesitan estar alertas de la degeneración que ahora existe en nuestra gente joven, provocada principalmente por la pornografía y el marxismo-leninismo’.
“La diminuta y seria Eva dijo que ella era una estudiante de leyes de 23 años, aunque parecía mucho más joven. Dijo que su meta era ayudar a construir un ‘verdadero nacionalismo’ para México.
“Los dirigentes dijeron que los bajacalifornianos entraron legalmente desde Tijuana y Mexicali con permiso para pernoctar.
“Sin embargo» un oficial de migración dijo que probablemente los mexicanos habrían sido regresados de la frontera si hubiesen revelado que el propósito de su visita era recibir entrenamiento paramilitar.
“El sábado, la temperatura llegó a 108° F. Las banderas de Estados Unidos, Cuba, México y ‘Alpha 66’ colgaban flácidas de los astabanderas. A pesar del calor, a varios mexicanos sin grado se les ordenó hacer 20 lagartijas, por infracciones a la disciplina que no fueron explicadas. Después de cumplir esta tarea se unieron a sus compañeros para cantar atrás de la maltrecha cabaña, que era la única sombra disponible en el campamento”.
Excélsior, 6/VIII/82

 

NUESTRA CIA DE CADA DIA
Hay interés por aclarar qué papel desempeña realmente en la embajada de Estados Unidos el señor Theodore Stark Wilkinson, de 1.80 de estatura y habitante de una costosa residencia en el sur de la ciudad.

Unas fuentes indican que es el jefe de la CIA en México. Otras opinan que suple a éste interinamente, y un tercer grupo de datos lo muestra desempeñando una importante actividad en relación con los planes de Estados Unidos para Centroamérica.

“De cualquier manera, lo que hace el señor Wilkinson excede su modesto rango en la embajada, y aun su aspecto personal”, dijo un observador aludiendo a que, primero, el personaje ocupa una posición de quinto nivel y, segundo que su aspecto y conversación corresponden más bien “a un individuo con severas limitaciones mentales”.

Todo cuanto rodea al señor Wilkinson es un poco extraño. No es usual que el embajador de Estados Unidos asista a una fiesta en casa de un empleado de rango verdaderamente menor. Sin embargo, el exclusivo señor John Gavin asiste con frecuencia a las animadas reuniones que Wilkinson organiza en su hermosa residencia de Sierra Ventana. En esas frecuentes ocasiones son citadas allí personalidades mexicanas que podrían integrar una buena muestra representativa de las actividades públicas y privadas más importantes. El registro y análisis de esas conversaciones podría proporcionar a un observador extranjero un panorama de lo que ocurre en este complicado país.

Cualquier reportero mexicano se sorprendería muchísimo al descubrir que Theodore Stark Wilkinson no figura en el directorio del personal diplomático acreditado en México por Estados Unidos y otros 86 gobiernos.

Su nombre y domicilio no figuran en la lista oficial de diplomáticos que la cancillería hace circular restringidamente entre las embajadas, para los fines honorables de esas representaciones.

Sin embargo, Wilkinson trae en el bolsillo un documento que en todo instante le da inmunidad diplomática, porque lo acredita como “primer secretario” de la embajada. (Las jerarquías diplomáticas se establecen generalmente así: embajador, ministro, consejero, agregado, primer secretario, segundo secretario).

Desde que Red Privada descubrió la identidad de dos jefes de la CIA en México (Sternfield y Burton) la agencia dejó de inscribirlos como parte del personal oficialmente acreditado, pero invariablemente los ha provisto de inmunidad.

Actualmente, quien se propusiera saber algo al respecto, tendría el primer indicio si tropieza con un caballero norteamericano que desempeña interesantes funciones para la embajada, pero su nombre no figura en ninguna lista oficial. El segundo indicio es ya también de cajón: el individuo debe parecer propietario del más bajo “I. Q. ” en el conjunto.

Si el señor Wilkinson está disfrazado de algo o no, lo cierto es que su actividad parece no corresponder a un modesto secretario. Por ejemplo, con frecuencia “filtra” información privilegiada a corresponsales, y recorre incansablemente oficinas del gobierno mexicano y varios centros neurálgicos donde supone que puede obtener cierta clase de datos, que jamás ocuparían la atención de un diplomático solamente dedicado a “labores propias de su sexo”.

Aunque pretende no saber español, el señor Wilkinson se las arregla para presionar en el gobierno mexicano en favor de asuntos que interesan a Israel. Con frecuencia se le ve en negocios migratorios o de índole nuclear; pero también de naturaleza política.

Una fuente interna dijo que TSW era conocido en la embajada como persona influyente, cuyos reportes eran recibidos por John Ferch, ministro consejero, antes de que éste marchara a La Habana para hacerse cargo de la “oficina de intereses” que Washington mantiene en la capital de Cuba.

En círculos diplomáticos se admite que los “dominios” de TSW llegan fácilmente al Caribe y Centroamérica, y los observadores consultados en la encuesta se preguntan si todo ese amplio espectro de actividades e injerencias son normales en un “diplomático” de quinto rango o si el documento de identidad oficial de Theodore Stark Wilkinson es demasiado transparente.

Se preguntan también si es justo y decente que un gobierno, por fuerte que sea, aproveche la supuesta debilidad de México y su proverbial cortesía, para montar aquí una verdadera base de operaciones que de hecho afectan a otros gobiernos con los que el nuestro mantiene relaciones de amistad y respeto.

TSW hizo su aparición en este complejo escenario a mediados de 1981, después de que la embajada había sufrido la sensible baja de John Glassman, inhabilitado para continuar aquí por su evidente participación en provocaciones contra la política exterior mexicana.

Pero su presencia empezó a ser más notable casi inmediatamente después de que una información de Excélsior publicada en julio de 1982 produjo un verdadero “shock” a la CIA y la obligó a retirar a su jefe de estación aquí, Francis MacDonald.

Será necesario explicar en otro comentario quién era este individuo y por qué resultó descubierto casi por accidente. Corresponderá a los expertos deducir si Wilkinson es el nuevo jefe de la CIA o si tan sólo —como afirmó una de las fuentes consultadas— cubre un interinato.

Aparte de esto, resultará interesante descubrir unos cuantos datos que pudieran ser indicativos de planes de la CIA para México, precisamente.

En este país tiene la agencia su segundo equipo más numeroso en el mundo y lo utiliza no sólo como base de operaciones hacia Centroamérica y el Caribe, sino también para realizar acciones en el propio país, quizá como parte de ese generosa “ayuda” norteamericana a la que se refirió el embajador Gavin el martes.
Excélsior, 6/I/83.

 

CIA CONSTERNADA
Una información del enviado especial Raymundo Riva Palacio, fechada en Managua el 17 de julio del año pasado y publicada al día siguiente por Excélsior, debió haber causado profunda consternación en Washington.

Basándose en una denuncia hecha por el Tribunal Antiimperialista de Centroamérica y el Caribe (TACC), el enviado dijo que 234 agentes de inteligencia de Estados Unidos, bajo el disfraz de diplomáticos y empresarios, se encuentran diseminados en 23 países latinoamericanos. Parte de la misión de estos agentes consiste en permanecer infiltrados en organizaciones religiosas, medios de comunicación y aun partidos de izquierda.

Bajo sus identidades falsas, los agentes de la CIA trabajan para desestabilizar gobiernos, con medidas semejantes a las que utilizaron contra el presidente Salvador Allende en Chile, agrega la información de Riva Palacio. Los nombres de esos 234 agentes de inteligencia fueron publicados, y entre estos los 26 que corresponden a México:

Stewart D. Burton, Daniel Flores, Robert J. White, Jeffrey J. Horton, Shaun D. Sullivan, Francis C. MacDonald, David T. Samson, Lawrence M. Wright, Gerald G. Peterson, Russel J. Morgan, Jacquelyn J. Borgel, William C. Frietze, Henry A. Steger, Juan F. Valdez, Taylor Belcher III, Elida F. Sánchez, Elvin M. Drake, Lorelie M. Cade, Olga Domínguez, Suzanne Zook, Janet McKinley, Agnes E. Mulloy, Sandra A. Bourdeaux, Earl T. Eason, Paul R. Gelinas y Paul A. Peña.

La información fue publicada en la página 9 de Excélsior y aparentemente no atrajo la atención de muchas personas, para quienes una larga enumeración de nombres extranjeros no decía gran cosa.

Sin embargo, estas cuartillas de Riva Palacio fueron objeto del más cuidadoso análisis por corresponsales extranjeros y, principalmente, por los numerosos servicios de inteligencia foráneos que operan en nuestro país.

Para la CIA fue un golpe demoledor de proporciones históricas. Jamás se había dado a conocer una lista tan numerosa de agentes secretos estadounidenses en estos países. Pero además, la relación incluye algunos “pollos gordos”.

Por ejemplo, en el caso de México, el nombre mencionado en el sexto lugar, Francis C. MacDonald, corresponde al jefe de estación. Nada menos.

Como se sabe, un agente cuya identidad es descubierta, pierde eficacia inmediatamente y tiene que ser sustituido o eliminado. Pero si la identidad descubierta es la del jefe de operaciones en un país, entonces la organización entera sufre una verdadera conmoción.

Francis MacDonald, descrito como un individuo “chaparro, gordo, de 58 años, pelo canoso”, había estado operando secretamente por más de año y medio en México. Había sustituido a otro jefe de la CIA, Stewart D. Burton, de 52 años, frustrado predicador religioso, cuyo nombre y actividad verdadera fueron dados a conocer por Red Privada en noviembre de 1980.

(Burton, a su vez, había sustituido a Lawrence Sternfield, de 52 años, jefe de la CIA en México descubierto por esta columna en octubre de 1978. Sternfield, con 27 años en el servicio de inteligencia, fue el último jefe de la CIA a quien se acreditó como parte de la misión diplomática norteamericana. Era entonces embajador Patrick Lucey. )

Después de la publicación en Excélsior del 18 de julio de 1982, las reacciones de Washington fueron las indicadas y se ejecutaron rápidamente. MacDonald —a quien entre sus compañeros de la embajada se llamaba “Max” o “Mac”— fue retirado del país. Y probablemente también otro de los agentes mencionados.

La lista proporcionada por el TACC en Managua contiene nombres como el de Steward D. Burton, que deben ser eliminados de una lista actualizada de agentes de la CIA en México.

La denuncia del TACC, sin embargo, interrumpió actividades muy importantes de la CIA en México. A mediados de 1981, la “compañía” estuvo tratando de presentar un gran espectáculo en el sudeste mexicano.

Por aquellas fechas, agentes federales mexicanos descubrieron un contrabando de armas, destinado aquí a un tal “Harris”, quien resultó ser un agente de la CIA.

“Harris” operaba de acuerdo con un ex militar mexicano —se retiró con el grado de mayor— que ahora es miembro importante de la CIA y hoy debe encontrarse en algún lugar de Centroamérica.

Jamás se dio a conocer oficialmente el resultado de la investigación hecha por los judiciales mexicanos, pero lo cierto es que el expediente reveló un proyecto de la CIA para montar en Chiapas una “guerrilla centroamericana”. A eso estaban destinadas las armas que importó “Harris”.

El plan tenía por objeto mostrar a la prensa mexicana y a los corresponsales extranjeros que los guerrilleros “izquierdistas” habían hecho un santuario en México. La consecuencia de esta demostración debería ser el endurecimiento de la vigilancia del ejército mexicano en la frontera con Guatemala, lo cual cerraría uno de los extremos de la pinza en la que el sanguinario dictador Efraín Ríos Montt atraparía más fácilmente a sus opositores políticos, para acabar con ellos.

Este suceso de 1981 atrajo la atención de algunos miembros importantes en el equipo del entonces candidato Miguel de la Madrid. Se inició una investigación propia que aún no termina y que ha provisto información fresca y elocuente a los funcionarios del nuevo gobierno mexicano.
Excélsior, 7/1/83